Sicario

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Un sicario es una persona que mata a alguien por encargo de otro, por lo que recibe un pago, generalmente en dinero u otros bienes. Asesino asalariado y asesino a sueldo significan lo mismo.[1]

Etimología[editar]

Sicarius es plural latino de sicarium. La daga o espada corta, que en latín es sica, era usada por los asesinos porque podía ocultarse bien bajo los pliegos de la túnica.

Testimonios sobre sicarios en la Antigüedad[editar]

Era una figura conocida por el Derecho Romano, que reguló especialmente su condena penal, por la particular crueldad con que se conducían estos asesinos, mediante la Lex Cornelia de Sicariis et Veneficis (Ley Cornelia sobre Apuñaladores y Envenenadores) del año 81 a.C.[2]

Rebelión en Judea[editar]

Masada.

En el siglo I algunos insurrectos se propusieron luchar contra los invasores y ocupantes romanos y contra sus partidarios de Judea. Estos recibieron el nombre de sicarii por emplear una espada corta oculta en sus túnicas. Solían atacar en días festivos, cuando la multitud que se congregaba en Jerusalén les permitía actuar con más impunidad.[3]

Su actividad estuvo vinculada en principio a la política, actuando en las asambleas populares, particularmente durante el peregrinaje al templo, cuando apuñalaban a sus enemigos (contrarios políticos de sus amos, sus simpatizantes o clientes) lamentándose ostensiblemente después del hecho para escapar de la detención.

Las víctimas de estos sicarios incluyeron a Jonatán, el supremo sacerdote, aunque es posible que su asesinato haya sido orquestado por el gobernador romano Félix. Algunos asesinatos eran llevados a cabo como venganza contra los romanos por parte de la población judía entera del país. En algunas ocasiones, podían ser sobornados para que no mataran a sus víctimas previstas. Si el relato acerca de Barrabás no es una invención para crear una parábola, se comprueba que incluso sicarios condenados eran en ocasiones liberados si prometían no matar a sus opositores, aunque no hay evidencia de esta práctica fuera de los evangelios, que concuerdan en gran parte en este punto. Una vez, cuenta Flavio Josefo, después de secuestrar al secretario de Eleazar, gobernador de los recintos del templo, los sicarios llegaron a un acuerdo para liberarlo a cambio de diez de sus camaradas capturados.

El historiador judeorromano Flavio Josefo hace referencia a los sicarios en sus textos:

Cuando Albinus (procuraduría: 62–64 d.C.) alcanzó la ciudad de Jerusalén, dobló cada esfuerzo y tomó la determinación de asegurar paz en la tierra exterminando la mayor parte del Sicarii.

Flavio Josefo, antigüedades judías (xx.208)

El grupo de los sicarii era conocido por ser el más violento de entre los judíos, pues cometían a menudo asesinatos y ataques contra las autoridades romanas. Los sicarios formaban parte a su vez del grupo de los zelotes, una facción del judaísmo de la época romana que practicaba sus cultos de forma muy celosa (de ahí proviene su nombre) y que con frecuencia criticaban duramente a otras facciones judías como los saduceos o los fariseos.

Al principio de la rebelión judía (66), sicarios, con la ayuda de otros zelotes, entraron en Jerusalén y cometieron una serie de atrocidades, para forzar a la población a luchar. Según un relato del Talmud impidieron el suministro de alimentos de la ciudad para forzar a la gente a luchar contra el sitio romano en vez de negociar la paz. Sus líderes, incluyendo Menahem ben Jair, Eleazar ben Jair, y Bar Giora, eran figuras importantes en la guerra, y Eleazar ben Jair finalmente logró escapar al ataque romano. Junto a un pequeño grupo de seguidores, se abrió camino hasta la fortaleza abandonada de Masada, donde siguió con la resistencia contra los romanos hasta 73, año en que los romanos tomaron la fortaleza y descubrieron que la mayoría de sus defensores habían preferido suicidarse antes que rendirse.

En el libro La Guerra Judía (VII) de Flavio Josefo, tras la caída del templo en el 70, a manos de los sicarios julfines se convirtieron en el partido judío revolucionario dominante, disperso en el exterior. Flavio los asocia particularmente con el suicidio en masa en Masada en 73 y el subsiguiente rechazo "a someterse al censo de impuestos cuando Cirenio fue enviado a Judea a levantar uno" (José) como parte de su estrategia religiosa y política como luchadores de la resistencia:

Algunas de las facciones de los sicarion, no contentos con haberse salvado, volvieron a embarcarse en una nueva intriga revolucionaria, persuadiendo a aquellos que los recibían allí a reafirmar su libertad, a no valorar a los romanos como mejores que ellos mismos y a considerar a Dios su único Amo y Señor"

(citado por Robert Eisenman, p. 180).

Judas Iscariote[editar]

En el nombre de Judas Iscariote, el apóstol que habría traicionado a Jesús, el epíteto "Iscariote" era interpretado por algunos eruditos como una transformación helénica de sicario. El sufijo "-ote" denota membresía o pertenencia a algo, en este caso a los sicarios.

La mayor parte de los eruditos modernos objetan dicha declaración. [4] Apuntan que principal problema de ubicar a Judas como miembro de los Sicarii es que para entonces (principios de la década de los 30) no existía dicho movimiento. El grupo de los Sicarii se formaría en la década de los 50 o 60, en los periodos de Félix y Albinus, tal y como indica Josefo.[4]

El probable origen de la etimología viene del hebreo איש־קריות, Κ-Qrîyôth, "hombre de Kerioth" que es el nombre un pueblo de Judea (Josué 15:25) y comparte el nombre con otro pueblo de Moab (Jeremías 48:41).

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Sicarios, el negocio de matar». Caso Abierto. 
  2. Mommsen y Krueger (1954). «Digesta, XLVIII. Lex Cornelia de Sicariis et Veneficis» (en inglés). 
  3. Fernando Cohnen (2015). «Complots asesinos». Muy Historia (65): 23. 
  4. a b Jonathan Prince (2008). «Zelotas y Sicarii» (en inglés). Jewish Virtual Library. Consultado el 15 de julio de 2015.