Bombardeo de la Plaza de Mayo

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Bombardeo de la Plaza de Mayo
Plaza-Mayo-bombardeo-1955.JPG
Cadáveres de civiles luego del bombardeo.
Fecha 16 de junio de 1955
Lugar Bandera de Argentina Ciudad de Buenos Aires, República Argentina
Coordenadas 34°36′30″S 58°22′19″O / -34.60833333, -58.37194444Coordenadas: 34°36′30″S 58°22′19″O / -34.60833333, -58.37194444
Casus belli Intento de golpe de Estado y magnicidio contra el presidente Perón
Conflicto
Beligerantes
Estado argentino. Militares y civiles antiperonistas.
Comandantes
Presidente Juan Domingo Perón
Almirante Samuel Toranzo Calderón  Rendición
Unidades militares
Regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín[2]
  • Regimiento I de Palermo[1]
  • Regimiento III de La Tablada[1]
  • Guarnición Motorizada Buenos Aires[1]
VII Brigada Aérea
Fuerzas en combate
330 granaderos[2]
  • Al menos 4 tanques[1]
  • 4 aviones
  • Civiles peronistas armados[1]
700 infantes de marina
  • 30-34 aviones
  • Al menos 875 civiles armados[3] [4]
Bajas
9 Granaderos muertos y 25 heridos[2]
  • 5 policías muertos[5]
Al menos 30 militares rebeldes muertos[6] [7]
  • 3 aviones derribados
308 personas muertas oficialmente identificadas y un número indeterminado de personas que no pudieron ser identificadas[8]
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El Bombardeo de la Plaza de Mayo, también conocido como la Masacre de Plaza de Mayo, fue el bombardeo y simultáneo ametrallamiento aéreo, cometido el 16 de junio de 1955 en la ciudad de Buenos Aires (Argentina). Ese día, un grupo de militares y civiles opuestos al gobierno del presidente Juan Domingo Perón intentaron asesinarlo y llevar adelante un golpe de Estado y, si bien fracasaron en su propósito, durante el mismo varios escuadrones de aviones pertenecientes a la Aviación Naval, bombardearon y ametrallaron con munición aérea de 30 mm, la Plaza de Mayo y la Casa Rosada, así como el edificio de la CGT (Confederación General del Trabajo) y la entonces residencia presidencial, matando a más de 308 personas e hiriendo a más de 700, entre civiles y militares (en el bombardeo y los combates que siguieron).[8] [9] [10] En 2010, el Archivo de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos publicó una investigación oficial en la que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse «un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones».[8] El acto constituyó el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina.[11]

Perón se había retirado al Ministerio de Guerra ―ubicado a 200 metros de la Casa Rosada―, por lo cual no se encontraba en ella al comenzar los ataques aéreos y el intento de asalto por fuerzas de tierra. El desprecio absoluto por la vida humana y la violencia con la cual se ejecutó el hecho, de una magnitud nunca vista anteriormente en Argentina, hace que se lo vincule con el terrorismo de Estado, aparecido años después en el país.[12]

En la década de 2000 se abrieron varias causas orientadas a calificar el acto como delito de lesa humanidad. En 2008 la Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires calificó el hecho como delito de lesa humanidad y ordenó al juez Rodolfo Canicoba Corral proceder a la investigación del mismo para establecer las responsabilidades y condenas que correspondan.[13] [11]

Antecedentes[editar]

Esquema de la Casa Rosada y las bombas caídas ese día.

El 24 de febrero de 1946 se realizaron elecciones en las que Juan Domingo Perón resultó elegido presidente de la Nación Argentina con el 52 % de los votos. El primer Gobierno de Perón se desarrolló con una fuerte oposición antiperonista, formada y organizada incluso antes de las elecciones, en la que se combinaban intereses británicos y estadounidenses en la región, confrontaciones de tipo racial y social,[14] ―particularmente contra el poder que los sindicatos alcanzaron en ese período―, y cuestionamientos sobre la legitimidad democrática del peronismo.

En 1951 se produjo un primer intento fallido de golpe de estado, por parte de algunos efectivos del Ejército que contaban con el apoyo de algunos sectores civiles. A partir de entonces algunos militares habían permanecido en estado de conspiración latente.[15] Ese mismo año se realizaron las elecciones presidenciales en las que Perón volvió a ganar, ampliando su apoyo hasta alcanzar un 62,49%.[16]

La conspiración de los marinos[editar]

Entre los integrantes de la Marina de Guerra, Perón tenía escaso apoyo.

Los oficiales de la Marina tendían a identificarse, en su gran mayoría, con las clases sociales que Perón denunciaba sin cesar como la oligarquía y miraban con mal disimulada hostilidad sus programas sociales, así como su persona misma.

Robert Potash[15]

En 1951, algunos oficiales navales se habían vinculado al intento de Menéndez, pero el Servicio de Inteligencia de la Marina no colaboró para detectarlos.

El 15 de abril de 1953, un grupo comando antiperonista realizó un atentado terrorista en la Plaza de Mayo contra una manifestación sindical organizada por la CGT, que dejó como saldo 6 personas muertas y 95 heridos (entre ellos 20 lisiados para toda la vida).[17] [18] [19] Ese mismo día, grupos de manifestantes peronistas incendiaron locales de los partidos radical, socialista y demócrata, y el Jockey Club, sindicándolos como instigadores del atentado terrorista. Como resultado de los hechos, varias personas fueron detenidas y condenadas por los homicidios, quienes a su vez denunciaron haber sido torturadas. Más tarde serían liberados por la dictadura instalada tras la caída de Perón.[17]

Luego de los hechos de violencia de 1953 se reactivó la conspiración e incluso se elaboraron dentro de la Marina varios planes que bajo la apariencia de ejercicios de guerra tenían como finalidad prepararse para una futura revolución en la que participara en especial la Base Puerto Belgrano y la flota de mar.[15]

El capitán de fragata Jorge Alfredo Bassi se embarcó en el rutinario viaje anual de instrucción de la Flota de Mar llevando consigo el último boletín del Centro Naval. Allí leyó un artículo de Mitsuo Fuchida en el que éste relataba cómo había planificado y dirigido la primera ola de bombarderos navales en el ataque a Pearl Harbor. De aquí Bassi tomó la idea de hacer una maniobra semejante contra la Casa Rosada.[20]

¡Qué lindo imaginar la Casa Rosada como Pearl Harbor!.[21]

Jorge Alfredo Bassi, 1953.

