Ecotasas

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Esquema ilustrativo de los principales factores que provocan los cambios climáticos actuales de la Tierra. La actividad industrial y las variaciones de la actividad solar se encuentran entre los más importantes.

Ecotasa es el nombre para las tasas o impuestos ecológicos. El nombre ecotasa proviene del prestigioso instituto norteamericano Worldwatch, en su informe denominado «El estado del planeta en 1995» que fue presentado en Washington D.C. subrayando la necesidad de que este tipo de gravámenes sustituyan parcialmente algunos impuestos.[1]

Los tributos de tipo ambiental son aquellos impuestos, tasas y contribuciones especiales que establecen un incentivo a la protección ambiental, o compensa los daños ocasionados al medio ambiente por sujetos que soportan la carga tributaria.[2]

La diferencia entre el impuesto y la tasa ecológica es que el impuesto se utiliza para reducir o impedir las emisiones que dañen efectivamente el ambiente y la tasa, en cambio, tiende a la cobertura de costos de un servicio público relativo a bienes ambientales.[2]

Se puede referir a:

  1. Una política fiscal que introduce impuestos para promover las actividades ecológicamente sostenibles a través de incentivos económicos. Estas políticas pueden ser complementarias o prevenir los acercamientos al problema con soluciones de índole reguladora. A menudo estas políticas intentan mantener el total de impuestos recibidos reduciendo de forma proporcional otros impuestos,[3] como por ejemplo, en el trabajo y en los recursos naturales, en cuyo caso se conoce como la tasa verde.
  2. Los impuestos pigouvianos que se introducen con esta política.

Tipos de impuestos ambientales[editar]

De acuerdo con el objetivo principal de los impuestos ambientales se han clasificado en tres categorías principales:

  • Cubrimientos de costos: por ejemplo, los gravámenes para cubrir los costos de los servicios ambientales, como la toma de medidas como el tratamiento de aguas, mediante un impuesto a los usuarios, y que puede relacionarse para los gastos ambientales.[4]
  • Tasas de incentivos: diseñados para el cambio de un comportamiento sea de los productores y/o los consumidores.[4]
  • Impuestos ambientales fiscales: diseñados principalmente para aumentar los ingresos.[4]

En las décadas de 1980 y 1990 se comienzan a combinar los impuestos ambientales con los incentivos fiscales, más recientemente los impuestos sobre los ‘males’, tales como la contaminación, comienzan a sustituir algunos impuestos como los laborales en la recaudación fiscal.[4]

Existe además una clasificación en cuanto a cual es el objeto del impuesto:

  • Impuestos especiales sobre los productos: aplicables a bienes contaminantes, sea en la etapa industrial, la del consumo o cuando es un residuo.
  • Impuestos generales sobre consumos e insumos: se trata de un impuesto sobre la contaminación añadida, con el fin de incrementar el valor del producto y desalentar la demanda de bienes y servicios contaminantes.
  • Impuesto sobre las emisiones (o impuestos de Pigou): configurados por la emisión de gases o sustancias contaminantes. El problema principal radica en que son difíciles de controlar debiendo ser constantemente monitoreados. Los mismos se basan en función del volumen de emisión y el grado de daño ecológico producido.
  • Impuestos diferenciales, subsidios e incentivos: Los impuestos diferenciales son aplicables en transporte, elevando los impuestos de vehículos contaminantes para incentivar la compra de automóviles limpios y como diferenciación de las gasolinas con mayor contenido de plomo. Los subsidios pueden ser ingresos adicionales sin efecto de contaminación pudiendo consistir en reducciones tributarias o deducciones sobre el impuesto a la renta a cambio de evitar la contaminación. Los incentivos o estímulos tributarios permiten la financiación indirecta de la reconversión tecnológica verde, pudiendo ser préstamos con plazos especiales, tasas de interés reducidas, desgravaciones impositivas o incentivos y premios por la eliminación de residuos y desechos.
  • Certificados verdes: son títulos negociables que reconocen el empleo de energías limpias, como la producción de energía energética renovable. Con ello, se protege el medio ambiente y evita el agotamiento de recursos no renovables y, además, las energías renovables colaboran mitigando el cambio climático.
  • Permisos de emisión y licencias negociables: establecido por el Protocolo de Kyoto de 1992 permite la elección para la reducción de emisiones de gases a los impuestos ecológicos (ecotasas) o las licencias negociables, tales como la intervención directa y la reglamentación.
  • Depósitos reembolsables: se paga un depósito al efectuar una compra y a su devolución percibe el reembolso. Ello sucede con los envases, pilas, aceite, baterías de automóviles, por mencionar algunos ejemplos, y se utiliza para evitar los desperdicios o vertidos ilegales.[2]

Utilización de las ecotasas en el mundo[editar]

El turismo es una de las áreas en las que se ha acostumbrado a introducir las políticas de ecotasas a nivel mundial tales como las visitas a las playas y las tasas de aeropuerto en algunas partes del mundo.[5]

Otra característica común aplicable a los países que tienen ecotasas es la del gravámen sobre las emisiones de dióxido de carbono (CO2), siendo el gas que mayor participación tiene sobre el efecto invernadero. Los impuestos se producen aplicando un estimativo de los productos que emiten ese gas, las tasas varían de un país a otro siendo Noruega y Suecia quiénes aplican las tasas más elevadas.[6]

Alaska[editar]

Con la finalidad de obtener estudios de la contaminación del agua en la zona de Alaska se impuso una ecotasa al transporte de pasajeros en cruceros.[5]

