Combate de Chorros Blancos

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Combate de Chorros Blancos
Otros nombres Batalla de Chorros Blancos
Tipo Acontecimiento histórico
Ámbito Público histórico
Suceso Combate
Sede Yarumal, Colombia
Lugar Alto Boquerón
Ubicación Yarumal
País Colombia
Fecha 12 de febrero de 1820
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El combate de Chorros Blancos se libró el 12 de febrero de 1820 en el alto Boquerón, que es el cerro más alto de Chorros Blancos, ubicado en el municipio de Yarumal, departamento de Antioquia, República de Colombia.

El combate tuvo importantes repercusiones: se consolidaron y ampliaron los efectos de la batalla de Boyacá; los patriotas pudieron arrebatar de manos de los españoles las sabanas de Corozal, que abastecían de víveres la Costa Atlántica, y pudieron apoderarse más tarde de la ciudad de Cartagena de Indias, aumentando el optimismo de la opinión pública patriota, impidiendo así nuevas conquistas españolas.

Calificar este encuentro con el nombre de batalla parece exagerado: el subteniente Joaquín Viana dice que en la acción tan solo tomaron parte ochenta soldados de Warleta y sesenta patriotas[1] Se infiere que los veinte soldados restantes de la Corona y los sesenta y cinco de la segunda compañía de Cazadores de Córdova estaban defendiendo o atacando algunos puntos estratégicos en los alrededores del camino.

Historia[editar]

El 30 de enero de 1820, José María Córdova mandó al capitán de ingenieros Juan Antonio Gómez a reconocer los puntos militares de Yarumal, junto al camino de Cáceres; días antes había marchado el teniente Polo Jaramillo con funciones de espía. Este camino era, con el de Sonsón a Mariquita y el de Urrao al Atrato, uno de los que Pablo Morillo y Pascual Enrile Acedo habían ordenado abrir en Antioquia. [2] La orden de Córdova se dio en respuesta a los rumores que desde el 31 de diciembre último indicaban la inminente invasión del coronel Francisco de Paula Warleta desde Zaragoza. A fines de 1819 y principios de 1820, las fuerzas expedicionarias del rey de España volvieron a cerrar sus tentáculos desde las fronteras del antiguo virreinato de la Nueva Granada. Su acción envolvente, calco fiel de la estrategia de Pablo Morillo en 1815, [3] cuya depuración había bañado en sangre los restos de la primera república, pretendía apoderarse una vez más de la ciudad de Santafé y abrir una vía de comunicación entre Cartagena, sede provisional del gobierno español, y los recursos del Cauca y del Perú, que en 1820 era todavía un virreinato de la Corona de Borbón. Avanzaron así otra vez las tropas realistas desde el norte por los ríos Atrato y Magdalena y por el centro de la provincia de Antioquia, desde el oriente por Cúcuta, y desde el sur, por Popayán.

Era la segunda vez que el jefe español Warleta llegaba pisando fuerte a la provincia. En 1815 había cruzado a Antioquia de paso hacia Popayán, con el objeto de recabar caudales para llevárselos al Pacificador, pero entonces había entrado por Yolombó y Barbosa. Así lo registran el historiador Restrepo y el cronista payanés Santiago Arroyo. Dice el primero que “Warleta remitió a Morillo [desde el sur] en calidad de secuestros diez cajones de alhajas y ornamentos de los templos”.[4] Arroyo, por su parte, anota que el 15 de noviembre de 1816 “marchó Warleta [desde Popayán] para Santafé con el batallón del rey uniformado, llevando algunas cargas de doblones para entregarlos en el cuartel general de Morillo”. [5] De acuerdo con ambas versiones, Warleta hizo cuando menos dos envíos de tesoros desde el sur: uno de vasos sagrados y otro de dinero contante y sonante.

