Piedra y cielo (movimiento)

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Piedra y cielo es un movimiento poético colombiano que apareció en 1939 y que toma su nombre del título del libro de poesía de Juan Ramón Jiménez publicado en 1919. A sus integrantes se les llama "piedracielistas" en muchas publicaciones.

El movimiento corresponde a una generación de poetas colombianos nacidos entre 1910 y 1915, postvanguardista e iconoclasta pues arremetió contra el paradigma poético imperante en ese momento en Colombia, representado principalmente por la obra de Guillermo Valencia, poeta de enorme prestigio, considerado uno de los grandes hombres del modernismo hispanoamericano y representante de la cultura reaccionaria auspiciada por los gobiernos conservadores imperantes durante el primer tercio del siglo XX.[1]

Características[editar]

Los piedracelistas no tuvieron manifiesto poético formal ni establecieron una escuela poética; pero en la introducción de los cuadernos escrita por Jorge Rojas y en el artículo polémico de Eduardo Carranza propugnaban por una poesía centrada en el lirismo depurado, es decir la poesía por la poesía descartando la poesía razonadora, elucubrante y de marcado carácter declamatorio. Privilegian particularmente la metáfora. Igualmente los caracterizan un americanismo, es decir la atracción por América y por el descubrimiento de sus valores autóctonos, en contraste con el exotismo de los modernistas que rechazaban[2] [3]

Las características iniciales de ese grupo fueron, entre otras muchas, la hipersensibilidad, la emotividad y la insolencia contra las formas consagradas y canonizadas.[4]

Influencias[editar]

Los piedracielistas recibieron la influencia de:[2]

Historia[editar]

El movimiento se dio a conocer inicialmente mediante la publicación entre septiembre de 1939 y marzo de 1940, con el mecenazgo del poeta Jorge Rojas, de los llamados cuadernos de Piedra y cielo, y que son:[1]

  1. La ciudad sumergida, de Jorge Rojas (1911-1995)
  2. Territorio amoroso, de Carlos Martín (1914- 2008)
  3. Presagio de amor, de Arturo Camacho Ramírez (1910-1982)
  4. Seis elegías y un himno, de Eduardo Carranza (1913-1985)
  5. Regreso de la muerte, de Tomás Vargas Osorio (1908-1941)
  6. El ángel desalado, de Gerardo Valencia (1911-1994)
  7. Habitante de su imagen, de Darío Samper (1909-1984)

Los cuadernos fueron impresos en láminas sueltas de un papel grueso. y cada uno de los cuadernos iba acompañado de una introducción escrita por Jorge Rojas en la que se presentaban los objetivos, la concepción del poeta y de la poesía que tenía el grupo.[1]

Los cuadernos fueron reeditados años después (1972) en forma de libro cuando Jorge Rojas era director del Instituto Colombiano de Cultura.[5]

Integrantes[editar]

Los integrantes de Piedra y Cielo fueron quienes publicaron en los cuadernos y de los cuales no forman parte ni Aurelio Arturo (1906-1974) como se ha dicho en muchas ocasiones, pues su voluntad fue permanecer al margen a pesar de ser invitado a unirse al grupo, ni Antonio Llanos (1905-1978).[2]

Polémica[editar]

Aunque Jorge Rojas, en la introducción o presentación de los cuadernos, ya exponía el ánimo renovador del movimiento, la polémica realmente se presentó cuando, meses después de la publicación de los cuadernos, Eduardo Carranza escribió un artículo titulado "Un caso de bardolatría" en el que" también en nombre de Piedra y Cielo" arremetía abiertamente contra la tradición poética de Guillermo Valencia y presentaba los poemas de Piedra y Cielo como la alternativa a esa poesía, calificándolo de que era "un poeta sin perspectiva humana" apenas un buen poeta [...] 'un impasible arquitecto de la materia idiomática cantando a espaldas de su tiempo y de su pueblo'".[1]

Críticas[editar]

