Ciencia ficción chilena

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La ciencia ficción en Chile tiene sus orígenes a finales del siglo XIX con la publicación de los libros El espejo del mundo (1875) del inglés Benjamín Tallman y Desde Júpiter (1878) de Francisco Miralles.

Posteriormente y durante el siglo XX, numerosos autores aportaron a este subgénero literario, entre ellos Pedro Sienna, Vicente Huidobro, Juan Emar, Luis Enrique Délano, Enrique Araya, Armando Menedín, y Ariel Dorfman. Sin embargo, no fue hasta la década de 1950, con la publicación de Los altísimos de Hugo Correa, que la ciencia ficción chilena no fue realmente considerada. Pues este autor fue traducido a más de 10 idiomas y antologado en la famosa revista Magazine of Fantasy and Scientifiction, siendo elogiado por Ray Bradbury.

En la actualidad, los autores más destacados son Sergio Meier (autor de La Segunda Enciclopedia de Tlön (2007), Jorge Baradit (autor de Synco, Ygdrasil y Lluscuma), Alvaro Bisama (autor de Caja Negra y Ruido), Diego Muñoz Valenzuela (autor de Flores para un Cyborg (relato), Los hijos del cyborg) , Sergio Amira (autor de Identidad Suspendida) y Alberto Rojas (autor de La sombra de fuego (relato).

Un sitio de difusión de la literatura de ciencia ficción en Chile es Puerto de Escape, espacio creado por Marcelo Novoa, autor de la antología Años Luz. Mapa Estelar de la Ciencia Ficción en Chile (2006) y en el cual colaboran destacados especialistas en la materia como Sergio Meier, Luis Saavedra, Raúl Martínez, Marisol Utreras, Alexis Figueroa y Roberto Pliscoff, entre otros. De este último cabe destacar que debe ser el poseedor de la mayor biblioteca de Ciencia Ficción chilena.

Cine[editar]

En Chile, el cortometraje “Renacimiento” de Inti Carrizo, ambientado en el universo de Star Wars, recibió el premio Audience Choice Award Lucasfilm SWFMC 2010, otorgado por la empresa Lucas Film, realizadora de la saga Star Wars.

Son destacables Solos de Jorge Olguín y Chile puede de Ricardo Larraín, comedia que cuenta la historia del primer astronauta chileno en el espacio, interpretado por Boris Quercia. Punctum, del realizador Raúl Pinto, es la historia de una disminuida humanidad relegada a vivir en túneles subterráneos y desprovistos de lenguaje. Causto, del director Álvaro Pruneda, es un mediometraje ambientado en el año 2300, cuando la mitad de la población mundial ha nacido producto de la clonación.

Referencias[editar]