Maleabilidad

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La maleabilidad del oro permite obtener pan de oro.
Rollo de papel de aluminio, con micrómetro mostrando un espesor de 0,013 mm.

La maleabilidad es la propiedad de adquirir una deformación mediante una compresión sin romperse. A diferencia de la ductilidad, que permite la obtención de hilos, la maleabilidad favorece la obtención de delgadas láminas del material usado. También es considerada como una propiedad cualitativa.[1]

El elemento conocido más maleable es el oro. También presentan esta característica otros metales como el platino, la plata, el cobre y el hierro.[2]

Los materiales maleables son aquellos que aun siendo duros, pueden deformarse mediante descompresión sin sufrir fracturas, es decir, pueden alterar significativamente su longitud y su forma. Por ejemplo:

El oro. Este metal precioso es el material más maleable conocido por el hombre. Es posible obtener láminas de oro de una diezmilésima de milímetro de espesor. Esto le da un uso privilegiado en la joyería y otras aplicaciones comerciales, ya que permite recubrir en oro metales más económicos.

La plata. Otro metal precioso, sumamente abundante en la naturaleza y de notoria maleabilidad, ductilidad, blandura, brillo y color blanco. De hecho, el nombre de la plata proviene del latín platus, que significa “plano” y que hacía alusión a las láminas planas del metal que es posible obtener con facilidad.

El platino. Este metal precioso, pesado y altamente resistente a la corrosión es muy demandado para aprovechar su maleabilidad y fabricar joyas, componentes electrónicos, catalizadores vehiculares y del petróleo, así como aparatos de neurocirugía y otras importantes aplicaciones médicas.

El aluminio. Quizá uno de los ejemplos más cotidianos de la maleabilidad sea el aluminio, un material muy abundante en la corteza terrestre (alrededor del 8% de la misma), no ferromagnético, buen conductor del calor y la electricidad pero sobre todo maleable en extremo. Así se fabrica el papel de aluminio presente en todas nuestras cocinas.

El hierro. Este metal pesado y ferromagnético tiene la propiedad de ser dúctil y maleable a la vez, pero también fácilmente oxidable. Por eso se prefiere trabajarlo en aleaciones (con carbono, silicio y otros metales), obteniendo así el acero. Éste último conserva parte de las propiedades del hierro, si bien atenuadas por sus nuevos componentes. El carbono, en especial, confiere fragilidad a la aleación.

El cobre. Se trata de un metal rojizo, brillante y, junto a la plata, de los mejores conductores eléctricos conocidos. Gracias a ello, y a su ductilidad y maleabilidad extremas (puede deformársele con las manos) es el material más empleado para redes de tendido eléctrico y diversos componentes eléctricos y electrónicos. Además, muchas aleaciones suyas conservan esta capacidad de deformación, como ocurre con el latón.

El latón. Se llama así a la aleación del cobre con el zinc, de color dorado, no ferromagnético y maleable en frío. El hecho de que no produzca chispas por impacto metálico, sea resistente a la oxidación y a la salinidad, lo convierten en un material industrial ideal para numerosísimas aplicaciones, desde componentes de barcos hasta herramientas cotidianas y envases para alimentos.

El bronce. Otra aleación del cobre, esta vez con el estaño, fue uno de los metales más significativos en la historia de la humanidad, tanto así que da nombre a un período prehistórico: la “Edad de bronce”. Sirvió para fabricar armas, utensilios, joyería, medallas, monedas, esculturas y un sinfín de aplicaciones hasta nuestros días, ya que se trata de un metal maleable, resistente a la corrosión y al roce.

El níquel. Es un metal de transición blanco amarillento, buen conductor del calor y de la electricidad, ferromagnético a temperatura ambiente y muy dúctil y maleable, a pesar de ser uno de los metales más densos conocidos, junto al iridio, hierro y osmio. Presenta propiedades semejantes al hierro y, junto con éste, constituye el núcleo de nuestro planeta, por lo que se trata en principio de un mineral abundante. Es, también, uno de los metales más demandados de la industria humana.

El plomo. Este metal pesado de color gris mate es muy particular entre los elementos metálicos conocidos debido a su enorme flexibilidad molecular. Esto motivó a su inclusión tardía en la Tabla periódica. El plomo es inelástico, maleable hasta cierto punto y desde tiempos antiguos se ha empleado para fabricar láminas destinadas a la escritura o los grabados.

El estaño. Se trata de un metal plateado, maleable, fácilmente oxidable y resistente a la corrosión que es largamente empleado en la industria metalúrgica como componente de aleaciones, para brindar a otros metales su anticorrosividad. Es célebre porque al doblar una barra de este material se produce un sonido característico, llamado “grito del estaño”, resultado de la fricción de los cristales que lo integran.

Los aceros. Como ya hemos dicho, el acero es producto de las diversas aleaciones a las que puede someterse el hierro, alterando sus propiedades para hacerlo más resistente a la corrosión, más duro y frágil, etc. Dependiendo de la propiedad deseada, se añadirá un componente de carbono, estaño, zinc, sílice u otros materiales, que influirán en mayor o menor medida en su ductilidad y su maleabilidad, uno de los principales atributos que el acero obtiene del hierro.

El titanio. Este es el séptimo metal más abundante de la corteza de la tierra. Es ligero, resistente a la erosión y la corrosión, buen conductor eléctrico y además es maleable, por lo que pueden emplearse métodos mecánicos para fabricar placas, rejas, láminas y muchas de sus presentaciones comerciales.

El indio. Este metal fácilmente fundible, muy blando y maleable, es químicamente similar al galio y al aluminio, a pesar de ser un elemento poco frecuente en la corteza terrestre. Al doblarse produce un sonido característico, como el estaño, y se ha investigado su relativa toxicidad, a pesar de lo cual se emplea abundantemente en procesos de soldadura.

El cadmio. Largamente empleado en baterías y procesos energéticos, este elemento metálico es muy semejante en propiedades al zinc, excepto por ser un importante contaminante ambiental y un metal altamente tóxico para la vida. Es blanco plateado, muy brillante, muy dúctil y maleable, y posee una capacidad de absorción de neutrones que lo hacen idóneo para las plantas de energía nuclear.

Referencias[editar]

  1. Anusavice, Kenneth J. (2004). Phillips la ciencia de los materiales dentales. Elsevier España. ISBN 9788481747461. Págs 95-96.
  2. González Cabrera, Víctor Manuel (1996). Física fundamental. Editorial Progreso. ISBN 9789706410979. Págs. 105-106.