Pablo Montesino

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Pablo Montesino y Cáceres, nacido en Fuente el Carnero, Zamora en 1781, fallecido en 1849, fue un pedagogo español. Impulsor de las Escuelas Normales para maestros.[1]

Trayectoria[editar]

Nació en un pueblecito de Zamora, Fuente el Carnero. Estudió en Valladolid y obtuvo el título de medicina más tarde en Salamanca. También ejerció de militar. Pero fue sobre todo un pedagogo.

Hasta 2014, no ha existido una biografía de esta gran figura, al aparecer el trabajo exhaustivo y aclarador de Carmen Massa Hortigüela, Pablo Montesino (1781-1849), la perseverancia de un educador liberal. La trayectoria vital de Montesino había sido desconocida durante más de siglo y medio, pero ella traza los contornos de su mundo describiendo a esa figura, hasta hoy bastante borrada, en el contexto familiar, social, político, educativo en el que se desenvuelve su discurrir vital. «No pido que se me den las gracias, pero tampoco hay motivo para que se me hagan cargos», señaló Montesino pocos años antes de su muerte, en la que fue su última intervención en las cortes españolas. Estas palabras, dice Carmen Massa, resumen y reflejan al tiempo la identidad de un autor valiente, tenaz y persuasivo, que devino en pedagogo tras su exilio forzado en Inglaterra en 1823. De hecho, Pablo Montesino ocupa un lugar preeminente en el panorama educativo español de la primera mitad del siglo XIX: "a sus conocimientos y su labor se deben la creación de las escuelas de párvulos y la implantación de la Escuela Normal para la formación de los maestros". Dadas las dificultades documentales, y pese a los archivos rastreados, la autora cubre las lagunas informativas mediante la atención a las formas de pensar y de actuar del estudioso, "con el objetivo de dibujar la figura viva del ser humano, sus experiencias, sus ideas, sus actividades, en fin, todo aquello que ahormó su naturaleza para convertirlo en uno de los personajes más ilustres de su tiempo por su determinante contribución al sistema educativo nacional"[2]

Fue Montesino un hombre de ideas liberales e interés progresista, por eso en efecto estuvo exiliado en Londres durante 10 años (1823-1833). Se centró en la educación de párvulos viendo en Londres la situación educacional, y además se fijó en hacer una buena formación de los maestros. Cuando regresó a España creó la “Sociedad para mejorar la educación del pueblo”, y a raíz de esto fundó la Primera escuela de párvulos en 1838 en Madrid. Más tarde creó otra que llevaría su nombre. En 1839, intervino en la reforma de la educación primaria, proponiendo que hubiese jardines de infancia y una mejora de la educación femenina. Una de sus obras más conocidas fue "Manual para maestros de la escuela de Párvulos". En esta obra incluyó todas sus ideas pedagógicas, y fue el primer tratado teórico que hubo en España (1840). Logró la primera implantación del sistema educativo liberal, generalizó muchas ideas de otros importantes pedagogos. Fue el primer director de las Escuelas Normales españolas, y sus ideas tuvieron una gran propagación.

Recepción de ideas pedagógicas extranjeras a través de Pablo Montesino[editar]

Pablo Montesino es, sin ninguna duda, el representante más importante del pensamiento educativo liberal en España. Su aportación se desarrolló en el momento en que después de la muerte de Fernando VII de España, se culmina el proceso de crisis del Antiguo Régimen y los grupos de ideología liberal burguesa acceden al Gobierno.

En el terreno educativo, los proyectos reformadores de los ilustrados habían rendido más influencia a nivel teórico que práctico. Las instituciones educativas españolas, a todos los niveles, no respondían ni cuantitativa ni cualitativamente a las exigencias económicas, políticas y sociales del momento. El Estado del Antiguo Régimen no había creado ni los más elementales mecanismos de financiación, información, gestión y control que eran necesarios para la configuración de un sistema educativo nacional. La formación del profesorado era muy deficiente y no se ajusta de ninguna forma a las nuevas ideas pedagógicas. Este es el marco en el que se desarrollará la aportación montesiniana.