La campaña de Yarumal, día a día[editar]

Según el investigador Humberto Barrera Orrego, el día a día fue así:

Martes primero de febrero[editar]

A eso de las cinco de la tarde entraron en Yarumal Warleta y su segundo, el teniente coronel Sebastián Díaz, a la cabeza de 125 fusileros. [6] Debido a que los vecinos no tuvieron tiempo suficiente de emigrar, los realistas habían encontrado “recursos de toda especie porque es muy provisto aquel lugar”, según anotó Restrepo, el gobernador civil de la provincia de Antioquia. Desde su cuartel general en Yarumal, Warleta mandó destacamentos para defender los puntos estratégicos de Angostura, Carolina y el valle de San Andrés. Pendiente del informe de sus espías, hizo marchar su fuerza por el camino empedrado de losas volcánicas llamado hoy “del Asilo”, el cual, en cercanías del alto Boquerón, al oriente de la población, se dividía en dos ramales: uno que conducía a Cáceres y la Costa Atlántica, y otro que llevaba al caserío de Cañaveral y los minerales de Anorí. Se atrincheró en este camino no solo para impedirles el paso a los republicanos, sino para tener a sus espaldas el camino de Cáceres (hoy en gran parte desaparecido bajo la carretera al corregimiento de Cedeño), por si algo salía mal.

Miércoles 2 de febrero[editar]

Por su parte, Córdova concentraba en Barbosa la división republicana, que constaba de 400 fusileros uniformados y entrenados, y de 200 voluntarios armados de lanzas.

Jueves 3 de febrero[editar]

Marchó la división desde Barbosa. Considerando la áspera subida de Barbosa a Riogrande, la dificultad de trasladar al gobernador en su silla de manos (debido al accidente que sufrió al caer de su caballo el 28 de diciembre anterior) y la impedimenta de más de medio millar de hombres, más la artillería, el ganado en pie, etc., la jornada se cumplió con celeridad, y esa noche pernoctaron en Riogrande.

Viernes 4 de febrero[editar]

A las diez de la mañana llegó la división a Santa Rosa, donde permaneció hasta el jueves 10 del mismo mes, esperando durante una semana el informe de sus espías sobre el número de efectivos del enemigo y su distribución. Los datos eran variables, ya que don José Manuel Restrepo había anotado en su diario el 7 de enero que Warleta marchaba desde Zaragoza al interior de la provincia al frente de 330 soldados de línea, en tanto que los espías le informaron a Córdova que el número de los realistas era de 300. Restrepo informa que Warleta había dejado más de cien hombres en Zaragoza a cargo de José Guerrero y Cabero para cuidar su retaguardia. José de Villa, comandante militar de la Ciudad de Antioquia, le había informado al gobernador civil que “una partida enemiga de 60 hombres había ocupado el valle de San Andrés”. [7] A su vez, Córdova consigna que el enemigo ocupaba los pueblos de Angostura y Claras (también conocido como Carolina del Príncipe), de suerte que Warleta, en forma imprudente, confiado en los informes del traidor Manuel Santamaría, había fraccionado su fuerza y la había diseminado, manteniendo su cuartel principal en Yarumal.

Jueves 10 de febrero[editar]

Córdova mandó 100 lanceros voluntarios a desviar la atención de los espías del enemigo en los llanos de Cuivá, se puso a la cabeza de los 400 fusileros uniformados y de unos 100 lanceros de las milicias y marcharon con destino a la finca La Culebra, en Angostura, con el fin de sorprender el flanco izquierdo y la retaguardia del enemigo con un movimiento envolvente, tal como había hecho hacía cerca de seis meses en Soplaviento, a una legua de Nare, y como lo haría después en Tenerife y en otras oportunidades. La Culebra todavía subsiste, aunque amenaza ruina. La casa se encuentra a corta distancia del antiguo camino que comunicaba a Santa Rosa de Osos con Angostura, y del casco urbano de esta última población la separan aproximadamente 5.3 km (algo más de una legua granadina).

Viernes 11 de febrero[editar]

Creyendo que Angostura estaba ocupada por ochenta hombres, marchó la 2ª compañía del batallón por una trocha a tomarles la retaguardia, mientras el resto de la división hizo retirar la parte que estaba en Angostura, la que se unió a otra partida situada en Pajarito; reunidas ambas, tan solo sumaban veinticinco soldados,[8] que fueron exterminados por la segunda compañía al mando del capitán José Aguilar. Tan solo escapó el oficial Benito Urdaneta, que mandaba la partida enemiga, gracias a que encontró un práctico que lo sacó por caminos extraviados. Siguió la división y pernoctó en Cañaveral. Al descontar aquella partida de veinticinco hombres abatidos de los 125 fusileros realistas que entraron a Yarumal, le quedaba a Warleta una columna de tan solo 100 hombres para hacerles frente a los republicanos.