Austria[editar]

En la región de Salzburgo, Austria, en 1992 se estableció una ecotasa con el fin de preservar el ambiente destinada a las segundas residencias, es decir, toda persona que comprara una casa para vacacionar debería pagar una cantidad adicional como compensación del impacto ambiental que produce.[5]

Colombia[editar]

En 1993, Colombia estableció mediante la ley 93 la denominada «sobretasa ambiental del 5%» "para las vías que afecten o se sitúen sobre parques naturales nacionales, parques naturales distritales, sitios de reservas de biosfera". Además tiene eximiciones de IVA para la maquinaria o equipos destinados al reciclaje y procesamiento de desperdicios y, un incentivo fiscal para las personas jurídicas que inviertan directamente en el control y mejoramiento del medio ambiente.[7]

Dinamarca[editar]

En 1992 se introdujo en Dinamarca el impuesto sobre el dióxido de carbono, afectando también a las industrias y con una previsión de incremento notable de la tasa a partir de 1996. El nuevo ingreso se redistribuye nuevamente, por ejemplo, reducciones de las cargas sociales.[4]

Mediante una importante reforma fiscal aprobada en 1993, Dinamarca sustituyó algunos impuestos laborales con los de recursos naturales y polución. Se previó una rebaja gradual de impuestos laborales de entre un 8% y un 10% entre 1994 y 1998 y la introducción progresiva de ecotasas. Los incrementos más destacados son el aumento de la gasolina y los impuestos energéticos, 1/3 del total del incremento era del transporte de residuos y un nuevo impuesto al suministro de agua.[4]

España[editar]

En Cataluña, más precisamente en las Islas Medas, se les impone una ecotasa a los buceadores que quieran realizar dicha actividad en la reserva natural.[5]

Además, con la idea de recaudar fondos para la conservación del medio ambiente de las Islas Baleares, los turistas pagaban 1 euro por noche añadido a la factura de los hoteles, ya que las islas contaban con un estimativo de 12 millones de turistas al año. Pero debido a las fuertes críticas de los hoteleros que culpaban a la ecotasa de la reducción del turismo, en mayo de 2002 la medida fue suprimida luego de un cambio de gobierno local.[5]

Una medida tomada por el gobierno español fue la ampliación de la tarifa de matriculación de los vehículos 4x4 que son mucho más agresivos contra el medio ambiente, y disminuyendo la matriculación de vehículos que emitieran menos dióxido de carbono.[3]

Francia[editar]

En Francia se regula la visita a pequeñas islas para evitar que sean excesivamente concurridos adicionando una pequeña ecotasa en el transporte a las mismas.[5]

Noruega[editar]

El impuesto sobre el carbono se introdujo en Noruega en 1992 y es en la actualidad uno de los más elevados aplicables a las industrias.[4]

Suecia[editar]

Suecia fue el primer país en introducir las ecotasas, con impuestos a la energía y a la contaminación. Si bien se poseía un impuesto a la energía desde 1974, el impuesto sobre el dióxido de carbono (CO2) se introdujo en 1991 conjuntamente sobre el impuesto al valor agregado (IVA) sobre la energía. Además de los impuestos ambientales sobre las emisiones de óxidos de nitrógeno (NOx) y de dióxido de azufre (SO2).[4]

La redistribución de dicha carga social representó el 6% del producto interno bruto (PBI) y el traspaso impositivo entre lo laboral y la energía representó el 4%. Con esta reforma, el gobierno sueco esperaba que los demás países siguieran su iniciativa de impuesto sobre el carbono o medidas similares con respecto a la energía industrial, pero ello no fue así. Como resultado, se desplazo en 1992 parte del impuesto energético sobre los hogares y el impuesto al CO2 se redujo un 25%.[4]

En 1989 se introdujo un impuesto a los hidrocarburos y al NOx para el transporte aéreo nacional.[4]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Manuel Peinado Lorca. Impuestos ecológicos o ecotasas Diario de Alcalá (Universidad de Alcalá), 03 de mayo de 1996. Consultado el 09 de febrero de 2013.
  2. a b c Edgardo Héctor Ferré Olive. Legislación ambiental y política tributaria Foro virtual de contabilidad ambiental y social, Universidad Nacional de Buenos Aires, octubre de 2010. Consultado el 09 de febrero de 2013.
  3. a b Ecotasas Izquierda Socialista de España. Consultado el 09 de febrero de 2013.
  4. a b c d e f g h i j Enviromental issue report Nº1 (en inglés) European Enviromental Agency. Luxemburgo, 21 de julio de 1996. Consultado el 09 de febrero de 2013.
  5. a b c d e f Mónica Pérez de las Heras. Manual del turismo sostenible: Cómo conseguir un turismo social, económico y ambientalmente responsable en Google Libros.. Ediciones Mundi-Prensa, México 2004. ISBN 84-8476-179-7. Páginas 199-200.
  6. John Norregaard y Valérie Reppelin-Hill. Control de la contaminación mediante el uso de impuestos y licencias negociables en Google Libros.. Fondo Monetario Internacional, Estados Unidos 2002. ISBN 1-58906-002-4. Páginas 7-8.
  7. Jaider Rafael Cortes Cueto. Las tasas y los tributos ambientales en Colombia Foro virtual de contabilidad ambiental y social, 07 de junio de 2008, Colombia. En Facultad de Economía de la Universidad Nacional de Buenos Aires.