Francisco Merino (platero)

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Francisco Merino (Jaén, España, ¿? - Toledo, España, 1611) fue un platero español. Es el autor más reconocido del manierismo geometrizante.[1]

Biografía[editar]

En 1565 se trasladó a Toledo.[2]​ En 1569 elaboró el arca de San Eugenio, que alberga las reliquias del I arzobispo de Toledo. Este arca se conserva en la catedral. A veces se confunden dos santos llamados Eugenio: el I arzobispo de Toledo del siglo I y el arzobispo de Toledo del siglo VII.[3]​ En el siglo XVI los restos del santo y mártir del siglo I san Eugenio se conservaban en la basílica de Saint-Denis, cerca de París. En 1565 el rey de Francia donó los restos a Toledo. Para corresponder a esta donación, el rey español Felipe II acordó devolver a Francia la cabeza de san Quintín. Un brazo de san Eugenio ya había sido entregado a Toledo en 1165.[4]

Los restos estuvieron primero en una pequeña arqueta de plata con diversos relieves. En 1569 fue cuando Francisco Merino realizó nueva, más grande. Fue diseñada por Nicolás de Vergara el Viejo y está inspirada en los sarcófagos romanos. Tiene relieves que muestran el martirio del santo (fue decapitado y arrojado a un lago[3]​) y el traslado de sus restos a España.[4][5]​ La pequeña arqueta donde estaban antes los restos de san Eugenio se destinó a guardar los restos de san Sotero Papa, san Cayo, san Nicasio, san Dionisio y sus compañeros.[6]

En 1575 regresó a Jaén y,[2]​ en 1579, se trasladó a Sevilla, para participar en el concurso convocado por los canónigos de la catedral para elaborar una custodia de asiento, que finalmente realizó Juan de Arfe.[2]

Posteriormente fue a Córdoba, donde realizó varios trabajos en plata y, posteriormente, volvió a Jaén.[2]​ En 1583 recibió el encargo de la realización unas las andas para la custodia de asiento de la catedral de Jaén, que había sido realizada por realizada por Juan Ruiz el Vandalino. Estas andas serían usadas para procesionar en la festividad del Corpus Christi. En 1927 dejaron de usarse estas andas de Francisco Merino y la custodia procesionó en un trono de alpaca plateado. En algún momento entre esta fecha y 1936 estas andas desaparecieron.[7]​ Francisco Merino siguió en Jaén cuatro años años trabajando en diversos templos de la ciudad y su entorno. En 1584 realizó una lámpara de plata para la capilla de la Virgen de San Ildefonso y en 1583 realizó una custodia para la catedral giennese.[7]​ En 1587 regresó a Sevilla.[2]

Su obra más influyente fue la cruz patriarcal de la catedral de Sevilla. Francisco Merino diseñó y fabricó esta cruz en 1587.[2]​ En 1580 había realizado una cruz parroquial ligeramente parecida para la iglesia de la Asunción de Villacarrillo[2]​ y, 1590, realizó otra cruz parroquial con cánones parecidos para iglesia de Colmenar Viejo.[2]

La influencia de esta cruz patriarcal puede apreciarse en la cruz parroquial realizada por Tomás de Morales en 1609 para la parroquia de Torredonjimeno, en la cruz parroquial de Francisco de Alfaro de 1595 para la iglesia de San Juan de Marchena, en la cruz parroquial de Francisco de Alfaro de 1597 para la iglesia de San Pedro de Monesterio, en la cruz parroquial de Francisco de Alfaro y Oña de 1601 para la iglesia de Santa Cruz de Sevilla, en la cruz parroquial de Juan de Ledesma Merino de 1609 para la iglesia del Sagrario de Sevilla, en una cruz parroquial de autor anónimo madrileño de 1603 para el convento de Santa Clara de Zafra y, en menor medida, en la cruz parroquial de Gabriel de Cevallos de 1610 para la iglesia de San Pedro de Copernal.[2]

Tras realizar la cruz patriarcal se trasladó de nuevo a Jaén. En 1587 se estableció definitivamente en Toledo. En este último periodo elaborará un par de obras muy importantes para su carrera: la urna de Santa Leocadia (1592) y el lignum crucis de Santa Elena (1601). También realizará otros trabajos para diversos templos toledanos.[2]

Referencias[editar]

  1. María Jesús Sanz Serrano (2002). «La cruz procesional en las primeras décadas del siglo XVI. Origen del cambio tipológico». Estudios de Platería. San Eloy (1ª edición) (Servicio de Publicaciones de la Universidad de Murcia): 427-440. ISBN 84-8371-345-4. 
  2. a b c d e f g h i j Antonio Joaquín Santos Márquez (2013). «La cruz patriarcal de Francisco Merino y su inmediata influencia en Andalucía y Castilla». Laboratorio De Arte. Revista del Departamento de Historia del Arte de la Universidad de Sevilla I (25): 235-253. 
  3. a b Rosa López Torrijos (1977). «Iconografía de san Eugenio de Toledo». Anales toledanos (12): 3-40.  ISSN 0538-1983
  4. a b Ángel Fernández Collado. La catedral de Toledo. Vida, arte, personas. Diputación Provincial de Toledo. pp. 172-182. ISBN 9788487100567. 
  5. Manuel González Simancas (2005). Toledo. Sus monumentos y el arte ornamental (edición fascímil). Maxtor. p. 119. ISBN 9788497611480. 
  6. «Proyectos de restauración». Agea Consultores. Consultado el 18 de septiembre de 2016. 
  7. a b Miguel Ruiz Calvente (2007). «El platero giennense Francisco Merino y las desaparecidas andas del Corpus de la Catedral de Jaén». Elucidario: Seminario bio-bibliográfico Manuel Caballero Venzalá (3): 181-188.  ISSN 1885-9658