Los submarinos de Frondizi

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Los submarinos de Frondizi es el nombre que dieron los medios de prensa a un episodio que aconteció durante el gobierno del citado mandatario argentino. En esos años, buques de la Armada Argentina detectaron varias veces la presencia de uno o varios submarinos intrusos en aguas del Golfo Nuevo, en la Patagonia. Fueron denominados OSNI (acrónimo de Objeto Sumergible No Identificado), debido a que nunca se mantuvo contacto con ellos, por otra parte, las dimensiones reportadas eran inusualmente grandes. Al no haber respuestas por parte de los sumergibles intrusos y sin que ninguna potencia extranjera reconocira su presencia, el presidente Frondizi ordenó el 11 de febrero de 1960 un ataque contra ellos, con una fuerza de trece buques y cuarenta aviones. Según especulaciones de la época, se trataba de naves soviéticas, pero según la descripción de los testigos se trataba de submarinos del tipo XXI, construidos por Alemania hacia finales de la Segunda Guerra Mundial.[1]

A pesar del ataque, no se reportaron hundimientos o averías de los submarinos, se desplegaron tropas de infantería en toda la costa del golfo, temiendo que el submarino emergiera y que sus tripulantes desembarcaran; hecho que nunca sucedió.[1]

El caso tuvo gran transcendencia nacional; los periódicos argentinos de mayor tirada publicaban frecuentes reportes con las últimas noticias sobre los misteriosos submarinos; [2]​ e incluso llamó la atención de algunos medios españoles.[3]

Historia[editar]

El 22 de mayo de 1958, casi dos meses después de asumir, el presidente Arturo Frondizi reconoció la presencia de un sumergible no identificado en la costa patagónica, al noroeste de Puerto Cracker, en Golfo Nuevo. La fuerza aérea y la marina desataron un ataque, pero el presunto navío logró huir. La segunda incursión aconteció en octubre de 1959, en el mismo golfo;otra vez se desplegó un ataque contra el buque sin identificar, pero nuevamente los esfuerzos fueron en vano, y el submarino volvió a escapar.[1]

La batalla del Golfo Nuevo[editar]

Uno de los submarinos del tipo XXI, durante el último periodo de la Segunda Guerra Mundial. Muchos testigos afirmaron que se trataba de submarinos de este tipo.

El 23 de febrero de 1960, jóvenes cadetes a bordo de cuatro naves de instrucción navegaban por el Golfo Nuevo a 1200 kilómetros de Buenos Aires, cuando los tripulantes distinguieron un pecio o navío imposible de identificar que derivaba o navegaba en una zona frecuentada por la Armada Argentina para sus maniobras de entrenamiento. El objeto no identificado se encontraba sumergido a 150 metros de profundidad. Los hidroaviones de las bases de Bahía Blanca y Mar del Plata fueron desplegados y lanzaron bombas en el sitio. El destructor Cervantes y los patrulleros King y Murature colocaron minas submarinas a lo largo de la boca del golfo para prevenir cualquier intento de desembarco y se desplegaron unidades de infantería con el mismo propósiso; por la noche, se lanzaron bengalas y se utilizaron reflectores. Los primeros informes sostenían que se había dañado a la nave intrusa, pero luego fue evidente que había escapado; lo que llevó a especular que se trataba de un submarino nuclear. En algunas versiones del hecho se habla de dos submarinos, uno de los cuales había logrado escapar, mientras que el otro permaneció sumergido e inmóvil en las profundidades del golfo como consecuencia de los ataques de buques argentinos.[2]​ El 15 de febrero el submarino desapareció de las pantallas de sonar sin dejar rastro. La Armada Argentina confirmó que el 20 de febrero se lo detectó de nuevo, se preparó una ofensiva total, en la que se emplearon modernos armamentos estadounidenses. Se lanzaron varios torpedos de guía electrónica, pero ninguno dio en el blanco. Los aviones atacaron con torpedos dirigidos por sonar, de nuevo sin ningún resultado. Dos días después, un comunicado de la marina declaró: "Las aguas del Golfo Nuevo fueron cuidadosamente cribadas en los días 21 y 22 de febrero, sin que se estableciera contacto con submarinos incursores, lo que sugiere que hayan podido escapar".[1]

Finalmente, el 25 de febrero la Marina dio por terminada la búsqueda de submarinos en el Golfo Nuevo. En ningún momento los mandos militares permitieron a los periodistas acceder al lugar, tampoco sobrevolar el golfo.[2]

Teorías sobre los hechos[editar]

El presidente argentino Arturo Frondizi.

Desde el comienzo de los episodios, hubo diferentes interpretaciones de los mismos:

  • Una cortina de humo para desviar la atención pública de otros temas más sensibles.[4][5]
  • Una operación montada por la Armada para justificar la compra de armamento a Estados Unidos.[2]
  • Posibles submarinos de origen soviético que venían en buscas de tesoros nazis, supuestamente escondidos en la Patagonia.[2]
  • Un submarino británico, hipótesis que el embajador del Reino Unido en la Argentina calificó como "imposible".
  • Un submarino hundido en el golfo, el cual fue movido por las corrientes marinas de la zona, primero y por las bombas después; inclusive pudo haber existido alguna explosión que lo llevara a flote hasta mostrar su torreta. Esta teoría fue propuesta por el capitán de fragata español Enrique Manera.[1]
  • Uno o varios submarinos alemanes que traían a jerarcas nazis para esconderlos en la Patagonia andina.[2]
  • Un fenómeno paranormal.

Fuentes[editar]

Citas[editar]

Enlaces externos[editar]