Al capitán de fragata Francisco Manrique le había interesado la idea y junto a Antonio Rivolta y Néstor Noriega (capitanes de fragata) fueron a pedir ayuda al general Eduardo Lonardi para conseguir que elementos del ejército se plegaran a la revuelta. Lonardi, cuando escuchó el plan de asesinar a Perón bombardeando la Plaza de Mayo, dijo que le desagradaba la idea y que no tenía deseos de participar.[21]

Al poco tiempo se gestó un plan para capturar al Presidente en un buque de la armada. Con motivo de la celebración del día de la independencia, Perón con todo su gabinete, con el jefe de la policía federal y con los presidentes de ambas cámaras legislativas, serían agasajados a bordo del crucero Nueve de Julio.[21] Dirigía la operación el comandante segundo de la nave, capitán de fragata Carlos Bruzzone, secundado de Jorge Alfredo Bassi y Carlos Bonomi. Bassi se reunió nuevamente con Lonardi. El general dijo aceptar la convocatoria, pero tras entrevistarse con algunas otras personas llegó a la conclusión de que el plan no se sustentaba sino en un grupo demasiado reducido y sin los elementos suficientes como para realizar la operación con éxito. Por este motivo decidió revocar su participación; de todos modos el plan de los conjurados se tornó imposible cuando la cúpula del gobierno canceló el acto con la Marina. La negativa de Lonardi lo apartó de sus contactos en la Marina y no volvió a reunirse con ellos hasta después de los sucesos de 1955.[22]

Ubicaciones de las bombas caídas en los alrededores de la Casa Rosada.

A fines de 1954, el conflicto entre el gobierno y la Iglesia ―debido a la Ley de Divorcio, la liquidación de asociaciones profesionales católicas, la supresión de la enseñanza religiosa y la legalización de la prostitución― dio nuevo impulso a distintos grupos golpistas. Ellos encontraron propicia para sus fines la disputa mantenida entre el gobierno y la Iglesia, que no solo logró aumentar la tensión entre el mismo y la oposición sino que además estaba generando resistencia dentro de sus propias filas. Perón impulsaba la convocatoria a una convención constituyente que decidiera la separación de la Iglesia y el Estado.

Los capitanes de fragata Noriega y Bassi eran el centro de la sedición en Punta Indio. El plan de este último, de bombardear la Casa de Gobierno imitando el ataque a Pearl Harbor, aún carecía de apoyo del Ejército.[23] Este era el principal impedimento que tenían para pasar a la acción inmediata.

Miguel Ángel Zavala Ortiz, uno de los máximos dirigentes de la Unión Cívica Radical, fue uno de los líderes golpistas.

En noviembre de 1954 Bassi y Francisco Manrique se reunieron en la quinta del rico industrial Raúl Lamuraglia,[24] en Bella Vista, junto al capitán de navío Bruzzone, el ex capitán del ejército Walter Viader, el comandante de la Fuerza Aérea Agustín de la Vega, y el doctor Miguel Ángel Zavala Ortiz de la Unión Cívica Radical. Si bien exploraron la posibilidad de convocar a los generales Gibert, Aramburu y Anaya, las reuniones no tuvieron ningún resultado concreto.[25] Lamuraglia tendió lazos con los tres partidos de oposición más importantes y se designó un triunvirato civil para asumir el poder en caso de triunfar los planes revolucionarios: Zavala Ortiz por los radicales, Ghioldi por los socialistas, y el mendocino Vicchi por los conservadores.[24]

En diciembre de 1954 el movimiento incorporó definitivamente al grupo subversivo de civiles guiado por Walter Viader,[24] pero tuvo dificultades para darse un líder hasta que ingresaron dos oficiales del cuerpo de Infantería de Marina: capitán de fragata Carlos Nielsen Enemark y capitán de corbeta Fernando Suárez Rodríguez. Ellos sugirieron al contraalmirante Samuel Toranzo Calderón,[26] jefe del Estado Mayor del Comando de Infantería de Marina, que se plegó entusiasmandamente como líder del grupo revolucionario, e inmediatamente se entrevistó con Vicchi y Zavala Ortiz para confirmar el rumbo de un posible gobierno.[27] Después de esto, Toranzo Calderón buscó el apoyo de los antiperonistas, que eran el general Aramburu y el teniente coronel Labayru, pero que se negaron a participar. A fines de febrero de 1955, un segundo grupo de civiles se unió a los marinos conspirados: pertenecían al círculo liderado por los doctores Mario Amadeo y Luis María de Pablo Pardo.[28] Se buscaron más contactos con el ejército, pero no lograron convencer ni a Lonardi,[29] ni a Aramburu.[30] Así los confabulados solo lograron sumar al general José León Bengoa,[31] quien como comandante de la Tercera División de Infantería, con asiento en Paraná (Entre Ríos), tenía tropas a su mando,[32] porque comandaba la III división de infantería con sede en Paraná.[33] Entrevistado por Amadeo, Bengoa se mostró entusiasmado, pero no llegó a comprometerse para el alzamiento. También sumaron al coronel Eduardo Señorans, jefe de personal del Estado Mayor General del Ejército con asiento en el Ministerio de Ejército, a una cuadra de la Casa de Gobierno.[15]

En cuanto a la Fuerza Aérea, el comandante Dardo Eugenio Ferreyra logró comprometer el apoyo del capitán Julio César Cáceres, primer teniente Carlos Torcuato de Alvear (nieto), y unos pocos vicecomodoros y brigadieres retirados. Sin embargo los interrogatorios del servicio de informaciones interno de la Fuerza Aérea, alertaron a los complotados de las sospechas que se levantaban contra ellos, y abandonaron todo contacto con los marinos.[34]

