Casa Grande (Perú)

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Casa Grande
Bandera de Casa Grande
Bandera
Escudo de Casa Grande
Escudo
Casa Grande
Casa Grande
Localización de Casa Grande en Perú
País Bandera de Perú Perú
• Región Escudo de La Libertad Peru.svgLa Libertad
• Provincia Ascope
• Distrito Casa Grande
Ubicación 7°44′40″S 79°11′17″O / -7.74458333, -79.18814444Coordenadas: 7°44′40″S 79°11′17″O / -7.74458333, -79.18814444
• Distancias 48 km a Trujillo
608 km a Lima
Población

Población total 29.884

Hombres 14.898

Mujeres 14.986

% hombres 49,85

% mujeres 50,15

ranking provincial 12 / 83

ranking nacional 163 / 1.833 hab.
Huso horario UTC-5
Pref. telefónico 044
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Casa Grande es una ciudad peruana, ubicada en la provincia de Ascope, departamento de La Libertad. Es la capital del distrito del mismo nombre y se encuentra a unos 48 km al norte de la ciudad de Trujillo. En esta ciudad se ubica una de las más grandes empresas azucareras peruanas, la Empresa Agroindustrial Casa Grande S.A.

CONTEXTO GEOGRÁFICO[editar]

Casa Grande es uno de los distritos de la Provincia de Ascope, ubicado en el Departamento de La Libertad, perteneciente a la Región La Libertad, Perú. Ubicado en la región norte del valle Chicama, en la localidad de Casa Grande, a una altitud de 158 metros sobre el nivel del mar, en la latitud sur: 7º 41' y longitud oeste: 79º 11'. Casa Grande como distrito limita por el norte y noreste con la Provincia de Pacasmayo y Contumazá (Cajamarca), por el este y sureste con el distrito de Ascope, por el sur y sur oeste con los distritos de Chicama y Chocope, y por el oeste y sur oeste con los distritos de Paiján y Rázuri.

Los límites anteriormente mencionados corresponden a Casa Grande en su demarcación política, el cual difiere con el de la empresa en sí, cuyos límites al norte son con Ascope, San José Alto y cerro San Antonio; al sur, con los territorios eriazos de Chiquitoy, Magdalena Cao y Los Molinos; al este, con las estribaciones de los cerros de Chicama, Sausal y Casa Quemada; y al oeste, con el cerro Yugo, Cerro Azul, Comunidad de Paiján y terrenos de Salamanca.

Casa Grande como emporio industrial azucarero, cuenta actualmente con una extensión de 29 384 hectáreas, ubicada en los distritos de Chocope, Chicama, Ascope, Paiján y Magdalena de Cao, Provincia de Ascope Departamento de la Libertad. Distribuidos de la siguiente manera: el 83,11% del área total está destinada para el cultivo de la caña de azúcar y el 16,89% en otros tales como Olivos cultivo frutícola, área construida, división ganadera, bosques, etc., Asimismo, comprende varios anexos, distribuidos en sus cuatro áreas geográficas, a saber Farías, Sausal, Roma y Casa Grande.

CASA GRANDE PRE-HISPÁNICO[editar]

Casa Grande, al igual que los demás pueblos de la costa norte del Perú fue poblada por cazadores, recolectores, pescadores y marisqueros durante el Holoceno Temprano. Las primeras presencias humanas fueron referidas por el arqueólogo francés Claude Chauchat, quien descubrió en el año 1975 los restos óseos de un niño y de una mujer enterrados hace 10,000 años en la Pampa de Paiján, los mismo que se presume habitaron también los valles que ahora conforma el actual distrito de Casa Grande. Los estudios radio carbónicos le dieron una antigüedad mayor que a los esqueletos de Lauricocha descubiertos por Augusto Cardich en 1959 (El hombre de Lauricocha vivió en varias cuevas de la sierra de Huánuco. Estos antiguos cazadores de camélidos y cérvidos andinos nos dejaron muchos proyectiles líticos, lo que sugiere que formaron parte de una gran tradición lítica de cazadores avanzados de la cordillera andina. Lo más relevante es el descubrimiento de 11 esqueletos humanos de cráneos dolicocéfalos –alargados - que tienen una antigüedad máxima de 7 500 años a.C. Recibieron ofrendas como collares y chaquiras de hueso y turquesas, rodeados de piedras calientes y cubiertos por tierra de color ocre rojizo).

César Gálvez Mora en 1985 demostró la ocupación Paijanense al interior de la quebrada Cuculicote, quien dice que aquí el hombre pudo vivir gracias a los recursos de importancia como un manantial de agua y otros recursos de subsistencia como la cercanía a una cantera de toba volcánica ampliamente utilizada por los paijanenses, para la fabricación de artefactos trabajados en una sola cara (similares a las medallas) y puntas de proyectil, así como para la elaboración de implementos comunes.

En cuanto a la función que tuvieron las puntas de proyectil que tienen parte perforantes agudas, Chauchat propone que habrían servido para cazar peces de regular tamaño como los registrados en Pampa de los fósiles: "corvina dorada" (Micropogon altipinnis), aunque también propone la caza de mamíferos terrestres como actividad complementaria. Por su parte Gálvez considera que las puntas de proyectil necesariamente debieron ser usadas en la caza de mamíferos terrestres de mayor tamaño (¿cérvidos?), además de la caza de peces.

Los fechados de C14 para La Calera son de 9670±170 años AP (antes del presente) y para quebrada Camotera es de 7220±140 años antes del presente.

