Falacia del psicólogo

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La falacia del psicólogo es una falacia que ocurre cuando un observador asume que él/la experiencia subjetiva refleja la verdadera naturaleza de un evento. La falacia fue nombrada por William James en el siglo XIX:

La gran trampa del psicólogo es la confusión de su propio punto de vista con el del hecho mental en la que él está haciendo su informe. Que llamaré en adelante a esta la "falacia del psicólogo" por excelencia.[1]

Un clásico ejemplo de la falacia del psicólogo es la experiencia del modelo geocéntrico del sistema solar. Un observador en la Tierra experimenta el movimiento del sol a través del cielo. Esta experiencia, sin embargo, no revela la verdadera naturaleza del movimiento de la Tierra que gira alrededor del sol.

Estados alternativos de la falacia[editar]

Algunas fuentes afirman la Falacia del psicólogo como si se tratara de dos “personas" —el observador y lo observado— en lugar de un observador y un hecho. Por ejemplo,

Falacia del psicólogo, la falacia, a la que el psicólogo es peculiarmente responsable, de leer en la mente que el está examinando su propia vision, sobre todo de leer en las mentes inferiores lo que es verdadero para mentes superiores.[2]

Un peligro que debe evitarse, conocido como "falacia del psicólogo”, surge del hecho de que el experimentador supone que el sujeto responderá a un estímulo o una orden en la misma forma que él mismo experimentador respondería en las mismas circunstancias.[3]

En esta variante, la falacia se describe como una forma concreta del "parecido a mí" estereotipo: lo que se desconoce acerca de otra persona se supone, para simplificar, usando cosas que el observador sabe acerca de sí mismo. Tal sesgo lleva al observador a presuponer conocimientos o habilidades, o la falta de los mismos, que posee otra persona. Por ejemplo, "yo (o todos los que conozco, o la mayoría de la gente que conozco) no sé mucho acerca de la química. Por tanto, yo puedo suponer que la otra persona sabe muy poco sobre la química." Esta hipótesis puede ser cierta en cualquier número de casos específicos, creando un razonamiento inductivo sobre la base de esta hipótesis convincentes, pero no es aplicable en el caso general (hay mucha gente que está muy bien informado en el campo de la química), y por lo tanto el razonamiento deductivo sobre la base de esta suposición no es válido.

Estas declaraciones alternativas, sin embargo, no coinciden con lo que William James caracteriza cuando nombró a la falacia.[1]

Notas[editar]

  1. a b William James, Principles of Psychology volume I. chapter vii. p. 196, 1890.
  2. James Mark Baldwin, Dictionary of Philosophy and Psychology volume II. p. 382/2, 1902.
  3. British Journal of Psychology. XXI. p. 243, 1931.

Véase también[editar]