Lydda Franco Farías

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Lydda Franco Farías
Información personal
Nacimiento 1943 Ver y modificar los datos en Wikidata
Fallecimiento 2 de agosto de 2004 Ver y modificar los datos en Wikidata
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Lydda Franco Farías (San Luis, Estado Falcón, Venezuela, enero de 1943 - 2 de agosto de 2004, Maracaibo) fue una poeta venezolana. En 1963, fijó residencia en Maracaibo. Allí vivió hasta su muerte. Se casó con José Zabala.

Su obra está marcada por el espíritu de la década de los 60 y su poesía expresa una posición feminista y contestataria. Su fama se acrecentó entre los años 1999 y 2002. Su libro 'Las armas blancas' estuvo extraviado antes de su publicación y fue rescatado por su amigo, el pintor trashumante Emiro Lobo. Recibió el Premio Regional de Poesía en 1995. En septiembre de 2014 el Ministerio del Poder Popular para la Cultura junto a la Red de Escritores de Venezuela, capítulo Zulia, organizó la I Bienal Nacional de Literatura Lydda Franco Fárias.


Lydda Franco Farías: "No nací para ocupar un espacio y nada más...."

Lydda Franco Farías, poetisa venezolana, vió la luz en este planeta en la Sierra de San Luís, estado Falcón, el 3 de enero de 1943 y - como dijo en una oportunidad el poetaGuillermo de León Calles: “ (…) habia salido un dia a tender, como en una imágen garciamarquiana, una sábana de metáforas en un huerto de poemas y se perdió en el espacio sideral”, en Maracaibo el 2 de agosto de 2004.

Lydda Franco Farías: una poesía donde la razón esclarece la irreverencia, y la transparencia incita la valentía y la ironía (Ensayo de María Cristina Solaeche)


Comienza a escribir desde la adolescencia en 1958 y posteriormente, colabora en los diarios La Mañana de Coro y Panorama de Maracaibo, entre otros. A partir de 1963 se radica definitivamente en Maracaibo, estado Zulia, Venezuela. En la Universidad del Zulia trabaja de bibliotecaria en la Facultad de Ciencias Económicas y Sociales. Allí nos narran algunos compañeros sus protestas por el asesinato de Jorge Rodríguez, por el golpe de estado en Chile contra el presidente Allende, sus discusiones sobre las tendencias del MAS, sobre los “perros” y los “patriotas”... Hasta que llegó el día que renunció a todo partidismo político, abandonó totalmente la militancia activa, y a partir de allí se dedicó a escribir, decisión que nos permite deleitarnos con su legado poético:

si tengo que ceder hasta quedar desprovista de vanidad si nada tengo y esa nada me es arrebatada (...) si he dejado de creer en líderes si la dialéctica se pudre en las cabezas de todos ellos (y en la mía por supuesto) si la unidad es un sofisma si el partido deviene tertulia de burócratas y afines (...) si hasta aquí me trajo el río entonces tendré que contradecir al río y seguir aferrada a mis convicciones aun en contra de mi pequeñez


Suele asistir en los años sesenta, a las tertulias del grupo literario maracaibero Cal y Agua, que surgió en Maracaibo en 1964, en el bar El Milonga. La poetisa Lydda Franco Farías guarda, en su obra, inflexiones poéticas de las lecturas de los venezolanos: el mirandino Caupolicán Ovalles, iniciador en el país de la antipoesía y perteneciente al grupo El Techo de la Ballena; la alquimia de la palabra poética por su fuerza y honestidad del trujillano Víctor Valera Mora; de Miyó Vestrini, la única mujer del grupo Apocalipsis, el tránsito del dolor de su cuerpo como creación;el desenfado en la antipoesía y el uso de modismos de su región del zuliano Blas Perozo Naveda; y las lecturas de los extranjeros: los barrocos y simbólicos el cubano José Lezama Lima y el peruano César Vallejo y, el existencialista checo Frank Kafka, para citar a tres clásicos contemporáneos. Su trajinar por las letras nos deja una larga lista de títulos publicados y otros inéditos o editados post-mortem.