Desde su aparición los piedracielistas han tenido críticas severas como las de el poeta Juan Lozano y Lozano, perteneciente al grupo de "Los nuevos", que en un artículo publicado en el suplemento literario de El Tiempo en febrero de 1940, los calificó de bizoños, plagiarios, débiles, incluso antipatriotas, señalando que no habían tenido "...tiempo de hacerse a una formación intelectual demasiado severa, ni vocación para ello, tampoco. La lectura de los mozos de hoy está constituida por revistas, libros de vulgarización y novedades; con absoluta inocencia de lo que ha sucedido en el mundo de la poesía antes de 1930"y que "...constituye deber ineludible salirle al paso a todo síntoma débil, morboso, extraviado, disociador, decadente, erostrático (incendiario), que aparezca en el horizonte de la nacionalidad."[2]

El piedracelismo ha sido acusado también de haber "confundido la poesía con el elogio a las reinas de belleza" y de desconocer la realidad y de no atreverse a ir más allá de lo prefijado por su conciencia conservadora.[6] Fernando Charry Lara considera que los piedracelistas “continúan la tradición formalista de la poesía colombiana, poniendo más esmero en el culto por la propia forma y aun por la apariencia propiamente formal de las metáforas e imágenes de aquella poesía española”, es decir, “el brillo levemente gracioso o sonoro de la estrofa”.[7]

Trascendencia[editar]

A pesar de la tan escasa circulación haya tenido la obra del movimiento su impacto en la literatura colombiana es grande, lo cual algunos atribuyen a un carácter casi mítico del mismo.[1]

Piedra y cielo significó la renovación definitiva de la lírica colombiana desde hacía mucho tiempo, renovación estética que va de la mano con la renovación política y social que se vivió en Colombia durante los últimos años de la década de los treinta.[2]

Los piedracelistas influyeron en escritores como Gabriel Garcia Marquez quien en una entrevista a Juan Gustavo Cobo Borda en 1981, confesó que "Piedra y cielo" (1939) fue fundamental para el, afirmando que:

"La verdad es que si no hubiera sido por “Piedra y Cielo”, no estoy muy seguro de haberme convertido en escritor. Gracias a esta herejía pude dejar atrás una retórica acartonada, tan típicamente colombiana....Creo que la importancia histórica de “Piedra y Cielo” es muy grande y no suficientemente reconocida...Allí no sólo aprendí un sistema de metaforizar, sino lo que es más decisivo, un entusiasmo y una novelería por la poesía que añoro cada día más y que me produce una inmensa nostalgia."[8]

Referencias[editar]

  1. a b c d e RESTREPO RESTREPO, BEATRIZ. Piedra y Cielo a contraluz. Boletín Cultural y Bibliográfico 69. Banco de la Republica, Colombia. Publicación digital en la página web de la Biblioteca Luis Ángel Arango del Banco de la República. Bogotá, 2005. Consultado el 1 de septiembre de 2012.
  2. a b c d e RODRÍGUEZ BARRANCO, FRANCISCO JAVIER. El grupo poético piedra y cielo en la encrucijada histórica de Colombia de finales de los años treinta. Revista Estudios de historia social y económica de América, ISSN 0214-2236, Nº 14, 1997, págs. 195-208
  3. Garcia Maffla, Jaime. 4129 El movimiento poético de Piedra y cielo. Revista Iberoamericana, Universidad de Pittsburgh, 2009
  4. Carranza, María Mercedes. Carranza por Carranza
  5. "Cuadernos de piedra y Cielo, 1939-1940", Jorge Rojas compilador. Instituto Colombiano de Cultura, Biblioteca Colombiana de Cultura Popular, Colección popular, 22. Bogotá, 1972.
  6. Alvarado tenorio, Harold. Ajustes de cuentas. Piedra y Cielo, 1936- 1942. Fundación Arquitrave. Consultado el 24 de noviembre de 2012.
  7. CHARRY LARA, Fernando. “Piedra y cielo”. Historia de la poesía colombiana. Bogotá, Casa de Poesía Silva, 1991.
  8. García Márquez: "Piedra y cielo me hizo escritor". Entrevista de Juan Gustavo Cobo Borda a Gabriel García Márquez publicada el 28 de abril de 1981. Revista Cromos. Consultado el 30 de agosto de 2012.

Véase también[editar]