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Etimológicamente, el término vocacional, se caracteriza por un doble significado, proveniente del Latín, <<vocatio-onis>> que significa “llamado” y; <<vox>> que significa “voz”. Esta Etimología influye en el significado dual del concepto vocacional, ya que, por un lado, puede emplearse como el llamado externo al sujeto; y por otro, como la inclinación personal, es decir la “voz” que lo guía hacia determinada tarea. [1]


Definición[editar]

Vocación[editar]

Es un concepto que implica motivos e intereses que orientan a la persona a aquello que quiere hacer en la vida. En este sentido, se requiere la articulación de las oportunidades y limitaciones de la realidad, por lo tanto se trata de un concepto dinámico y multidireccional. Es decir, la vocación se forma y construye a lo largo de la vida por medio del de reconocimiento de capacidades, fortalezas y debilidades. [2]

Identidad vocacional[editar]

Es un proceso expresado en términos ocupacionales y profesionales. Generalmente, es un proceso consciente que implica la elección y preparación de una profesión, así como un progreso a futuro. Además, el proceso de elaboración de la identidad vocacional se logra integrando aspectos de la identidad personal. No se trata de una elección en determinado momento, tampoco de una elección innata, sino que es una construcción que se inicia desde la infancia, a través de la exploración del entorno, el juego, y la asimilación de roles sociales; y se consolida entre la adolescencia y la juventud. En psicología, la persona puede desarrollarse adecuadamente cuando alcanza su identidad vocacional; eso implica elegir una actividad por encima de otra, y además, expresa la integración del ideal personal de vida, teniendo en cuenta el contexto social de la realidad. [1]

Implicancias[editar]

Conocimiento personal[editar]

El reconocimiento de fortalezas y debilidades, así como de gustos e intereses, es fundamental para la autovaloración personal, la cual es necesaria para el desarrollo de la identidad vocacional. El conocimiento se da a lo largo de la vida de la persona; se inicia a partir de la calidad de las primeras interacciones, especialmente con sus padres. Con el paso del tiempo el conocimiento personal implicará el desarrollo de la autoestima y autoconcepto; sin embargo, esto se logrará con el adecuado acompañamiento de adultos y la calidad de la educación que permitan a la persona su conocimiento y valoración. Finalmente, este autoconocimiento permitirá la formación de metas y la adquisición de compromisos que permitirán el desarrollo de la identidad vocacional. De este modo, se podrán integrar las características de interés personal con las oportunidades y demandas de la sociedad [2][3]

Exploración[editar]

Desde la infancia, la persona ha tenido la oportunidad de obtener información del entorno en el que se desarrolla a través de las experiencias a lo largo de su vida. La persona debe procurar buscar información sobre las posibilidades de lo que pretende alcanzar; y así, en conjunto con el conocimiento personal, llegar a elegir sobre el rumbo que seguirá su vida. Especialmente en la adolescencia es importante la exploración en todo aspecto antes de comprometerse con alguna opción. Esto para evitar incertidumbre y frustración, durante la formación de la identidad vocacional. [3][4]

Compromiso[editar]

Implica un previo conocimiento personal, así como la exploración. Luego, tras la elección de la opción se buscará la dedicación personal para el logro de los objetivos y metas. Lo ideal es enfocarse luego de un periodo de exploración y llegar así a un compromiso con la decisión que refleja su proyecto de vida. Sin embargo, es preciso considerar que, en algunas oportunidades, el compromiso responde a decisiones prematuras, resultado del poco conocimiento y exploración, o también a las expectativas paternas, lo cual además, puede generar la postergación de compromisos personales reales [3][4]

Visión a futuro[editar]

Una vez que la persona ha adquirido conocimiento de sí mismo, logra la adquisición de compromisos para alcanzar sus propósitos, surge en cada quien una expectativa sobre resultados a futuro. Por un lado, es necesario un conocimiento y visión del mundo; es decir, la percepción de la realidad en la que se encuentra la persona. Por otro lado, es fundamental conocer las demandas de la cultura y relaciones cercanas, de modo que poco a poco, se va incorporando el rol personal al rol cultural. En ese sentido, se trata de que la persona pueda descubrir cómo integrar sus ideales y qué esperar en el futuro. Es esta visión de futuro la que motivará e impulsará a cada persona a proyectarse y delimitar metas. Finalmente, es necesario que la visión a futuro que se ha construido por la persona incluya sueños e ideales, pero sobre todo que vaya acorde con la realidad en la que vive. [2][3]

Tipos de identidad vocacional[editar]

Lograda[editar]

Es la identidad que implica el pensamiento autónomo, racional y flexible. Generalmente, se caracteriza por apertura hacia experiencias e ideas así como la planificación. Las personas que han alcanzado este identidad formulan planes más realistas y acorde con sus proyectos de vida. Por otro lado, se asume la adquisición de compromisos luego de una exploración previa de las oportunidades, por lo cual se trataría de un compromiso reflexivo que soporta el desarrollo de la identidad vocacional. Se considera que su visión a futuro es mucho más realista y generalmente con expectativas satisfactorias. [5][3]

Moratoria[editar]

En esta identidad lo característico es el cuestionamiento de las oportunidades y demandas del entorno social. Asimismo, implica un estilo flexible e intuitivo, marcado por confusión; sin embargo, también puede ser un proceso para consolidar la autonomía y proyectos personales. La identidad moratoria puede definirse como una etapa de crisis constructiva, en la cual interesa la búsqueda de un camino propio sin la imposición de valores o metas externos, de manera que se llegue a alcanzar una identidad lograda. [5][3]

Difusa[editar]

Esta identidad está caracterizada por un estilo evitativo o desorganizado. Generalmente, la persona no tiene control suficiente sobre su proyecto de vida y futuro, se niegan a tomar una decisión que permita el desarrollo de su identidad. Esta identidad está asociada a la ausencia de exploración y la incapacidad de establecer compromisos, esto, a su vez, está estrechamente relacionado a la influencia de los padres, ya que normalmente son padres que no han establecido límites ni apoyado a la persona. [5][3]

Cerrada[editar]

Se trata de aquella identidad en la que la persona ha tomado alguna decisión sin explorar y se ha cerrado a otras oportunidades. Aparentemente, la persona está segura de la elección; sin embargo, sólo está reflejando decisiones que ha tomado sin previa reflexión. Este tipo de identidad presenta características de un estilo normativo y rígido. En este estadio, generalmente, hay conformidad con las indicaciones y expectativas externas, como padres o profesores. Por lo tanto, el nivel de compromiso es mínimo ya que no ha habido la reflexión necesaria. En ocasiones se demuestra seguridad pero sin pasar por una etapa de exploración o de confrontación de sus deseos con las oportunidades reales de alcanzarlos. etc. [5][3]

Referencias[editar]

  1. a b López, A. (2003).La orientación vocacional como proceso. Buenos Aires: Bonum.
  2. a b c Ministerio de Educación. (2013). Orientación Vocacional - Cartilla para Tutores. Lima.
  3. a b c d e f g h Jara, L. (2010). Identidad vocacional en el tránsito del colegio a la universidad en los primeros años de la vida universitaria. Material preparado en base a su tesis de licenciatura para la Revista Persona.
  4. a b Rivas, F. (1988). Psicología Vocacional. Enfoques del asesoramiento. Madrid: Morata.
  5. a b c d Erickson, E. (1968). Identity, Youth and Crisis. W.W. Norton and Company. U.S.A.