Homo ludens

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Homo Ludens
de Johan Huizinga
Tema(s) juego, deporte
Idioma Neerlandés
País Países Bajos
Fecha de publicación 1938
ISBN 978-0-8070-4681-4
OCLC OCLC [1]
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Homo ludens (1938) es el título de un libro publicado por el profesor, historiador y teórico de la cultura holandesa Johan Huizinga. En el libro, cuyo título se podría traducir al español como Hombre que juega, el escritor utiliza este término de la teoría de juegos y analiza su importancia social y cultural.

La expresión Homo ludens fue utilizada por primera vez por Johan Huizinga en la obra cuyo título en español más precisamente sería Homo ludens, ensayo sobre la función social del juego. El ser humano inicialmente fue calificado por Carl von Linné como Homo sapiens (hombre que sabe, hombre que conoce, hombre sabio), y luego fue calificado como Homo faber (hombre que fabrica). La expresión Homo ludens pretende señalar la importancia del juego en el desarrollo de los humanos. En efecto, la tesis principal de Johan Huizinga destaca que el acto de jugar es consustancial a la cultura humana.

Definición de juego[editar]

Niños jugando con una tabla de skateboard en La Habana, Cuba.

El juego es una acción que se desarrolla dentro de ciertos límites de lugar, de tiempo, y de voluntad, siguiendo ciertas reglas libremente consentidas, y por fuera de lo que podría considerarse como de una utilidad o necesidad inmediata. Durante el juego reina el entusiasmo y la emotividad, ya sea que se trate de una simple fiesta, de un momento de diversión, o de una instancia más orientada a la competencia. La acción por momentos se acompaña de tensión, aunque también conlleva alegría y distensión ([Huizinga-b] pág. 217).

Características[editar]

  • En una primera fase, el juego es una actividad productiva, sin competencia, en el que los participantes obtienen diversión.
  • Mientras un delfín nada en el mar tranquilamente, un hombre nada a su lado y le dice «te voy a ganar». El hombre trata de avanzar al delfín: se manifiesta así el espíritu competitivo característico de la especie humana.
  • Ese mismo afán es el que ha llevado a la invención del «deporte de competencia», es decir, la representación lúdica de la lucha por la vida.

Los límites espaciales del juego[editar]

Tablero de ajedrez con algunas piezas, en medio de una partida.

La limitación espacial del juego suele ser aún más estricta y mejor definida que la temporal. Todo juego se desarrolla en un dominio espacial pactado o marcado con anticipación, sea el mismo imaginario o materialmente bien delimitado, fijado por acuerdo de partes o por restricciones evidentes o de sentido común. Puede tratarse de un tablero de juego, o de una mesa, o de un campo al aire libre, o de una cancha techada, o de un camino con inicio y final marcados, o de un círculo mágico, o de un templo, un escenario, un parque, o una pantalla de ordenador, pues todos ellos pueden ser terrenos de juego en cuanto a la función que cumplen y que se les asigna, o sea, lugares establecidos y más o menos bien delimitados, en cuyo interior se aplican reglas de juego bien definidas entre ciertos jugadores. Los terrenos de juego son mundos temporarios en el seno del mundo habitual, concebidos y a veces acondicionados para un mejor desarrollo del juego ([Huizinga-b] págs. 29-30).

El juego como condición de existencia de la propia cultura[editar]

De lo anteriormente expresado puede extraerse una consecuencia importante : sin cierto desarrollo de una actitud lúdica, ninguna cultura es posible. Incluso en una sociedad retrotraída casi al salvajismo por el abandono de todas las relaciones y las normativas jurídicas; la pasión agonal de ninguna manera será abolida u olvidada, pues es inherente a la naturaleza humana. La aspiración innata a lograr una ubicación de destaque, en muchos casos enfrenta a individuos y a grupos, y en algunas situaciones puede conducir, en un acceso insensato de búsqueda de gloria y triunfo, a cometer actos aberrantes y de un ensañamiento brutal.

Ya sea que se adhiera a la vieja doctrina según la cual se sitúa la fuerza motriz de la historia en las relaciones económicas, ya sea que se adhiera a concepciones nuevas y heterodoxas sobre el mundo y la sociedad, la esencia de la aspiración al triunfo en muchos casos reside en ganar a todo precio, mismo si se percibe de antemano que « ganar » no necesariamente representa una real « ganancia » ([Huizinga-b] págs. 169-170).