Sábado 12 de febrero. Incidencias del combate de Chorros Blancos[editar]

A principios del año no clarea en esta región antes de las seis de la mañana. Si la división hubiera salido más temprano, habrían tenido que encender faroles o antorchas, que delatarían su número, posición y movimientos, poniéndolos a tiro de las balas enemigas. Por lo tanto, a eso de las seis la división salió de Cañaveral (hoy Campamento) por el antiguo camino que comunicaba dicho sitio con Yarumal. “La división marchó directa a las alturas, que ocupaba Warleta con toda su fuerza”. Este pasaje, tomado del diario de campaña de José María Córdova, confirma que el combate no se libró cerca del río, sino, por el contrario, disputándole la sierra al enemigo. Por otra parte, Córdova parece ser deliberadamente ambiguo: la expresión “con toda su fuerza” parece implicar que Warleta disponía de trescientos hombres, tal como lo afirma también el subteniente Joaquín Viana.[9] No obstante, el examen de otros documentos permite concluir que el jefe peninsular tan solo contaba aproximadamente con una compañía del regimiento de León. Dos semanas después del combate, le escribió Córdova a Santander: “Buen cuidado tendrá él [Warleta] de escaparse siquiera con cien hombres que le han quedado buenos, al castillo de Bocachica”. [10] Si, como veremos, solo hubo un muerto, cinco heridos y treinta prisioneros realistas, y Warleta huyó con unos cien soldados, ¿dónde quedaron entonces los (presuntos) doscientos efectivos restantes? Ya hemos visto que los había dispersado, enviándolos a distintos caseríos.

Dos horas después, a eso de las ocho de la mañana, la avanzada republicana oyó los primeros disparos de los realistas. Los cien hombres de la segunda compañía, al mando del capitán José Aguilar, acompañados de veinticinco dragones llaneros,[11] continuaron por el camino adelante y obligaron a unos cincuenta soldados del regimiento de León a replegarse hacia el paraje de Chorros Blancos, en tanto que Córdova resolvió salirse del camino, meterse al monte y dar un amplio rodeo con la primera, tercera y cuarta compañías y los 100 lanceros voluntarios que le quedaban, para sorprender al enemigo por su retaguardia. Lograr esto no era sencillo por la dificultad de transportar al gobernador en silla de manos y porque era preciso abrirse paso a machetazos por entre la maraña. El informe de Córdova adolece de algunas lagunas que el investigador Humberto Barrera Orrego hubo de llenar recurriendo a otras fuentes y a trabajos de campo: Córdova dejó en el tintero el nombre del cerro más alto de Chorros Blancos, así como su plan de rodear al enemigo y el motivo del fracaso de esta resolución: “pero habiéndose extraviado el práctico Francisco Misas, Córdova resolvió atacar de frente”. [12]

En menos de media hora, la segunda compañía obligó a fuego cerrado a los realistas a retroceder hasta la mitad de la ladera del “cerro más alto de Chorros Blancos”, es decir, el alto Boquerón. [13] En aquel momento, el número de combatientes de ambos bandos era más o menos parejo. El capitán Aguilar dejó varias partidas guardando algunos puntos estratégicos y se quedó tan solo con sesenta hombres, lo cual estuvo a punto de echar a perder lo ganado hasta ese momento, dado que Warleta, atrincherado en el camino, en lo alto del cerro, contaba con la superioridad del emplazamiento y con la del número, pues disponía de ochenta hombres, [14] sin contar los que guardaban algunos puntos claves. Rechazados hasta el pie del cerro, los republicanos vivieron momentos de angustia bajo el fuego enemigo y, si esta situación se hubiera prolongado, muy distinto habría sido el resultado. Pero en ese momento, tras renunciar al movimiento envolvente para sorprender al enemigo por su retaguardia, llegó el comandante Córdova a la cabeza de sus 500 efectivos. Menuda sorpresa se habrá llevado el jefe español, que ya se creía dueño del campo, al ver aparecer en medio de la espesura a todo un ejército bien uniformado, bien disciplinado, bien pertrechado, disparando y gritando insultos al enemigo y vivas a la libertad, siguiendo la bandera del batallón y las órdenes transmitidas mediante pífanos, tambores y cornetas. Córdova ordenó atacar a los hombres del Rey con dos columnas, simultáneamente por su derecha y por el centro: la derecha del enemigo se hallaba situada hacia la margen izquierda de la quebrada de Chorros Blancos, a pocos pasos de la bifurcación del camino, uno de cuyos ramales conducía a Cáceres y el otro unía a Yarumal y Cañaveral.