Hasta aquí, vemos que las evidencias arqueológicas demuestran la ocupación humana en el valle de Chicama desde épocas muy tempranas, hace aproximadamente diez mil años por los primeros cazadores - recolectores. Luego se sucedieron una serie de cambios y descubrimientos tecnológicos que culminaron con el gran desarrollo cultural de las sociedades costeras que hoy conocemos como Cupisnique, Salinar, Gallinazo, Moche, Lambayeque, Chimú y Chimú - Inca.

El nivel cultural alcanzado por la cultura Paijanense no puede aceptarse como previo directamente hacia la ocupación Cupisnique, puesto que ésta última demuestra un desarrollo cultural elevado en comparación con el Paijanense. Siendo un problema complejo de definir la transición intermedia entre Paijanense y Cupisnique; tal vez se deba a la limitación en las investigaciones o, a causa de no haberse practicado excavaciones extensivas en los grandes basurales y campamentos ubicados al interior de las quebradas tal como plantea Claude Chauchat (Chauchat, et. al 1998).

Cabe la posibilidad que la ausencia de una ocupación intermedia anteriormente aludida se deba a que las condiciones climáticas, medio ambientales y de recursos de subsistencia hayan obligado al hombre de aquellos tiempos a desplazarse hacia el interior de los andes. (Gálvez, 1992; Deza, 1997) o, hacia la parte baja del valle (Bird, 1970; Vásquez, 1998), o hacia las terrazas cercanas a la ribera del río Chicama y que a consecuencia de la utilidad agrícola de los terrenos, estos sitios habrían desaparecido.

La primera cultura pre inca que habito los valles de Casa Grande-Perú fue la cultura Mochica que hace su primera aparición en el valle Chicama aproximadamente en el año 200 d.c. hasta el 700 d.c. Luego la cultura chimú (en los años 700 d.c. hasta los años 1400 d.c. que surgen al decaer el imperio Wari), conquista al pueblo Mochica que al mismo tiempo los consideraba sus antepasados y los veneraban adquiriendo ciertas costumbres laborales como las construcciones de barro.

LA CONQUISTA ESPAÑOLA Y EL VALLE DE CHICAMA[editar]

Fundada la ciudad de Trujillo en el siglo XVI, se procedió al reparto de solares urbanos, chacras y encomiendas de indios a los conquistadores. Al conquistador español Diego de Mora le correspondió los valles de Chimo y Chicama y puerto de Huanchaco. Esto se produjo en marzo de 1535.Diego de Mora arribó al Valle Chicama, ese mismo año, y no bien lo hizo instaló el primer trapiche de moler caña, así como en cultivarla en su hacienda denominada Trapiche de Chicama, de 133 fanegadas de extensión (medida variable de tierra cultivable según la región entre 0.5 a 0.7 hectáreas), trabajadas por 29 negros esclavos que producían 1.200 arrobas anuales de azúcar.

Una de las principales preocupaciones de los primeros alcaldes trujillanos fue el establecimiento de puertos para el fondeo de navíos procedentes de Panamá así como para el envío de los frutos y productos de la tierra. La ciudad de Trujillo del Perú tenía que estar comunicada comercialmente, por vía marítima, con centro América y posteriormente con el importante puerto de Guayaquil.

Tres fueron los puertos establecidos en Trujillo y su jurisdicción. En el valle de Chicama el puerto de Malabrigo, distante de la ciudad catorce leguas; en el valle de Virú el puerto de Guañape, apartado de la ciudad diez leguas; y en el centro el puerto de Huanchaco, el más frecuentado por las embarcaciones debido a que la población indígena existente favorecía las labores de embarque y desembarque y a que distaba solamente dos leguas de la ciudad.

La población indígena que se estableció en Huanchaco procedió del importante pueblo de San Salvador de Mansiche, inmediato a Trujillo. Mansiche se fundó durante las reducciones de indios de 1566 – 1567, ordenadas por el virrey Toledo. Debió existir en ese lugar una población formada por las familias de los últimos señores chimús tras el abandono de Chan Chan.

El desarrollo y éxito de la antigua economía trujillana se debió en gran parte a la existencia del puerto de Huanchaco. Durante el siglo XVI al XVII fue una de las principales puertas de salida de la producción triguera más grande de América establecida primordialmente en el valle de Chicama. Posteriormente en los siglos XVII y XIX la producción de azúcar siguió los mismos rumbos marítimos.

PERIODO REPUBLICANO[editar]

LA HACIENDA CASA GRANDE[editar]

La Hacienda Casa Grande, la hacienda azucarera que a lo largo del siglo XIX agrupó una concentración de tierras nunca antes vista en el valle de Chicama y en la costa del Perú, llegando a competir mano a mano en la producción mundial de azúcar con los emporios de Hawái y Cuba, es sumamente interesante e ilustrativa en lo que al desarrollo tecnológico se refiere, así como también retrata el lado oscuro del capitalismo. El espacio que comprendió su primer núcleo lo constituye la Hacienda Oyague, la cual fue propiedad de Domingo José de Oyague en 1750 durante la época colonial; luego dichas tierras con el advenimiento de la República pasan a propiedad de los Bracamonte y Pinillos, terratenientes liberteños quienes en 1830 fundan La Hacienda Casa Grande. Es necesario remarcar que hasta ese momento, la capacidad de producción de las haciendas azucareras era muy limitada, por cuanto no se contaba con maquinaria industrial para su siembra y procesamiento, ni tampoco interés en adquirirlo, llevando esta situación al cultivo de caña para autoconsumo y en un brevísimo número para exportación. La forma tradicional de procesamiento de caña, el trapiche, seguía siendo un eje impulsado por bueyes, así como las vías de comunicación entre los diferentes cañaverales eran prácticamente nulas o inexistentes, motivo por el cual mucho de la cosecha se perdía y no se podía procesar.

