Cara oculta de la Luna

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Fotografía de la cara oculta de la Luna.
Estampilla de la URSS de 1959 conmemorando la primera fotografía de la cara oculta de la Luna.

La cara oculta de la Luna es el hemisferio de ella que no es observable desde la Tierra porque la Luna tarda en rotar sobre sí misma lo mismo que su movimiento de traslación alrededor de la Tierra, lo que hace que el satélite le presente siempre la misma cara. Se suele llamar a esta parte de la Luna su “Lado Oscuro”, pero esto es incorrecto ya que no hay sección de la Luna que no reciba luz solar. Debido a las libraciones, desde la Tierra solo se nos oculta el 41 % de la superficie lunar (es decir unos 15,5 millones de km²).

Historia[editar]

Este hemisferio estuvo oculto a la vista humana hasta que la sonda automática soviética Luna 3 lo fotografió por primera vez el 7 de octubre de 1959.[1]​ Como la Luna tarda el mismo tiempo en dar una vuelta sobre sí misma que en torno a la Tierra, presenta siempre la misma cara. Esto se debe a que la Tierra, por un efecto llamado gradiente gravitatorio, ha frenado completamente a la Luna. La mayoría de los satélites regulares presentan este fenómeno respecto a sus planetas.

Los investigadores de la Estatal de Pensilvania creen que la ausencia de mares en ese lado se debe a una diferencia en el espesor de la corteza entre el lado de la Luna que vemos y el lado oculto, consecuencia de cómo se formó nuestro satélite natural originalmente, según explican en la revista Astrophysical Journal Letters.[2]

La historia a la que hacen referencia comienza hace 4.500 millones de años, cuando un objeto del tamaño de Marte, bautizado como Theia, chocó violentamente contra nuestro planeta. Capas externas de la Tierra y de ese misterioso mundo salieron disparadas hacia el espacio y con el tiempo formaron la Luna. «Poco después del impacto gigante, la Tierra y la Luna estaban muy calientes», explica Steinn Sigurdsson, profesor de astrofísica. La Tierra y Theia no sólo se derritieron; partes de ellas quedaron vaporizadas, creando un disco de roca, magma y vapor alrededor de nuestro mundo.[2]

Su situación era similar a la de los exoplanetas rocosos descubiertos recientemente muy cerca de sus estrellas. La Luna estaba de 10 a 20 veces más cerca de la Tierra de lo que está ahora, y los investigadores encontraron que rápidamente asumió una posición de acoplamiento de marea con el tiempo de rotación de la Luna igual al período orbital de la Luna alrededor de la Tierra. Desde entonces, probablemente la Luna siempre ha mostrado la misma cara. El anclaje de marea es un producto de la gravedad de ambos objetos.[2]

En los programas de establecimiento de una base lunar estable se ha planeado emplear el hemisferio oculto para la instalación de instrumentos de observación destinados al estudio del firmamento, ya que aquel está más protegido de la influencia de la Tierra que el hemisferio visible.

Geografía[editar]

Se trata de una zona mucho más accidentada que el hemisferio visible. En este hemisferio no existen grandes mares, como sucede en el visible; únicamente se localizan los mares Moscoiense, Orientale e Ingenii, compartiendo asimismo con el hemisferio visible el Mare Australe, aunque estas cuencas son de bastante menor tamaño que las de la cara visible. Sí existen, sin embargo, gigantescos cráteres o circos lunares mayores que los del otro hemisferio, pudiéndose encontrar algunos como Apolo, de hasta 520 km de diámetro. Debido a que han sido las naves soviéticas las primeras en fotografiar esta cara lunar, la mayoría de los accidentes tienen nombres de científicos y personajes rusos.[3]

Cara oculta de la Luna

De la Luna tenemos una gran cantidad de información, tanto de la parte visible como de su “cara oculta”, que representa un 41% de la superficie. “En caso de enviar una misión a la cara oculta de la Luna, tendríamos problemas de comunicación, puesto que el propio satélite se interpondría entre los astronautas y la Tierra”, comenta a Quo Alfred Rosenberg, astrofísico y divulgador del Instituto de Astrofísica de Canarias. El lado oculto de nuestro satélite se caracteriza por una geografía peculiar. Gracias a la cámara del satélite japonés de exploración Kaguya (Selene) se descubrió en 2008 que en esa zona hubo una actividad volcánica intensa que se detuvo hace 3000 años. De hecho, hace unos meses, científicos de la Universidad de Purdue (Estados Unidos) y la NASA descubrieron allí un gran cráter de 200 kilómetros de ancho. No se había registrado un hallazgo de tal envergadura en al menos un siglo. Al descubrimiento se le ha puesto el nombre de Earhart en honor a Amelia Earhart, la primera mujer que voló sola cruzando el Atlántico. El cráter se ubica enterrado de forma parcial bajo los escombros de la cuenca Serenitatis, y quizá tenga una edad cercana a los 3.900 años. Una hipótesis apunta a que la cara oculta de la Luna actúa de paraguas evitando numerosas colisiones de meteoritos sobre la Tierra. Como nuestro satélite carece de atmósfera, el factor erosión tampoco existe; de ese modo, conserva intactos todos los impactos que ha sufrido. Pero sobre este punto existen discrepancias en la comunidad científica. “La Luna es un paraguas demasiado pequeño como para evitar que unos meteoritos puedan llegar a la Tierra desde distintos ángulos del universo”, apunta Josep Manel Carrasco. Quizá los volcanes sin actividad nos hablen de su propio origen danzando alrededor de la Tierra.[4]

