Yemas de Santa Teresa

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Yemas de Ávila en sus tartaletas de papel.
Yemas de Santa Teresa.

Las Yemas de Santa Teresa (no confundir con yemas de Ávila) son uno de los elementos de repostería más identificadores de la provincia de Ávila. Su fama ha trascendido al área de la provincia y ahora resulta posible adquirirlos en diversas pastelerías a lo largo de España.[1] La popularidad de este dulce lo ha convertido en la actualidad en una especie de souvenir ligado a la ciudad de Ávila. Su aspecto en forma de pequeñas bolas de color naranja y expuestas en una tartaleta de papel blanco se han hecho muy populares. Se nombran en honor de Santa Teresa de Jesus.[2]

Historia[editar]

El origen de este elemento repostero es incierto, existiendo diversas historias al respecto.[1] Una de las teorías acerca de su origen se centra en la posibilidad de que se remonte a un origen de la cocina andalusí. Es conocido que la "Flor de Castilla" es la primera pastelería en comercializarlas con la denominación "Yemas de Santa Teresa" a mediados del siglo XIX. El obrador Don Isabelo Sánchez, dueño y fundador de la pastelerías de Ávila "La Dulce Avilesa" (conocida en la actualidad por la "Flor de Castilla") en 1860 comercializa el dulce bajo la denomianción Yemas de Santa Teresa.[2] Finalmente fue registrada como una marca registrada por él. El éxito del dulce hizo que otros reposteros hicieran el mismo dulce con la denominación "Yemas de Ávila". Otra de las ideas acerca de su origen procede de la elaboración de la repostería monacal del Convento de Santa Teresa de Ávila antes de la Reforma Carmelitana. A comienzos de siglo XXI la demanda de Yemas de Ávila creeció en el mercado norteamericano haciendo que se desarrollara un nuevo sistema de embalaje, con el objeto de aumentar su preservación. Finalmente se optó por un envasado especial con atmósfera protectora con el objeto de penetrar en el mercado norteamericano.

Características[editar]

Este dulce se elabora con la yema de huevo exclusivamente; estas yemas se suelen batir en boles de cobre. Aparte se suele elaborar una reducción de un almíbar hasta lograr que esté denso con zumo de limón y canela.[3] Se suele decir que el almíbar encontró su punto de hebra, es decir, que cuando se alza con una cuchara proporciona un pequeño hilo consistente entre la superficie del almíbar y la cuchara. En ese instante se mezcla el almíbar con el batido de las yemas y finalmente se baten juntos exponiendo la mezcla a un calor moderado. La masa se deja enfriar y reposar, tras ello se forman una especie de bolas de un par de centímetros de diámetro y se suelen poner en barcaletas de papel.

Referencias[editar]

  1. a b Marcel Thelen,Frieda Steurs, (2010),Terminology in Everyday Life, John Benjamins Pub. company
  2. a b Jimenez Lozano, José. Junta de Castilla y León, ed. Libro de la Gastronomía de Castilla y León. Tomás Mañanes, Wenscelao Alvarez Oblanca et. al. (segunda edición). Valladolid. ISBN 84-505-4108-5. 
  3. Mari Monterrubio, (2003), Postres fáciles y ricos, Ediciones Palabra, pag. 187

Véase también[editar]