Madre Celestial (mormonismo)

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Dentro de la teología mormona, la Madre Celestial (o Madre en los Cielos) es la madre de los espíritus humanos y la esposa de Dios el Padre. Aquellos que aceptan la doctrina de la Madre en los Cielos remontan su origen a José Smith, fundador del Movimiento de los Santos de los Últimos Días. Esta doctrina no era muy conocida en un comienzo, sin embargo, se difundió luego de la crisis de sucesión del movimiento tras la muerte de Smith en 1844.

La creencia en una Madre Celestial es enseñada principalmente por La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días,[1] la Iglesia Restaurada de Jesucristo,[2] una de las tantas ramas del mormonismo, y otras organizaciones mormonas fundamentalistas, como la Iglesia Fundamentalista de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días.[cita requerida] Generalmente esta doctrina no es reconocida por otras religiones dentro de la amplitud de denominaciones del Movimiento de los Santos de los Últimos Días, como es el caso de la Comunidad de Cristo, donde el trinitarismo es predominante.

En La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días se canta de Ella en uno de sus Himnos. También es brevemente comentada en los manuales de enseñanza de la Iglesia y en algunos sermones.[3] Ella (Nuestra Amada y Sagrada Madre Celestial) no es objeto de oración para los miembros ya que ésta práctica es inaceptable oficialmente.[cita requerida]

Exégesis doctrinal de la Madre Celestial[editar]

Los fundamentos teológicos de la creencia en la Madre Celestial se le atribuyen a José Smith, fundador del Movimiento de los Santos de los Últimos Días, quien poco antes de su muerte en 1844 esbozó una controvertida visión de Dios, la que difería radicalmente del consenso cristiano tradicional.[4] La teología que describió Smith incluye la creencia de que Dios va a compartir su gloria con sus hijos, y que los humanos pueden convertirse en seres exaltados, dioses y diosas, en el más allá.

Aunque no hay evidencia clara de que José Smith enseñara públicamente sobre la Madre Celestial, varios de los contemporáneos de Smith atribuyeron esta doctrina a él, ya sea directamente o como consecuencia de su postura teológica. Una nota editorial de History of the Church 5:254, presumiblemente cita a José Smith diciendo: "Venid a mí, he aquí los misterios que el hombre no ha visto, he aquí nuestro Padre en el cielo y la Madre, la Reina". Además, un reporte de segunda mano declaró que en 1839 José Smith le había dicho a Zina Diantha Huntington, una de las esposas plurales de Smith, luego de la muerte de su madre, que "no sólo iba a reconocer a su madre de nuevo al otro lado, sino que aparte de eso, usted se reunirá y familiarizará con su eterna Madre, la esposa de su Padre en el cielo".[5]

Adicionalmente, miembros del Quórum Ungido, una organización espiritual muy selecta que estaba al tanto de las enseñanzas de Smith en los inicios de la Iglesia, también reconocía la existencia de una Madre Celestial.[6] Por lo demás, Times and Seasons publicó una carta al editor de una persona apodada "El Ave Manchada de José", en la que el autor declaraba que en la vida pre-terrenal el espíritu "era un niño con su padre y su madre en el cielo".[7]

En 1845, tras el asesinato de José Smith, la poetisa Eliza R. Snow publicó un poema titulado Mi Padre en el Cielo (más tarde titulado Invocación, o los Eternos Padre y Madre; ahora se utiliza como la letra del popular himno SUD Oh mi Padre), el cual reconoce la existencia de una Madre Celestial.[8] Un fragmento de este himno se reproduce aquí:

¿Hay en los cielos padres solos?
Clara la verdad está;
la verdad eterna muestra:
madre hay también allá.

Algunos de los primeros mormones consideraban a Eliza R. Snow una profetisa (aunque no lo era).[9] Más tarde, sin embargo, el Presidente de la Iglesia Joseph F. Smith (sobrino del profeta José Smith) explicó su propia postura al respecto: que "Dios le reveló a José Smith el principio de que tenemos una madre y un padre en el cielo; José Smith se lo reveló a Eliza Snow Smith, su esposa, y Eliza Snow se inspiró, al ser poetisa, para presentarlo en verso".[10]

La doctrina también se atribuye a varios otros de los primeros líderes de la Iglesia. De acuerdo con un sermón de Brigham Young, José Smith dijo una vez: "no adoraría a un Dios que no tuviera un padre, y no sé que haría Él si no tuviera una madre; la ausencia de lo primero sería tan absurdo como la ausencia de lo otro".[11]

Esta doctrina, la de que hay una Madre en los cielos, fue en una ocasión afirmada con claridad por la Primera Presidencia de la Iglesia cuando, al hablar de la preexistencia y el origen del hombre, dijeron: "el hombre, como espíritu, fue engendrado por padres celestiales, nació de ellos y se crio hasta la madurez en las mansiones eternas del Padre"; el hombre es "simiente de paternidad celestial", y "todos los hombres y mujeres son a semejanza de un Padre y una Madre Universal, y son literalmente hijos e hijas de la Deidad".[12]

Sustentamiento de la doctrina[editar]

