El perseguidor

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El perseguidor es un cuento del escritor argentino Julio Cortázar. Fue publicado en 1959 e incluido en la colección Las armas secretas.[1]

Cortázar decía haberse sentido inseguro con este cuento.

Abordé un problema de tipo existencial, de tipo humano, que luego se amplificó con Los premios y, sobre todo, en Rayuela.[2]

Según los críticos y el propio autor, El perseguidor representó

el cierre de una etapa en su trabajo literario y la apertura de otra nueva. [...] En 1959, Julio Cortázar publicó uno de los volúmenes de cuentos que le daría, justificadamente, más fama: Las armas secretas, colección que contenía algunos de los textos indispensables para entender el conjunto de su obra y que han quedado como altas muestras de su talento en el recuerdo de miles de lectores.[3]

De El perseguidor, en el diario español El Mundo se dijo que se trataba de uno

de los más emblemáticos cuentos del escritor argentino.[4]

El cuento[editar]

El cuento narra parte de la historia de Johnny Carter, saxofonista de jazz adicto a la marihuana y con una percepción del mundo y del espacio-tiempo muy particulares.

En alusión a Charlie Parker, saxofonista estadounidense en quien está inspirada la figura del protagonista, en el comienzo hay una dedicatoria que reza así:

In memoriam Ch. P.

En una entrevista, Cortázar decía esto:

¿Por qué fue Charlie Parker? Primero porque yo acababa de descubrirlo como músico, había ido comprando sus discos, lo escuchaba con un infinito amor, pero nunca lo conocí personalmente. Me perseguía la idea de ese cuento y al principio con la típica deformación profesional, me dije: «Bueno, el personaje tendría que ser un escritor, un escritor es un tipo problemático». Pero no me decidía (...) Y en ese momento murió Charlie Parker. Yo leí en un diario una pequeña biografía suya en la que se daba una serie de detalles que yo no conocía. Por ejemplo, los períodos de locura que había tenido, cómo había estado internado en Estados Unidos, sus problemas de familia, la muerte de su hija, todo eso. Fue una iluminación. Terminé de leer ese artículo y al otro día o ese mismo día, no me acuerdo, empecé a escribir el cuento. Porque de inmediato sentí que el personaje era él; porque su forma de ser, las anécdotas que yo conocía de él, su música, su inocencia, su ignorancia, toda la complejidad del personaje, era lo que yo había estado buscando.

Entrevista de Omar Prego con Julio Cortázar, en 1983.

La historia comienza con Bruno, crítico de jazz que recibe una llamada de Dedée, quien vive con Johnny en un cuarto de un hotel. Johnny comienza a hablar del tiempo, una de sus obsesiones, y Bruno va recordando una serie de anécdotas al respecto, como por ejemplo, cuando en medio de un ensayo con Miles Davis a Johnny le había dado otro de sus ataques y se había puesto a gritar «¡pero si esto lo toqué mañana!». Bruno acaba de terminar una biografía de Johnny, y lo sigue visitando ocasionalmente.

El resto del relato se basa en las andanzas y en las rarezas de Johnny, quien a pesar de su despreocupación y su desmesura parece sustentar un genio no poco refinado y exacto: lee con dedicación un librito de poemas de Dylan Thomas, y sus conversaciones son sorprendentemente metafísicas; pero, aun así, parece vivir en otro mundo y ser un ignorante. El relato termina con la muerte de Johnny y con el ascendente éxito del libro de Bruno.[5]

El detalle de la marihuana[editar]

En El perseguidor, Cortázar se inspira en la figura de Charlie Parker, saxofonista adicto a la heroína, para construir el personaje de Johnny Carter, pero cambia la heroína por la marihuana. En una entrevista de 1983, el escritor Martín Caparrós preguntó al autor por la elección de la adicción a la marihuana.

[...] le pregunté [a Cortázar] por algo que siempre me había intrigado: ¿por qué se le ocurrió escribir que Johnny Carter, el protagonista de El Perseguidor, se hace adicto incurable, sufre terribles abstinencias y por fin muere de una imposible sobredosis de marihuana? Cortázar se rió y me dijo que sí, que era un error, que en 1958, cuando escribió la historia, no tenía ni idea de ninguna droga y puso marihuana como podía haber puesto lavandina y que se enteró del patinazo cuando se lo dijo su traductor norteamericano –que hipertradujo “heroína” en lugar de “marihuana”–, pero que él no quiso cambiarlo. Y hablamos de los grandes errores literarios, del reloj de Hamlet, los leones de Kipling [...]