LUIS G. ALBRECHT[editar]

Luis G. Albrecht, alumno del ingeniero alemán Liebig, nace en Múnich, Bavaria, Alemania (otros señalan que en Bamberg, Alemania) el 19 de marzo de 1826, muy joven viaja a Estados Unidos y México en donde funda Casa Grande de Blancos, en Manzanillo dedicándose a la exportación de maderas. Llega al Perú por problemas de salud entre 1855 y 1856, casándose con Emilia Casanova y Velarde, hija del coronel Domingo Casanova, dueño de la hacienda Galindo; y se establece en Trujillo, adquiriendo la propiedad azucarera “Facalá” en el valle de Chicama en 1862, en la cual posteriormente se asocia con los hermanos Pflücker. Para 1865 adquiere la hacienda Sausal a fin de ampliar sus sembríos. Al inicio Albrecht siembra algodón en Facalá; el cual tenía buen precio y demanda debido a la guerra secesionista de Estados Unidos (la que conllevó a una enorme baja en la producción de los algodonales del sur de EEUU), pero dándose cuenta de la rentabilidad y facilidad de cultivo de la caña de azúcar en el valle, cambia de rubro y comienza con los cañaverales en Facalá, Sausal y Casa Grande. Como ya hemos mencionado, dándose cuenta del atraso tecnológico en cuanto la industria azucarera se refiere en nuestro país, fue un pionero en industrializar el cultivo de la caña de azúcar en el valle de Chicama, estableciendo el primer ingenio de importancia en la hacienda Facalá, aprox. en 1862. Asimismo, amplió el rubro de sus negocios a la explotación del cobre, en las minas de Quiruvilca, junto con Gottlieb, ganando notoriedad en el ámbito económico republicano.

Raimondi en su viaje realizado en 1868 le dedica algunas palabras al industrioso Albrecht: "Luego pasé a Facalá, célebre entre todas las del valle de Chicama, un hombre inteligente, activo y emprendedor, el señor Luis Albrecht, hizo surgir como por encanto esta hacienda del estado de decadencia en que se hallaba, introduciendo las más útiles mejoras, de manera que actualmente puede considerarse como la hacienda modelo de todo el valle de Chicama y la que representa el progreso en todos sus ramos. Se cultiva caña de azúcar, arroz, algodón y hay un surtido de máquinas, puestas en movimiento por la poderosa fuerza del vapor". A partir de 1870, la industrialización de la empresa azucarera triunfa, siendo en el valle de Chicama la fuerza utilizada principalmente la hidráulica seguida del vapor para las maquinarias, reemplazando a los obsoletos trapiches tirados por bueyes.

En 1876 la hacienda Sausal de Albrecht produce 15 000 quintales de azúcar por año. Este incremento en la producción de caña conllevó a un incremento del consumo de la misma, motivo por el que Albrecht comienza a adquirir las tierras adyacentes a Casa Grande integrando ingenios con zonas de cultivo en un área industrializada, y en aquellas localidades en las cuales no se podía hacer esto lo que se acostumbraba era adquirir las cosechas de haciendas vecinas que no dispusiesen de ingenios para su procesamiento, al igual que Augusto Cabada, propietario de las haciendas Lache y Santa Ana, firmando ellos un contrato en 1871 en el que se estipulaba que Albrecht se comprometía a procesar en Casa Grande la caña producida en las tierras de Cabada debiendo recibir cada parte el 50% de la producción. Cuando Cabada adquiere su propia maquinaria, denuncia el contrato y es litigado zanjando el conflicto, la Corte Suprema de Lima a favor de Luis Albrecht el 24 de diciembre de 1877.

En 1877 utilizando máquinas a vapor importadas de Filadelfia, la hacienda Facalá - hoy anexo Casa Grande - de los hermanos Pflücker en Chicama elabora 50 000 quintales por año.

LOS COOLÍES[editar]

Como vemos, eran tiempos prósperos para Casa Grande y para Albrecht, aunque es necesario mencionar en este punto que muchos de sus jornaleros eran coolíes (chinos), viviendo explotados en muchos casos llegándose a excesos en otros, al tomar los capataces la justicia por su propia mano. Por ello, a pesar de las prohibiciones legales, como en 1853, y de las protestas internacionales, la llegada de los coolíes al Perú fue continua y creciente. Y en este interés no sólo estaban los hacendados sino también los contratistas que vieron en el tráfico de peones chinos un negocio muy lucrativo. De este modo, entre 1849 y 1874, llegaron alrededor de 87 mil coolíes a nuestro país. Mencionamos que fue un sistema de semi-esclavitud porque de por medio existía un contrato de trabajo entre el hacendado y los peones chinos. El trabajador no era propiedad de un patrón al que podía dejar al momento de finalizar su tiempo obligatorio precisado en su contrato, generalmente de 8 años, y si le era conveniente aceptaba de manera voluntaria volver a contratarse con el mismo hacendado.

