Apátrida

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Según la Convención sobre el Estatuto de los Apátridas de las Naciones Unidas, firmada en Nueva York el 28 de septiembre de 1954, un apátrida es definido como:

Cualquier persona a la que ningún Estado considera destinataria de la aplicación de su legislación.

Esta situación resulta atípica de acuerdo al Derecho Internacional y puede suceder debido a que la persona apátrida:

  • Poseía la nacionalidad de un Estado que ha desaparecido y no se creó en su lugar ningún Estado sucesor.
  • Ha perdido la nacionalidad por decisión gubernamental. Un ejemplo fueron los rusos blancos exiliados a quienes el gobierno soviético privó de su nacionalidad por un decreto de junio de 1922 (la «emigración blanca»), o el más reciente en República Dominicana.
  • Pertenece a alguna minoría étnica o de otra índole a la cual el gobierno del Estado donde ha nacido le deniega el derecho a la nacionalidad. Por ejemplo, los refugiados de etnia tutsi en Ruanda y Burundi, o los refugiados palestinos establecidos fuera de Israel.
  • Ha nacido en territorios disputados por más de un país: por ejemplo, los beduinos del África del Norte entre Libia, Chad y Argelia.
  • Una combinación de los dos motivos: por ejemplo, los kurdos, que residen entre varios estados mutuamente limítrofes, que les niegan la nacionalidad propia.

También puede ocurrir que una persona carezca de nacionalidad porque se ha producido un conflicto entre las legislaciones de los diversos países implicados. Por ejemplo, si un niño nace en un país donde la nacionalidad viene dada por la nacionalidad de los padres según el ius sanguinis (y no por el lugar de nacimiento), pero sus padres son de un país donde rige exclusivamente la «ius soli», es decir, un país del cual pueden ser ciudadanos sólo quienes nacen allí.

El término puede hacer también referencia a quien reniega voluntariamente de su nacionalidad, evento también llamado apatria. Algunos ex estadounidenses que renunciaron voluntariamente a su ciudadanía son: Garry Davis y Glen Roberts. Los países que ratifican la Convención de Nueva York deben asegurar a los apátridas el mismo tratamiento y derechos otorgados a los extranjeros: Convención sobre el Estatuto de los Apátridas.

Apatridia en República Dominicana[editar]

Un Caso muy sonado a nivel internacional fue el supuesto caso de situación de apatridia de cientos de miles de migrantes ilegales haitianos y sus hijos nacidos en esa nación caribeña. El revuelo sobrevino a propósito de una sentencia dictada por el más alto tribunal constitucional dominicano, designada como TC 168-13, del 23 de Septiembre de 2013. Dicha sentencia establecía un principio en el otorgamiento de la nacionalidad dominicana a los hijos de migrantes ilegales, a los cuales la constitución dominicana no otorgaba su nacionalidad desde 1929, sino que seguían la nacionalidad de su padres. El principio de nacionalidad desde entonces en República Dominicana es mixto, Jus Soli, por nacimiento (siempre y cuando los padres no dominicanos residan de manera legal en su territorio) y jus Sánguini, por origen (independientemente de que un hijo de dominicanos haya nacido en el exterior). En el caso de los hijos de haitianos ilegales nacidos en territorio dominicano no podía haber situación de apatridia debido a que la Constitución haitiana establecía claramente en su artículo 11 que los hijos de haitianos seguían siendo haitianos independientemente del lugar en que nazcan. Pero la misma sentencia TC 168-13 estatuyó un proceso para otorgar la nacionalidad dominicana a miles de extranjeros que se encontraran en situación de ilegalidad aún habiendo nacido en territorio dominicano y con fuertes vínculos en el mismo

No obstante al esfuerzo de las autoridades dominicanas por resolver la situación de esas personas, se puso en marcha una ola internacional de campaña sucia y calumnias contra el hospitalario y pacífico pueblo dominicano. Dichas campañas calumniosas estuvieron dirigidas y subvencionadas por el Caucus Negro del Congreso de Estados Unidos, con quien la diplomacia haitiana había concertado acuerdos para mover la opinión pública internacional y el odio contra el pueblo dominicano. Dentro del mismo país fueron pagados periodistas dominicanos dirigidos por el comunicador Juan Bolívar Díaz y varios secuaces entre ellos Huchi Lora, Fausto Rosario y Marino Zapete. También se unieron a los ataques contra la sentencia TC 168-13 algunas ONGs y grupos de jesuitas que patrocinan la migración ilegal haitiana a República Dominicana. La diplomacia haitiana y sus aliados del caucus negro lograron cabildear fondos de la Unión Europea, de sus organismos que promueven los derechos humanos, para confundir y hacer creer que se les despojaba de la nacionalidad dominicana a haitianos que nunca la tuvieron, muchos de los cuales, además de residir ilegalmente, había cometido delitos de falsificación de documentos dominicanos, y más que nacionalidad, lo que portaban eran actas de nacimientos y cédulas de identificación falsas sin que ninguno fuere castigado por ello.