En el último momento, el cuerpo principal de la división inclinó la balanza a favor de los republicanos. De hecho, “cuando Warleta regresó en retirada, encontró un hijo de Santamaría en Mompox, a quien dijo: que su padre era un pícaro, pues lo había tratado de sacrificar, haciéndolo atacar una plaza guarnecida por 1.500 hombres, resueltos a morir y dirigidos por el mismo comandante que aseguraba en su carta estar delirante”.[15]

Está claro que salió una partida del batallón patriota a cortar la retirada hacia la bifurcación del camino. Dicha retirada le hubiera permitido a Warleta la huida hacia Cáceres; de suerte que la única salida que le quedaba era abandonar sus posiciones y reunir su fuerza mientras meditaba en la mejor estrategia. Así lo hicieron precipitadamente los realistas, y mientras procuraban cruzar la quebrada de Chorros Blancos para ponerse a salvo, los republicanos les tomaron treinta prisioneros, “cuatro españoles y los demás venezolanos”. [16] Es preciso registrar que la mayoría de los fusileros de Córdova también eran venezolanos, “excelentes soldados veteranos aguerridos”.[17] El gobernador civil, José Manuel Restrepo, informa que los realistas tuvieron “solo un muerto y cinco heridos”.[18] El teniente gobernador del Valle de Osos le escribió el 13 de febrero de 1820 al gobernador civil : “…nuestras tropas desde la Angostura o sus inmediaciones se han batido con el enemigo, llevándole en retirada hasta ayer, a las tres de la tarde, que se hallaba en Chorros Blancos, a cuyos puntos se habían reunido los enemigos, de los cuales teníamos varios prisioneros y que se nos habían pasado algunos de ellos; que en los nuestros no hay novedad alguna”.[19] De la hora que proporciona esta carta, y de la duración aproximada[20] del encuentro según Joaquín Viana, subteniente de la cuarta compañía republicana, concluye doña Pilar Moreno de Ángel que el combate se libró entre las dos y las tres de la tarde.

Warleta pensó que sería fatal tomar de inmediato el cercano camino a Cáceres: los republicanos no tardarían en darle alcance a su corto contingente. Decidió entonces replegarse a El Mortiñal, desde donde podría ver las carpas blancas de la división patriota, y, más importante aún, donde podrían verlo y suponer que esperaba refuerzos. Acantonados en ese punto, los hombres del rey encendieron fogatas para ahuyentar el frío de la noche y preparar sus alimentos (precisamente como lo estarían haciendo los efectivos de Córdova en el alto Boquerón y sus alrededores). Esa noche, al amparo de las sombras, Warleta y los suyos escaparon sigilosamente por el abra del Boquerón abajo, siguiendo el áspero camino a la Costa Atlántica, sin duda guiados por un práctico, dejando jirones de uniforme y de piel entre las zarzas, abandonando aquí y allá armamento y municiones de guerra y de boca. Quedarse para hacerles frente a la fuerza numerosa de Córdova y a la mente aguda de su comandante hubiera sido un acto suicida.

La estrategia de Córdova en el combate de Chorros Blancos[editar]

Tal como él mismo lo declarará más tarde, tuvieron que trasladarlo “en silla de manos, sin ver bien”.[21] De suerte que Córdova, según se vio anteriormente, se sentía muy débil; la mano trémula no le permitía escribir; tenía por ende que dictar su correspondencia y llevar un “libro de memoria” que, irónicamente, había dejado olvidado en Rionegro; no podía hablar por falta de soltura en la dicción; tenía una pierna lesionada que le impedía montar a caballo; lo devoraba el sueño y le costaba mucho trabajo levantarse de la cama y carecía de fuerza y tono muscular. No obstante, pese a su discapacidad física y a tener que ser transportado en un mueble por caminos abruptos y montes espesos, no había perdido ni un ápice de su lucidez, y basándose exclusivamente en la “traducción simultánea” de los hechos que se desarrollaban ante sus narices sin que él pudiera presenciarlos, logró hacerse una composición de lugar y concebir una estrategia para batir al enemigo.

