Los Pichiciegos

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Los Pichiciegos
de Rodolfo Fogwill Ver y modificar los datos en Wikidata
Género Novela Ver y modificar los datos en Wikidata
Tema(s) guerra de Malvinas
Idioma Español
Editorial El Ateneo
Ciudad Buenos Aires
País Argentina Ver y modificar los datos en Wikidata
Fecha de publicación 1983
Páginas 252
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Los Pichiciegos es una novela de ficción del escritor argentino Rodolfo Fogwill. Ambientada en la guerra de las Malvinas, la narración principal transcurre a finales de mayo y principios de junio de 1982[1]​ y finaliza cuando los británicos ya han desembarcado en las islas y los soldados argentinos son hechos prisioneros y trasladados a la Argentina. Su primera edición, bajo el nombre de Los Pichy-cyegos. Visiones de una batalla subterránea, data de 1983.

Fogwill escribió la novela en medio del ambiente bélico creado por la guerra, entre el 11 y el 17 de junio de 1982, es decir, que la terminó tres días después del final de la guerra. En los últimos capítulos hay pasajes intercalados que parecen anticipar hechos relativos a la redacción y edición del propio libro. El aporte de Fogwill radica en construir un relato ficcional más ajustado a la realidad que lo que primaba en el imaginario colectivo Argentino -manipulado por el poder de facto y transmitidos por medios de comunicación hegemónicos-. [2]

Varias copias de la redacción original estuvieron circulando entre críticos y editores de Brasil en los meses siguientes, y fue publicada por primera vez en la Argentina en 1983.

La obra ha sido adaptada al teatro y en 2012 inspiró dos puestas en escena, una dirigida por Mariana Mazover, y la otra, por Diego Quiroz.[3]

Argumento[editar]

Cuenta la historia de un grupo de soldados argentinos ,alrededor de 5,del 82, enviados por la dictadura militar a las Islas Malvinas, que desertan y se ocultan en un refugio subterráneo que habían construido los primeros en abandonar. Para el ejército oficialmente no existen, han sido dados muertos por la tropa. Su único objetivo es sobrevivir, confiando que la guerra acabe y puedan volver a casa.

El nombre de pichiciegos se lo dan a sí mismos por semejanza con un animal que vive ocultándose en cuevas que él mismo hace, un día que uno de ellos, un santiagueño, cuenta: [4]

El Pichi es un bicho que vive abajo de la tierra. Hace cuevas. Tiene cáscara dura-una caparazón- y no ve. Anda de noche. Vos lo agarrás, lo das vuelta, y nunca sabe enderezarse, se queda pataleando panza arriba. ¡Es rico, más rico que la vizcacha!

Pasan la mayor parte del tiempo en el refugio o Pichicera, y la vida que llevan se limita a tareas para mantenerse vivos, luchando contra el frío, las enfermedades, soportando el miedo de las bombas que hacen trepidar el refugio, evitando ser descubiertos, y tratando de conseguir comida, raciones, cigarrillos, combustible, pilas para linterna, polvo químico para eliminar el olor y secar sus excrementos,...

En medio de su aislamiento, sueñan con:[5]

culear, dormir, bañarme, estar en casa, dormir en cama limpia, limpio, culear, comer bien... ¡Te imaginás un asadito!, ver a mis viejos, ... culear y ser brasilero, ... Cualquier cosa. ¡Pero brasilero!

Para poder subsistir han creado una comunidad con su propias normas, en las que hay Reyes Magos o jefes, un almacenero, que controla los víveres, y patrullas que salen a buscar o cambiar mercaderías. También hay pichis que no hacen nada, se pasan el día dormidos, pero estos no duran mucho, porque los tiran afuera, entregándolos a los británicos:[6]

Si esta guerra no acaba -amenazó Viterbo un día- vamos a tener que tirar a todos los dormidos.

A cada nuevo se lo explicaban: mandan los Magos, los que empezaron todo.