En su primer poemario, Poemas circunstanciales (1965), el desplome, la inteligencia, el tiempo y el espacio son los motivos, con una lectura tan hermosa como extraña sobre los trances externos e internos del ser humano, escritos desde las esquinas material y metafísica.

Su segundo poemario, Armas blancas, estuvo perdido muchos años antes de ser editado, y fue su amigo el pintor trashumante Emiro Lobo, quien logró rescatarlo, y se publica en 1969; en él, ficción y realidad son recíprocas e irreversibles y la caída en el tiempo mantiene la indagación del enigma entre ellas. Con el grupo Cal y Agua publica, como coautora con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol, el tercer poemario, Edad de los grandes ataúdes, en 1977; sin embargo, la obra no circula por contrariedades entre sus autores; luego, sigue en soledad con el ejercicio de su poesía apocalíptica.

Summarius, publicado en 1985, es su cuarto poemario, con un formato en prosa poética continua, donde solamente los puntos permiten las pausas en la tonalidad de la voz o el cambio en la intención de la caída, la lucidez y el tiempo, con un encabalgamiento abrupto y una entropía rebosada a contraluz.

En 1991 aparece el quinto poemario, A/Leve, que contiene una amalgama entre la perfidia y la futilidad, entre la alevosía y la levedad, términos estos últimos reducidos en el mismo título y la barra intermedia significando el límite insalvable entre estas dos formas de conductas. Su epígrafe de Francisco de Quevedo, “Serán cenizas, mas tendrán sentido; / polvo serán, mas polvo enamorado”, contiene en sí mismo la idea de la poetisa de que el amor corporal y espiritual deberían persistir más allá de la muerte. Un texto inédito, su sexto poemario, Estar en el envés, escrito en 1993, en el que Lydda comienza escribiendo: Vamos a llamar a esta nueva etapa de transformación poética, una realidad más abierta, cercana a las formas de conversación, a un cierto tono coloquial, a un cierto humor, a una cierta parodia del otro realismo tradicional... Estar en el envés, donde la oralidad se agrupa en la duplicación, en la reduplicación, en la gestación, sea de la inicial o de la palabra final en muchos modos de enciframiento.

Recordar a los dormidos es su séptimo poemario, publicado por Ediluz en 1994; en él, el arcano de la muerte es el núcleo determinante de su enfoque, donde el lector o la lectora asisten al abismo final de la existencia.

Su octavo poemario, Bolero a media luz, escritotambién en 1994, es un alud corpóreo en el forcejeo del acoplamiento musical del cuerpo; la poetisa se distiende en fracturas mas, deja claro, no existe Eros sin Tánatos, la fuerza natural de atracción vital y el reino de las sombras se entrelazan por siempre.

Esta prolífica poetisa, Lydda Franco Farías, escribe en el mismo feraz año de 1994,Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada, su noveno poemario, donde desde el título ya vislumbramos un anuncio de jitanjáfora, es decir, de enunciados donde el sentido no es lo pretendido, sino las hermosas eufonías. La nostalgia del tiempo transcurrido desde la infancia trasciende y se instala en el espacio de la realización creativa, contando con el contraste diatópico y la cáustica ironía. En el décimo poemario, inédito, Estantes, escrito también ese prolífico año de 1994, los muertos son luminosamente despertados; la metagoge designa atributos humanos a las piezas de un juego de ajedrez; el desdibuje del caligrama corporal en la caída que trastrueca el mundo visible en el invisible, yendo más allá de las ceremonias judeocristianas o de cualquier otra religión; el mundo reversible que convierte la oscuridad en luz; el matrimonio plagado de martirios y los acertijos, son los diferentes temas que se vuelcan en lances directos.

