Papatrigo

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Papatrigo
municipio de España
Papatrigo
Papatrigo
Ubicación de Papatrigo en España.
Papatrigo
Papatrigo
Ubicación de Papatrigo en la provincia de Ávila.
País Flag of Spain.svg España
• Com. autónoma Flag of Castile and León.svg Castilla y León
• Provincia Bandera de la provincia de Ávila.svg Ávila
• Comarca La Moraña
Ubicación 40°52′02″N 4°49′55″O / 40.86722, -4.83194Coordenadas: 40°52′02″N 4°49′55″O / 40.86722, -4.83194
Población 265 hab. (2012)
• Densidad n/d hab./km²
Alcalde (2007) Mariano Robles Morcillo (PP)
Sitio web Ayuntamiento de Papatrigo

Papatrigo es un municipio situado en la comarca de La Moraña, al norte de la provincia de Ávila, comunidad autónoma de Castilla y León, en España.

Índice

Historia [editar]

Parte de este texto se ha extraído literalmente del libro Del Cierzo al Solano. Paisaje, historia y recuerdos de Narros de Saldueña de Nuria del Oso Rodríguez e Isacio Rodríguez Martínez. [1]

Papatrigo se encuentra situado en la zona llana de la Moraña, nombre con el que aún en la actualidad se denomina a una serie de pueblos de Ávila, esto permite sospechar unos perdurables asentamientos islámicos en la zona, ya que Moraña deriva de Mauritania, o tierra de moros, nombre quizás dado en la Edad Media, debido a que esta llanura, se extiende al norte de los montes de Ávila, y se poblaría de árabes, ocupados en el cultivo de las tierras, con carácter de mudéjares.

Los mudéjares eran aquellos musulmanes a los que se permitió vivir en sus lugares de residencia tras el avance cristiano desde el norte. Dependían del poder político cristiano, pero conservaron sus tradiciones, lenguas y religión. La convivencia entre la población hispanomusulmana y cristiana produjo una cultura y un arte singulares, es precisamente en la zona de la Moraña, donde se registra la mayor concentración de iglesias y edificios mudéjares de Castilla y León.

La misma Moraña, indicaría un islote musulmán en la región, una de cuyas aldeas lleva el nombre de Albornos, de origen bereber. Parte de estos moros emigrarían a la ciudad, conformando el barrio de Ajates, que constituía un arrabal extremo de Ávila, por el que se extendía la morería.

Todo lo cual inclina a pensar a Sánchez Albornoz que la despoblación de la cuenca del Duero, que tan ardientemente defienden, no fue tan intensa en su zona más meridional, de modo que fue posible allí, en lugares de difícil acceso, la pervivencia de algunos grupos humanos, dedicados fundamentalmente a la ganadería.

En cualquier caso, desierto o muy débilmente poblado, se imponía la repoblación del territorio abulense, como la de otros aledaños, lo que será posible a partir del establecimiento de la frontera al sur del Tajo, tras la conquista de Toledo por Alfonso VI en 1085, y para comprender los inicios de la vida social de nuestro pueblo, Papatrigo hay que centrarse en la etapa histórica de la repoblación, El Conde don Raimundo de Borgaña, Yerno de Alfonso VI dirigió la repoblación de Ávila, cuyo territorio se prolongaba hasta Béjar y Plasencia. La repoblación trajo consigo un gran grupo de propietarios que en un principio se agruparían en pequeñas comunidades rurales, base de lo que después serían los concejos.

Acudieron a repoblar estas tierras inmigrantes que impusieron sus nombres a los núcleos recientes. Bastantes de los nombres de estos pueblos pueden comprobarse como personajes que vivieron en el siglo XII. Los nombres no personales fuerontrasplantados desde Burgos, La Rioja, Plasencia, Soria, León y de las regiones vasconavarras, que penetraron en oleadas sucesivas por el norte y nordeste de la provincia. Se trataba de grupos familiares que daban su nombre a los nuevos poblados. Tal vez llegaran con la posibilidad de convertirse en propietarios de tierras deshabitadas, o la esperanza de conseguir un estatus social de mayor libertad. Los repobladores comenzaron a ocupar según el plan de Borgoña o a voluntad propia, los sectores más clareados del bosque y los suelos más fértiles

Se fijaron a los nuevos pobladores, terrenos para el pastizales, medida que con el tiempo sería el origen de los bienes propios. Se dieron concesiones, privilegios y ricos heredamientos para los principales repobladores, que luego serían el origen de los vínculos y mayorazgos que se constituyeron en Ávila.