LOS COOLÍES Y EL ORIGEN DEL CHIFA[editar]

Fue en Casagrande, en 1849, zona agrícola con biodiversidad que atrajo a los chinos para que pudieran hacer mistura en sus alimentos con verduras liberteñas y productos diversos que se cultivaban en las tierras norteñas. Chifa viene de los vocablos chi y fan que significa la “hora de la comida”. Después de ocho años de trabajo obligatorio para pagar sus deudas y tras ser liberados, los coolíes libertos se trasladan de Casa Grande a Trujillo, donde a nivel urbano abren su local que llaman “Chifa”. Se trasladan otros a Lima y se ubican cerca del mercado central y se concentran en toda una calle llamada Capón. En Trujillo se concentran en la calle Gamarra y Grau, donde en el siglo XX destacan "Chifa Gallo Rojo", Chifa Compen y otros.

LA GUERRA DEL PEDORRO[editar]

La Expedición Lynch fue una operación que buscaba la confiscación de los ingresos de las haciendas azucareras del norte del Perú por parte del Ejército de Chile, al mando del Capitán de Navío Patricio Lynch durante la campaña terrestre de la Guerra del Pacífico. En 1880, el presidente chileno Aníbal Pinto encomendó al Capitán Patricio Lynch organizar una fuerza de infantería de marina para hostilizar las empresas azucareras, de caña, en el norte del Perú, desde donde se obtenían recursos para la guerra.

Zarpó de la ciudad de Arica el 4 de septiembre de 1880, compuesta por 1 900 soldados, 400 de caballería, 3 cañones Krupp de montaña, una sección del cuerpo de ingenieros y una ambulancia, totalizando 2 600 efectivos.

Al llegar Lynch a Trujillo, impuso un cupo de 35 mil soles a la ciudad, caso contrario la ocuparía, siendo el alcalde de la ciudad Cecilio Cox. Trujillo (y todo el país) atravesaba por una crisis económica pero ante las demandas de Lynch había que pagar el cupo, Cox entregó 30 mil soles y Albrecht 5 mil, de su propio peculio para salvar la ciudad. Luego de ello, Lynch parte al valle de Chicama e impone un cupo de 40 mil soles, caso contrario el puente sobre el río Chicama sería destruido y las haciendas saqueadas. Cox y Albrecht negocian un descuento a 20 mil soles, sin embargo, al no reunir el dinero en la fecha pactada Lynch comienza a destruir el puente, motivo por el que Cox y Albrecht pagaron cada uno 10 mil soles nuevamente de sus propios recursos. Según una tradición trujillana, Albrecht lo abonó con su propio dinero pues dijo: "Los bienes se han hecho para remediar los males".

Al término de la guerra y con las deudas adquiridas producto de los cupos, la falta de producción azucarera y la destrucción de mucha maquinaria industrial, en 1888, Albrecht vende Casa Grande a otro alemán, Juan Gildemeister, quien en 1889 funda la Sociedad Agrícola Casa Grande Ltda.

Luis Albrecht murió en Lima 8 de julio de 1891. Una urbanización y un Hospital en La Libertad llevan su nombre, y sus actos y nombre son recordados como parte de la tradición oral trujillana, como un inmigrante alemán de nacimiento, trujillano de corazón.

CASA GRANDE POST GUERRA Y LA LLEGADA DE LOS GILDEMEISTER[editar]

El proceso de concentración de tierras en esta zona coge ímpetu entre 1885 – 1890 debido a la incapacidad de muchos propietarios de sobrevivir el desastre producido por la Guerra del Pacifico. Juan Gildemeister (1823- 1898), nacido en Bremen, Alemania, funda en la ciudad de Lima la firma “Gildemeister”, dedicada al comercio. Luego en 1887, no obstante con el terremoto de 1866 y la guerra del Pacífico le causaron graves pérdidas que le obligaron a vender sus almacenes de nitratos en Tarapacá. Gildemeister adquiere la hacienda Casa Grande. Posteriormente compra otras haciendas como Lache, Sausal, Jagüey, Vizcaíno, Gasñape y Molino; y funda la Sociedad Agrícola Casa Grande Limitada. Sociedad que convirtió en uno de los primeros ingenios azucareros del mundo.

La Sociedad Agrícola Casa Grande Limitada es el resultado de las compras de Gildemeister (Capital Alemán) que comienza adquirir haciendas en el valle Chicama a partir del año 1890. La Compañía Grace (capital norteamericano) adquiere la hacienda Cartavio en 1882, pero no la explota hasta 1891 cuando forma la Cartavio Sugar Co. Luego un nuevo ciclo de concentración ocurre después de 1902 con la baja drástica del precio de azúcar en el mercado mundial. El tercer y último ciclo de concentración tiene lugar durante y después de la primera guerra mundial. Notablemente en 1927 Casa grande compra la propiedad de Víctor Larco (ex Tulupe y entonces Roma y demás tierras). A principios del siglo había sido el magnate azucarero más poderoso del valle. Esta compra le da a Casa Grande una posición incontestable de dominación, con aproximadamente 13 460 fanegadas de tierra en comparación a las 2 206 fanegadas de Cartavio.

Gildemeister con su Casa Grande, junto a otros terratenientes de origen extranjero, fueron conocidos en el argot popular del norte como los “Barones del azúcar”. El espíritu emprendedor de estos hacendados, la utilización intensiva de fertilizantes y pesticidas, la fuerza económica de sus capitales y la mecanización de sus haciendas, les permitieron la maximización de beneficios y la conquista de las tierras agrícolas del Valle Chicama que provocó la desaparición de los medianos hacendados trujillanos.