Misiones espaciales[editar]

El día 7 de octubre de 1959 ocurrieron dos hechos reveladores: Henry Noerdlingerl, jefe de investigaciones de la película Los diez mandamientos, desveló que la reina egipcia Nefertiti ya utilizaba cosméticos para pintarse los ojos y los labios. Ese mismo día, la nave espacial soviética Luna 3 realizó las primeras fotografías de la cara oculta de la Luna. Hasta ese momento, un lugar lleno de misterios. Durante 40 minutos, tomó 29 imágenes a 66.700 km de distancia; en ellas aparecían un terreno montañoso y dos regiones oscuras. Recibieron los nombres de Mare Moscoviense y Mare Desiderii. Todo aquello revolucionó el mundo. La prensa soviética  se lanzó, de pronto, a publicar reportajes sobre alienígenas recién llegados a Siberia y sobre la posibilidad de habitar planetas lejanos. Ahora, 56 años después, una sonda se posará por primera vez en la superficie lunar más ignota. China acaba de anunciar que su sonda espacial Chang’e-4 aterrizará en la cara oculta de la Luna para explorarla. Liu Jizhong, decano del Centro de Ingeniería Aeroespacial y de Exploración Lunar, ha declarado: “El ambiente, así como otras condiciones en la cara oculta de la Luna, permanecen como un misterio para nosotros. El terreno allí es bastante complicado. Tendremos que realizar ajustes en el diseño de la sonda”.[4]

La cara oculta supone un 41% de la superficie de la Luna (15,5 millones de kilómetros cuadrados)

Helio-3, el nuevo tesoro

Se especula incluso con la posibilidad de que los chinos planifiquen abrir minas lunares para extraer un peculiar isótopo del helio (helio-3) que resolvería los problemas de energía en la Tierra durante los próximos 10.000 años. El valor potencial del helio-3 se calcula en 2.000 millones de euros la tonelada. Pero China no tendrá fácil la explotación, puesto que deberá enfrentarse al Tratado del Espacio Exterior de la Naciones Unidas, donde se deja claro que los recursos lunares son propiedad de toda la humanidad. “Las partículas de helio-3 se encuentran enganchadas al polvo lunar. Su origen procede de la formación de nuestro Sistema Solar. Calentando este polvo, se libera el helio-3, que después podremos utilizar en los reactores de fusión nuclear para generar energía”, explica Josep Manel Carrasco, astrónomo del Instituto de Ciencias del Cosmos de la Universidad de Barcelona. Pero el proyecto chino no es el único intento de colonización lunar.[4]

La Agencia Espacial Europea (ESA) quiere construir allí una base permanente. “El pueblo lunar sería una estación abierta a diferentes países miembros. Al proyecto no le falta entusiasmo”, señala Jan Wörner, director de la institución europea, a través de un vídeo comunicado. Por su parte, Bernard Foing, director del grupo internacional de exploración lunar de la ESA, especifica que la “base espacial se construiría en el Polo Sur, punto geográfico que marca el inicio de la cara oculta. Sería interesante recibir desde allí las emisiones de radio cósmicas, además de servir de lugar de entrenamiento para los astronautas. Aprenderían a vivir aislados en las mismas condiciones que en un futuro viaje a Marte”.[4]

Desde que la NASA lanzó el Apollo 17 el 7 de diciembre de 1972, no se había registrado tanto interés por la Luna. “El motivo es evidente. En aquella época había mucha competencia entre americanos y soviéticos. Recordemos que estábamos en plena Guerra Fría, y la colonización lunar formaba parte de la propaganda política del momento. Los políticos deciden el presupuesto destinado a la carrera espacial, y ahora no es precisamente abundante”, dice Josep Manel Carrasco.

Fuente[editar]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Encyclopedia Astronautica: Luna E-3
  2. a b c «El misterio de la cara oculta de la Luna, resuelto 55 años después». abc. Consultado el 22 de febrero de 2018. 
  3. «Cara Oculta De La Luna - Geografía | La base de datos de conocimiento español». declaracion.es. Consultado el 22 de febrero de 2018. 
  4. a b c d Mingorance, Rafael. «Los misterios de la otra cara de la Luna». Quo. Consultado el 22 de febrero de 2018. 

Enlaces externos[editar]