Las patrullas salen por la noche, de noche hay menos viento, y además no te ven, a conseguir recursos de ocasión, despojos de vehículos abandonados, de soldados muertos congelados o de restos de naufragios que llegan a las playas. También hacen intercambios o reciben ayuda de otros soldados argentinos, y de los británicos, de los que obtienen víveres, pilas de linterna, coque o querosén, a cambio de información o ayuda en las tareas de guerra (les pasan planos de las zonas minadas, marcan con radios objetivos de los cohetes, y llegan a aceptar la presencia de una pareja de operadores de radio en la Pichicera).

Los Reyes Magos - los cuatro más veteranos - establecen lo que debe hacer cada uno y aceptan o rechazan la incorporación de nuevos miembros:[7]

La gente sirve. Vienen más, traen más... ¡Hay que elegir que sirvan: traen cosas, tienen más conocidos en los batallones, pueden cambiar más cosas y ayudar...!

A medida que avanza la narración se van descubriendo las situaciones que viven dentro y fuera del refugio, como el miedo a las bombas, el miedo al propio miedo, las conversaciones extenuantes, la dificultad de cagar o tener sexo, el sexo con las ovejas, el encuentro con soldados congelados, las ovejas que revientan al pisar una mina, la sospecha de que afuera sepan de su existencia o de que haya más pichis en otros sitios, y otras más delirantes como la presencia de unas monjas francesas aparecidas en zona de guerra, repartiendo papeles en medio de las ovejas que les caminaban alrededor, o el paso de unos aviones que vuelan en formación en V, 1, 2, 4, 8, 16, 32 aviones por fila, atraídos por el arco iris y que al alcanzarlo se desparraman en el azul.

Estilo[editar]

La novela está escrita con un lenguaje llano, como el que hablan los pichis, que son casi todos de provincias (porteño, formoseño, bahiense, sanjuanino, santiagueño, tucumano, cordobés, puntano,...), intercalando la narración de Quiquito, uno de los pichis, que habla en primera persona o responde a preguntas de un entrevistador, con diálogos entre ellos.

No existe un único protagonista en la novela, aunque una parte importante es la narración de uno de ellos, sino que lo son los pichiciegos en su conjunto. La espontaneidad de las conversaciones, la proximidad de los protagonistas y la aparente cotidianeidad de sus ocupaciones, hace que todo lo que ocurre, por ficticio que pueda ser, resulte muy creíble.

No existe ninguna narración de los hechos bélicos, ni valoraciones directas sobre cuestiones bélicas, antibélicas, heroicas, pacifistas o partidistas respecto de la guerra.

Personajes[editar]

Los Reyes Magos (fijan las misiones, establecen las normas, toman las decisiones): El Sargento (muerto), Viterbo (también muerto; a ambos los mataron los de Marina, que no los dejaron ir en un control), Viterbo -el primo de Viterbo, el muerto-, el Turco, el Ingeniero, y Quiquito que es el único que salió vivo, y hace de narrador o de entrevistado.

Los que sirven (traen cosas, tienen más conocidos en los batallones, pueden cambiar más cosas y ayudar...): Pipo Pescador (el almacenero), Rubione, García, ...

Los demás de la pichicera: el Tucumano (cuenta historias de vampiros y hombres tigre), Dorio (que le pegó con una bengala de auxilio a un oficial que abusaba de un soldadito), Diéguez (el único herido admitido, porque salvó de la muerte al Turco), Pugliese (el que vio las dos monjas entre las ovejas), Manuel (que se acuesta con uno de los británicos), Acevedo (judío, que cuenta cuentos), el Sanjuanino (que cuidaba de una culebra), Luciani, Uruguayo, Yrigoyen, Galtieri, Ramírez, Acosta, Manzi, Núñez, Tano, Brecelli, Torraga, Benítez, ... y los tres militares británicos destacados en la Pichicera.