La masa más importante del contingente repoblador estaba formado por colonos que abandonaron sus servicios en tierras señoriales para adquirirlos en propiedad junto a sus nuevas casas, y también por labradores libres, enrolados en la tarea poblacional con deseos de mejorar su situación.

Los vascosnavarros comenzaron a penetrar en Ávila hacia 1092, fundando varios pueblos: ‘Blascoblázquez, Blascosancho, Cabezas de Muñoximeno, Zorita, Gotarrendura, Muñomer, Narros de Saldueña, y Papatriqo entre otros.

No podemos olvidar que hubo pobladores anteriores a los vasconavarros, por ejemplo en el núcleo de la Ermita del Campo, se encontró un yacimiento que los arqueólogos datan del período tardorromano (siglos III-IV d.C.).

Papatrigo, Narros de Saldueña y Muñomer, se poblaron más o menos al mismo tiempo. Posiblemente cada aldea estaría formada por grupos de entre diez y veinte personas.

Las familias navarras que dieron nombre al pueblo, posiblemente elegirían un asentamiento fértil y seguro, al cobijo del río Merdero.

El nombre de nuestro pueblo tiene una explicación, según Tejero Robledo, en su libro Toponimia de Ávila, papa, viene del latín “pappare” que significa comer, y lo de trigo, es porque en esta zona había gran abundancia se ello. La palabra papa ha formado otros topónimos como Paparratones y Paparratas en Lebrija (Sevilla).

En el avance y repoblación de la Castilla altomedieval desde las montañas cantábricas hasta el Tajo, se van a utilizar los modelos de organización administrativa completamente distintos.

De la aplicación sucesiva en el tiempo de estos los sistemas administrativos, se puede decir que nacen dos Castillas diversas: la Castilla de las Merindades y la Castilla de las Comunidades de Villa y Tierra. Las Merindades son las viejas tierras cristianas del siglo VIII con las repoblaciones de los siglos IX y X; las Comunidades agrupan el nuevo territorio recuperado o ganado durante los siglos XI y XII, estas formarán la Extremadura de Castilla, entre la que se encontraría Papatrigo.

En vez de condados, alfoces y aldeas van a nacer Comunidades de Villa y Tierra. En este sistema, el centro y eje de todo él será la villa, esto es, un centro de población con aspiraciones urbanas, los vecinos pobladores de esta villa, organizados como concejo, van a recibir del monarca amplios territorios, sobre el que van a ejercer todos los derechos de propiedad y de organización que en el realengo corresponden al rey, y en los dominios señoriales al magnate o abad.

Vamos a ver ahora las estructuras socio-políticas de la catedral de Ávila, ya que Papatrigo, en la edad media, pertenecía al arcedianato de Ávila.

Estructura socio-jurídica de la catedral: La catedral abulense se institucionaliza en la primera mitad del siglo XII, gracias a privilegios papales que le dan su carácter jurídico, y a células reales que le permiten comenzar su poderío económico.