El domingo 23 de abril de 1955 el general Bengoa, que había viajado a Buenos Aires, se reunió con Toranzo Calderón y le prometió su apoyo. A partir de entonces varios oficiales viajaron regularmente entre Paraná y Buenos Aires para organizar los preparativos.[35] Un detallado estudio de los movimientos del presidente permitió a los marinos saber que los miércoles de 9:30 a 10:30 se reunía con todos sus ministros en la Casa Rosada: durante ese lapso se podía aniquilar al más alto nivel del gobierno con un solo ataque. La «hora 0» serían las 10 de la mañana: Toranzo Calderón llamaría al Presidente, amenazándolo para evitar un derramamiento de sangre si en un plazo de 15 minutos no se rendía. El almirante disponía de aviones de la Base Naval de Punta Indio, y cerca de 700 efectivos de la Infantería de Marina.[36] Los tenientes primeros de la Fuerza Aérea, Carlos Enrique Carús y Orlando Arrechea integraron en el complot a muchos oficiales de la VII Brigada Aérea de Morón que también participarían del ataque. Finalmente varios grupos de civiles, identificados por una cinta blanca anudada al brazo, tendrían por misión neutralizar la operatoria de la CGT, la Alianza Libertadora Nacionalista, y varias estaciones de radio. Los rebeldes consideraban que todo podía llegar a estar listo para dar el golpe cerca del 9 de julio.[37]

En la madrugada del 10 de junio, Toranzo Calderón y Pablo Pardo partieron hacia el Litoral en el auto del escribano Raúl Medina Muñoz. El 11 pudieron reunirse con Bengoa y acordaron qué causas invocarían los revolucionarios para su acción: el «estado de guerra interno» que regía desde el alzamiento de Benjamín Menéndez en 1951 y al que consideraban violatorio de las garantías constitucionales, y también el ataque a la religión católica. No pusieron una fecha, más bien, Bengoa se comprometió a estar siempre alerta y movilizar todos sus efectivos apenas se conociera la noticia del alzamiento de la armada.[38] Muchos capitanes, impacientes, incitaban a Toranzo a atacar cuanto antes. No se sabía qué reacción tendrían los elementos del ejército radicados en Buenos Aires, ni tampoco qué clase de apoyo u oposición les daría el superior directo de Toranzo, vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien estaba al tanto de la existencia de una trama conspirativa pero no daba señas de querer interferir.[39]

Hay muchos que desean que la Iglesia sea independiente del Estado; otros, que la Iglesia esté en el Estado, como actualmente. Lo justo es esperar la elección y que la mayoría del pueblo sea la que decida, y no decidir por la violencia.

Juan Domingo Perón,[40]

En el marco de esta campaña, se produciría la Procesión del Corpus Christi inicialmente prevista y autorizada para el jueves 9 de junio, la Iglesia decidió retrasarla dos días ―con la idea de reunir más participantes― pero el ministro del Interior le comunicó que no podía autorizarla como festividad religiosa para la nueva fecha, por lo cual la ceremonia de ese día debería ser realizada exclusivamente dentro de la Catedral.

El 11 de junio se produjo la gran movilización opositora que reunió 250 000 manifestantes, desplazándose desde la zona de la Catedral a la zona del Congreso Nacional. Las crónicas de la época reseñan que los activistas católicos dañaron placas conmemorativas a la figura de Eva Perón (la líder popular fallecida de cáncer dos años antes, a quien los peronistas consideraban una santa y mártir de los pobres). En el mástil del Congreso arriaron la bandera argentina e izaron una bandera del Vaticano (blanca y amarilla). La Policía Federal denunció que la bandera argentina fue quemada durante la procesión. Al día siguiente se publicaría en los diarios la fotografía de Perón y Ángel Borlenghi (ministro del Interior) mirando los restos de la bandera quemada.

El 30 de junio,[41] el subinspector de la Policía Federal, Héctor Giliberti, le confesó a su hermano José María (capitán de corbeta) que la bandera había sido quemada por sus compañeros de la policía, y ratificó luego sus dichos al declarar en el Consejo Superior de las Fuerzas Armadas. También lo confirmaron los policías Juan Laperchia e Isidoro Ferrari, por lo cual el organismo solicitó a Perón la separación del jefe de policía y la detención del ministro del Interior Ángel Borlenghi. Pero al día siguiente de esa comunicación, Borlenghi salió del país hacia Montevideo.[42]

Meses después, una vez depuesto el Gobierno y en el transcurso de las investigaciones para acumular evidencias contra Perón, el propio contraalmirante Alberto Tessaire ―quien había sido vicepresidente de Perón, pero se había pasado al bando golpista― afirmó que la acción se había ejecutado no solo con la autorización de Perón sino bajo su inspiración.[43]

Esto incrementó las tensiones, luego de que grupos que simpatizaban con Perón chocaran con los grupos opositores y católicos. Finalmente, el 13 de junio Perón expulsó del país a los monseñores Tato y Novoa, figuras del movimiento católicos, y un día después, en un mensaje a la multitud reunida en la Plaza del Congreso, expresó:

Desagraviar nuestra bandera en nuestros días tiene para mí el más profundo significado. Las banderas tienen, según las patrias y las comunidades que representan, el reflejo del espíritu de un tiempo y de una época. Nuestra bandera [...] no debió ser agraviada por los hombres.

Perón[44]

El gobierno organizó un acto de desagravio a la bandera nacional, que se realizaría tres días después, el jueves 16 de junio. El ministro de Aeronáutica, brigadier mayor Juan Ignacio de San Martín, dispuso que la aviación testimoniara su adhesión al presidente de la República, desagraviando a la vez la memoria del general José de San Martín. Para esto decidió que una formación de aviones sobrevolaría la Catedral de Buenos Aires, donde descansan los restos del Libertador. El anuncio del desfile reunió en Plaza de Mayo a un numeroso público. Se trataba de un acto cívico-militar en solidaridad con el gobierno frente a los embates de la oposición.[45]

Los servicios de información[editar]

Mientras ocurrían estos hechos el contralmirante Toranzo Calderón fue advertido por el Servicio de Inteligencias Navales de que su implicancia personal en el movimiento revolucionario había sido descubierta por el Servicio de Informaciones de la Fuerza Aérea (organismo que simpatizaba con Perón) por lo cual, ante el temor de ser arrestado y puesto a disposición del Poder Ejecutivo, decidió apresurar una acción militar contundente.[46]