En 1998 aparece su undécimo poemario, Una, dedicado a su hija Mirna, con un epígrafe que ya anuncia la intención de cada verso:

...el tiempo de la mujer es muy corto y si no lo aprovecha, ya nadie quiere, y se pasa la vida en consultar augurios. Tomado de boca de la ateniense Lisístrata, personaje central de la obra del comediógrafo griego Aristófanes.

Aracné, su duodécimo poemario, escrito en el 2000 y dedicado al profesor del Instituto de Investigaciones Literarias y Lingüísticas de la Universidad del Zulia, doctor Enrique Arenas, tiene como médula precisa la escritura mirándose a sí misma, la grafía, el vocablo, la letra, todo el entretejido escritural entrecruzándose con premeditación literaria girando en la órbita del minimalismo, representado por el hilo que el arácnido teje deliberadamente para provocar la fatalidad y el desplome.

La Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, conjuntamente con la Dirección de Cultura y el Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, editan una Antología en el 2002, con una selección y un estudio de Pedro Cuartín, profesor titular de la Universidad de Los Andes-Trujillo y miembro del Centro de Investigaciones Literarias y Lingüísticas “Mario Briceño-Iragorry”. En 2005, Monte Ávila Editores edita póstumamente una nueva Antología. Durante su vida y después de fallecida recibe varios reconocimientos:

A los dos años de su permanencia en Maracaibo gana el primer premio del Concurso Literario del Ateneo de Coro con su primer poemario, Poemas circunstanciales (1965), suscitando una fuerte polémica a nivel nacional, sobre su muy particular idiosincrasia estética y su estilo contestatario. En 1987, en la Universidad del Zulia, se realiza la Lectura Nacional “Lydda Franco Farías”, y se aprueba una cátedra con su nombre. En 1988, la Universidad Experimental Francisco de Miranda, el Instituto de Cultura del Estado Falcón y el Instituto Universitario de Tecnología Alonso Gamero, organizan el Encuentro Nacional de Poesía Lydda Franco Farías. En 1990 es condecorada con la Orden Francisco Rivera Reyes, por la Alcaldía del Municipio Bolívar del Estado Falcón. En 1994 recibe el Premio Regional de Literatura “Jesús Enrique Losada”, mención poesía, otorgado por la Gobernación del Estado Zulia. Al año siguiente, 1995, el Premio Regional de Poesía le es otorgado por la Secretaría de Cultura del Estado Zulia.

En acto solemne el 18 de octubre de 2005, en el Teatro Baralt de Maracaibo, se le confiere póstumamente el título de doctora honoris causa de la Universidad del Zulia.

El 25 de septiembre de 2009, en el marco del ciclo “Noche de Poesía. Para celebrar a los maestros del asombro”, se ofrece un homenaje a los poetas Lydda Franco Farías y Ludovico Silva, en el Centro Cultural Chacao de El Rosal, bajo la organización de María Teresa Ogliastri y Alexis Romero, con el apoyo de Cultura Chacao. El encuentro cuenta con la participación de los poetas Víctor Alarcón, Adalber Salas, Astrid Lander y Adriana Bertorelli, moderados por Alexis Romero.

En su poesía alcanzamos a distinguir dos discursos: uno privado, oracular, consigo misma y para ser develado; otro público, desde ella para con todos.. El propósito de este ensayo es hablar del privado, el menos contemplado.

Recordarlo, releer cada verso, y sentir cómo se deslía en nuestro ser la expresión de su fase selénica, donde la poetisa teje la trama de su intenso yo lírico a través de vocaciones de mujer y profesiones asfixiantes en el recinto-clausura de la casa: las pesadumbres de la diaria entrega, “ama de casa”, “oficios del hogar”, la bandera de la sexualidad en una erotia pacífica y sobreentendida, madre y antimadre, médium, hechicera, mitificadora, “casi-ciudadana”, civilizada por el varón, el patrón, el marido, el cónyuge, el concubino, el hermano, el hijo...

Un esfuerzo mayéutico para no abortar al hombre un esfuerzo violento, definitivo para que nazca íntegro.