La farsa de la situación de apatridia no era más que una de las tantas artimañas de los haitianos por apoderarse del territorio de la República Dominicana, intención que no han abandonado desde 1801. Desde entonces, y hasta 1855 los haitianos dirigieron siete (7) invasiones de tipo militar contra territorio dominicano, siendo exitosamente repelidas por el valeroso pueblo dominicano. A partir de 1855, y hasta el día de hoy, la estrategia de los haitianos para apoderase del territorio dominicano ha consistido en la entrada subrepticia y pacífica para luego de instalarse acusar a los nativos de xenofobia y racismo para chantajear y lograr apoyo internacional fingiendo ser víctimas, cuando en realidad han sido consuetudinarios agresores contra el pueblo y la tierra dominicana, como lo demuestra la colosal calumnia de que las autoridades dominicanas habían dejado en estado de apatridia a haitianos que siempre fueron haitianos y cuyo gobierno y sociedad nunca les ha otorgado los derechos fundamentales, y que, sin embargo exige para ellos a gobiernos extranjeros.

Otros recurso muy utilizado por los haitianos ha consistido de acusar a los dominicanos de ser racistas y discriminarlos por ser negros, farsa ésta que se cae fácilmente pues más del 90% de la población dominicana es afrodescendiente. La muy atacada sentencia TC 168-13 no hacía exclusión de personas, pues en situación similar de los haitianos nacidos en República Dominicana también estaban miles de hijos de italianos y alemanes blancos cuyos padres entraron al país con visa de turistas y habían excedido el tiempo de estancia legal, por lo cual, su condición no era de residentes. Estas personas, al igual que los haitianos, no quedaban en situación de apatridia sino que mantenían la nacionalidad alemana o italiana. Sin embargo, la misma sentencia establecía un proceso para obtener la nacionalidad dominicana, si así lo quisieran.

Ningún nacional diferente a los haitianos elevó quejas contra la sentencia TC 168-13. El caso de los haitianos que no quieren ser haitianos y fingen ser apátridas rompe los parámetros de vinculación de las personas con la nación de origen. Pero, si por un lado nos encontramos con la casi totalidad de población haitiana que reniega de su condición de haitianos, por el otro encontramos a sus autoridades que también reniega responsabilidad para con su pueblo y sólo trabaja en querer trasferir su población hacia las naciones vecinas, especialmente la República Dominicana, para luego chantajear y acusar de racistas y xenófobos a esas naciones cuando no están de acuerdo con tan irresponsable actitud, como la de un padre que niega sus hijos y exige su atención a personas totalmente ajenas.

La acusación falsa de apatridia para los nacionales haitianos es un fenómeno que no sólo afectará a República Dominicana. En otros países se están produciendo oleadas de migraciones masivas de ilegales haitianos, y dentro de su territorio se están produciendo nacimientos de haitianos que la constitución de esos países no otorga la nacionalidad cuando se presenta una situación de ilegalidad para con los padres. Un país muy afectado por la migración ilegal haitiana es Chile. Sin embargo, la Constitución Chilena no reconoce la nacionalidad cuando los padres no sean residentes legales, por lo tanto, los hijos de haitianos ilegales no son chilenos ni son apátridas sino haitianos.

Fuentes: Sentencia TC-168-13, Constitución Dominicana, Constitución haitiana, Manual de Historia Dominicana (1985) Frank Moya Pons, Noticiero de Radio Popular, La Hora de Consuelo Despradel. Diario Libre

Otros casos de apatría[editar]

Legislación en España[editar]

El estatuto de personas apátridas fue ratificado por España el 24 de abril de 1997. El artículo 9.10 del Código Civil considera ley personal de los que carecen de nacionalidad o la tienen indeterminada, la ley del lugar de su residencia habitual.

El Reglamento de Reconocimiento de Estatuto de Apátrida dispone que se reconocerá el Estatuto de Apátrida a toda persona que no sea considerada como nacional suyo por ningún Estado, conforme a su legislación, y manifieste carecer de nacionalidad.

El Estatuto de Apátrida cesará de forma automática cuando se produzca alguno de los siguientes hechos:

  1. Que el apátrida haya obtenido la nacionalidad española.
  2. Que el apátrida haya sido considerado nacional por otro Estado o el Estado donde haya fijado su residencia le reconozca derechos y obligaciones análogos a la posesión de la nacionalidad de dicho Estado.
  3. Que sea reconocida su estancia y permanencia en el territorio de otro Estado que lo haya documentado como apátrida.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

Enlaces externos[editar]