Posteriormente en 1915, el gobierno de Benavides le entregó a los Gildemeister la concesión del puerto de Malabrigo para la salida e ingreso de los productos de la referida hacienda al puerto y más tarde abrieron un bazar para vender sus propias mercaderías.

En 1927, la familia Gildemeister adquirió la Hacienda Roma y, en 1937, la Hacienda Laredo, ambas de la familia Larco. Casa Grande estaba por encima de la Hacienda Cartavio de la W. R. Grace and Company y en un tiempo fue el primer ingenio azucarero del mundo.

En el año 1932, la Alianza Popular Revolucionaria Americana (APRA), ingresa como partido político en la Hacienda Casa Grande, organizando a los trabajadores, llegando a fundar el Sindicato Único de Trabajadores de Casa Grande y Anexos en 1945.

En el año 1945, el germano administrador de la hacienda, Hans Moll, inició una serie de mejoras en beneficio de la clase trabajadora. Empezó a ampliar el casco urbano y construyó viviendas de material noble para los empleados y brindar de este modo, comodidades al servidor. Implantó la famosa fiesta de la Zafra, que se celebró durante tres días. Renovó la avenida principal (Avenida Tren) e introdujo a los tráileres como alternativa al uso de los ferrocarriles (1967). Asimismo, impulsó la capacitación de las amas de casa creando la “Casa Modelo” o Centro de capacitación Femenina, lugar al que acudían las esposas e hijas de los trabajadores para aprender costura, cocina, repostería, etc. No pudo continuar con estas reformar sociales, pues le sorprendió la intervención del Dictador Velasco.

En 1968, el general Juan Velasco Alvarado asumió el control del gobierno mediante golpe de Estado y, al año siguiente, se promulgaba la Ley de Reforma Agraria, que desposeía a sus antiguos dueños no solo Casa Grande sino también Laredo y Roma.

Con la Reforma Agraria del gobierno militar en los años 70, Casa Grande pasó a manos de sus trabajadores asociados en Cooperativas y Sociedades Agrícolas de Interés Social.

A partir de 1970, los trabajadores casagrandinos vivieron una época de bonanza económica gracias a los buenos índices de producción. Se distribuyeron buenos excedentes económicos, se construyeron 1 468 viviendas de material noble, escuelas con 87 aulas, 8 jardines de infancia, 2 clubs cooperativos, 2 piscinas públicas, 1 granja para la crianza de cerdos, 3 plazas de armas, 1 planta de micro algas, etc. La bonanza fue tal, que el Gobierno Revolucionario le pidió a la empresa el pago adelantado de los impuestos por unos años no precisados.

En la década de los 80, se producen líos internos entre trabajadores pertenecientes tanto al partido aprista como a los de la izquierda peruana, periodo que produjo una serie de tomas de poder sucesivos por ambas facciones, lo que produjo un descuido de la producción, la cual se agravó debido a los aluviones de 1993 que arrasaron con sembríos de caña, carreteras, instalaciones eléctricas, bombas hidráulicas, etc.; precipitando a una aguda crisis económica.

El 13 de marzo de 1996, después de los fallidos intentos de cambiar el modelo cooperativo, el gobierno promulga el D.L. 802, “Ley de Saneamiento Económico Financiero de las Empresas Agroindustriales Azucareras” y con fecha 01 de julio de 1996 por decisión de la mayoría de socios, Casa Grande se acoge a la Ley y decide cambiar su modelo social convirtiéndose en una Sociedad Anónima, con lo cual se permitió la venta de acciones y el cambio de socios cooperativistas a accionistas que poco a poco empezaron a invertir en la sociedad.

En octubre del 2005, el Grupo Gloria compra las acciones de la empresa Roncesvalles, el mayor accionista particular en ese momento y meses después, el 25 de enero del 2006 con la compra de las acciones del Estado (31%) se convierte en el accionista mayoritario al poseer el 57.09 % de acciones de la azucarera.

En Junta General de Accionistas de fecha 31.03.08, se acordó modificar la razón social de Empresa Agroindustrial Casa Grande S.A.A, a Casa Grande S.A.A.

Vale recordar que la empresa Casa Grande albergaba hasta antes del ingreso de los accionistas del Grupo Gloria en el año 2006, (como referimos previamente, este grupo empresarial dirigido por los hermanos Rodríguez son dueños del 57% de las acciones, estando las demás distribuidas entre los jubilados accionistas fundadores, trabajadores accionistas y particulares) a una población laboral que superaba los cinco mil trabajadores. Actualmente la masa trabajadora se ha reducido drásticamente (hasta en un poco más del 50%) debido a los despidos programados por los accionistas mayoritarios o a las invitaciones a jubilarse anticipadamente, actitudes que han generado un malestar social y que actualmente se manifiesta por medio de paros laborales circunscritos y cerrados.