Doce años después de El perseguidor, en una carta a Eduardo Jonquières, de 1970, Cortázar volvía a referirse a la marihuana, pero ya desde otra perspectiva:

Extrañas circunstancias me conectaron con un grupo de hippies, y durante toda una noche descubrí hasta qué punto no solamente no son el cáncer social que denuncian los bien pensantes, sino que el cáncer es precisamente lo que los rodea y los hostiga; en todo caso, en ese grupo había algo muy parecido a la felicidad, al término de un largo viaje, a una reconciliación. La marihuana ayudando, claro (la fuman, la fumamos sentados en las escalinatas de la catedral, lo que tenía su chiste, y sin que la policía se metiera para nada a pesar del olor que poco tiene que ver con el del incienso). (…) y todo se amortizaba tan bien con esa gente fuera-del-sistema. Después, claro, y con mala conciencia, recuperé el auto, la carretera (…)

Julio Cortázar: Cartas a los Jonquières.

Adaptación cinematográfica[editar]

En 1965, el director argentino Osías Wilenski hizo una adaptación cinematográfica con el mismo título.[6]

Notas y referencias[editar]

  1. GREEN, James Ray (1978). Departamento de español y portugués de la Universidad de Wisconsin-Milwaukee.[1], ed. «Cortázar y el cuento contemporáneo». Universidad de Texas. pp. 1–8. Consultado el 17 de febrero de 2013. 
  2. ROMANO, Eduardo: El cuento. 1930- 1959, en Historia de la literatura argentina, 4: Los proyectos de vanguardia, CEAL, Buenos Aires, 1968, pág. 286
  3. GOLOBOFF, Mario (12 de febrero de 2013). «El Perseguidor, de Julio Cortázar». Argentina: Télam. Consultado el 17 de febrero de 2013. 
  4. JURISTO, Juan Ángel. «Las armas secretas. Julio Cortázar / 1959 / Relatos / Argentina». Consultado el 14 de febrero de 2013. 
  5. PASCAZZI, Virginia (1996). «Sujeto y letra: Tras los rastros de "El perseguidor" de Julio Cortázar». Editorial Artemisa. pp. 1 – 26. Consultado el 17 de febrero de 2013. 
Foto de 1946: Charles Delaunay (1911 - 1988); detrás de él, Coleman Hawkins representado en un cartel.
Foto de 1947: el pianista Thelonious Monk y el trompetista Howard McGhee en el Minton's Playhouse.
  • Uno de los personajes del cuento es el crítico musical, organizador de conciertos, representante, baterista y productor de discos Charles Delaunay, hijo de los artistas plásticos Robert y Sonia Delaunay.
  • En el cuento, la madre de los hijos de Johnny Carter se llama Lan. En la vida real, la bailarina Beverly Dolores Berg (1925 - 1999) fue esposa del saxofonista y conocida como Chan Parker; más adelante, casada con el también saxofonista Phil Woods, sería conocida como Chan Woods.
  • Una de las obsesiones del personaje de Johnny Carter son las urnas cinerarias.
  • En el cuento, se hace mención de los «coros»: llamados en inglés americano «choruses» (en singular, «chorus»), en el jazz son ciclos de compases, especialmente los correspondientes a los solos. El concepto se emplea también en el tap dancing: por ejemplo, el título original de la película de Fred Astaire Al fin solos es Second Chorus.
  • Se hace mención también de un estándar con el título Amorous: se conoce en general como Lover Man (Oh, Where Can You Be?) o, más a menudo, simplemente Lover Man, y es una canción de 1941 escrita para Billie Holiday por Jimmy Davis, Ram Ramirez y James Sherman; el 29 de julio de 1946, Charlie Parker grabaría una versión de ella considerada por muchos, entre ellos Charles Mingus, como una de sus mejores ejecuciones, a pesar de los fallos técnicos debidos al estado de intoxicación.

Enlaces externos[editar]

  • CORTÁZAR, Julio: El perseguidor.