Cursilería

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La palabra cursilería es un término derivado de cursi, palabra que aparece por primera vez en el artículo "Un cursi ",[1]​ una 'fisiología' costumbrista sobre un tipo gaditano sin buenas maneras que se hace notar por su comportamiento molesto. Del lado femenino, cursi puede ser anterior, quizás derivado de una copla, o murga gaditana relativa a las hijas de un sastre francés llamado Sicour, o Tessi-Court, ataviadas como las clientes de su padre, por encima de su clase. La copla repite el estribillo "las niñas de Sicur, Sicur, Sicur..."

En 1868 aparece en Madrid La filocalia, o arte de distinguir a los cursis de los que no lo son, obra de Santiago Liniers y Francisco Silvela donde el término es definido y se lo considera ya una plaga. Cursi y cursilería entran en el diccionario académico en 1869, con las siguientes definiciones:

1. Dícese de la persona que presume de fina y elegante sin serlo.
2. Aplícase a lo que, con apariencia de elegancia o de riqueza, es ridículo y de mal gusto.
3. Dícese de los artistas y escritores, o de sus obras, cuando en vano pretenden mostrar refinamiento expresivo o sentimientos elevados.

La cursilería es un tema recurrente en las Novelas contemporáneas de Benito Pérez Galdós, especialmente en La desheredada (1881) y en El amigo Manso (1882).

Ensayos relevantes sobre el tema escribieron Ramón Gómez de la Serna,[2]​ quien lo relaciona con el Barroco, y Enrique Tierno Galván,[3]​ quien lo caracteriza como una 'femenización de lo burgués'. Ortega y Gasset le dedica un apunte en el ensayo "Intimidades"[4]​ y lo considera un morbo endémico de España, debido al peculiar desarrollo de la clase media. Sin embargo, lo cursi está estrechamente emparentado con el kitsch, palabra procedente de Munich, entre 1860 y 1870, y de uso internacional.

En América, lo cursi adquiere tonalidades diversas, como lo picúo caribeño o la huachafería peruana.[5]​ En Argentina aparece a menudo en las novelas de Manuel Puig y en Portugal se le llama piroso y piroseira,[6]​ mientras que en Brasil se usa el término brega. México ha sido proclamado "el país de los cursis" por sus propios analistas y periodistas, según el mexicano Carlos Monsiváis.[7]

Referencias[editar]

  1. «Un cursi». La Estrella (Cádiz). 25 de diciembre de 1842. 
  2. Gómez de la Serna, Ramón (1933). «Ensayo sobre lo cursi». Revista Cruz y Raya. 
  3. Tierno Galván, Enrique (1952). «Lo cursi». Revista de Estudios Políticos. 
  4. Ortega y Gasset, José (1929). «Intimidades». El espectador. 
  5. Vargas Llosa, Mario (28 de agosto de 1983). «La huachafería». El Comercio (Lima). Consultado el 3 de marzo de 2018. 
  6. Lobo Antunes, Antonio (1994). A morte de Carlos Gardel. 
  7. Monsivais, Carlos (1988). «La cursilería». Escenas de pudor y liviandad (México: Grijalbo). 

Bibliografía[editar]

  • Carlos Moreno, Literatura y cursilería. Valladolid: Universidad, 1995 ISBN 84-7762-542-5. Nueva edición, corregida y aumentada, con el título: Cursilería & kitsch en las letras hispánicas, 2016 ISBN 978-1-365-62154-3