La noche del 15 de junio de 1955 el ministro de Ejército general Franklin Lucero fue informado por su ayudante de que se produciría una rebelión en las primeras horas del día siguiente pero no le dio crédito a la noticia ni la informó a Perón.[47] Según el escritor Daniel Cichero, el gobierno posiblemente tenía conocimiento del levantamiento por otras fuentes, pero no intentó desactivar el golpe.[48]

Plan de la acción rebelde[editar]

El plan consistía en aprovechar un vuelo-homenaje de desagravio a la bandera nacional que despegaría a las 8 de la mañana, y bombardear la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra con el objetivo de eliminar a Perón o provocar un duro golpe psicológico contra su administración.[32]

Las unidades que participarían eran: las aeronaves de la base naval de Punta Indio, otras aeronaves de la VII Brigada Aérea de Morón (Fuerza Aérea), unos 700 efectivos de infantería de marina y varios grupos de civlies armados.[49] Ese día el contraalmirante Samuel Toranzo Calderón puso en conocimiento del plan a su superior inmediato, vicealmirante Benjamín Gargiulo, quien se plegó al movimiento y al mediodía se contactó con el ministro de Marina, Aníbal Olivieri, quien calificó el plan como «una locura».[50] Tras todos esos acontecimientos, cerca de las tres de la tarde Olivieri sufrió una descompensación y debió ser internado en el hospital naval.[51] También el día 15, un auto fue enviado con urgencia a Entre Ríos, para contactar al conjurado general Bengoa y avisarle que al día siguiente debía rebelarse. Pero, llegado el 15 a la noche, el mensajero descubrió que Bengoa había viajado esa mañana a Buenos Aires.[52] Dado el súbito desencadenamiento de los hechos, había poco planeamiento sobre de la sublevación de las bases. Por ejemplo, Agustín Héctor de la Vega, responsable de sublevar la base de Morón, supo esa misma noche que el alzamiento se realizaría al día siguiente.[53] Simultáneamente, el capitán Noriega, responsable por la base de Punta Indio, recibió un informe meteorológico que anunciaba pésimas condiciones para el día siguiente, pero no tenía ya la posibilidad de cambiar nada.[54]

Tropas del Batallón de Infantería de Marina 4 (BIM4) al mando del vicealmirante Benjamín Gargiulo ―quien pocas horas antes había sido informado sobre y se había plegado a la sedición― avanzarían desde la Dársena Norte del Puerto de Buenos Aires para tomar la Casa de Gobierno, con el apoyo armado de grupos civiles apostados en la Plaza. Se había previsto la toma de la emisora de Radio Mitre y de la central de Teléfonos del Estado para difundir una proclama revolucionaria redactada por Miguel Ángel Zavala Ortiz. Se había previsto movilizar las unidades navales de la Marina de Guerra. Los revolucionarios contaban también con recibir apoyo ―una vez iniciados los hechos― por parte de otros sectores del Ejército y de la oposición que no habían sido consultados.

Los participantes en el bombardeo (como el entonces teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly) afirmaron posteriormente que el objetivo no era matar al presidente de la Nación sino «quebrarlo en su fortaleza de mando».[32]

Cristo Vence[editar]

Muchos de los aviones que participaron en el bombardeo de Plaza de Mayo habían sido pintados con el signo de «Cristo Vence», una cruz dibujada dentro de una letra V. Tras el exilio de Perón, sus partidarios modificaron este símbolo: agregándole un arco curvo al sector superior derecho de la cruz, se formaba el signo de «Perón Vuelve» (o según otros «Perón Vence», «Perón Vive», «Perón Viene»).

El ataque[editar]

Tapa de la revista Ahora de 1964, donde se revisan los trágicos acontecimientos de 1955.

En horas de la mañana del 16 de junio el vicealmirante Gargiulo arengó a sus hombres del Batallón de Infantería de Marina 4, quienes no estaban al corriente de la acción que se les pediría emprender, para que actuaran por la Patria y por su comandante, enviando luego a la tropa para que tomara la Casa Rosada. A los pocos minutos se les ordenó regresar: el despegue de los rebeldes de Punta Indio (estipulado para las 08:00 de la mañana) se había retrasado hasta las 10:45 por la neblina matinal, y el plan requería la coordinación con el ataque aéreo. La Flota de Mar tampoco pudo salir de Puerto Belgrano por falta de coordinación y por supuestos problemas técnicos en las calderas de sus buques.

A las 8 de la mañana, Perón fue informado de los movimientos militares por el ministro de guerra general Franklin Lucero, quien le pidió que abandonase la Casa de Gobierno, pues podría ser objeto de un ataque, por lo que Perón se trasladó entonces a la sede de ese Ministerio.[55]

El bombardeo y ametrallamiento[editar]

Mujer con su pierna destrozada por el ataque de los aviones.

A las 12:40,[56] la escuadra de treinta aviones de la Marina de Guerra argentina que había estado sobrevolando la ciudad desde hacía bastante tiempo (22 North American AT-6, 5 Beechcraft AT-11, 3 hidroaviones de patrulla y rescate Catalina),[57] iniciaron sus bombardeos y ametrallamientos al área de la Plaza de Mayo.[58] El historiador estadounidense Robert Scheina afirma que los pilotos primero trataron de evitar víctimas civiles, volando repetidamente sobre la Casa Rosada, pero la multitud creía que eran demostraciones de vuelos.[59] «Fue así que se estableció que poco antes de la hora fijada para el homenaje de desagravio a la memoria del Libertador General D. José de San Martín, en el cual aviones militares habrían de sobrevolar la Catedral, un público considerable se había reunido en la Plaza de Mayo», afirmó el jefe de la Comisaría Sección 2a en un informe oficial.[60]

La sorpresa del ataque hizo que el mismo cayera sobre la población, que realizaba sus actividades normales debido a que era un día hábil. Entre las primeras víctimas se contaron los ocupantes de los vehículos de transporte público de pasajeros.[61] La primera[62] bomba cayó sobre un trolebús repleto de niños, muriendo todos sus ocupantes.

