Poesía arraigada

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La poesía arraigada fue un movimiento clasicista surgido en la poesía lírica española a partir de 1940, dentro de la llamada Primera generación de posguerra.

Historia[editar]

La denominación partió del crítico y poeta Dámaso Alonso, quien se incluía como crítico en la Generación del 27 y como poeta dentro del movimiento opuesto a este, la poesía desarraigada. La Guerra Civil (1936-1939) había causado que España se dividiera en dos (los vencidos y los vencedores). De la parte de los vencedores (triunfo del general Francisco Franco) nació este tipo de poesía, de formas tradicionales y búsqueda del equilibrio.

Expresa optimismo ante la vida. Los temas principales son el amor, la familia, la religión, el paisaje... Sus autores guardan una visión luminosa y supuestamente coherente y ordenada del mundo. Se autodenominan como la "juventud creadora", contraria a cualquier enfoque negativo existenciales del resto de la poesía existente en la época.

Se agruparon en torno a dos revistas: Escorial (1940) reunió a diversos poetas falangistas o asociados al falangismo: Dionisio Ridruejo, Luis Rosales, Leopoldo Panero, Luis Felipe Vivanco y el prosista y ensayista Pedro Laín Entralgo; más tarde nacerá la revista Garcilaso (1943) fundada por el poeta José García Nieto, cuyo propósito principal fue centrarse en torno a la figura del poeta-soldado como ideal político. Además, utiliza una expresión humanizada y defiende el sentido de la contención y el equilibrio; por esta revista los autores de poesía arraigada son llamados también garcilasistas; Garcilaso de la Vega representaba para ellos un periodo en el que, tras la guerra, se buscaba la serenidad y la paz en la naturaleza y en los valores eternos. Esta serenidad la encuentran en otros poetas clásicos del siglo XVI, cuyo estrofismo reproducen: sonetos, tercetos... Sus temas se apoyan en sentimientos religiosos, en el amor, las belleza de la vida...[1]

Destacan varios autores que sufrirán un desengaño de dicho mundo, tales como Dionisio Ridruejo, Leopoldo Panero o Luis Rosales. Éste último especialmente, con su giro completo hacia una poesía más existencialista, con La casa encendida.

El movimiento contrario a este tipo de poesía fue la poesía desarraigada que expresaba un sentimiento de angustia ante la vida, y destacan Blas de Otero y Dámaso Alonso.[2] [3]

Características[editar]

  • Las formas estróficas preferidas son las clásicas: sonetos, tercetos…
  • Los temas principales son los clásicos de la poesía de todos los tiempos: el amor, el paisaje, las cosas bellas, etc.
  • El tema de Dios como protector del hombre y fuente de la perfección, paz y orden del mundo.
  • Ausencia de compromiso social y distanciamiento de la realidad.
  • Alabanza de los valores tradicionales y eternos.

Enlaces externos[editar]

Referencias[editar]