Estructura de la diócesis: lo que verdaderamente mantenía la institución completa de la catedral, era un dominio económico que se extendía por todas partes del obispado. El conjunto de la diócesis tenía tres grandes divisiones, que eran los arcedianatos de Ávila, Arévalo y Olmedo. Dentro de estos arcedianatos había una serie de iglesias que no pertenecían a ellos, eran las posesiones propiedad de la mesa episcopal u obispo, por ejemplo en 1250 Bohodón. Salvo algunas excepciones, las demás iglesias correspondían a los arcedianatos, es decir, a la mesa capitular o cabildo. El arcedianato de Ávila estaba constituido por varios cabildos. El cabildo era una división administrativa, compuesta por una serie de aldeas de las que hoy muchas están despobladas. Estos cabildos eran:

1. El valle Amblés. Donde había 34 aldeas, de las que 19 están actualmente despobladas.

2. Zapardiel que estaba integrado por 33 aldeas, 11 de ellas hoy despobladas.

3. Ríoalmar constaba de 35 aldeas, de las que 15 son hoy despobladas.

4. Moraña era el Cabildo mayor y más fértil, siendo allí donde más posesiones tenía la catedral, y constaba de 83 pueblos, 49 de ellos actualmente despoblados; eran; Ajates, Albornos, Aldeanuela, Los Ángeles, Arevaliello, Avent, Barzones, Berlina, Bermuda Salinero, Bernuy de Moraña, Blascopascual, Bravos, Cabezada, Cabezuela, Cabrera, Cardeñosa, Carrascal, El Cid, Coneieros, Collado, Cordovilla, Galindos, Muñogrande, Muñomer, Muñosancho, Naharrieros, Narros, Narros de Saldueña, Ortigosa, Oso, Papatrigo, Pardales, Quemada, Riocavado, Santa María del Campo, San Pascual, San Pedro del Arroyo, Villoslada, Viniegra y Jaraíces.

5. Pajares estaba constituido por 55 aldeas de las que 39 hoy están despobladas.

6. El cabildo de Serrezuela resultaba de la unión de 30 aldeas, en su mayoría en la actual provincia de Salamanca, con 16 despoblados.

Algunos de los núcleos despoblados, cercanos a Papatrigo, son los siguientes;

Blasco Pascual despoblado en el término de Narros de Saldueña, en la misma divisoria municipal entre Narros de Saldueña y Muñomer del Peco, al sur, y limitando con el camino de Narros a Collado de Contreras;

Cordobilla: despoblado en el término de Papatrigo, en la ribera izquierda, junto a las aguas del río Merdero, unos 500 metros agua arriba del puente que cruza el cordel de merinas. La formación de Cordobilla debió ser hacia el año 1150, cuando mozárabes y judíos comenzaron a emigrar, procedentes del sur de la península, hacia zonas cristianas, al ser perseguidos por la ortodoxia musulmana. Cordobilla pudo recibir el nombre de sus pobladores, quizás cordobeses. En 1591 Cordovilla poseía 260 habitantes, en 1787 tan solo habitaban 64 personas. La fecha aproximada de su despoblación debió ser 1790.

Monténtegro: Despoblado cuyo nombre se ha olvidado totalmente; por su situación geográfica, bien pudiera ser el hoy llamado Santa Ana, en el término de Papatrigo, en el cruce del camino de Cabezas de Alambre con el de Narros de Saldueña a San Vicente de Arévalo.

Salinas: despoblado en el término de Cabizuela, en un pago que todavía conserva el nombre de Salina; los restos se han hallado junto a la misma divisoria municipal en el Oso, a la derecha y limitando con el camino vecinal que conduce de Cabizuela al Oso.

Sancho Franco: despoblado cuyo nombre se ha olvidado, que por su ubicación geográfica parece corresponder al situado en el término de Narros de Saldueña, en la ribera derecha del río Meredera, junta a las aguas, a poco mas de 600 metros de Blascopascual, en el pago llamado la Hontanilla, donde se ha encontrado muchas tejas planas medievales.

Villoslada: Despoblada en el término de Papatrigo, lindando con la carretera de Papatrigo a San Pedro del Arroyo, en el cruce con el camino de Narros de Saldueña a Riocabado, a ambos lados del camino.

Villalán: Despoblado en el término de Papatrigo, a unos 1000 metros del pueblo en dirección sureste, a la derecha y limitando con el sendero del senderillo; el pago sonde se hallan los restos del llamado Hoyuelo, pero este nombre lo ha conservado la tradición oral.