Domingo 13 de febrero: Después del combate[editar]

La descubierta de la división republicana se puso en marcha, y media hora después se encontró con dos paisanos que le anunciaron que por la noche el enemigo había procurado reunir sus fuerzas para hacer la retirada, que comenzó a ejecutar desde muy temprano. La división republicana tomó El Mortiñal, donde aún humeaban los fogones enemigos, y pasó a Yarumal. Allí supo por tres pasados que la retirada del enemigo era para Cáceres, y marchó la segunda compañía a marchas forzadas en su persecución. El resto de la división permaneció en Yarumal, donde se le reunieron los 100 voluntarios que estaban en Cuivá.

Asegura la tradición que uno de los primeros actos de Córdova fue hacer fusilar al anciano alcalde realista,[cita requerida] Manuel de Rada, acto que tuvo lugar ante una piedra que fue después dinamitada para darle lugar al atrio del templo de La Merced. Manuel de Rada era uno de los primeros pobladores de Yarumal y había formado una familia ejemplar y prolífica, pero había sido colaboracionista de los soldados de la Corona.

Consecuencia del combate de Chorros Blancos[editar]

Aparte de malograr las pretensiones del virrey Juan Sámano, el combate tuvo importantes repercusiones: se consolidaron y ampliaron los efectos de la batalla de Boyacá; los patriotas pudieron arrebatar de manos de los españoles las sabanas de Corozal, que abastecían de víveres la Costa Atlántica, y pudieron apoderarse más tarde de la ciudad de Cartagena; al conocer la derrota de Warleta, el coronel español Sebastián de la Calzada, que se había adueñado del sur del país, de Pasto a Cartago, se replegó a Popayán; las victorias combinadas del peñón de Barbacoas (que se libró el 23 de enero de 1820 en el Magdalena antioqueño, y en la cual se destacaron el comandante José Antonio Mayz y el coronel Juan Carvajal) y Chorros Blancos aumentaron el optimismo de la opinión pública patriota. [22] Pero la verdadera importancia del combate de Chorros Blancos consiste en haber impedido una nueva reconquista española [23] y una “pacificación” aún más brutal y sangrienta que la de la época del terror.

Antecedentes[editar]

Luego del acta de adhesión del 20 de julio de 1810 al “desdichado monarca” Fernando VII, preso en Bayona por Napoleón, el “Anticristo”, se produjeron las actas de declaración de independencia absoluta de España de Mompós (6 de agosto de 1810) y Cartagena (11 de noviembre de 1811). Vino después el período de guerras civiles entre centralistas y federalistas que Antonio Nariño denominaría la Patria Boba, y tras la abdicación de Napoleón (1814), Fernando VII retornó a España y organizó una expedición de reconquista de las colonias de ultramar, la cual partió de Cádiz a mediados de febrero de 1815. Estaba compuesta de la nave capitana San Pedro Alcántara, cinco fragatas, dos corbetas, dos bergantines, una goleta, doce faluchos, veintidós buques de guerra y treinta y cuatro barcos de transporte; las tropas estaban formadas por más de 10.600 veteranos de la guerra contra Napoleón.[24] Pero el 24 de abril de 1815, la nave capitana de la escuadra de reconquista, el buque San Pedro Alcántara, de sesenta y cuatro cañones, estalló y se fue a pique en la isla venezolana de Coche: “en él se perdieron la caja militar del ejército, los vestuarios, la pólvora y los pertrechos; pérdida inmensa en aquellas circunstancias, ocasionada, según se dijo, por un descuido al vaciar licores que se encendieron”. [25] Cuando maquinaba la reconquista de Venezuela, el Pacificador se había visto obligado a invadir la Nueva Granada para abrirse paso hasta la ciudad de Popayán y la opulenta Lima, la Ciudad de los Reyes,[26] y saquear iglesias, palacios y conventos en busca de recursos para alimentar, vestir, armar, municionar y pagar salarios a los más de diez mil quinientos hombres que formaban la expedición pacificadora. Las tropas de Pablo Morillo avanzaron desde el norte por los ríos Atrato y Magdalena y por la provincia de Antioquia, desde el oriente por Cúcuta, y desde el sur, por Popayán, en una estrategia tentacular que se cerraría sobre la ciudad de Santafé, capital del virreinato.