En una cultura masculina desde sus cimientos, la poetisa desenfada, con una conmoción de la conciencia y los sentidos, cantando en cada verso, para poder respirar a pulmón pleno cada palabra e intentar enmendarlas con su propio ser, crea hendiduras para quebrantar y escapar de ese enrarecido mundo que la asfixia, y evadirse a través de las grietas como la hembra que seduce con lo femenino, con sus lecturas, su mirada y su poesía:

adentro hay una mujer que monta guardia a fuerza de balancear las caderas se ha convertido en péndulo y gravita sobre las cabezas de los que todavía no comprenden la magnitud del encantamiento.

Un mundo hecho de voces que se tejen y destejen entre variados tonos genéricos, juega para crear o crea para jugar conservando el espíritu crítico que siempre la ha catapultado a un país donde las mujeres eran sólo un murmullo. Alberto Hernández

No nací para ocupar un espacio y nada más. Ignoro cuál será mi participación. Me tocó ser mujer y no me quejo, me tocó caer en la humedad del tiempo, en la inhóspita sequedad de los caminos pero aquí me quedo entre escombros y desperdicios. Destruyan mi epidermis resentida, despedacen mis sueños, mi alegría, aniquílenme

porque un día aparecí sobre la tierra y tuve voz y grité No pudieron moldearme a su antojo, ni darle la forma requerida a mis palabras, ni templar los metales de mi risa con sus martillazos de odio, ni siquiera lograron meterme de cabeza en un canon infesto

Una poesía definida por diversas líneas de significación, entre las que destacamos dos en este ensayo: la enunciación de lo femenino y el erotismo femíneo, como elementos fustigadores de cuestionamientos que atraviesan entre otros y todos, la totalidad de su obra, y es efecto fundamental para la disposición de una imagen cambiante y compleja que da cuenta de lo que son las configuraciones actuales de la mujer, entendida como minoría social-cultural; con un ars poética que hace libre el coloquio consigo misma, con el lector y con la lectora, por medio de una oralidad discursiva, en textos que a veces afloran con el formato de la prosa continua sin el deslinde de los versos, con el encabalgamiento intrincado de dispersión de la colmada entropía:

nadie verá el estante vacío. el montón de ropa sucia libros viejos y maltratados por mis notas al margen. por mis subrayados imprevisibles. por mis oh y mis coños admirativos. soy posesiva, no lo niego. mi única propiedad son libros casi libros. palabras no correspondidas pero útiles e igualmente equívocas. pero abajo. en el sótano, eres débil, cabizbaja. se diría que ciega. asustada. no entienden por qué has hecho lo posible por enajenarte en lo cotidiano y ridículo (...) no te entienden por qué no aceptas vivir parcelada (...) tu ternura es clandestina. no colma. tu deseo es quizás lo único humano capaz de retener una sombra. tu estallido nocturno.

Procedimientos verbales e imaginativos a través de los cuales Lydda crea e irrumpe en un espacio que conmueve, apasiona, forcejea y sobresalta, en un horizonte femenino que pasa inadvertido para el hombre, anquilosado en la rutina de los gestos, los desempeños, los pensares, aciertos y desaciertos, carencias y despropósitos concebidos por él para la vida de la mujer.

Más allá de su tono irónico, la poetisa se rebela contra toda mansedumbre impuesta desde el androcentrismo, sin digresiones, se autoriza a sí misma al goce de invadir una “comarca” donde solamente existe un “rey”, el hombre, y con irreverencia e inspiración, se lo apropia en cada verso suyo:

voy a desayunarme la claraboya de la mañana voy a atragantarme periódico con tus crónicas violentas voy a tener noticias del mundo hasta la ingesta de par en par ventanas muéstrenme lo que sin mí despierta sacúdete ropa inmunda los dobleces espanta con lejías la penumbra soliviántate plancha aplasta en un desliz las pérfidas arrugas a volar escoba sin bruja que respire el polvo dancen muebles al ritmo que los aviente púlete piso en redención de no empañado espejo arde sin paz cocina del infierno tápate olla impúdica cuece a la sazón luego evapórate suenen cubiertos en estampida muda a fregarse platos les llegó su hora la carta por favor quiero probar el albedrío