Estos despoblados debieron tener una pervivencia de 300 años, pero por la actividad agraria que desarrollaban estaban condenados a desaparecer. Por lo general eran renteros o colonos. Cabe la posibilidad de que el dueño de las tierras vendiera, cambiara, o simplemente se las dieran en renta a otro. Del mismo modo, una etapa de malas cosechas o de improductividad de las tierras, hacía que los integrantes de estos despoblados se marcharan, en busca de sustento económico de los pueblos vecinos.

Algunos topónimos de estos términos municipales son:

· Calzaonda: topónimo significativo de una antigua calzada, cañada o camino hondo.

· El Gazpacho, topónimo muy significativo de la presencia de segadores en época estival.

· La Hojilla, pago de pequeñas dimensiones, situado al este, entre la carretera de Papatrigo y el Camino de Riocabado. Alude a la tierra de labor que se pastaba un año y se dejaba descansar otro.

· Caño de la Hoyailla: Alude a una concavidad en el terreno y a una canalización de agua. Atraviesa el pago del cerrojo, desde el Camino de San Vicente hasta el de Cordobilla. · El Majuelo: tierras que se habían dedicado al cultivo de la uva.

· Río Merdero: El malsonante calificativo con que se nombra al río Barzones, no puede ser más expresivo. Desde antiguo todos los vertidos procedentes del pueblo iban a parar al Merdero. El topónimo Barzones, de pequeño caudal, hace alusión al despoblado del mismo nombre donde nace: entre los términos de los pueblos de Chaherrero y Muñogrande, atraviesa Viñegra de Moraña, y los términos de Muñomer, Narros, Papatrigo y Cabizuela, hasta llegar al Arevalillo.

La Moraña era la región más importante desde el punto de vista económico para la catedral, que tenía heredades en 30 aldeas: Altamiros, Aveynte, Cabizuela, Carrascal, Collado, Galindos, Montalvo, Monsalupe, Muñohierro, El Oso, Papatrigo, San Pedro del Arroyo y Villanueva entre otros.

La extensión media de las tierras era de 2,5 Ha., pero existían hasta 42 explotaciones que superaban los 6 Ha.; en Montalvo, de las 133 ha. Que tenía la Catedral; una sola tierra ocupaba 88, la mayor unidad de explotación cuantificable que poseía el dominio catedralicio.

Pese a ser el cabildo con mayor número de huertos, carece de importancia el cultivo de regadío, igual que la ganaderías pero en cambio es la zona con mayor número de explotaciones de cereales, y sorprende el gran número de viñas, superando 5 de ellas incluso 6 hectáreas, lo que habría que explicar por la naturaleza arenosa del suelo entre los ríos Arevalillo y Adaja; (era precisamente en Villanueva, cerca de la confluencia de ambos ríos, donde más prados y viñas tenía la catedral).

Entre 1387 y 1410 hay toda una serie de arrendamientos catedralicios documentados, que permiten analizar en parte las oscilaciones económicas. La Catedral de Ávila llevó a cabo el arriendo de sus heredades en las siguientes aldeas: Albornos, Aldea del Rey Burguillo, Cabezas de Alambre, Cabezas de Villar, Cardeñosa, Don Jimeno, Muñosancho, El Oso, Palomarejo y Papatrigo, entre otras.

Técnicas y sistemas de cultivo, destino de la producción:

Para las faenas agrícolas se utilizaba preferentemente la yunta de bueyes, cuya existencia está documentada en las posesiones catedralicias, a principios del siglo XIV. Estos bueyes uncidos al yugo tiraban de arados con rejas. Nos encontramos, pues, con unas herramientas agrícolas muy similares a las existentes basta hace unos años.

Se practicaba el típico sistema de cultivo de rotación bienal, es decir, cierto terreno se sembraba un año de cereales, y al siguiente quedaba en barbecho. Este sistema de cultivo facilitaba la economía mixta, puesto que el barbecho era aprovechado para pastos que utilizaba sobre todo el ganado lanar.

