Baile de los cuarenta y uno

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Periódico Hoja Suelta publicado en 1901 a raíz del Baile de los 41, con una viñeta satírica de José Guadalupe Posada.

«El baile de los cuarenta y uno» o «de los cuarenta y un maricones» fue el escándalo más sonado del siglo XX en México.[1] [2] El hecho se refiere a una redada realizada el 18 de noviembre de 1901, durante el mandato de Porfirio Díaz. La redada, realizada en la calle de la Paz (hoy calle Ezequiel Montes), era contra un baile de hombres que se estaba realizando en una vivienda particular, de los cuales 22 estaban vestidos de hombres y 19, de mujeres. La prensa mexicana se cebó en el hecho, pese a que el Gobierno se esforzó en ocultar el asunto, puesto que los detenidos pertenecían a las clases altas de la sociedad porfiriana. La lista de los nombres nunca fue revelada.[1] [2]

La noche del domingo fue sorprendido por la policía, en una casa accesoria de la 4.ª calle de la Paz, un baile que 41 hombres solos verificaban vestidos de mujer. Entre algunos de esos individuos fueron reconocidos los pollos que diariamente se ven pasar por Plateros. Éstos vestían elegantísimos trajes de señoras, llevaban pelucas, pechos postizos, aretes, choclos bordados y en las caras tenían pintadas grandes ojeras y chapas de color. Al saberse la noticia en los boulevares, se han dado toda clase de comentarios y se censura la conducta de dichos individuos. No damos a nuestros lectores más detalles por ser en sumo grado asquerosos.

Nota informativa de la época[2]

Enseguida se extendió el rumor, nunca confirmado ni negado, de que en realidad serían 42 los detenidos, siendo el número cuarenta y dos el yerno de Porfirio Díaz, Ignacio de la Torre y Mier, al que se le habría permitido la fuga. Pese a que la redada no tuvo asideros legales y fue completamente arbitraria, los 41 detenidos acabaron por la fuerza en el ejército:

Los vagos, rateros y afeminados que han sido enviados a Yucatán, no han sido consignados a los batallones del Ejército que operan en la campaña contra los indios mayas, sino a las obras públicas en las poblaciones conquistadas al enemigo común de la civilización.

El Popular, 25 de noviembre de 1901[1]

El castigo para quienes no compraron ni libertad ni silencio fueron los trabajos forzados en el Valle Nacional, Oaxaca.

El 4 de diciembre de 1901 también hubo una redada en un local de lesbianas en Santa María, pero el asunto tuvo menos eco en la sociedad.[3]

El número 41 o 42 pasó a formar parte de la cultura popular mexicana para referirse a los homosexuales, en el caso del 42 a los homosexuales pasivos.[3] El hecho y los números se ampliaron a través de la prensa, pero también por medio de grabados, sátiras, obras de teatro, literatura, pintura e incluso llega hasta los días de la televisión, como es el caso de la telenovela histórica El vuelo del águila emitida por Televisa en 1994. En 1906, bajo el seudónimo Eduardo A. Castrejón, se publicó el libro Los cuarenta y uno. Novela crítico-social, que fue reeditada en 2010.[4] Esta novela, pese a su virulento tono homofóbico, trató por primera vez en la literatura mexicana de forma principal un asunto gay, por lo que está considerada un precedente de la literatura homosexual en México, ya que trató sobre un asunto considerado, hasta entonces, tabú.

También son famosos los grabados de José Guadalupe Posada, que se publicaron acompañados de varios poemas:[2]

Hace aún muy pocos días
Que en la calle de la Paz,
Los gendarmes atisbaron
Un gran baile singular.
Cuarenta y un lagartijos
Disfrazados la mitad
De simpáticas muchachas
Bailaban como el que más.
La otra mitad con su traje,
Es decir de masculinos,
Gozaban al estrechar
A los famosos jotitos.
Vestidos de raso y seda
Al último figurín,
Con pelucas bien peinadas
Y moviéndose con chic.

Anónimo[2]

El asunto llega tan lejos que el número 41 pasa a ser tabú, como indica el ensayista Francisco L. Urquizo:

En México el número 41 no tiene ninguna validez y es ofensivo para los mexicanos [...] La influencia de esa tradición es tal que hasta en lo oficial se pasa por alto el número 41. No hay en el ejército División, Regimiento o Batallón que lleve el número 41. Llegan hasta el 40 y de ahí se salta al 42. No hay nómina que tenga renglón 41. No hay en las nomenclaturas municipales casas que ostenten el número 41. Si acaso y no hay remedio, el 40 bis. No hay cuarto de hotel o de Sanatorio que tenga el número 41. Nadie cumple 41 años, de los 40 se salta hasta los 42. No hay automóvil que lleve placa 41, ni policía o agente que acepte ese guarismo

Francisco L. Urquizo[2]

Sin embargo, los homosexuales han tratado de reapropiarse del símbolo, usándolo como nombre para discotecas, bares y asociaciones.[4]

El antecedente del Baile de los 41 ha permitido que, a partir de ese momento, las redadas continuas, chantajes policíacos, torturas, palizas, envíos a la cárcel y al penal de las Islas Marías se sucedan unos tras otros con la simple mención de «ataque a la moral y las buenas costumbres».[1]

Referencias[editar]

  1. a b c d Carlos Monsiváis (noviembre 2001). «La Gran Redada» (en español). Enkidu. Consultado el 16 diciembre 2007.
  2. a b c d e f Miguel Hernández Cabrera (2002). «Los "cuarenta y uno", cien años después» (en español). Isla ternura. Consultado el 16 diciembre 2007.
  3. a b Stephen O. Murray. «Mexico» (en inglés). glbtq. Consultado el 7 de noviembre de 2007.
  4. a b EFE (28 de septiembre de 2010). «Reeditan primera novela de temática gay de México» (en español). SentidoG. Consultado el 25 de abril de 2011.

Véase también[editar]