Bajo la cobertura de los ataques aéreos, las tropas rebeldes atacaron a los granaderos que defendían la Casa Rosada, y ambos bandos sufrieron pérdidas.[63] Al enterarse de que la Casa Rosada está bajo ataque, miles de obreros se movilizaron para respaldar a las tropas leales, pero fueron atacados al llegar[64] por una segunda ola de bombarderos, y luego sufrieron más bajas cuando participaron en la toma del Ministerio de Marina. [65]

Este ataque a la población civil de su propio país fue el bautismo de fuego de la Aviación Naval Argentina (su segundo bautismo se produjo el 1 de mayo de 1982, durante la guerra de las Malvinas). Y también fue el bautismo de fuego de la Fuerza Aérea Argentina, que los repelieron. Se arrojaron 9 500 kg de bombas, y miles de balas de 7,65 mm y 20 mm; causando la muerte a 156-373 personas y heridas a más de 700.[66] [58] Según una versión, como los confabulados no consiguieron bombas de alto poder explosivo emplearon contra la ciudad abierta bombas de fragmentación de 50 kg de trotil,[67] provocando rápidamente cientos de víctimas y daños materiales, en tanto otra versión sostiene que se usaron bombas comunes de demolición.[68] Un estimado teórico indica que el peso total de las bombas arrojadas pudo ser de 13,8 toneladas.[69]

Fue el cuarto bombardeo sobre Buenos Aires; el primero en ocasión de las Invasiones inglesas de 1806 y 1807, el segundo en ocasión del Combate de Los Pozos (1826) y el tercero cuando se produjo la Revolución del Parque (1890).

Las evacuaciones médicas se iniciaron de inmediato, algunas incluso entre los bombardeos aéreos y fueron realizadas por los habitantes que se encontraban en las inmediaciones.

Combates en la urbe[editar]

La Plaza de Mayo, ubicada frente a la Casa Rosada, en el centro de la ciudad de Buenos Aires, lugar del bombardeo y ametrallamiento aéreo, matando e hiriendo a civiles que se encontraban en el lugar.

Desde el interior de la Casa de Gobierno y el Ministerio de Guerra comenzó a organizarse la resistencia armada. Las tropas rebeldes del Batallón 4 fueron transportadas presurosamente en camiones a primeras horas de la tarde y desplegadas en Plaza de Mayo, frente a la Casa Rosada con intención de tomarla,[70] pero fueron repelidos desde el interior por efectivos del Regimiento de Granaderos a Caballo y desde el exterior por tropas del Ejército que marchaban desde el sector del Ministerio de Hacienda bajo el mando del general Lucero. La defensa de la Casa Rosada estaba bien planeada y contaba con varias ametralladoras excelentemente posicionadas. En atención a que muchos soldados rebeldes eran jóvenes en servicio militar, no dispararon a matar, sino a rebote.[71] Las tropas leales fueron acompañadas por simpatizantes peronistas que empuñaron las armas.[72]

A las 13:12, el dirigente sindical Héctor Hugo Di Pietro que se encontraba a cargo de la CGT por ausencia del Secretario General habló por la cadena nacional de radiodifusión y llamó a todos los trabajadores de la Capital Federal y Gran Buenos Aires a concentrarse inmediatamente en los alrededores de la CGT para defender a su líder. Por otra parte, delegados sindicales estaban movilizando obreros desde las fábricas de los alrededores de Buenos Aires hacia el Centro de la ciudad[69]

Perón le ordenó a su ayudante el mayor Cialceta que le comunicara a Di Pietro que no debía concurrir un solo hombre a la Plaza de Mayo, que ese era un enfrentamiento entre soldados. El historiador Joseph Page afirma que, citando como fuente un informe de la Embajada de Estados Unidos, esta orden se dio a las 16:00.[69]

Una bomba cayó sobre la convocatoria a las 13:30 y mató a Armando Fernández, de la Asociación de Trabajadores Jaboneros, Perfumistas y afines. Su cuerpo entró en la morgue de La Matanza horas más tarde.[73]

Los civiles convocados por la CGT y por los dirigentes de la Alianza Libertadora Nacionalista se concentraron en el sector noroeste de la plaza, y desde el Ministerio de Guerra también se hacía fuego contra los rebeldes. Un médico que pasaba por la plaza corrió hasta la Casa Rosada, a pesar del peligro de estar en el objetivo del bombardeo, y estuvo varias horas atendiendo a los heridos mientras se desarrollaban los hechos. [74]

El Batallón 4 se replegó en desorden hasta el Ministerio de Marina (a poca distancia de la Casa de Gobierno) combatiendo por las calles, quedando los rebeldes allí cercados junto con su líder Samuel Toranzo Calderón y el ministro de Marina Aníbal Olivieri, plegado este último al golpe por un sorpresivo acto de «identificación moral» con los rebeldes: abandonó su internación en el hospital naval y, desde su llegada al Ministerio de Marina, tomó el mando de las operaciones.[75] Los comandos civiles rebeldes entraron en acción bajo el mando de Zavala Ortiz, hostigando a los leales, enfrentándose con la policía y disparando como francotiradores desde los techos del edificio del Banco Nación (hoy, del Banco Central). Otros grupos de civiles rebeldes ocuparon diversas radios para difundir una proclama revolucionaria.[76] Durante la tarde, desde el sector del Correo Central, tropas adicionales del Batallón 4 de infantería de Marina intentaron perforar el cerco establecido por los leales sobre el Ministerio de Marina.

A las 15:17, los rebeldes hicieron ondear una bandera blanca desde el Ministerio de la Marina, pero antes de que los generales Carlos Wirth y Juan José Valle llegaran en un jeep al edificio para parlamentar con los asediados, se inició una segunda ola de bombardeos, más prolongada y nutrida que la anterior.[1]

La lucha en el aire[editar]

Un avión Gloster Meteor en la plaza Fuerzas Armadas, en la ciudad de Junín (provincia de Buenos Aires).

Mientras recrudecía el fuego en el centro porteño, el mando leal ordenó a la Base Aérea Militar de la Fuerza Aérea en Morón el despegue de interceptores a reacción. Los pilotos se encontraban entonces en acaloradas discusiones sobre si debían adherirse o no al movimiento revolucionario. Rápidamente se hizo al aire una escuadrilla de cuatro Gloster Meteor leales al gobierno. Si bien no pudieron llegar a tiempo para impedir el bombardeo, lograron interceptar una escuadrilla naval rebelde que se retiraba de la zona.

