Los siete niños de Écija

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Los siete niños de Écija fue una cuadrilla de bandoleros españoles, activa en las proximidades de Écija (Sevilla) entre 1814 y 1818.

Dejando a un lado la fábula y el mito -ya que en verdadero mito se convirtió esta Partida de Bandoleros, por culpa de las fábulas heredadas y creadas durante el romanticismo decimonónicos- las conclusiones que se derivan de los datos hallados en las investigaciones realizadas por Vicente Durán Recio, Francisco Luis Díaz Torrejón, Carlos de Olavarrieta y José Antonio Rodríguez Martín (sin duda, los autores –sobre todo estos dos últimos, apoyándose en los otros dos y algunos más-, que consiguieron despejar casi todas las incógnitas referidas a estos bandoleros y sus “hazañas”):

1º. LOS “NIÑOS DE ÉCIJA”, NO FUERON HÉROES.

Es cierto que, durante la Guerra de la Independencia, algunos de ellos fueron guerrilleros pero también que, al mismo tiempo, se dedicaron a saquear lo que podían; y, no sólo eso, sino que algunos se pasaron a los franceses, aprovechando un indulto del comandante Gasquet, con el fin de formar grupos contraguerrileros. Es decir, acabaron combatiendo a los verdaderos patriotas.

Así ocurrió, por ejemplo, con el ecijano Felipe Romero Molero que, en 1.811 capitaneaba 23 forajidos que actuaban entre Écija, Palma del Río y La Carlota. Antes de 1808, había sido perseguido por asesino; más, cuando llegaron los franceses, aprovechó el indulto que dieron las autoridades españolas para luchar contra los gabachos y se hizo guerrillero; pero en junio de 1812, se acoge al indulto de los franceses para luchar contra los españoles en la contraguerrilla. Lógicamente, cuando los franceses huyen, las nuevas autoridades no sólo le retiran el primer indulto sino que, además, lo condenan por colaboracionismo. Este Felipe Romero acaba ayudando a los 7 Niños en algunos de sus asaltos -hasta que es prendido y ajusticiado en Sevilla el 20 de noviembre de 1815- y uno de sus hombres, Juan Alaya, acusado de ladrón y asesino, será el segundo de los capitanes de los Niños de Écija.

2º. …NO ERAN SIETE, PERO SÍ ERAN DE ÉCIJA.

Al principio, se conoció como “La Partida del Padilla”, después, como “La Partida del Alaya” y, finalmente, como la de “Los Niños de Écija”, el número siete aparece a partir de un Expediente de Ladrones de 1816, firmado por el Duque del Infantado, en el que –haciendo referencia al asalto en el que robaron el equipaje del general Goyeneche- informa que suelen actuar en número de siete y que, cuando uno de ellos cae, es reemplazado por otro… Sin embargo, en la mayor parte de sus actuaciones, aparecen de forma variable, en número de 5 a 12 (de hecho, en su primer asalto documentado, el 20 de agosto de 1814 a las 3 de la tarde, en el paraje de La Tinajuela –entre Marchena y Écija-, fueron sólo 5 los bandidos asaltantes)

Podemos asegurar que la Partida –a lo largo de toda su trayectoria- la compusieron un mínimo de 24 bandidos, la gran mayoría naturales de Écija y los que no, con familia o mujer en esta Ciudad; habiendo nacido o viviendo casi todos ellos, por la zona del antiguo barrio ecijano de la Cruz Verde.

Cronológicamente, el número y procedencia de los bandidos, fueron los siguientes:

De 1813 a 1815: 15 componentes; de los cuales 7 eran naturales de Écija, 2 no lo eran y de los otros 6 no se puede acreditar la procedencia.

En 1816, fueron 12 los componentes: 5 eran de Écija, 4 de procedencia desconocida y 3 foráneos.

En 1817, fueron 14: 9 de Écija, 2 de procedencia desconocida y 3 foráneos. El día 24 de Julio de este año, se desmantela la Partida en Santaella y el ecijano Pablo Aroca “Ojitos” la intenta recomponer, pasando el número de bandidos a 10: 8 de Écija, 1 de origen desconocido y 1 de Murcia.

En mayo de 1818, cuando matan a “Ojitos” cerca de Posada, se produce el final de la Partida. Sólo quedaban 5 bandidos: 4 de Écija y 1 de Murcia.

Por tanto, acreditados documentalmente, durante toda la historia de la Partida (entre los años 1813-14 y 1818), fueron 24 los miembros de los “Niños de Écija”, de los cuales 14 fueron ecijanos con total seguridad, 7 no tiene procedencia acreditada (aunque se suponen de Écija o de la zona) y, también con total seguridad, sólo 3 no eran de la Comarca de Écija.

Aparte de ellos, existía un número no estimado de miembros auxiliares, todos ellos ecijanos o habitantes de Écija y de los cortijos de la zona.

3º. FERNANDO VILLALÓN SE EQUIVOCÓ.

El Poema de Fernando Villalón, sobre la “Diligencia de Carmona que por la Vega pasa…”, se reduce a la visión poética y fabulada del bandolero romántico y, lo peor fue que el poeta –que no historiador-, influido por otros autores, propagó entre el pueblo (más aficionado a los romances que a los archivos) los errores y las fantasías heredadas.