Las tierras de secano se sembraban en otoño y se trillaban en verano. La existencia del trillo al igual que la de la carreta está documentada en las propiedades eclesiásticas. Si el lugar estaba lejos de Ávila, el trigo, la cebada o el centeno excedente era preservado en silos. Además casi todos los pueblos poseían pequeños almacenes que eran las casa-cilleros. Si la aldea estaba cerca de Ávila, estos productos de secano, después de ser molidos (la catedral poseía dos molinos en 1303), eran llevados al único sitio donde podía existir demanda, donde había mercado: Ávila.

El vino seguía un camino similar, puesto que después de la vendimia, a finales de verano era pisado en lagares. El vino fermentaba y se almacenaba dentro de bodegas, de las que la Catedral poseía cinco en 1303 en la capital. El vino, parece ser, se cotizaba bastante, ya que el «inventario» no se olvida nunca de decir su número y características. Notas sobre población y organización del doblamiento:

En un paisaje agrario marcado por llanos terrenos, cubiertos de cereales y salpicados algunas veces de prados y viñas, encontrábamos junto a los lugares donde había normalmente agua el núcleo rural. El número de pueblos era mucho mayor que el actual aproximadamente la mitad de los citados en los documentos de 1250, 1303 y 1400 son hoy despoblados.

Excepto el «palacio», que podemos definir como la mejor vivienda de la época medieval construcción amplia dé piedra con la bodega, sobrado y balcones, la vivienda generalizada en el medio rural era la <>, hecha de adobes y la mayoría de las veces con un corral, donde se metía el ganado de labor, las ovejas y las gallinas; era tan pequeña que frecuentemente constaba de una sola habitación. Rara vez las viviendas estaban recubiertas con tejas, puesto que proporcionalmente aparecen muy poco citadas las casas «teja das».

La aldea, por tanto, estaba formada por un pequeño número de casas con corrales y pajares, a los que se unían a veces cilleros y bodegas, muy frecuentemente silos, y nunca, al menos no han aparecido en la documentación, tiendas. Eran pueblos habitados casi exclusivamente por pequeños agricultores, excepto en las zonas al sur de la capital donde los pastores predominaban o bien coexistían con ellos. Estos campesinos a veces poseían tierras en colectivismo, pero muy frecuentemente eran obreros de tierras ajenas: de la Catedral del Asocio o del vecino rico del pueblo.

Los núcleos rurales se caracterizaban por el asentamiento, a pesar de que los que estaban próximos, se comunicaban entre sí por veredas, que eran las <>, y de que a los pocos pueblos importantes se llegaba por <>. En resumen, la aldea medieval abulense, en la parte correspondiente al dominio catedralicio, podría definirse como la unidad apartada, en que sus moradores se dedicaban preferentemente a la agricultura, bien cultivando las tierras de su propiedad, o bien las ajenas.

Hay un libro, que se conoce con el nombre de “libro de los veros valores de todo el obispado de Ávila”, que se encuentra en el Archivo de la catedral de Ávila, es de 1458, en el que aparece la relación de todas las poblaciones de la diócesis abulense, con los nombres de sus iglesias, el valor de sus prestimonios y los nombres de los receptores de éstos. Así se señala que la iglesia de Cordobilla yace en todas cosas ochocientos e ochenta maravedíes e medio. Andrés González, cura de la dicha iglesia, fructifica el dicho su beneficio en todas cosas 7204 maravedíes. La sacristanía del dicho logar vale en todas cosas 570 maravedíes.

Respecto a Papatrigo, en este libro se señala, que Juan del Carmen, del servicio de la capellanía del beneficio curado de Papatrigo, con pie de altar e aventuras e salario, 2100 maravedíes. El sacristán del mismo lugar, de su salario, 1000 maravedíes.