En cada palabra, no vamos a decir “intenta”, no, no lo intenta, lo consigue, con vehemencia, con transparencia abate contra la mecanicidad y el letargo paralizante de lo cotidiano y los, en un cuasi infinito plural, lastres con los que la humanidad (léase el hombre) ha retenido el cuerpo y la mente, y por ende, la espiritualidad de la mujer, reduciendo a un único dislate su existencia:

el ancestro se adueña del perfil de la mujer agobiada y displicente que yace en la umbelas a medio dormir indócil en el registro

Su antirritualidad trasvasa su poética partiendo de la cosmogonía de una existencia que exige, que enrumba su creación hacia el territorio del reclamo, del reverso de la mujer ante el anverso del hombre, y lo hace con un humor corrosivo, ácido, agudo y exquisito:

de sobra sabes que me avergüenzo de ese otro ser que me esquilma y me avasalla de repetir hasta borrarme el gesto heredado de pálidas enhiestas amas de casa remotísimas pero hay un rótulo en la sangre una danza del vientre una marca rotunda ten en cuenta muchacho de las cavernas que he ido ganando el derecho a perder de igual el paraíso la paciencia a compartir la cama el santo y seña el mundo fifty fifty o no hay trato vete acostumbrando hombre voraz mujer no es sólo receptáculo flor que se arranca y herida va a doblarse en el florero al fondo de la repisa entre santos y candelabros y trastos de cocina

En eso basa ella el vigor existencial y la singularidad de sus versos, en templar al máximo el arco de la letra, la palabra, el verso, el poema, para que resulten, no sólo un reflejo crítico de lo social, sino también un verbo fustigador y lúcido, asumido siempre desde el sarcasmo como un tropo, a partir de su incisivo estilo para desahogarse del hastío, girando y girando en hipérboles. La poesía de Franco Farías puso de relieve una voz femenina cuyo ejercicio poético se caracterizó por la ruptura con ese modelo de poesía intimista, de sensualidad sutil y la introspección, para destacar la ironía y la oralidad. Ana María Romero


Polifónico el arreglo al mostrarse su “yo” plural, donde la ceremonia poética se posesiona de su condición de ser femenino, siempre al lado de los rituales absorbentes de nuestra sociedad, y fuertemente asida de la mano de las herencias atávicas que tiranizan a la mujer, en un cimbrado hilarante e ingrato:

quedé para ser la última invitada estoy alegre de las botellas sordas puedes beberme soy todos los licores no distingo y si respondo es para ligar placeres inimaginables contra el tiempo a una temperatura en que tampoco sabes lo que haces


Ella es su poesía, su poesía es ella, briosa, sensible, mordaz y laudante, que se empeña en perseguir mundos mejores en sus temibles alocuciones poéticas:

mientras dormía me crecieron alas al principio ni yo misma lo creí hice cálculos sobre las ventajas y desventajas de este suceso inesperado decidí ensayar un vuelo corto tropecé contra los vidrios de las ventanas no me di por vencida llegué a libélula fui uno que otro pájaro ave de rapiña mi ambición no tuvo fronteras fui escalando jerarquías hasta agotarlas todas ahora soy un ángel y me aburro


Y en el amor, dulce, seductora y erótica, canta desde sus más añejas raíces, trepando por su tronco, sus hojas, hasta llegar a sus flores en arco iris que regala a la vida, en un soflama reverberante con sus requiebros, impregnado de simbolismos que expresan las vivencias amorosas del cuerpo en la relación afectiva entre dos seres humanos, escrito desde su visión femenina extraordinaria, respirando visceralmente cada grafema, cada aliento de palabra y con la depuración del verso:

una trepa la desnudez de otro cuerpo una encuentra la rama dorada y la codicia abre las puertas de otro reino inaugura otra carencia una se deja llevar por sacudimientos extremos Echar raíces florecer sobre tu cuello