LA EXPANSIÓN DE CASA GRANDE HACIA LA SERRANÍA[editar]

Con el objeto de asegurar su aprovisionamiento –y reducir los altos costos que ello originaba– Hans Gildemeister compró los fundos de Sunchubamba y Huacraruco, de 43 mil y 75 mil hectáreas, respectivamente, con las que formó la empresa agrícola más importante del país. Así, Casa Grande pasaba a controlar un territorio que superaba en tamaño a algunos países (sumados todos los territorios, su extensión casi superaba las 148 mil hectáreas, o lo que es lo mismo, 1480 kilómetros cuadrados, una extensión que supera a 67 de los 247 países reconocidos hasta este año 2013), administrado gracias a una extensa red de carreteras, líneas telefónicas y hasta ferrocarriles construidos expresamente para su funcionamiento. Eran pues, tiempos muy distintos a los de hoy en la sierra liberteña. Ciertamente existieron abusos por parte de los administradores, contratados especialmente desde Alemania para manejar los fundos. Como ejemplo basta mencionar que el reloj construido por Luís G. Albrecht en la hacienda llevaba una inscripción que rezaba: “TACE, ORA ET LABORA”, frases que fueron impuestas también por Luís G. Albrecht, que en latín significa “Calla, Reza y Trabaja”. Esas frases fueron expuestas hasta cuando se implanto el cooperativismo con la Reforma Agraria.

LA RED FERROVIARIA[editar]

Red ferroviaria que servía a varios complejos azucareros del valle del río Chicama como Casa Grande, Sausal, Roma, Chiclín, Chicama y otros. De propiedad de la Sociedad Agrícola Casa Grande que después se transformaría en Empresa Agrícola Chicama. Era administrado por Gildemeister y Co. De trocha angosta 0.914 ó 1.06 m y una extensión de 304 km incluyendo desvíos y otros servicios. Empezó en 1915 desde Malabrigo. Mediante el ferrocarril Ascope-Trujillo quedaba interconectado a esta ciudad. Llegó a tener hasta 16 locomotoras, incluyendo una diesel, 3 carros de pasajeros y la sorprendente cantidad de 974 carros de carga. En 1950, últimas cifras que hemos hallado, transportó un total de once millones de toneladas. Fue reduciendo su operación con el tiempo y reemplazado por otros medios. La reforma agraria de 1969 afectó al complejo Chicama y los ferrocarriles terminaron por desaparecer completamente.

La distribución interna de las redes ferroviarias internas en la hacienda Casa Grande era la siguiente: Casa Grande-Sausal: 177 km y 0.914m de trocha, la vía Interna de la hacienda Chicamita: 6.4 km y 0.914 m; Interno hacienda Chiquitoy: 9.2 km y 0.914 m; Interno hacienda Casa Grande: 29 km y 1.06 m; Interno hacienda Roma: 21.5 km y 0.914m; Licapa-Casa Grande: 28.5 km y 1.06 m; y finalmente la línea Puerto Chicama-Licapa: 31.4 km 1.06 m, para un total de 303.8 km.

EL SISTEMA DE “ENGANCHE[editar]

Después de la guerra del Pacífico la economía peruana se reconstruye en base a la agro-exportación. Si antes de la guerra la mano de obra que trabajaba en las haciendas de la costa había provenido del Asia, coolíes que trabajaban en condiciones de semi-esclavitud, pasada la guerra los hacendados resuelven su problema de escasez de mano de obra en base al enganche de indígenas de la sierra en el año 1880. Eran “los años maravillosos” de la república oligárquica, en que el Perú crecía en base a la exportación primaria.

Peter F. Klarén en Formación de las haciendas azucareras y orígenes del APRA nos cuenta que el enganche era un sistema “cruel pero eficiente”. Cuando el hacendado necesitaba mano de obra recurría al enganchador, le informaba el número exacto de trabajadores que necesitaría y le entregaba una importante suma, generalmente en oro, para pagar adelantos a los futuros enganchados. Con esto el mismo enganchador o su agente, el sub enganchador, viajaba a lugares de la sierra como Huamachuco, Santiago de Chuco, Chota y aun Cajabamba, en la sierra sur de Cajamarca. Allí visitaba las comunidades indígenas, generalmente antes o poco después de la cosecha local, cuando el indígena estaba más desocupado para emigrar a trabajar a la costa. Usando el oro como cebo, el enganchador le ofrecía trabajo, pintándole sus beneficios en la forma más atractiva. El indígena era ilusionado por recibir una importante suma en oro en forma inmediata por lo que usualmente tomaba la oferta y firmaba un contrato que no podía leer. Con eso se comprometía a trabajar temporalmente en la hacienda costeña, por un número determinado de meses, generalmente dos o tres, con obligaciones específicas en dicho período. Después, cuando hubiera cancelado la deuda contraída, quedaba libre. Sin embargo, la deuda era tal que era casi imposible que pudiera pagarla, por lo que tenía que quedarse a trabajar en la hacienda.

Estos trabajadores enganchados ya instalados en las haciendas costeñas vivían ciclos de pasividad y de rebelión contra las condiciones de vida y de trabajo que padecían: Dueños de la situación por el momento y con los ánimos exaltados, pregonando los maltratos que sufrían, se iban contra los almaceneros o bazares de la hacienda y al grito de “¡huelga, huelga, viva la huelga!” atacaban y saqueaban esas tiendas, dejándolas vacías; después les prendían fuego. Así eran los “conflictos sociales” de la época. Si había información asimétrica o algún fracaso en el mercado laboral, no era algo que interesara mucho a las autoridades hasta entonces.

LOS MOVIMIENTOS DE REINVINDICACIÓN LABORAL[editar]

LA REBELIÓN DE LOS “ENGANCHADOS” O BRACEROS DE 1912[editar]

Como se mencionó líneas arriba, Probablemente la huelga más violenta ocurrida en el Perú fue la del Valle de Chicama de abril de 1912. Usualmente las protestas en este valle se expandían al vecino valle de Santa Catalina, en particular a la hacienda Laredo. El 8 de abril la protesta comienza en Casa Grande, donde laboraban casi cinco mil obreros. Se rebelan contra una orden de la compañía que les aumentaba la tarea (la cantidad predeterminada de tierra que debía trabajar el bracero). Los trabajadores, desorganizados ellos, solicitan un aumento en el jornal y toman la hacienda. Mientras algunos prenden fuego a los campos de caña, otros saquean y luego e incendian las principales bodegas de la hacienda.