La escuadrilla de interceptores Meteor leales estaba formada por:

  • Primer Tte. Juan García (volando el I-039), al mando.
  • Primer Tte. Mario Olezza (I-077)
  • Primer Tte. Osvaldo Rosito (I-090)
  • Tte. Ernesto Adradas (I-063).

Los aparatos rebeldes AT-6 Texan eran piloteados por:

  • Teniente de corbeta Máximo Rivero Kelly (en el 0342/3-A-29) y
  • Guardamarina Armando Román (en el 0352/3-A-23).

El combate se produjo a baja altura sobre el Aeroparque Metropolitano Jorge Newbery y el Río de la Plata. El Texan del rebelde Armando Román cayó bajo los cañones de 20 mm de Adradas. Román pudo saltar en paracaídas, cayendo al río para luego ser capturado.[1] Adradas logró el primer derribo de la Fuerza Aérea Argentina, y el primer derribo de una aeronave en el continente americano. Fue el «bautismo de fuego» de la FAA, que volvería a actuar contra guerrilleros en Tucumán entre 1975 y 1977, y en el Atlántico Sur en 1982, contra las fuerzas británicas durante la Guerra de las Malvinas.

Al aterrizar, los pilotos leales se encontraron con que la Base Aérea de Morón había caído en manos rebeldes, y fueron reducidos por éstos, quienes se hicieron con los Meteor.[1] [77] Los hicieron despegar para continuar ametrallando la zona de Plaza de Mayo en apoyo a los rebeldes emplazados en la zona del Ministerio de Marina, extendiendo sus acciones hasta las 17:20.[78] Los aviones de la Fuerza Aérea, junto a todos los de la Marina, realizaron ese segundo ataque a la Casa Rosada cuando el resto del alzamiento estaba al borde del fracaso: todos los rebeldes estaban en el Ministerio de Marina, rodeados por fuerzas muy superiores.[79] El Presidente Perón quedó visiblemente impactado al ver que efectivos de la Fuerza Aérea, que él había creado, se alzaban en su contra.[80] Al no contar con bombas, uno de estos aviadores empleó su tanque de combustible auxiliar como si fuese una bomba incendiaria, que cayó sobre los automóviles que se encontraban en el estacionamiento de la Casa de Gobierno.[81]

Retirada y rendición[editar]

Durante el ataque fue alcanzada por disparos y bombas la Casa Rosada, sede del Poder Ejecutivo Nacional.

Ante el fracaso del combate en tierra y tras sufrir dos derribos por las baterías antiaéreas montadas en la zona, más uno en el aire, los pilotos rebeldes recibieron la orden de huir a territorio uruguayo y pedir asilo. Miguel Ángel Zavala Ortiz logró llegar en avión a Uruguay junto con otros 50 conspiradores. Algunos aparatos no llegaron a aterrizar en el territorio uruguayo por el excesivo consumo de combustible invertido en los ametrallamientos, por lo que sus pilotos debieron descender forzosamente al Río de la Plata o en campos de la zona de Carmelo (Uruguay).

Treinta aviones rebeldes se dirigieron al aeropuerto de Carrasco (Uruguay), para buscar refugio en el vecino país. Iba con ellos Zavala Ortiz. «En el camino ametrallaron todo lo que se movía en la Plaza de Mayo».[82]

Hasta que la autodenominada Revolución Libertadora derrocara a Perón, los sediciosos fugados continuaron exiliados en territorio uruguayo.

En un mensaje radial emitido a las 17:15, Perón afirmó:

La situación está totalmente dominada. El Ministerio de Marina, donde estaba el comando revolucionario, se ha entregado y está ocupado, y los culpables, detenidos. [...] Nosotros, como pueblo civilizado, no podemos tomar medidas que sean aconsejadas por la pasión, sino por la reflexión.

Juan Domingo Perón[83]

Hacia las 17:40, cuando Perón llevaba unos diez minutos hablando por cadena nacional, y la Plaza de Mayo se había llenado nuevamente de personas, un Fiat G-6 de la Fuerza Aérea efectuó un último vuelo rasante y ametrallando sobre la multitud, antes de escapar a Uruguay.[1]

Tras el duro combate terrestre, que incluyó un incidente de falsa rendición por parte de los rebeldes, estos decidieron entregar el Ministerio de Marina a las unidades del Ejército apostadas afuera. A las 3 de la mañana del 17 de junio, se comunicó a los líderes del alzamiento, Olivieri, Gargiulo y Toranzo Calderón, que serían juzgados bajo ley marcial, y se les ofreció a cada uno un arma para terminar con sus vidas. Olivieri y Toranzo rechazaron esta invitación para hacerse cargo plenamente de sus actos ante la corte, pero el vicealmirante Benjamín Gargiulo decidió suicidarse. A las 05:45, poco antes del amanecer, se disparó en su oficina.[84]

Consecuencias[editar]

Monumento (sin los nombres de los caídos) a las Víctimas del Bombardeo de Plaza de Mayo, titulado De los cielos los vieron llegar, de la escultora Nora Patrich, en Casa Rosada.

Víctimas[editar]

En 2010 se publicó una investigación oficial realizada por el Archivo de la Memoria de la Secretaría de Derechos Humanos que identificó a 308 muertos, aclarando que a esa cantidad debían sumarse "un número incierto de víctimas cuyos cadáveres no lograron identificarse, como consecuencia de las mutilaciones y carbonización causadas por las deflagraciones".[8] Entre las personas asesinadas fueron identificadas 111 activistas sindicales de la CGT, de las cuales 23 eran mujeres.[8] También fueron identificados 6 niños y niñas muertos, el menor de ellos de 3 años.[8] La mayoría de los muertos fueron argentinos, pero fueron también identificados 12 italianos, 5 españoles, 4 alemanes y seis muertos extranjeros de nacionalidades boliviana, chilena, estadounidense, paraguaya, rusa y yugoslava.[8]

Hechos posteriores[editar]

Fachada exterior del Ministerio de Economía y Finanzas Públicas, en donde aún se preservan huecos de impacto de munición aérea de 20 mm

La noche del 16 de junio de 1955, como represalia al asesinato de varios centenares de civiles, simpatizantes peronistas ―en el conocimiento de la estrecha relación entre la cúpula eclesiástica y los sediciosos que provocaron el atentado terrorista― incendiaron la Curia Metropolitana, las basílicas de Santo Domingo y San Francisco, junto con otras ocho iglesias, sin que los policías y bomberos presentes hicieran nada por impedirlo.

