Tlacuilo

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Introducción[editar]

Tlacuilo o Tlahcuilo (plural tlacuiloque) es una palabra derivada del náhuatl tlahcuilō o tlacuihcuilō que significa 'el que labra la piedra o la madera' y que más tarde pasó a designar a lo que hoy llamamos escriba, pintor, escritor o sabio. También se les conocía como 'el que escribe pintando'. Los tlahcuilos eran hombres y mujeres hábiles en el dibujo, a quienes desde niños se les adiestraba en el conocimiento profundo de su lengua, cultura, costumbres, religión, política, arte, etc. ya que tenían que tener un vasto conocimiento de la vida de su sociedad para poder escribirlo con dibujos. La labor del tlacuilo se asocia, por lo tanto, con diferentes actividades, no sólo con la pictografía. El tlacuilo pintaba los códices y los murales en Mesoamérica. Conocía las diversas formas de representación, así como la mitología. Llevaban registros de la diversidad biológica. Podía trabajar en mercados y templos, según el tipo de actividad para la que se le necesitara.

Historia[editar]

Para elaborar los códices, los tlacuilos usaban papel amate o āmatl, piel de venado o tela de algodón tejida en telar de cintura, así como tintas negra y roja para las pinturas y glifos. Y quizá, en algunos casos, papel de maguey. Los códices se guardaban, doblados a manera de biombos, en amoxcallis o casas de códices. Los tlacuilos se encontraban bajo la protección de la diosa Xochiquétzal.

Los Tlacuilos eran vastamente reconocidos en el México prehispánico, pero su historia se dio a conocer con mayor amplitud a mediados del Siglo XVI, es decir, en las épocas del dominio español tras la caída de la gran Tenochtitlán, cuando Antonio de Mendoza, primer Virrey de la Nueva España, ordenó a los habitantes que hicieran alguna representación de su cultura para que la pudiera enviar al Rey de la época, Carlos V. Antonio de Mendoza hizo esto para que Carlos V pudiera conocer la cultura de todos sus dominios.

Antonio de Mendoza recibió una copia fiel de tres códices que contenían una gran información del México prehispánico. El primer Códice relataba la formación de la gran Tenochtitlán, su larga historia hasta la caída de dicha ciudad tras la Conquista Española en el año 'Trece Conejo'. El segundo códice relataba el registro de los 361 señoríos que le pagaban tributo a Tenochtitlán, así como una gran redacción de los tributos que eran pagados, los cuáles iban desde productos agrícolas, hasta armaduras y escudos, piedras preciosas, oro, pieles de animales, entre otros. El tercer Códice relataba la formación de un 'Tenochca', como también el futuro que le esperaba si era hombre o mujer.

Ahora bien, Antonio de Mendoza se dio cuenta que Carlos V no iba a comprender los códices hechos por los tlacuilos, por lo que buscó a un traductor que pudiera poner en palabras los dibujos. Esto, sin embargo, no fue sin consecuencias, ya que las traducciones hechas por los españoles eran incompletas y más que traducciones, eran representaciones de los que ellos lograban asimilar de los dibujos con sus propias formas de vida. Llegó a tal grado que los códices que eran originalmente largas tiras de papel doblado, fueron hechos en manera de libro.

A este libro con las representaciones de los códices hechos por los tlacuilos se le conoce hoy en día como el Códice Mendoza.


En el Códice Matritense de la Real Academia de la Historia,[1] al tlahcuilo se le define así:

Tlahcuilo: el pintor
Detalle del Códice Mendoza en el que aparece un pintor (tlacuilo) entre otros oficios y personajes (al centro, a la izquierda).
El pintor: la tinta negra y roja,
artista, creador de cosas con el agua negra.
Diseña las cosas con el carbón, las dibuja,
prepara el color negro, lo muele, lo aplica.
El buen pintor: entendido, Dios en su corazón,
diviniza con su corazón a las cosas,
dialoga con su propio corazón.
Conoce los colores, los aplica, sombrea;
dibuja los pies, las caras,
traza las sombras, logra un perfecto acabado.
Todos los colores aplica a las cosas,
como si fuera un tolteca,
pinta los colores de todas las flores.
El mal pintor: corazón amortajado,
indignación de la gente, provoca fastidio,
engañador, siempre anda engañando.
No muestra el rostro de las cosas,
da muerte a sus colores,
mete a las cosas en la noche.
Pinta las cosas en vano,
sus creaciones son torpes, las hace al azar,
desfigura el rostro de las cosas.

Tlacuilos en el Siglo XX[editar]

En el Siglo XX sigue habiendo Tlacuilos, no como antes se conocían, sino un grupo de personas dedicados a volver a interpretar el Códice Mendoza con la ayuda de mexicanos náhuatls, así como de historiadores y antropólogos a través de un rígido estudio de las costumbres y tradiciones indígenas, para poder dar una traducción más apegada a lo que los tlacuilos del Siglo XVI querían transmitir con sus dibujos.

Filme[editar]

Existe un documental llamado Tlacuilo, producido y dirigido por Enrique Escalona (CIESAS, México, 1988) y basado en los estudios y publicaciones de Joaquín Galarza sobre la pictografía náhuatl. Hay un video de los Tlacuilos en Tlacuilonotariomexicano.com que muestra cómo era dicho oficio.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. citado en la obra Los antiguos mexicanos de Miguel León-Portilla

Enlaces externos[editar]