El gran poeta de Morón, haciendo bueno el espíritu soñador que lo caracterizaba (se arruinó como ganadero intentando “sacar y criar” un toro bravo de ojos verdes), escribió el romance más celebrado de los Siete Niños, nombrándolos como Juan Repiso, Satanás, José Cándido, Malafacha, Cencerro, Tragabuches y el capitán, Luis de Vargas.

Como se ve, el único que se asemeja es Malafacha, ya que hubo uno de los Niños que fue Rafael Malhecho; pero de los demás no hay nada (suponemos incluso que, siendo ganadero de reses bravas, a Tragabuche lo incluyó en el lote por ser torero rondeño y haber tenido que echarse al monte tras el asesinato de su mujer, “La Nena”, y de su amante)

En realidad, la relación –documentalmente probada- de los Niños de Écija, SEGÚN SUS PROCEDENCIAS Y POR ORDEN DE ANTIGÜEDAD EN LA PARTIDA, es esta:

14 NACIDOS EN ÉCIJA: Antonio Padilla “El Padilla”, José Escalera, Pablo Aroca “Ojitos”, Diego García “El Hornero”, Francisco Bermudo “Candil”, Juan A. Gutiérrez “El Cojo”, Pedro Villalba “El Manco”, Manuel Remacho “El Granadino”, Antonio Muñoz, Sebastián Martín “Hornerillo”, Antonio Crespo “Pancilla”, Antonio de la Fuentes “Mino” y Juan Gómez Soldán.

7 DE PROCEDENCIA INDETERMINADA: José Martínez “El Portugués”, Rafael Malhecho, José Mesa, Calzado, Carmona, José Alonso “El Rojo” y Diego Meléndez (el único que no fue muerto o ejecutado, al conseguir el indulto tras su traición, de resultas de la cual, la Partida fue aniquilada en Santaella).

3 FORÁNEOS: Francisco Nareja “Becerra” del Reino de Murcia; Alonso de Osuna, de Osuna y Fray Antonio de la Gama “El Fraile”, de Aguilar.

4º. NO ROBABAN A LOS RICOS PARA DARLO A LOS POBRES.

La verdad es que los bandidos se limitaban a intercambiar con los trabajadores de los cortijos y jornaleros, información y cobijo, a cambio de artículos robados y dineros, en una época donde la escasez y la explotación de los propietarios, propiciaba la miseria de un campesinado que –oprimido por los gobernantes, por los latifundistas y por las autoridades, que defendían el orden constituido- prefería ayudar al bandido que le obsequiaba, que enfrentarse a él, para no conseguir nada y, además, arriesgarse a ser represaliado (más aún si tenemos en cuenta la admiración que despierta en una persona oprimida la figura de quien se opone al Sistema que lo oprime o a los que lo sustentan o defienden). Aun así, también hubo muchas víctimas entre la gente humilde.

5º. EL FENÓMENO DEL BANDOLERISMO FUE LÓGICO.

El fenómeno del Bandolerismo en Écija y su Comarca, tuvo su origen en una serie de circunstancias que fueron sucediéndose durante un periodo de tiempo determinado, en una tierra en la que, además, se conjugaron otra serie de factores indeseables, entre ellas –como hemos dicho- las miserables e injustas condiciones socioeconómicas que soportaba la mayoría de la población, las epidemias, las malas cosechas, la invasión napoleónica,…. Todo unido, formó un explosivo cóctel que, irremediablemente, propició la aparición y el auge de este fenómeno del Bandolerismo en la Baja Andalucía.

A principios del siglo XX, cuando ya los últimos bandoleros (El Vivillo, El Niño de Gloria, Canuto, Reverte, el Niño de Arahal y, sobre todo, El Pernales) pululaban por los campos y daban mala fama a la Campiña, a Écija y a las comarcas vecinas con actos delictivos -muchas veces de auténtica crueldad-, la mayoría de los ecijanos intentaban pasar página sobre esta historia y comenzaron a rechazar, de todas las formas posibles, los hechos acontecidos un siglo antes, para evitar que a Écija le colgaran el indeseable sambenito de Tierra de bandoleros.

Quizá, por eso, durante un tiempo y, como a modo de autodefensa, por un lado se acuñaron frases que no se correspondían en absoluto con la realidad, como la tan manida de “que no era siete, ni eran de Écija” de Manuel Ostos y Ostos; y, por otro, se otorgó fiabilidad a la leyenda y a los escritos de los viajeros románticos sobre los bandoleros valientes y generosos, dando lugar a versos como el del celebérrimo poema de Villalón al que nos hemos referido anteriormente y que proclamaba “…el que a los pobres socorre y a los ricos avasalla”. Todo falso y todo o por desmarcarse de esta rémora o por superponer una imagen idílica sobre la más cruda y lamentable realidad.

Bibliografía[editar]

Vicente Durán Recio. "La verdadera historia de los Siete Niños de Écija", Écija, 1994

Carlos de Olavarieta Jurado / José A. Rodríguez Martín. "Los Niños de Écija". Lucena, 2011.

http://www.ciberecija.com/no-eran-7-pero-si-fueron-de-ecijapor-francisco-j-fenandez-pro/