Muerte de Juan Pablo I

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Cardenal Albino Luciani, 1959.
Tumba de Juan Pablo I en las grutas vaticanas.

La muerte del papa Juan Pablo I (Albino Luciani) tuvo lugar en la Ciudad del Vaticano el 28 de septiembre de 1978, apenas 33 días después de ser elegido sucesor de Pablo VI.

Deceso[editar]

El 29 de septiembre a sus 65 años, había sido hallado el Papa sin vida en la cama dentro de su apartamento del Palacio Apostólico por la hermana Vincenza. Desesperada, salió a avisar al secretario John Magee, quien constató la muerte y llamó a un cardenal. Acompañado por el médico, el cardenal examinó el cadáver y llamaron a los embalsamadores. El cuerpo tenía en sus manos unos papeles considerados importantes.

El comunicado oficial informó que falleció de un infarto:

Esta mañana, 29 de septiembre de 1978, alrededor de las 05:30 a.m., el secretario particular del papa, sin haberle encontrado en la capilla como es su costumbre, le buscó en su habitación y le ha encontrado muerto en la cama, con la luz prendida, como si todavía leyese. El médico Renato Buzzonetti, que acudió inmediatamente, ha constatado su muerte, acaecida probablemente hacia las 23:00 p.m. del día anterior a causa de un infarto agudo de miocardio.

Fue embalsamado, pero sin extraerle sangre ni extirparle las vísceras, mediante inyección de líquidos antipútridos. En cuanto a los papeles, eran sobre la reorganización y el cambio del poder en el Vaticano.[cita requerida] Además, se afirma que la leve sonrisa con la que falleció no corresponde al dolor previo producido por un infarto.

El cuerpo de Luciani nunca pasó por una autopsia. Directamente, tuvo un funeral correspondiente al de un pontífice y fue depositado en las grutas vaticanas.

Teorías de conspiración[editar]

Entre las numerosas especulaciones en torno al deceso del papa, algunas apuntan tanto a la CIA como a la KGB sovíética.[1]​ Igual con la masonería, afirmando que le mataron masones infiltrados en las altas esferas vaticanas,[2][3][4]​ y otros aseguran que el pontífice fue envenenado. Se asegura igual que todo tenía un trasfondo económico,[5]​ que la mafia italoamericana estaba aprovechándose de las instituciones financieras de la Santa Sede para blanquear dinero de los crímenes, algo que el papa tenía bajo sospecha. El teólogo tradicionalista Abbé Georges de Nantes pasó gran parte de su vida atendiendo el caso, sobre los bancos y sobre el supuesto descubrimiento del papa de una serie de sacerdotes masones en el Vaticano. [6]​ En su libro Juan Pablo I: Caso abierto, el sacerdote y teólogo Jesús López Sáez sostiene la tesis de que Luciani sufrió un homicidio.

Pero lo que parece estar claro es que el supuesto crimen del papa no iba en contra de la Iglesia católica, sino el asesinato del papa atentando contra Italia o la Ciudad del Vaticano.[cita requerida]

Su estado de salud[editar]

Los informes sobre la salud de Juan Pablo I son muy discordantes. Antes de ser elegido, Luciani se presentó a una serie de cirugías, pero tenía un cuadro clínico positivo, aunque algunos no tanto; lo cierto es que en los años previos a su elección, su salud era bastante estable, y en caso de enfermedad o fragilidad, afirman que no hubiere aceptado el papado.[7]

Años antes, al entonces cardenal se le encontró un coágulo de sangre en el ojo. Si ello hubiera parado en el corazón o los pulmones, habría muerto al instante, sin siquiera darse cuenta.[8]

En 1987, durante la emisión de Yellow, realizado por Enzo Tortora, uno de los secretarios privados del papa, Diego Lorenzi, afirmó que la tarde antes de su muerte, alrededor de las 19:30, al final de una audiencia, el propio papa le dijo que sentía "dolores y molestias en medio del pecho, con un fuerte peso y opresión". La declaración provocó un gran revuelo: En primer lugar, porque era el único en decir esto, dado que todos los que habían interactuado con el papa hasta antes de irse a dormir esa noche le veían en buen estado; y en segundo lugar, debido a que declaraba nueve años después de lo ocurrido. El secretario se justificó: Jamás se lo dije a nadie porque nadie vino a pedirme una explicación. En tercer lugar, porque horas antes de su muerte (y poco después de la supuesta advertencia a Lorenzi), a las 21.30 horas, el papa había hablado por teléfono con su médico personal, Antonio Da Ros, quien dijo que el pontífice estaba muy bien horas antes de su sorpresiva muerte.

Respecto a la autopsia, la misma no se realizó, pasó a funeral. Pero respondiendo a las conspiraciones, se dice que sí fue sometido a una, que demostró que falleció por una vasodilatación en las venas y en las arterias.[9]

Referencias cinematográficas[editar]

Referencias[editar]