Controversia sobre el lugar del campo de batalla[editar]

Si bien el diario de la división de Antioquia,[27] firmado por José María Córdova, no precisa por su nombre el lugar donde se libró el combate, proporciona suficientes indicios para determinarlo: menciona que la división “marchó directa a las alturas”, que el enemigo se reunió “en el cerro más alto de Chorros Blancos”, y además del nombre de la quebrada de Chorros Blancos indica “el importante punto de Mortiñal”. Estas referencias establecen sin duda alguna que el “cerro más alto de [la sierra de] Chorros Blancos” es el alto Boquerón, la mayor altura de la región, en cuyas cercanías quedan el viejo camino a Cáceres, la quebrada que dio su nombre al combate y el paraje denominado El Mortiñal.

Pese a que no reseña el nombre del “cerro más alto” y a que acoge datos erróneos, como la grafía de Chorros Blancos en una sola palabra (Córdova siempre la escribió en dos palabras); como la indicación del paso del viejo camino de Yarumal a Campamento por la “eminencia” del Mortiñal; y de que la quebrada de Chorros Blancos “al caer de una altura forma la cascada de las Dantas” (cascada que forma parte de una quebrada situada en otra parte).

Por su parte Humberto Barrera Orrego, miembro de la Academia Antioqueña de Historia, destaca la tesis de la segunda reconquista del virreinato de la Nueva Granada, el fraccionamiento del regimiento realista entre San Andrés de Cuerquia, Yarumal, Angostura y Claras, el alto Boquerón como verdadero campo del combate, el papel estratégico del camino de Yarumal a Campamento, el número de efectivos de Warleta en el alto Boquerón, entre los más notorios.

Sin embargo, personas mal informadas defienden el yerro según el cual el combate de Chorros Blancos se libró en jurisdicción del municipio de Campamento,[¿según quién?] y más concretamente en los predios de la finca San Luis, donde se levanta el monumento, mal llamado “obelisco”, que levantó en 1970 la Gobernación de Antioquia, para sustituir las ruinas del monumento erigido en 1919 por las escuelas de Yarumal, Angostura y Campamento, reunidas para conmemorar el primer centenario, dado que ni la Gobernación de Antioquia ni las alcaldías de los tres municipios tomaron la iniciativa de celebrar la importante efeméride. Según el padre Javier Piedrahíta Echeverri, escogieron el montículo más cercano al río Nechí, no tanto por tener la certeza de haber sido aquel el lugar del combate, sino por confluir allí los tres municipios. [28]

Cómo fue la participación de los tres municipios

Veinticinco soldados de la Corona perdieron la vida en el combate de Pajarito, que tuvo lugar en Angostura el viernes 11 de febrero.

Esa misma noche, los hombres del gobernador José María Córdova se acantonaron en el caserío de Cañaveral, llamado desde entonces Campamento, donde no hubo ninguna acción. En su Geografía general del Estado de Antioquia, Manuel Uribe Ángel recoge la tradición según la cual quienes pernoctaron en Campamento fueron los regimientos realistas, pero el diario de la división de Antioquia, firmado por José María Córdova, desmiente esta versión.

El combate más trascendental se libró el sábado 12 de febrero en Yarumal, donde hubo un muerto y cinco heridos de las fuerzas realistas.

En resumidas cuentas: en cuanto se refiere a la importancia de los encuentros que tuvieron lugar en sus respectivos territorios, el primer lugar le corresponde a Yarumal y el segundo a Angostura.