Según una investigación realizada después del golpe de Estado del 16 de septiembre de 1955, el vicepresidente Alberto Tessaire afirmó que un informe entregado al gobierno ―que habría sido preparado por los servicios de informaciones―, en la noche en que se produjo el ataque a los templos hubo tres grupos organizados que ―partiendo del Ministerio de Salud Pública, del Servicio de Informaciones y del local del Partido Peronista― se dirigieron separadamente a las iglesias atacadas. Este último grupo, integrado por unas 65 personas, fue el que inició el ataque a la Curia y la Catedral y habría estado bajo la responsabilidad del vicepresidente Tessaire. El grupo que salió del Ministerio de Salud Pública atacó las iglesias de Santo Domingo, San Ignacio, San Francisco y La Merced y el proveniente del Servicio de Informaciones se dirigió a la de San Nicolás y el Socorro.[85]

Si bien se decretó estado de sitio, Perón intentó una reconciliación con los sectores opositores, abandonando su política de confrontación y tratando de calmar a la clase trabajadora mediante llamamientos por radio.

El bombardeo-ametrallamiento es uno de los antecedentes directos del levantamiento cívico-militar que se produciría tres meses después, logrando deponer el 16 de septiembre de 1955 al presidente Perón e instaurándose la autodenominada Revolución Libertadora.

Si bien los cabecillas de la masacre temieron recibir la pena de muerte por «traición a la Patria», la pena más dura fue impuesta contra Toranzo Calderón, condenado a cadena perpetua. Los militares que se asilaron en Uruguay fueron dados de baja por el cargo de rebelión. Pero tras el golpe de Estado fueron reintegrados por los nuevos mandos.

El Batallón de Infantería de Marina 4 fue disuelto y la Marina de Guerra fue despojada de su poder de fuego (se les quitaron las espoletas para sus cañones navales de grueso calibre), y militares involucrados o simpatizantes solicitaron la baja al jefe de la fuerza. El resto de los culpables no fueron juzgados.

Claras huellas de los impactos de bala, producto del ametrallamiento aéreo de los sediciosos, se aprecian aún hoy en el revestimiento de granito de la fachada del Ministerio de Economía de la Nación, en el lado sur de la Plaza de Mayo.

En 2008 la Cámara Federal de la Ciudad de Buenos Aires calificó el hecho como delito de lesa humanidad y ordenó al juez Rodolfo Canicoba Corral proceder a la investigación del mismo para establecer las responsabilidades y condenas que correspondan.[86] [11]

Un testimonio fílmico del ataque sobre Plaza de Mayo[editar]

