Realismo sucio
El realismo sucio («Dirty realism») es un movimiento literario estadounidense desarrollado sobre todo en los años 1970 que pretende reducir la narración (especialmente el relato corto) a sus elementos fundamentales.
Se trata de una derivación del minimalismo que tiene características propias. Al igual que aquél, el realismo sucio se caracteriza por su tendencia a la sobriedad, la precisión y una parquedad extrema en el uso de las palabras en todo lo que se refiera a descripción. Los objetos, los personajes, las situaciones deben hallarse caracterizados de la manera más concisa y superficial posible. El uso del adverbio y la adjetivación quedan reducidos al mínimo, dado que estos autores prefieren que sea el contexto el que sugiera el sentido profundo de la obra.
En cuanto a los personajes típicos, se tiende a retratar seres vulgares y corrientes que llevan vidas convencionales, en la línea de uno de los grandes referentes del movimiento, el cuentista O. Henry (1862-1910). Otra influencia importante en la corriente es la del narrador estadounidense J. D. Salinger (1919-2010).
Son representantes del realismo sucio, entre otros, los narradores estadounidenses John Fante (1909-1983), Charles Bukowski (1920-1994), Raymond Carver (1938-1988), Richard Ford (1944), Tobias Wolff (1945) y Chuck Palahniuk (1962).
Suele adscribirse asimismo a este movimiento una variante latinoamericana, representada por los cubanos Pedro Juan Gutiérrez (1950), Fernando Velázquez Medina (1951)[1] [2] y Zoé Valdés (1959); el ecuatoriano Pablo Palacio (1906-1947) y el venezolano Argenis Rodríguez (1935-2002).
En España algunos representantes actuales son Karmelo C. Iribarren (1959), Roger Wolfe (1962) o Juan M. Velázquez (1964),[3] en castellano, e Iban Zaldua (1966) y Harkaitz Cano (1975), en euskera.[cita requerida]