A partir de 1836, con el Plan de Instrucción Publica del Duque de Rivas, los nuevos grupos en el poder comienzan a tomar las medidas necesarias para configurar un modelo educativo que responda a sus intereses económicos, ideológicos y políticos, siguiendo las líneas básicas de la pedagogía liberal burguesa. El objetivo fundamental de esta actuación era la construcción de un sistema educativo nacional tal como se estaba haciendo en otros países europeos.

Por motivos sociales y pedagógicos, era preciso también responder a las necesidades educativas de los más pequeños, mediante las creación de escuelas de párvulos. Para conseguir estos fines era necesario proporcionar al profesorado la adecuada formación en centros específicos. El correcto funcionamiento del sistema exigía igualmente la creación de un cuerpo de inspectores que supervisasen, guiasen y asesorasen a los maestros, proporcionando al mismo tiempo al gobierno la información necesaria. Pablo Montesino jugó un papel fundamental en la programación y aplicación de las acciones que se emprendieron para conseguir estos fines.

La influencia de Pablo Montesino se vio en los distintos proyectos y disposiciones legales que en esta época se redactaron. Igualmente, en los cargos que ocupó y las realizaciones que llevó a cabo de la política educativa de su época. Con el encargo de la dirección del Boletín Oficial de Instrucción Publica, fue el impulsor y primer director de la Escuela Normal Central de Maestros de Madrid y uno de los más entusiastas propagandistas de la necesidad de crear escuelas de párvulos, para las que publicó su Manual para los maestros de escuelas de párvulos. En su obra Ligeros apuntes y observaciones sobre la instrucción secundaria o media y la superior o de universidad, siguió en otra etapa educativa el impulso.

Fuentes[editar]

Para sustentar, orientar y dar legitimidad a su política educativa, el liberalismo tuvo que elaborar su teoría pedagógica en la que se combinasen los elementos ideológicos. El filantropismo ingenuo y el optimismo pedagógico, que había caracterizado la política educativa ilustrada, no era suficiente bagaje teórico para inspirar la actuación educativa en unos momentos en que el Estado debía asumir, su compromiso educativo e impulsar mejoras cuantitativas y cualitativas de la enseñanza.

La atención que presta Montesino a la pedagogía europea y en esa época, su interés por las ideas de Johann Heinrich Pestalozzi, tienen como precedente los intentos realizados a principios del siglo XIX, bajo la protección de Godoy, para introducir en España el método pestalozziano.

Durante el periodo de su exilio en Inglaterra, desde 1823 a 1833, Montesino tuvo ocasión de conocer un proceso especialmente importante en el terreno de la difusión de las ideas pedagógicas en Europa; allí escribiría un curioso texto divulgador e íntimo, Las noches de un emigrado.[3] Desde principios de siglo XIX el continente había prestado atención a las aportaciones pedagógicas de Gran Bretaña. El interés se había centrado fundamentalmente en el desarrollo de las escuelas monitoréales o de enseñanza mutua, cuya aplicación a la escolarización masiva de la población trabajadora había impulsado a Bell y Lancaster.

Montesino conoció allí también la obra de Philipp Emanuel con Fellenberg que tuvo una gran difusión en Francia e Inglaterra.

Montesino a lo largo de su obra se muestra también como un buen conocedor de la experiencias que se llevan a cabo en las Europa de su época para difundir las escuelas de párvulos y para desarrollar métodos y técnicas para la educación de los niños más pequeños. Así, en su Manual para los maestros de escuelas de párvulos y en diversos artículos, publicados en el Boletín Oficial de Instrucción Pública. Entre otras, considera la que llevó a cabo el clérigo, Oberlin quien en 1770 había creado un centro de enseñanza para hijos pequeños de familias trabajadoras en una aldea alsaciana.