                enredadera

Ascenderé por los tallos transformada, me sentirás como nunca, palpitante, en el latido de las hojas y en el crujir voluptuoso de las ramas. tu boca resguardada por dragones por la antropófaga inocencia de tus dientes bosque de menta la saliva picor de orégano la lengua succión y mordedura tu boca laberinto de mis cosquillas8 La lluvia canta afuera su canción, la miro con ojos sorprendidos y pienso en unas bodas bajo el agua, que un novio vegetal me acaricie, que sienta el perfume silvestre de mis manos, mi cálida ternura abierta en gajos.

Lydda es esencial, de gran vitalidad, luchadora incansable, defensora de lo femenino y del amor, de hermosísima pluralidad semiótica, plétora de expresividad, álgida, irreverente, en ausencia de rima y con el uso del hipérbaton invirtiendo el tradicional orden del discurso poético, y las anáforas que incitan provocando con la repetición:


con papel de lija froto la piel donde alguna vez estuvo tu tibieza parpadeante me estoy quedando en cueros y sin vos en los puritos huesos y sin vos esqueleto ambulante y sin vos (...) y sin vos con el alma en un hilo y sin vos ay y sin vos y sin voz y sin voz los amantes precisan largas vueltas y nada es comparable a este final sin trampas y nada se parece a tu cuerpo y al mío me refiero a los muslos fosforescentes no a la piel sedosa y repetida no estamos dentro ni fuera y es falso que desprendo de tu voracidad mis latidos bajan cautelosamente para que sepas que voy que siempre voy ya puedes descubrirme y patinar en el aire rígido cuando abras los ojos y desvíes el aliento


Con miradas envolventes de los vestigios humanos del placer y del amor, la lucidez, el tiempo y la fusión de géneros:


tu cabeza en mi almohada el sol para nosotros deshaces sombras antiguas vienes de la calle hacia el gesto buscas / deshaces reparo en el caracol algo furtivo tus manos exhibiendo excavaciones hacen de claustro refugio ardo junto a ti cuando la boca hace su trabajo de orfebre en sabbat en oriflama de entre tus muslos sale un vellocino de oro una serpiente emplumada un vendaval de helechos una larga vocal impronunciable con obstinada delicadeza se fabrica en la piel se hace patio en la memoria ojo de agua

                con altos y bajos

puente entre dos sangres diatriba amorosa

                        blindada

huella indeleble que nos filtra


A los sesenta y un años, la parca, que no falta jamás a la cita, nos despoja de esta poetisa de las letras venezolanas; muere a las 8:00 de la mañana del lunes 2 de agosto de 2004, en Maracaibo, estado Zulia. Fue sepultada en el cementerio Jardines del Edén, donde también se encuentra su hija.

Y sostendremos con Goethe: “El sentido de la vida radica solamente en la vida misma”. Así parece entenderlo también la poetisa venezolana Lydda Franco Farías:

me encontrarán tendida a ras de luna o flotando lluvia abajo en la resaca del último cigarro en el silencio que vibra emparamado desde donde pronuncio mi postrer discurso (...) ya voy tierra ya voy cenizas ya voy olvido una vida se aplaza y se desplaza mínima sustancia

                                     cerrazón.


Lydda…..eterna y luminosa (Selección breve de poemas) De Aracné (2000)