Como todo principio revelado, la creencia en esta doctrina descansa en la confianza de que fue revelada a un profeta de Dios, y como tal, se suma al conjunto de creencias sostenidas por quienes participan de las ramas del mormonismo que aceptan este punto.[13] No obstante, se esgrimen ciertos razonamientos para justificar tal postura, revolucionaria para la teología de la época. Bruce R. McConkie, por ejemplo, destacado teólogo mormón, señala lo siguiente al respecto: {{Cita|En la verdad cristiana de que todos los hombres son hijos espirituales de un Padre Eterno, esta implícita la verdad, comúnmente no mencionada, de que son también hijos de una Madre Eterna. Un Varón de Santidad exaltado y glorificado (Moisés 6:57) no podría ser Padre a menos que una Mujer de igual gloria, perfección y santidad lo acompañara como Madre. El engendrar hijos convierte al hombre en padre y a la mujer en madre, no importa si hablamos del hombre en su estado mortal o inmortal.Bruce R. McConkie

Naturalmente tales razonamientos se hacen más comprensibles al tratar de entender la doctrina de que, como hijos de Dios, todo el género humano opta a heredar la gloria de Dios, su padre, en la medida que cumplen con los requisitos que el Evangelio de Jesucristo suscribe,[14] [15] tanto varones como mujeres, y que tal proceso de progreso fue vivido por Dios anteriormente,[16] [17] según sostiene la teología mormona.

Oración y culto a la Madre Celestial[editar]

Orson Pratt, uno de los primeros Apóstoles SUD, se opuso a adorar a la Madre Celestial, declaraciones doctrinales de Pratt que figuraban en The Seer.

Algunos "mormones feministas" grupo no oficial de la Iglesia De Jesucristo De Los Santos De Los Últimos Días han adoptado la práctica de orar a la Madre Celestial. Sin embargo, el fallecido Presidente de la Iglesia Gordon B. Hinckley se opuso a esta práctica señalando que los mormones no deben orar a la Madre Celestial.[18] Una profesora feminista fue despedida de la Universidad Brigham Young en 1993, y una de las razones fue su apoyo público a orar a la Madre Celestial.[19]

Referencias[editar]

  1. «Existencia Pre-mortal». BBC. 
  2. Rol de la mujer en la Iglesia Restaurada de Jesucristo (En el menú a la derecha de la página web haga clic en "Creencias" y luego haga clic sobre "Rol de la mujer "):
  3. Oh mi Padre, himno SUD número 187, referido a Madre en los Cielos Oh, What Songs of the Heart, LDS hymn #286, referido a "padres celestiales". La Familia: Una proclamación para el mundo referencia a "padres celestiales". Varios materiales curriculares SUD se refieren a una Madre Celestial, por ejemplo, véase la conclusión de La Mujer Santo de los Últimos Días, Lección 9 y "Capitulo 2: Nuestra familia celestial", Principios del Evangelio, 11 (1997). See also a statement by a former President of the Church in Spencer W. Kimball, "The True Way of Life and Salvation", Ensign, May 1978, 4.
  4. Véase Discurso del funeral de King Follet; Smith 1844.
  5. Wilcox 1987, p. 65.
  6. Wilcox 1987, pp. 65-67; Orson Pratt 1876, p. 292; Wilford Woodruff 1875, pp. 31-32.
  7. Joseph's Specked Bird 1845, p. 892.
  8. Snow 1845. véase también Derr 1996-97; Pearson 1992.
  9. «Abstract of Poems, religious, historical, and political». Harold B. Lee Library/Online Collections at BYU. Consultado el 13 de junio de 2008. 
  10. Wilcox 1987, p 65.
  11. Brigham Young, Journal of Discourses, vol.9, p. 286.
  12. Hombre: Su Origen y Destino, pp. 348-355, Joseph F. Smith, John R. Winder, y Anthon H. Lund
  13. Doctrina y Convenios 1:38.
  14. Mateo 5:48; Juan 10:34; Romanos 8:16-17.
  15. La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los últimos Días, “Capítulo 2 Nuestra familia celestial”, Principios del Evangelio, p. 9.
  16. Joseph Smith, Joseph Fielding Smith (ed.) (1976). Enseñanzas del Profeta José Smith (Salt Lake City: Deseret Book) p. 193: "¡Dios una vez fue como nosotros ahora; es un hombre glorificado, y está sentado sobre su trono allá en los cielos! Ese es el gran secreto. Si el velo se partiera hoy, y el Gran Dios, que conserva este mundo en su órbita y sostiene todos los mundos y todas las cosas con su poder, se manifestase a sí mismo, digo que si fueseis a verlo hoy, lo veríais en la forma de un hombre, así como vosotros os halláis en toda la persona, imagen y forma misma de un hombre; porque Adán fue creado a la misma imagen y semejanza de Dios, y de El recibió instrucciones, y anduvo y conversó con El, como un hombre habla y se comunica con otro". Véase también Discurso del funeral de King Follet; Smith 1844.
  17. Joseph F. Smith: "Como el hombre es, Dios fue; como Dios es, el hombre llegará a ser". 1909.
  18. Hinckley 1991, pp 97-100.
  19. Academic Freedom and Tenure: Brigham Young University (PDF). American Association of University Professors. September-October 1997. Archivado desde el original el 25 de noviembre de 2015. Consultado el 20 de julio de 2006.