Relación intraespecífica

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Una relación intraespecífica es aquella interacción biológica en la que los organismos que intervienen pertenecen a la misma especie. Este tipo de relaciones se considera una población.

Las relaciones intraespecíficas se dividen en:

  • Territorialidad;
  • Competencia entre individuos;
  • Asociación de individuos.[1]

La competencia intraespecífica se produce cuando dos individuos compiten por:

  • Los recursos del medio ambiente (una zona del territorio, los nutrientes del suelo);
  • La reproducción (luchando por el sexo opuesto);
  • La dominancia territorial (un individuo se impone a los demás).

La asociación en grupos de individuos se produce para obtener determinados beneficios como:

  • Mayor facilidad para la caza y la obtención de alimento;
  • La custodia frente a los depredadores de la especie;
  • La reproducción por proximidad de los sexos en el grupo;
  • El cuidado y protección de las crías.

Un ejemplo es la colmena, una sociedad de abejas que está formada por la reina, zánganos y obreras; hay división del trabajo. En una población, mientras más elevada sea la densidad, mayor será la oportunidad de la relación intraespecífica debido a que hay más contactos entre los individuos. La convivencia entre individuos de la misma especie origina competencia intraespecífica,[2]​ la cual se acentúa cuando el espacio y el alimento son limitados, obligando a los organismos a competir por ellos. Esta situación actúa como proceso selectivo en el que sobreviven los organismos mejor adaptados. También existe la competencia interespecífica,[3]​ que se registra entre diferentes especies.

Fuentes[editar]