El 14 de enero de 1487 Rodrigo de Valderrábano y Beatriz de Guzmán, fundaron el vínculo y mayorazgo de Narros de Saldueña. De esta forma, la propiedad del mayorazgo (herencia para el primogénito) de Narros, se convirtió en un vínculo para la familia Valderrábano, y se sucedió por orden de descendencia de primogenitura (el primero), si bien con otros apellidos nobiliarios, hasta el primer cuarto del siglo XX

El Mayorazgo de Narros de Saldueña consistió pues, en un privilegio otorgado a Rodrigo de ‘Valderrábano, por el que la reina Isabel I de Castilla ofreció a este, como vasallo suyo, un juro o pensión con cargo a las rentas de la corona de 18.000 maravedíes anuales, sobre las alcabalas de Cordobilla, Papatrigo, Narros de Saldueña, Muñomer, Blascopascual, El Oso, Albornos, Jaraíces, Cantiveros, Fuente el Sauz, San Juan de la Encinilla y San Juan de la Torre. Las heredades que Rodrigo y Beatriz poseían les rentaban 30.000 maravedíes anuales, por ejemplo, Cordobilla 800 maravedíes, Papatrigo 1000 maravedíes, Albornos 1500 maravedíes.

  • Según Antonio Peñafiel en su Libro Mentaldad y religiosidad estas aldeas necesitaban un lugar de culto donde practicar sus creencias religiosas, por ello se hacen construir a fines del siglo XII y durante el siglo XIII iglesias sencillas, pobres, al no disponer de grandes recursos económicos. Se buscan entonces materiales baratos existentes en la zona y unas técnicas constructivas que no supusieran demasiados costes. Se utiliza por tanto el ladrillo, madera, cantos y argamasa. Se utiliza el ladrillo macizo de color rojo anaranjado de 30 x 20 cm. o el tapial. de cantos trabajados con morteros de cal. Las iglesias de la moraña nacieron simultáneamente a fines del siglo XII, y la mayoría en el XIII.

Casi la totalidad de los templos morañegos presentan idénticas características constructivas. Su tipología general es ésta: una o tres naves, ábsides a la cabeza con presbiterio delante y una torre o espadaña a los pies.

En la Edad Media el lugar dedicado a las inhumaciones se constituía en los alrededores próximos a la iglesia. Rondando los límites de la Baja Edad Media, y hasta bien entrado el siglo XVIII el templo mimo servía como lugar sagrado de culto y enterramiento. Es en el reinado de Carlos III, cuando se establecen los cementerios, como los conocemos ahora.

Las inhumaciones más próximas al altar mayor, o altares adyacentes pertenecían por lo general a los feligreses más poderosos económicamente. Cuanto más alejadas del altar mayor, menor jerarquía social poseían las tumbas.

La religiosidad y las creencias de los fieles hacen que en la Edad Media comiencen a surgir asociaciones de feligreses o Cofradías, por lo general adscritas a una advocación religiosa. A veces provienen de un gremio (asociación de un mismo oficio) de artesanos, lo que con frecuencia era motivo de rivalidad entre las diferentes cofradías de una misma localidad. A principios de siglo XXII son reguladas, y para su creación se les exige autorización del obispo.

Además de las actividades internas qu.e llevaban a cabo sus miembros, las cofradías organizaban actos vinculados a las festividades cristianas tradicionales. (Por ejemplo en Papatrigo tenemos la cofradía de la vera cruz, que tenía, y tiene su día mayor el día tres de mayo. Además de todos los actos religiosos que celebraban, las cofrades tenían como misión velar a los enfermos.

Cada año, las cofradías debían presentar las cuentas ante el señor, el alcalde, el santísimo de la cofradía y los mayordomos.

Las cofradías imponían, como pasa ahora, penas a los miembros en caso de que no asistieran a algún acto religioso impuesto por todos los cofrades.

También se pagaban gastos de pitanza “de chocolate o castañas, que se da al cura y al sacristán »

La reunión de todos los cofrades se denominaba Cabildo y casi siempre las juntas se celebraban en domingo.

Respecto a la vivienda entre los siglos XVIII y hasta mediados del siglo XX; según Nuria del Oso, en su libro Del Cierzo al Solano, hay que señalar que la casa de una familia no acomodada, constaba de un portal; la cocina y una sala con alcobas. Por lo general; las viviendas morañegas se construían con un sobrado para guardar el grano; tarea ésta que se realizaba a través de bocines o pequeños ventanucos.