Pablo Montesino y la formación de maestro[editar]

Por lo que a la formación de maestros se refiere, la figura de Montesino representa el importante cambio que la evolución de los tiempos exigía. Previa a su momento, esa formación había discurrido por los cauces de un aprendizaje de habilidades y recetas realizado a base de imitar las de un iniciado a cuya sombra se permanecía en calidad de aprendiz durante largos años. El control de la capacidad se realizaba mediante un examen que sancionaba la pertenencia oficial a la profesión, sin que se cuestionase el modo como dicha capacidad se había adquirido.

La época de Pablo Montesino vive un cambio trascendental en el ritmo de los tiempos. Un cambio que es a la vez cuantitativo y cualitativo: la entrada en la era industrial, las revoluciones liberales burguesas, la configuración de los estados nacionales del siglo XIX... y en lo que a nuestro campo específico se refiere, la aparición de los sistemas nacionales de educación. En este contexto deben entenderse las reformas pedagógicas que encontraron en Montesino a uno de sus grandes impulsores.

Los tiempos reclamaban, a la vez que más maestros, otro tipo de maestros. Montesino aporta cientificidad a la formación de los maestros y seguramente es el primero entre nosotros que tiene oportunidad de operativizar una formación científica a través de las escuelas normales. Con él la escuela normal, a secas, se transforma en escuela normal-seminario de maestros, es decir, incorpora el estudio de las bases teóricas de la Pedagogía y los principio de los métodos educativos, aunando esta preparación teórica con la imprescindible práctica docente en situación real. Montesino fue director de la Escuela Normal Central, la primera creada en España, en 1839. Allí impartió, además, las disciplinas pedagógicas que los alumnos habían de cursar.

La formación de maestros antes de Pablo Montesino[editar]

Panorama que él contribuyó a cambiar. De lo que se había tratado hasta entonces era de controlar la capacidad de quienes aspiraban a un título de maestro, por medio de exámenes orientados a garantizar el dominio de destrezas concretas, pero en absoluto preocupados por el conocimiento que el aspirante tuviese de los principio o leyes que regulaban las destrezas que demostraban poseer. No existiendo, ningún procedimiento organizado de formación profesional, el sistema tendía a garantizar el “qué” de lo que los maestros debían saber, pero no el “por qué”, resultando de ellos una formación completamente acientífica que favorecía la aplicación de recetas miméticamente aprendidas y convertía al maestro en un practicón.

La exigencia de titulación para el ejercicio profesional, que provenía de intereses corporativistas deseosos de evitar el intrusismo, no siempre podía ser respetada. La investigación de la situación escolar española en el Antiguo Régimen muestra que las escuelas se atendían como se podía; en un gran número de casos, seguramente en la mayoría de ellos, con maestros no titulados y con gentes de otras profesiones y unos mínimos culturales: sacristanes, escribanos, notarios, cirujanos... Las investigaciones han demostrado que los exámenes servían para discriminar y las diferencias halladas entre maestros caminados, titulados y maestros no examinados son suficientemente significativas. El problema para alcanzar los objetivos que tal sistema perseguía, era siempre la difícil aplicación de las leyes por falta de maestros titulados. Fuera de las grandes ciudades, las autoridades locales veían obligadas con enorme frecuencia a confiar la escuela a quien mejor, o aún a quien buenamente, sin posibilidad de plantearse demasiados escrúpulos.

En lo que a formación de maestros se refiere, cabe hablar de un “antiguo régimen” consistente en la transmisión de habilidades de los profesores experimentados a los aspirantes inexpertos, de manera puramente empírica, acrítica, dogmática y, consecuentemente, acientífica. Si el maestro había de poseer técnicas adecuadas para enseñar y si podía hablarse, incluso, de un arte de la educación, difícilmente hubiese aparecido la idea de una ciencia de la educación en la mentalidad e Antiguo Régimen. El estadio científico que permitiría la eclosión de las ciencias sociales y de las que hoy llamamos ciencias del hombre, fue posterior y vino acompañado de las transformaciones económicas, sociales y políticas que alumbraron la contemporaneidad. Fue efectivamente entonces cuando nació la Pedagogía.