En cierto sentido, la cultura siempre será jugada, según cierto acuerdo mutuo que adopta determinadas reglas de juego. Desde variados puntos de vista, la verdadera civilización exige el fair play (juego limpio), lo que en términos lúdicos equivale a buena fe. El alejamiento del juego puede llegar a quebrantar o distorsionar la propia cultura ([Huizinga-b] pág. 337).

Juego y resolución de la tensión[editar]

En el origen de toda competencia hay implícito un juego, es decir, un acuerdo a través del cual se aspira a realizar o ejecutar alguna cosa, en un espacio y un tiempo determinado, y siguiendo ciertas reglas. La conclusión de este proceso pone fin a algún tipo de tensión. El resultado que pretende obtenerse y que en muchos casos se obtiene es lo principal, y el juego en sí mismo secundario ([Huizinga-b] págs. 176-177).

El juego en la época moderna[editar]

La sobre-estimación del factor económico en la sociedad y en el espíritu humano fue, en cierto sentido, el producto natural del racionalismo y del utilitarismo, que en el siglo XIX desplazó al misterio y a la doctrina que declaraba al hombre inmerso en falta y pecado. [...] Y las grandes corrientes del pensamiento, de una u otra forma destacaban entonces el factor lúdico en la vida social ([Huizinga-b] págs. 307-308).

Juego y deporte[editar]

En las civilizaciones arcaicas, las competiciones formaban parte de las fiestas sagradas. Pero en las competiciones modernas, este vínculo con el culto y lo religioso ha completamente desaparecido. [...] El deporte moderno más bien es una expresión autónoma del instinto agonal, que un factor profundo de sentido social. [...] Y a pesar de su importancia a ojos de participantes y espectadores, hay que admitir que se ha transformado en fiesta y espectáculo en donde el viejo espíritu lúdico ya no se encuentra presente ([Huizinga-b] pág. 316).

Juego y publicidad[editar]

El desarrollo del instinto agonal presente en la sociedad del lado de las competiciones deportivas, ha sido favorecido por un factor externo, que en realidad es independiente del espíritu mismo de la cultura. En efecto, técnica, publicidad y propaganda, con profusión rodean todo lo relativo a las competiciones tanto deportivas como de otro tipo ([Huizinga-b] pág. 319).

Juegos y puerilismo contemporáneo[editar]

Un niño que juega no es generalmente pueril, ya que para él eso tiene su importancia y su razón de ser. El juego sí se transforma en pueril cuando el mismo aburre o cuando quien juega no sabe a qué jugar. Bien haríamos en ciertos casos impulsar a la sociedad hacia formas arcaicas de cultura, en donde el juego tenía un rol trascendente y creador. [...] En la época contemporánea los rasgos esenciales del verdadero juego por momentos se desdibujan o desaparecen, incluso cuando las actitudes pueriles preferentemente se traducen en forma de juegos ([Huizinga-b] págs. 329-330).

Juego y guerra[editar]

Es precisamente en la guerra, que los participantes adquieren esa actitud agonal que daba su forma y su fondo al juego primitivo en la búsqueda de prestigio y reconocimiento, aunque justo es precisar que la guerra moderna excesivamente tecnológica, parece haber perdido todo contacto con las motivaciones de los juegos ([Huizinga-b] pág. 335).

Conclusiones[editar]

En lugar del Todo es vanidad, parece imponerse la actitud más positiva del Todo es juego. Lo dicho tal vez parezca un juego de palabras más que un dicho metafórico. No obstante, es la sabiduría a la cual Platón parece haber llegado cuando expresaba El hombre es el juguete de los dioses ([Huizinga-b] pág. 339).

Bibliografía[editar]

  • [Gómez-2003] Jesús Gómez Cimiano, El Homo ludens de Johan Huizinga, revista Retos: nuevas tendencias en educación física, deporte y recreación, nº 4, España (2003), ISSN 1579-1726, págs. 33‑35.

Obra de referencia de Johan Huizinga[editar]

Véase también[editar]

Notas y referencias[editar]

Referencias externas[editar]