Para los animales (vacas, mulas o bueyes) se reservaba la cuadra. Luego estaba el corral que podía constar de un colgadizo y un pajar.

Los muros de las casas se levantaban mediante hiladas de adobes. Para la armadura del techo y los pilares de sujeción se utilizaban vigas de pino.

Las puertas de las casas eran de madera, partidas horizontalmente en dos hojas, de tal forma que la hoja de arriba podría quedar abierta y la interior cerrada.

En el siglo XIX la provincia se dividía en seis partidos judiciales: Arenas, Arévalo, Ávila, Barco, Cebreros y Piedrahita.

Arévalo ocupa la amplia zona norte, llana y seca, donde se localizan la Moraña y la tierra de Pajares, por lo tanto Papatrigo pertenecía a este partido judicial; eran tierras principalmente de cereal; en algunas huertas cercanas a los ríos se cultivan hortalizas, legumbres y fruta. Tiene poco arbolado, principalmente será el pino. Ganado escaso y en general para la labor.

El siglo XIX fue muy agitado políticamente en toda España. El comienzo no pudo ser peor para Ávila, ocupada por las tropas franceses entre los años 1808-13, y ya desde 1808 se le estaban exigiendo suministros, y la requisa de todas las armas que hubiera en la ciudad. Las tropas francesas produjeron efectos devastadores en el patrimonio artístico de algunas iglesias de la moraña, al ser saqueados y profanados los templos. Los robos y saqueos afectaron sobre todo a las piezas sagradas de orfebrería que eran más fáciles de transportar, pero tampoco se libraron los archivos parroquiales, donde destruyeron buena parte de los libros.

Entre tanto, la resistencia al invasor se materializaba en una guerra de guerrillas, liderada o adiestrada por el más experto del pueblo.

En 1812, cuando se libraba la retirada de los soldados franceses de la guerra de la Independencia, el castillo-palacio se Narros de Saldueña tuvo que servir de cuartel general; por la fuerza, a las tropas enemigas.

En el siglo XIX la casi totalidad de las tierras de la provincia de Ávila estaban amortizadas, esto es, fuera del libre comercio, bien en manos de señores laicos, bien en las comunidades religiosas.

De 1836 al 1854 se lleva a cabo un intento desamortizador por parte de Mendizábal pero es a partir de 1854 cuando se inicia la desamortización general; se realizaron ventas, tanto de fincas rústicas como urbanas, pero principalmente fincas procedentes del clero, sobre todo de las órdenes religiosas.

En 1842 en Papatrigo, 1/3 de la Dehesa “Ayuso”, de los Bernardas de Santa Ana de Ávila, de una extensión de 14 hectáreas, con un precio de 54.000 reales, fue comprado por Pedro Devesa vecino de Medina del Campo.

Para concluir, señalar, que hablar de la Moraña es hablar con mayúsculas de arte mudéjar, y también de la historia; se encuentran los huellas de tres culturas: judíos, moros y cristianos, y los personajes universales, como son San Juan de la Cruz, que nació en Fontiveros, e Isabel la Católica, que nació en Madrigal de las Altas Torres.

Es la Moraña una comarca para recorrer sin prisa, y para permitir las cuantiosas sorpresas que deparan tal profusión de edificios exquisitos de cal y adobe, las bellísimas

Extensión y Población [editar]

Tiene una superficie de 21 km² con una población de 283 habitantes y una densidad de 13,48 hab/km².

Demografía [editar]

Evolución demográfica de Papatrigo
1991 1996 2001 2004 2006 2008 2010
374 343 336 299 283 275 269
(Fuente:[cita requerida] )

Referencias [editar]

  1. Del Oso Rodríguez, N. y Rodríguez Martínez I. (2002). Nuria del Oso Rodríguez. ed. Del Cierzo al solano. Paisaje, historia y recuerdos de Narros de Saldueña. pp. 240. ISBN 84-607-4060-9. 

Enlaces externos [editar]