No hay otros personajes con una mínima entidad que no sean pichiciegos. Fuera de ese mundo están Lidia, Thony y Pedeski, mecanógrafa, crítico y editor del libro, y se citan de paso, militares de la junta militar como Videla o Galtieri, o Firmenich, el jefe montonero que no iba a salir presidente, y otros como Pinochet, Fidel Castro o Isabelita Perón, o el general Aramburu, amasijado por los montoneros en 1970, y un coronel, que disimulando la derrota se dirige a los soldados diciéndoles que ahora se iba a ganar la guerra por otros medios, de nombre Víctor Redondo, y se presenta con un piloto argentino que no parecía militar y se llamaba Cuadrado.

Visión de los militares[editar]

No ahorra críticas a los militares profesionales argentinos que aparecen interviniendo en la guerra, presentando casos de corrupción, soberbia, maltrato de los soldados, cobardes que buscan una baja infligiéndose lesiones para evitar combatir en el último momento, deshonrosos como los que se camuflan entre las filas de soldados que se entregan con los papelitos que tiraban los Harrier invitando a rendirse, o como el oficial que se cocina (congela) la mano izquierda para quedar sano ... y pasa a retiro con un grado más alto.

Los militares británicos, por contra, aparecen mejor tratados, más asépticos, con muchos más medios, mejor vestidos y pagados, y la guerra, la hacen mejor, son más organizados, más hijos de puta.

Visión de la sociedad argentina[editar]

Además de la metáfora frontal del libro, la identificación de unos soldados con un animal que vive escondido en cuevas que él mismo excava, y sale al exterior preferentemente de noche, cuando se encuentra más protegido de sus amenazas externas, existe otra metáfora más sugerente, sobre a quien representan los pichiciegos, que permite otra lectura de algunos pasajes de la novela.

En todo el relato, Fogwill parece tener un empeño en presentarles como de casi todas las provincias, concretando además para muchos de ellos su origen geográfico, mostrando su variedad, para emparejarlos con el conjunto de la sociedad argentina.

Teniendo en cuenta que aquel conflicto no provocó división de posturas en esa sociedad de 1982, y solo pequeños sectores se manifestaron en contra de lo que la mayoría llamó la recuperación de Las Malvinas, parece haber una intención del autor en identificar a los soldados desertores con esos pequeños grupos opositores, que poco hacen o pueden hacer frente a la guerra y las demás acciones de la dictadura militar, y se esconden, llegando a colaborar con el enemigo, deseando que la guerra (¿y la dictadura?) acabe pronto (Visiones de una batalla subterránea era parte del título de la primera edición). Desde esta interpretación, el final de los pichiciegos, teniendo en cuenta la fecha de escritura de la novela, no puede ser más desesperanzador.

En otro caso, resulta más difícil ampliar el término figurado de la metáfora, los argentinos, y considerar que Fogwill pretendía atribuir sarcásticamente a todos sus compatriotas el rechazo a la guerra, como seguramente hubiera deseado que fuera.

Referencias[editar]

  1. Hay tres referencias cronológicas, el 3 de junio, el 29 de mayo y los primeros días de de junio. Los Pichiciegos, Edición de Editorial Periférica, 2010, páginas 96, 142 y 144
  2. [1]
  3. Javier García. A dos años de su muerte, lanzan libros inéditos de Fogwill, La Tercera, 22.08.2012; acceso 23.08.2012
  4. Los Pichiciegos, 2010, pg. 34
  5. Los Pichiciegos, 2010, pg. 98
  6. Los Pichiciegos, 2010, pg. 142
  7. Los Pichiciegos, 2010, pg. 90

Bibliografía[editar]

  • Rodolfo Fogwill (1983). Los Pichiciegos. Visiones de una batalla subterránea. De la Flor, Buenos Aires. 
  • Rodolfo Fogwill (1992, 1996, 1999). Los Pichiciegos. Sudamericana, Buenos Aires. 
  • Rodolfo Fogwill (2010). Los Pichiciegos. Periférica. España. ISBN 978-84-92865-10-9. 

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]