El 27 de mayo de 2007, se dio a conocer una película de medio metraje con 25 minutos de duración, en 16 mm con sonido óptico, Safety, filmada por un equipo cinematográfico francés. El equipo de filmación se encontraba en la capital argentina (Buenos Aires), tomando imágenes que no guardaban relación con este acontecimiento.[87] La película nunca fue estrenada ni en la Argentina ni en Francia, y contiene imágenes inéditas del bombardeo de Plaza de Mayo y permaneció oculta hasta que el periodista argentino Roberto Di Chiara logró descubrirla y recuperar con ella un testimonio de gran valor histórico. Este documento esta preservado en el Archivo DiFilm.[88]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. a b c d e f g h i j k l m «El bombardeo a Plaza de Mayo». El Ortiba. 
  2. a b c Enrique Oliva. «9 Granaderos». Nac&Pop. 
  3. Florencio José Arnaudo (2005). Pleamar. Segunda edición. ISBN 9505830696. 
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  5. Los policías caídos fueron el oficial principal Alfredo Aulicino, el subinspector Rodolfo Nieto y los agentes José María Bacalja, Ramón Alderete y César Augusto Puchulu. Según un artículo en la pág. 4 del diario Clarín (Buenos Aires) del 18 de junio de 1955.
  6. Carlos Alberto Floria; César A. García Belsunce (1988). Historia política de la Argentina contemporánea, 1880-1983. Alianza Editorial. p. 157. «Los infantes de marina, rechazados, se replegaron con fuertes bajas al Ministerio de Marina.» 
  7. Alain Rouquié (1982). Poder militar y sociedad política en la Argentina: 1943-1973. Emecé Editores. p. 108. «El 16 de junio, la marina, apoyada por algunos aparatos de la fuerza aérea, lanzó un ataque suicida contra la Casa Rosada destinado a liquidar físicamente al presidente.» 
  8. a b c d e f g Elsa Portugheis (coord.) (2010). «Atentado del 15 de abril de 1953». Bombardeo del 16 de junio de 1955. Buenos Aires: Secretaría de Derechos Humanos de la Nación Argentina. pp. 135–142. 
  9. «La Plaza de Mayo tuvo 308 muertos». Crítica Digital. 17 de junio de 2009. Consultado el 17 de junio de 2009. 
  10. «Como resultado de los hechos, hubo más de doscientos muertos y ochocientos heridos, la mayoría de ellos civiles». Obras completas: 1952-1972, Jorge Luis Borges, Rolando Costa Picazo, Irma Zangara, p. 391, Emecé, 2009
  11. a b c «Para la Justicia no es delito de lesa humanidad». La Nación. 29 de febrero de 2008. Consultado el 21 de agosto de 2011. 
  12. «Celebran resarcimiento a sobrevivientes del bombardeo». Parlamentario. 5 de diciembre de 2008. 
  13. «La Justicia investigará el bombardeo del 55. La Cámara porteña declaró delito de lesa humanidad el atentado contra el general Perón.». La Gaceta. 14 de agosto de 2008. Consultado el 24 de marzo de 2015. 
  14. El peronismo fue fuertemente crítico de lo que denominaba «la oligarquía», término utilizado para referirse a la clase alta y media antiperonista, en tanto que algunos antiperonistas denominaban a las clases trabajadores como «cabecitas negras», un término de naturaleza racista.
  15. a b c d Potash, Robert A. (1980). El ejército y la política en la Argentina (1945-1962). De Perón a Frondizi. Buenos Aires: Sudamericana. pp. 250 y siguientes. 
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  22. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 80
  23. En Buenos Aires conspiraban los capitanes de fragata Francisco Manrique, Aldo Luis Molinari, Guillermo Rawson, Antonio Rivolta, Jorge Castiñeiras Falcón, Alberto Antonini, Jacinto Cueto y Ricardo Fitzsimon. En Puerto Belgrano, Recaredo Vázquez, Enrique Sánchez Moreno, Carlos Bruzzone, Horacio Barilari y otros. Todo en: Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 97
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  26. Isidoro Ruiz Moreno, La revolución del 55. Cuarta edición. Editorial Claridad. Buenos Aires 2013. ISBN 978-950-620-336-8, página 101
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  44. Arenga del presidente Perón ante la multitud reunida en la Plaza del Congreso, el 14 de junio de 1955.
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  59. Una fuerza rebelde de bombarderos Beechcraft AT-11 y transportes Douglas C-47 voló a baja altura sobre el centro de Buenos Aires, con la esperanza de intimidar a los civiles, pero la población esperaba ver un espectáculo aéreo este día, y la demostración no produce el efecto deseado. Latin America's Wars Volume II: The Age of the Professional Soldier, 1900-2001, Robert L. Scheina, p. 148, Potomac Books, 2003
  60. Informe policial, fechado el 22 de junio de 1955 y remitido por el comisario Rafael C. Pugliese al presidente Juan Domingo Peron
  61. «Los ataques de los aviones produjeron numerosos daños en los edificios, resultando gran cantidad de muertos y heridos entre los transeúntes y ocupantes de automóviles particulares y de transporte colectivo de pasajeros, especialmente en la esquina de Paseo Colón e Hipólito Yrigoyen y frente al Ministerio de Hacienda.» Informe policial, fechado el 22 de junio de 1955 y remitido por el comisario Rafael C. Pugliese al presidente Juan Domingo Peron
  62. Isidoro Ruiz Moreno (2013). La revolución del 55. Cuarta edición. Buenos Aires: Claridad. p. 193. ISBN 978-950-620-336-8. 
  63. Al mismo tiempo, en los alrededores de la Casa Rosada, se daba un encarnizado combate entre las tropas de Argerich y los granaderos que protegían al Presidente. Al llegar camiones con refuerzos, los sublevados mataron a los conscriptos que los manejaban, para que las tropas no llegaran al destino. Una épica de los últimos instantes: Tratado de adioses. Epitafios. Estertores. Suspiros. Gestos postreros y palabras, Matías Bauso, p. 122, Grupo Editorial Argentina, 2012
  64. «A la hora 14.10 se recibe comunicación telefónica del personal de observación, de que en Paseo Colón y Belgrano se iba reuniendo numerosos civiles, que llegaban en camiones principalmente, advirtiéndose densa humareda en las inmediaciones de la Casa del Gobierno... Cuando las informaciones generales indicaban que las fuerzas leales se hallaban cercando el reducto de los insurgentes en el Ministerio de Marina y que hasta las últimas habrían enarbolado bandera blanca de rendición, a la hora 15.00 sorpresivamente aparecen nuevos aviones que bombardean la Casa del Gobierno e inmediaciones, para luego ametrallar la misma zona en distintas evoluciones, causando gran cantidad de víctimas personales y graves daños materiales. Diseminados quedaron numerosos cadáveres de civiles, quienes encontraron la muerte mientras intentaban buscar refugio en los edificios contra las bombas y metralla. Los aviones se alejan, siempre ametrallando en picada, suponiéndose que volverían luego de reabastecerse de proyectiles.» Informe policial, fechado el 22 de junio de 1955 y remitido por el comisario Rafael C. Pugliese al presidente Juan Domingo Peron
  65. Di Pietro, Secretario General de la CGT, convocó a los trabajadores a defender el gobierno. Los citó en la Plaza de Mayo. Lo hizo por radio, por cadena nacional. Unos minutos antes, los rebeldes habían tomado Radio Mitre. Desde allí emitieron una proclama en la que, entre otras cosas, decían que «el Tirano ha muerto». Rápidamente, la proclama fue desmentida. Una segunda oleada de bombardeos. Esta vez eran los Gloster Meteor. Los objetivos habían cambiado. Las bombas ya no cayeron sobre la Casa Rosada. La Plaza de Mayo, las bocas de subte y las avenidas aledañas fueron los objetivos. Ya habían empezado a llegar trabajadores citados imprudentamente por Di Pietro a la Plaza. Los trabajadores furiosos se dirigieron al Ministerio de Marina y lo atacaron a pedradas. Desde dentro, los rebeldes atrincherados les respondieron a los tiros. Seguía incrementándose la lista de bajas. La multitud vociferaba. En el Ministerio, los líderes rebeldes estaban sentados en el suelo: no quedaban ventanas con vidrios. Olivieri le preguntó a uno de sus asistentes qué gritaba la gente. «La vida por Perón», le contestaron. Olivieri, el que había iniciado el día mostrándose prescindente, el hombre de confianza del Presidente en la marina, contestó: «Vamos a darles el gusto». Las ráfagas de ametralladora arreciaron. La gente corría despavorida. Muchos cayeron. Una épica de los últimos instantes: Tratado de adioses. Epitafios. Estertores. Suspiros. Gestos postreros y palabras, Matías Bauso, p. 122, Grupo Editorial Argentina, 2012
  66. «La Presidenta inaugurará un monumento en recordación de los caídos». Página/12. 16 de junio de 2008. Consultado el 21 de febrero de 2009. 
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  72. 56 años del Bombardeo en la Plaza de Mayo, artículo en el sitio web de la Radio Centro Bovril.
  73. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas muertos
  74. Isidoro Ruiz Moreno (2013). La revolución del 55. Cuarta edición. Buenos Aires: Claridad. p. 217. ISBN 978-950-620-336-8. 
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  85. Gambini, Hugo (2001). Historia del peronismo. volumen II. Buenos Aires: Planeta. ISBN 950-49-0784-9. 
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Bibliografía[editar]

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Documentales y películas[editar]

Enlaces externos[editar]