Buenas prácticas

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Por mejores prácticas se entiende un conjunto coherente de acciones que han rendido buen o incluso excelente servicio en un determinado contexto y que se espera que, en contextos similares, rindan similares resultados. Éstas dependen de las épocas, de las modas y hasta de la empresa consultora o del autor que las preconiza. No es de extrañar que algunas sean incluso contradictorias entre ellas.

Las expresiones buenas/mejores prácticas son traducciones demasiado literales de la expresión inglesa best practices. En respuesta a una consulta[¿cuál?] a la Real Academia de la Lengua, esta recomienda "el empleo de otros sintagmas alternativos, dependiendo del contexto, como mejores soluciones, mejores métodos, procedimientos más adecuados, prácticas recomendables, o similares."[cita requerida]

A favor y en contra[editar]

Algunos[¿quién?] consideran las mejores prácticas como un conjunto heterogéneo de términos o teorías, unas nuevas e innovadoras, y otras que simplemente renombran prácticas administrativas que ya se utilizaban en la práctica profesional pero que nadie había presentado como propias. Entre estas teorías podemos mencionar: calidad total, justo a tiempo, estudio de referencia, reingeniería, externalización, redimensionamiento, gestión basada en actividades, gestión basada en el valor, gestión por objetivos, destrucción creativa, etc.

Otros,[¿quién?] en cambio, reconocen que las mejores prácticas son sólo un buen comienzo, mejor que una hoja en blanco, pero que no reemplazan al sentido común y a la reflexión y que, mientras se usen de manera racional y coherente, pueden acelerar la puesta en servicio de mejoras en los procesos de las organizaciones.

Sus detractores[¿quién?] dicen que la mayoría de estos términos son empleados por empresas consultoras como Accenture, McKinsey, Boston Consulting Group, Price Watherhouse, Deloitte & Touche, Stern Stewart. Ellas los comercializan y ellas mismas se encargan de convencer a las empresas para que los pongan en práctica. Muchas de estas teorías, afirman los detractores, resultan ser una moda pasajera que, impulsada por las grandes empresas consultoras, toma fuerza pero después de cierto tiempo cae en desuso tras quedar en evidencia sus limitaciones, o bien ante la aparición de una nueva moda.

Algunas de esas aseveraciones son en cierto grado ciertas. Sin embargo, esos mismos detractores reconocen que no quiere decir esto que todas sean un mero producto de la comercialización de las consultoras. Aplicadas con sentido común, pueden aportar soluciones a problemas reales.[cita requerida]

Véase también[editar]