Referencias[editar]

  1. Moreno de Ángel, Pilar. José María Córdova. p. 170. 
  2. Restrepo, José Manuel (2009). Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. p. 431. 
  3. Ocampo López, Javier (1989). El proceso político, militar y social de la Independencia en Nueva historia de Colombia, ed. Jaime Jaramillo Uribe. Bogota: Planeta Colombiana Editorial. p. 51. 
  4. Restrepo, José Manuel (2009). Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. p. 435. 
  5. Arroyo, Santiago (2010). Apuntamientos sobre la revolución de la Nueva Granada, especialmente con respecto a la provincia de Popayán. 1808-1824. Popayán: Fundación Caucana de Patrimonio Intelectual. p. 119. 
  6. Restrepo, José Manuel. Diario político y militar, anotación del 3 de febrero de 1820. p. 44. 
  7. Restrepo, José Manuel. Diario político y militar, anotación del 3 de febrero de 1820. p. 45. 
  8. Restrepo, José Manuel (1820). «Diario político y militar.». anotación del 15 de febrero de 1820: 47. 
  9. Moreno de Ángel, Pilar. «Hoja de servicio de Joaquín Viana». Archivo Nacional de Colombia tomo 46, folio 837, I, 47. José María Córdova, I, 170. 
  10. Carta de Córdova al vicepresidente Santander. «Correspondencia y documentos, I, 146.». Rionegro, febrero 26 de 1820. 
  11. Carta de Córdova al vicepresidente Santander. «Correspondencia y documentos, I, 185.». Rionegro, abril 6 de 1820. 
  12. García, Abraham. «“Noticia necrológica de don Manuel Dimas del Corral”». en Rafael Germán de Ribón y del Corral, Crónica biográfica y genealógica de la familia Germán de Ribón y del Corral. (Maguncia: Imprenta de Philipp von Zabern, 1923): 90-91. 
  13. Barrera Orrego, Humberto (2008). «José María Córdova: entre la historia y la fábula.». Fondo Editorial Eafit, Medellin.: 39-40. 
  14. Moreno de Ángel, Pilar. José María Córdova. p. I, 170. 
  15. Moreno de Ángel, Pilar. «José María Córdova». Carta de Córdova al vicepresidente Santander. El Carmen, julio 30 de 1820, en Correspondencia y documentos, I, 257;. I, 161, nota 2. 
  16. Carta de Córdova al vicepresidente Santander. «En Correspondencia y documentos, I, 157.». Rionegro, marzo 6 de 1820. 
  17. Cartas de Córdova al vicepresidente Santander. «Correspondencia y documentos, I, 30 y 184.». Medellín, septiembre 26 de 1819; Rionegro, abril 6 de 1820. 
  18. Restrepo, José Manuel. Diario político y militar, anotación del 15 de febrero de 1820. p. 47. 
  19. Carta de Joaquín Muñoz, teniente gobernador del Valle de Osos, al gobernador político José Manuel Restrepo. «Correspondencia y documentos, I, 167.». Santa Rosa, febrero 13 de 1820. 
  20. Moreno de Ángel, Pilar. José María Córdova, I, 170. 
  21. Carta de Córdova al vicepresidente Santander. (Correspondencia y documentos, I, 235.). Corozal, julio 4 de 1820. 
  22. Moreno de Ángel, Pilar. José María Córdova, I, 170. 
  23. Barrera Orrego, Humberto (2008). José María Córdova: entre la historia y la fábula. Medellín: Fondo Editorial Eafit. p. 41. 
  24. Moreno de Ángel, Pilar (1979). José María Córdova. 2ª. ed. (Segunda edición). Bogotá: Instituto Colombiano de Cultura. p. 61 tomo 1. 
  25. Restrepo, José Manuel (2009). Historia de la revolución de la República de Colombia en la América Meridional. Medellín: Editorial Universidad de Antioquia. p. 814-815. 
  26. Ochoa Antich, Santiago (8 de septiembre de 2007). «“La historia, ¿quién la hace?”». Consultado el 8 de septiembre de 2007. 
  27. El diario de la división de Antioquia ha sido publicado varias veces: en Gobernadores de Antioquia, de José María Restrepo Sáenz, tomo II, páginas 18-19 (1970). En Monografía de Chorros Blancos, del Pbro. Javier Piedrahíta Echeverri, páginas 79 a 81 (1972). En Correspondencia y documentos del general José María Córdova, compilados por Pilar Moreno de Ángel, tomo I, páginas 133-134 (1974).
  28. Piedrahíta, Pbro. Javier (1972). Monografía de Chorros Blancos. Medellín: Imprenta Departamental. p. 78. 

Véase también[editar]