Persevero en mi mosca yo mínima bestia amancebada

tejer en el vacío es desprenderse de uno mismo caer en el vacío es recuperar el revés lo que encandila

sólo si el cuerpo astral es removido al precipicio iluminado de la tela se abre murmurante el espectáculo el orden plural de otra vigilia

el cuerpo teje otro compás desoído

la araña hace gala de su industria participa de las acechanzas ensimismada y precisa al margen

se mece de espaldas en vilo sonámbula insiste

Una (1998)

para ti soy tal vez una huera mujer con el cabello levemente despeinado digna de un cuadro renacentista o de un ardiente cumplido o de un piropo (dicho como el azar/con rebuscada elegancia) de sobra sabes que me avergüenzo de ese otro ser que me esquilma y me avasalla de repetir hasta borrarme el gesto heredado de pálidas enhiestas amas de casa remotísimas pero ciertamente hay un rótulo en la sangre una danza del vientre una marca rotunda ten en cuenta muchacho de las cavernas que he ido ganando el derecho a perder de igual a igual el paraíso la paciencia a compartir la cama el santo y seña el mundo fifty fifty o no hay trato vete acostumbrando hombre voraz mujer no es sólo receptáculo flor que se arranca y herida va a doblarse en el florero al fondo de la repisa entre santos y candelabros y trastos de cocina una mujer es una mujer más sus uñas y sus dientes lo siento caballero de la brillante armadura aquella doncella rompió el molde creció

mientras dormía me crecieron alas al principio ni yo misma lo creí hice cálculos sobre las ventajas y desventajas de este suceso inesperado decidí ensayar un vuelo corto tropecé contra los vidrios de las ventanas no me di por vencida llegué a libélula fui uno que otro pájaro ave de rapiña mi ambición no tuvo fronteras fui escalando jerarquías hasta agotarlas todas ahora soy un ángel y me aburro


De Estantes (1994)

el desierto está ahí pero sin dios encaja perfectamente en el túnel que somos

De Bolero a media luz (1994)

estás en el fondo y en los bordes en el salto que no doy donde comienzo a ser este grito y esta lluvia

callada no hago peso desnuda estoy a salvo lo digo ante el espejo se lo digo a tu silencio

De Recordar a los dormidos (1994)

rasgo las vestiduras me desprendo de lo suntuario esta muerte holgada y esta vida indecente y tráslucida

vuelvo a soñar que sigo despierta en el sueño cierran con llaves maestras el paso del río despierta en el sueño

De Descalabros en obertura/ mientras ejercito mi coartada (1994)

mi primer hecho de sangre aconteció a la edad de 13 años el odio abrió sus abanicos puso en acción su maquinaria cancerberos me vigilaron los sueños se dieron a la tarea infame de tapiar las primicias de mi cuerpo (cuerpo del delito prueba contundente del pecado a expiar ab ovo in aeternum guachimanes con ojos de argos y armados hasta los dientes se encargaron de la custodia de resguardar el buen nombre el honor de la familia la infra y la supra el andamiaje de la moralidad la ley y el orden la paz ciudadana conmigo fue creciendo el expediente amañado de mis presuntas lacras el desprecio del condenado a muerte ante jueces y verdugos me erigí abogado de mi propia causa sacrílega escupí en los templos en los lugares sagrados y consagrados por la beatería oficial convertí en añicos sus ídolos baratos de fabricación casera tallados a mano por imbéciles y desequilibrados mentales para uso de supersticiosos y aprovechados hice caso omiso a prédicas de sacristía me burlé de sus tribunales del santo oficio me oriné de risa ante la pétrea majestad de la justicia para devolver los golpes me armé doncella contra todos los poderes y sus sabuesos zona de desastre calamidad pública he de permanecer hasta llegada la hora de rendir cuentas

yo venía de los bosques húmedos en mi equipaje la inocencia en sí misma dobladita olorosa a preguntas me quitaron bosque y humedad el equipaje revolvieron las preguntas me las fui respondiendo con el tiempo y de a poquito ahora no sé de qué sirve la inocencia ni me importa

De Las Armas Blancas (1969)

quedé para ser la última invitada estoy alegre de las botellas sordas puedes beberme soy todos los licores no distingo y si respondo es para ligar placeres inimaginables contra el tiempo a una temperatura en que tampoco sabes lo que haces

De Poemas Circunstanciales (1965)

No nací para ocupar un espacio y nada más. Ignoro cuál será mi participación.