Condiciones para la puesta en marcha de las Escuelas Normales[editar]

Las Escuelas Normales surgen en España en la década de los años cuarenta del siglo XIX. Pablo Montesino en 1843 delimitó lo que se quiere que sean los maestros y en función de ello reorganizó las Escuelas Normales. Muchos de estos centros vivieron una primera etapa de incertidumbre durante la que no tendrían de Escuelas Normales más que el nombre. Para Pablo Montesino solo existían dos formas de conseguir un buen profesorado: o mejorar la calidad de los maestros mediante la creación de las Escuelas Normales o imponer la obligación de dotarlos bien. El apostó por la primera por considerarla más natural, fácil y justa.

Dos corrientes metodológicas influirán, de manera preferente, en el diseño institucional de la formación de maestros de carácter teórico-practico, ya que hasta entonces se habían configurado como modelos prácticos casi exclusivos en la capacidad del docente. El primero es más bien un modelo de organización didáctica por grupos en el que son utilizados los alumnos más destacados como monitores, pretendiendo así dar respuesta inmediata a la acelerada demanda de escolarización. El aprendizaje consistiría en un despertar intelectual de la mente humana a partir de la captación de las formas de los objetos que realizan los sentidos.

En la década de los años treinta tenemos una etapa de ensayos y experimentos de corta vigencia, pero, superada esta primera, se inaugura otra caracterizada por la aparición de la red escolar de España. Se establecen las escuelas de párvulo y de adultos; se abre la primera Escuela Normal en España (8 de marzo de 1839) que dirigiera Montesino hasta su muerte en 1849, a partir de 1841 comienza la tensión múltiple y metódica, del establecimiento de normas; se regula la carrera docente; aparecen los Institutos de enseñanza secundaria que van a competir con las Escuelas Normales en la captación del alumnado; también se reestructura la enseñanza superior. Esta legislación va a ser asumida y legitimada definitivamente por la Ley de Instrucción Publica de 9 de septiembre de 1857.

Pablo Montesino y los primeros desarrollos de las Escuelas Normales[editar]

El nacimiento de las Escuelas Normales[editar]

Las Escuelas Normales en España son abstractas, están estrechamente ligadas a todo aparato escolar, este es un proceso parecido al de la enseñanza secundaria. Los centros Normales están hechos para la gente de campo: van, aprenden y vuelven al mundo rural; y los institutos eran para la burguesía. Las Normales siempre han dependido de los institutos hasta que llegó la Ley de Moyano que le ofreció a esta mayor autonomía. Las escuelas Normales en España siempre han padecido muchos bandazos políticos en el siglo XIX.

  • Plan de instrucción pública de 1838 y la Orden de la Regencia provisional de 1840, donde hicieron el establecimiento de las Normales en todas las provincias.
  • El reglamento de 1843, que pretendió poner orden y uniformidad; esta propuesta entra pronto en crisis.
  • En 1847 se pretende reducir el número de Normales.
  • En 1848, el director de la instrucción pública pide que se argumenten las funciones para las que han sido creadas las Normales.

Todo esto hace ver que las Escuelas Normales eran una carga para la Hacienda provincial y competencia para los Institutos. En Francia a los maestros se les echaba la culpa de que hubiera todo estos problemas. En 1865, un nuevo conflicto, una etapa conservadora y política que se concreta en el decreto de 1866 en el que se dice que las Normales han hecho que el Gobierno tuviese muchas inquietudes.