Tuvieron especial cuidado en destruir los libros de cuentas del enganchador, que efectivamente encadenaban a los braceros al sistema de peonaje. Al finalizar el primer día de amotinamiento varias personas habían muerto y había sido ahuyentada la policía rural – “Los Vigilantes” -, llamada para restaurar el orden.

En los días subsiguientes la violencia se extendió a las haciendas vecinas y finalmente todo el valle de Chicama estuvo en llamas. El 11 de abril, aproximadamente sesenta hombres de tropa, del cuartel Nº 7 de la región, fuertemente armados, se enfrentaron a varios cientos de braceros provistos de machetes, pertenecientes a la hacienda Sausal, un anexo de Casa Grande. Al abrir fuego a una distancia de 50 metros, sobre la masa de braceros que se aproximaba, la tropa dio muerte a quince de ellos pero no logró contener el ataque y se vio obligada a abandonar la hacienda, dejándola completamente a merced de los amotinados. Como resultado, la casa-hacienda fue saqueada y quemada.

Escenas similares se repitieron en otras grandes haciendas del valle tales como Chiquitoy, Cartavio y Laredo, donde obligaron a la evacuación de técnicos y propietarios. A los siete días de desórdenes una gran preocupación comenzó a manifestarse entre los funcionarios y comerciantes de la ciudad de Trujillo, ante el temor de que los amotinados braceros marcharan sobre la ciudad, prácticamente indefensa. En la mañana del 14, las autoridades se reunieron en la Prefectura para discutir la formación de una guardia urbana, destinada a proteger la ciudad de una posible invasión de braceros. Finalmente se decidió que tal fuerza no era ya necesaria, en vista del gran destacamento de tropa que desde Lima estaba en viaje hacia Trujillo, pero buena parte de los comerciantes suspendieron sus actividades comerciales y trancaron sus puertas.

Al día siguiente llegó al puerto de Salaverry una nave de guerra con alrededor de 300 soldados y piezas de artillería destinadas al valle. Una vez que la gran cantidad de tropa llegó a los centros más agitados del valle y que se establecieron tácticas represivas, los disturbios se suprimieron rápidamente. En forma gradual se restauró el orden y una calma relativa volvió al valle. La estimación final de los daños y perjuicios que causó la violencia fue muy elevada. Aunque el informe del gobierno, publicado posteriormente, en forma notoria no los mencionó, un informe privado preparado por la Sociedad Pro- Indígena afirmó que por lo menos 150 huelguistas habían sido muertos y muchos más heridos.

En el informe de la huelga se opinó que los bajos salarios, los abusos del sistema de enganche, las miserables condiciones de vida y lo prolongado del horario de trabajo eran las causas principales del estallido de la violencia. Evidentemente, según el informe del autor, la persistencia de esas condiciones determinó que fuera inevitable una revuelta en gran escala.

Hay crónicas que señalan que la guardia civil perseguía entre los cañaverales a los trabajadores, para matarlos. El mismo Víctor Raúl Haya de la Torre habla de 500 muertos.

En su informe gubernamental Felipe de Osma y Pardo no ve al conflicto capital-trabajo como causa de la rebelión, sino al sistema del enganche, que debe ser reformado.

En suma, la de Chicama fue una revuelta con un saldo de cientos de trabajadores muertos, con informes posteriores complacientes hechos por el gobierno, que absuelven a los hacendados de toda responsabilidad y esconden la cifra de trabajadores muertos, con fuerzas del orden abiertamente defienden a los hacendados, y no reciben sanción alguna, con víctimas que no reciben reparación alguna por sus familiares caídos.

El impacto de esta rebelión también lo sintieron otras personalidades, que serían influidas por la revolución mexicana y la revolución rusa. César Vallejo trabaja desde 1911 como ayudante de cajero de la Hacienda Roma de Chicama y es testigo de la explotación de los trabajadores enganchados de las plantaciones de caña y de la masacre de 1912. El Grupo Norte, de Antenor Orrego, Víctor Raúl Haya de la Torre, César Vallejo, Alcides Spelucín, Manuel Arévalo y otros, no sólo se ve influido por la masacre, sino que se vincula con los trabajadores cañeros. Sin embargo, este movimiento social acaba por alimentar fundamentalmente a un movimiento político que el APRA, como relata Peter Klarén en el libro citado.

LA REVOLUCIÓN DE TRUJILLO DE 1932 Y LAS HACIENDAS CAÑERAS[editar]

Durante las décadas de los años 1920 y 1930 Trujillo vivió la gestación y crecimiento de la organización sindical entre los campesinos de las haciendas de la región y la agitación de la intelectualidad urbana progresista. Zonas como Casa Grande, Cartavio y Laredo se convirtieron en bastiones del recién nacido Partido Aprista Peruano, organización política de orientación socialdemócrata fundada por el líder estudiantil Víctor Raúl Haya de la Torre.