Me tocó ser mujer y no me quejo, me tocó caer en la humedad del tiempo, en la inhóspita sequedad de los caminos pero aquí me quedo entre escombros y desperdicios. Destruyan mi epidermis resentida, despedacen mis sueños, mi alegría, aniquílenme mas no pretendan sancionarme porque un día aparecí sobre la tierra y tuve voz y grité y tuve fronteras y no quise despertar sin ellas y tuve armas y allí están perfiladas, inmóviles, ariscas.

Quisiera esta noche mientras llueve caminar descalza, desnuda, por las calles, lavar el corazón, purificarme, quisiera que mi instinto salvaje galopara, que mis ansias de mujer cobraran alas, que mis senos perfilados bajo el agua y mi cuerpo moreno palpitante anduvieran por el mundo, sin mordazas.



De una entrevista a Lydda: -¿Le teme a la muerte? -Creo en la síntesis del hueso, en el axioma de mi futura desintegración

Dijo el poeta Guillermo de León Calles que "un dia Lydda salió al patio a tender, como una imágen garciamarquiana, una sábana de metáforas en un huerto de poemas y se perdió en el espacio sideral"

Lydda no ha muerto, está viva, eterna joven de la poesía, irreverente, extrovertida, pero con un corazón limpio y lleno de humildad.....Cósmica

                                                                                 Emilia Lee

Obra poética:

Poemas circunstanciales. Policrom, Caracas, 1965. Las armas blancas. 1969 Edad de los grandes ataúdes (coautoría con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol). Ediciones Cal y Agua. Maracaibo, 1977. Summarius. Asamblea Legislativa del Estado Falcón, Coro, 1985. A/Leve. 1991. Estar en el envés. s/e, 1993. Recordar a los dormidos. Ediluz. Maracaibo, Vicerrectorado Académico, Facultad de Humanidades, Universidad del Zulia, 1994. Bolero a media luz. Ediciones Mucuglifo. Dirección Sectorial de Literatura del Conac, Mérida, 1994. Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada. Gobernación del Estado Zulia. Secretaria de Cultura/Universidad del Zulia, Dirección de cultura, Maracaibo, 1994. Estante. s/e, 1994. Una. Ediciones de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia y la Asociación Cultural del Caribe (Asocaribe), 1998. Aracné, s/e, 2000. Antología. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Dirección de Cultura, Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, 2002. Antología poética. Monte Ávila Editores. Caracas, 2004.

Obra poética:

Poemas circunstanciales. Policrom, Caracas, 1965. Las armas blancas. 1969 Edad de los grandes ataúdes (coautoría con Ricardo Ruiz Caldera y José Parra Finol). Ediciones Cal y Agua. Maracaibo, 1977. Summarius. Asamblea Legislativa del Estado Falcón, Coro, 1985. A/Leve. 1991. Estar en el envés. s/e, 1993. Recordar a los dormidos. Ediluz. Maracaibo, Vicerrectorado Académico, Facultad de Humanidades, Universidad del Zulia, 1994. Bolero a media luz. Ediciones Mucuglifo. Dirección Sectorial de Literatura del Conac, Mérida, 1994. Descalabros en obertura mientras ejercito mi coartada. Gobernación del Estado Zulia. Secretaria de Cultura/Universidad del Zulia, Dirección de cultura, Maracaibo, 1994. Estante. s/e, 1994. Una. Ediciones de la Secretaría de Cultura del Estado Zulia y la Asociación Cultural del Caribe (Asocaribe), 1998. Aracné, s/e, 2000. Antología. Universidad Nacional Experimental Francisco de Miranda, Dirección de Cultura, Fondo Editorial del Estado Falcón, Incudef, 2002. Antología poética. Monte Ávila Editores. Caracas, 2004.

Obras poéticas publicadas[editar]

  • Las Armas Blancas (1969)
  • Poemas circunstanciales (1965)
  • Summarius (1985)
  • Recordar a los dormidos (1994)
  • Una (1998)
  • Bolero a media luz (1994)
  • Aracné (2000)
  • Antología poética (2002)