Tomemos como ejemplo la Castilla llamada la Vieja. En Zamora comienzan las Normales en 1841 al frente Matías Tundidor,[1] en 1844 se cierra esta etapa ya que la diputación decide suprimir el centro. En 1846 se aprueba el expediente instruido sobre la reorganización de la Normal de Zaragoza que sigue las directrices y requisitos marcados en 1843. En 1859 abre de nuevo sus puertas y 4 años después sube de categoría; quien se encarga de ésta fue Faustino de Llano hasta 1875. La escuela de Segovia se verá afectada pero abrió sus puertas en 1857. Desde el año 1847 al 1857 se inicia una segunda etapa con diferentes resultados para cada una. En esta fecha las Normales de Salamanca y Valladolid ascienden de categoría y son reforzadas como instituciones específicas de formación de maestros. Con la Ley de Moyano se inicia la tercera etapa que dura hasta 1868, para la escuela superior se caracteriza por el continuismo y para las elementales significa su consolidación definitiva y afianzamiento. Las escuelas Normales desarrollan dos funciones; una de carácter exterior hacia la sociedad y otra interior dirigida hacia los que deberían presidir la formación del alumno. En 1842 hay un proyecto de reorganización en Zamora, este se fundamenta en las ideas liberales sobre la educación y su función social. Era necesaria la creación de una escuela Normal para llevar a cabo este proyecto. Como podemos comprobar los pensamientos pedagógicos de Montesino caracterizaban su racionalidad científica para formar maestros, como puso de manifiesto el profesor Martínez Navarro, “todavía no ha calado en España. La enseñanza no es solo una cuestión de transmisión de contenidos sino que se necesitan unos principios, unas técnicas y unos métodos”. La sociedad espera respuestas de las Escuelas Normales.

Características de las escuelas normales[editar]

La base económica de las Escuelas Normales procedía de las corporaciones provinciales excepto los recursos conseguidos para la puesta en marcha de estos centros, los cuales fueron aportados por organismos públicos locales o subvenciones y aportaciones voluntarias. Las Normales se pueden secuenciar en dos tiempos:

  • Primera etapa: comienza desde una vertiente provincial, como un ciclo cronológico de aportación, dedicación y auge en la formación de maestros.
  • Segunda etapa: se caracteriza por la estabilidad relativa.

Los principales problemas con los que se encontraría serían la falta de infraestructuras material, locales y edificios. Pero se fue subsanando por la puesta de diferente edificios eclesiásticos en manos de organismos públicos. El ordenamiento normalista español quiso socializar cultural y políticamente a los colectivos populares. De forma que los asistentes masculinos poseían un gen socio-económico modesto y las femeninas tenían cierta disponibilidad económica y su rendimiento académico era ligeramente superior.


Obras [4] [editar]

  • Curso de educación
  • Las noches de un emigrado, manuscrito (Madrid)
  • Liberalismo y educación del pueblo
  • Ligeros apuntes y observaciones sobre la instrucción secundaria o media y sobre la superior
  • Manual para maestros de la escuela de Párvulos

Biografía[editar]

  • Carmen Massa Hortigüela, Pablo Montesino (1781-1849), la perseverancia de un educador liberal, Salamanca, Universidad de Salamanca, 2014, ISBN 978-84-9012-430-7.

Enlaces externos[editar]

Enlace artículo "Tras la huella de Pablo Montesino" "Original del Manual para Profesores de las Escuelas de Párvulos"

Referencias[editar]

  1. a b Jesús Caldero, María Elisa González-Moro Zincke, (1990), La Escuela Normal de Zamora (1841-1989), Aula: Revista de Pedagogía de la Universidad de Salamanca, ISSN 0214-3402, Nº 3, págs. 45-60; Carmen Massa, Pablo Montesino (1781-1849), la perseverancia de un educador liberal, Salamanca, 2014, I-II
  2. Contraportada de C. Massa, Pablo Montesino (1781-1849), Salamanca, 2014.
  3. C. Massa, Pablo Montesino (1781-1849), Salamanca, 2014, III y p. 128 ss.
  4. C. Massa, Pablo Montesino (1781-1849), Salamanca, 2014, p. 215