El 8 de enero de 1932, el entonces presidente del Perú Luis Sánchez Cerro, perpetró un “autogolpe”; publicando una ley inconstitucional que proscribía las libertades políticas y permitía la detención de cualquier ciudadano sin mandato judicial; este hecho, sumado a las desigualdades sociales, al irrespeto de los derechos laborales de los trabajadores de las haciendas azucareras ubicadas al norte de la ciudad de Trujillo, acrecentaron el descontento social.

Desde este momento las demandas por el fin del gobierno “sanchezcerrista” y por la liberación del líder político Víctor Raúl Haya de la Torre, quien se encontraba preso desde el 6 de julio, se volvieron incontenibles.

En la madrugada del 7 de julio de 1932, un grupo insurgente compuesto fundamentalmente por campesinos y obreros, comandado por Manuel Barreto (conocido como “Búfalo") reconocido líder aprista, asaltó y capturó el cuartel de artillería Ricardo O’Donovan, ubicado en la entonces entrada de la ciudad. En esta acción, el mismo Barreto fue uno de los primeros en caer abatido. El cuartel fue saqueado. Las armas, entre ellas seis cañones móviles, fusiles y ametralladoras fueron llevadas a la ciudad de Trujillo mientras entonaban, los levantados, la “Marsellesa Aprista”. Durante la mañana, la ciudad fue tomada por el pueblo insurrecto, se nombró como Prefecto (máxima autoridad civil), a Agustín Haya de la Torre (hermano de Víctor Raúl); los distritos aledaños a la ciudad también se sumaron a la revuelta.

Ante la insurgencia trujillana, el gobierno de Sánchez Cerro ordenó un ataque aéreo (el primer ataque a población civil protagonizada por la nueva flota de aviones), que se llevó a cabo el día 8 de julio, mientras tanto movilizaba tropas desde el departamento vecino de Lambayeque y el regimiento de infantería N° 7 se disponía a desembarcar en el puerto de Salaverry; en medio del bombardeo, los líderes insurgentes pasaron a la clandestinidad y el pueblo, alzado en armas, se preparó para resistir la acción del ejército.

El día 9 de julio, 10 oficiales del ejército y 15 policías capturados durante la insurrección perdieron la vida en un confuso incidente que nunca se llegó a aclarar, entre ellos estaban dos oficiales de apellidos Ortega y Villanueva, culpables de atentados criminales ocurridos en diciembre de 1931 en la localidad de Paiján y en la ciudad de Trujillo contra algunos militantes del Partido Aprista Peruano, al que pertenecían los líderes de la insurgencia. Si bien la muerte de estos oficiales fue atribuida a los jefes insurrectos sin ninguna prueba, estas muertes fueron en realidad causadas por individuos de tropa sumados a la revolución, en medio del caos que imperaba entonces.

El mismo día 9 de julio, tropas del regimiento N° 7 fueron rechazadas por los insurgentes en la zona denominada “La Floresta”, hasta el Lunes 11 de Julio, el pueblo armado logró contener el ataque de las fuerzas del gobierno; hubo numerosas bajas por ambos lados.

En la madrugada del día 11 de julio, tras un intenso bombardeo aéreo y terrestre, un gran despliegue de tropas inició la ocupación de la ciudad. En la “Portada de Mansiche”, un grupo de francotiradores dirigidos por Carlos Cabada contuvo el avance del ejército, ayudando a fortalecer las defensas dentro de la ciudad, en la plazoleta “El Recreo”, la dama de nombre María Luisa Obregón, apodada “La Laredina” condujo la resistencia disparando ella misma una ametralladora; la lucha se libró calle a calle; los soldados eran recibidos con disparos y en general con cualquier objeto contundente arrojado por los pobladores rebeldes desde los techos, entre cánticos y lemas alusivos al partido aprista peruano. Fue el profesor Alfredo Tello Salavarria quien se mantuvo frente a las últimas trincheras, en el barrio trujillano de “Chicago”.

El 18 de julio, el jefe de operaciones, Coronel Luis Bravo, informó tener pleno control territorial, luego de cometer numerosas represalias contra la población civil en Chepen, Mansiche, Casa Grande, Ascope y Cartavio (las tres últimas haciendas azucareras donde laboraban muchos de los insurgentes). Numerosos combatientes que se habían rendido fueron fusilados sin juicio. Una “Corte Marcial” sin ninguna garantía e independencia dictó pena de muerte contra 102 personas sindicadas como principales responsables del alzamiento; debido a que muchos de estos se encontraban fugitivos y otros habían muerto en el enfrentamiento, la pena solo pudo aplicársele a 42 detenidos, quienes fueron dirigidos a la ciudadela de Chan Chan, obligados a cavar las fosas que se convertirían en sus tumbas y sin excepción recibieron la descarga fatal el 27 de julio de 1932; pero se calcula que el número exacto al terminar el conflicto llegó a sumar aproximadamente unos 5 mil civiles muy vinculados al partido aprista, que fueron fusilados de forma extrajudicial. Aun así, enfrentaron a la muerte, dando vivas al partido aprista y a su líder Víctor Raúl Haya de la Torre.

Esta insurrección y su represión desmedida, marcaron por mucho tiempo la identidad política de la ciudad de Trujillo y del norte del Perú, llegando la ciudad a ser considerada como bastión electoral del Partido Aprista Peruano. Significó también el surgimiento de una animosidad recíproca entre el APRA y las Fuerzas Armadas, que tuvo honda repercusión en la vida política del Perú y que solo pudo ser superada en la década del 80 del siglo XX, poco antes de morir Víctor Raúl Haya de la Torre.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

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Enlaces externos[editar]