El lejano país de los estanques

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Novela policíaca del escritor Lorenzo Silva publicada en 1998. Ganadora del premio El Ojo Crítico. También es la primera novela de la serie protagonizada por los investigadores Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro que son oficiales de la Guardia Civil. El título se refiere al país Austria, de donde viene la víctima del asesinato. Antes de resolver el crimen Belvilaqua visita el cementerio en Viena donde han enterrado a la víctima: «Era primavera, y las golodrinas [...] se mojaban las puntas de las alas en las aguas oscuras del lejano país de los estanques.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 286)


Resumen del contenido


La policía mallorquina descubre el cadáver de Eva Heydrich, una extranjera, que han matado y colgado desnuda de un travesaño del techo en el salón del domicilio veraniego de su amiga Regina Bolzano, igualmente una extranjera natural de la Suiza. Porque Regina Bolzano se ha dado al huida, el Comandante Zaplana supone que esta mujer es la asesina de Eva Heydrich, pero no puedo descubrir ningún rastro de la fugitiva. Hace unos dias el consulato austriaco ha presionado la policía española de dar con el autor – Eva Heydrich fue una persona importante que «se dedica a algún tipo de comercio internacional [...] y es más o menos millionario» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 27). Por eso los investigadores especiales Bevilaqua y Chamorro están mandados a Mallorca para buscar a Bolzano, haciendo el asunto de incógnito como turistas. Como el capitán de la policía explica: «Te hemos alquilado un chalet. Vas a estar allí licalizando testigos y husmeando por los sitios a los que la sospechosa y la víctima hayan pododo ir.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 30-31).

Antes hablar con Perelló, el brigada de la policía local, Bevilaqua tiene dudas considerables de que Bolzano sea el autor del crimen. Una mujer no tiene fuerza suficiente para colgar la víctima de la manera supuesta por el capitán de la policía. Perelló explica: «La chica estaba colgada y bien colgada. Los nudos estaban fuertes de cojones, y lo sé porque yo los tuve que soltar. Si lo hizo la sospechosa [...] es una hembra con la que habrá que tener cuidado, porque de un solo guantazo nos tumba a los dos.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 53) Antes hablar con unos turistas de la playa y unos camareros de los restaurantes Bevilaqua y Camorro fijan su atención en una pareja italiana sospechosa y un ex legionario con nombre Lukas. La pareja formada por Andrea y Enzo ha pasado los últimos días con Eva Heydrich, y Bevilaqua siento que oculta algo. «En mi cerebro empezó a formarse algo que tardé bastante en poder traducir a palabras. Algo que tenía que ver [...] con las razones profundas por las que Eva había podido vincularse con la vida y también con la muerte.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 146) Lukas fue mercenario con la Legión Extranjera de Francia por unos años y tiene suficiente experiencia como para ser capaz de matar a Eva Heydrich. Como Bevilaqua pregunta a Lukas luego: «¿Mataste a mucha gente cunado estabas en la Legión? [...] ¿Eras buen tirador?» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 229).

Antes descubrir el escondite de Regina Bolzano y interrogar ella como sospechosa principal, Bevilaqua ordena la detención de Regina y Lukas y una otra complice. Se supone que Regina Bolzano no ha matado a Eva Heydrich ella misma, pero si pagando dinero a Lukas para asesinarla. Bevilaqua resume los cargos contra Lukas: «De las pruebas y testimonios de que disponemos [...] se desprende que usted, mediante precio en metalico satisfecho por la Señora Bolzano, fue el autor material de la muerte de Eva Heydrich.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 227). Aunque Lukas niega el crimen – «Yo no fui, sargento. He matado a otros hombres [...] pero Eva era otra cosa. Ella estaba fuera de mi alcance.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 230) – con la detención de los culpables el caso queda resuelto. «Los imputados seguían manteniendo su inocencia, lo que dificultaba la reconstrucción de los hechos, pero todos confiábamos en que al cabo de unos pocos diás empezarían a rendirse.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 233)

Pero quedo un último acertijo que Bevilaqua no puede descifrar: «Seguían obsesionándome esas huellas de Regina no borradas en el revolver.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 235). Antes planear el hecho perfectamente, ¿porque no ha borrado estos rastros que la policía puede seguir fácilmente? Pero el comandante contesta: «No te aturdas con eso, Bevilaqua. [...] Se pusiera nerviosa y no se diera cuenta de lo que hacía. En el fragor del asuntio, cogío el revólver y lo puso en la basura sin pensar que el camión pasaba cada tres días.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 235-36) Al fin Bevilaqua y Chamorro averiguan que los responsables del muerte de Eva Heydrich fueron el juez del pueblo, su amante Raúl, y los italianos. Raúl ha disparado el primer tiro en manera de accidente y Enzo la ha matado para occultar el hecho. «Todo había sucedido muy rapido y de un modo inexplicable.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 265).


Valoración de la obra


La novela no es una obra maestra en todos los aspectos. El primer capirtulo es muy excelente por el punto de vista macabro y irónico con que el escritor Lorenzo Silva cuenta el descubrimiento de la muerta. Tiene las palabras en lenguaje coloquial de Perelló y Satrústegui, unos guardias viejos, que han visto muchas cosas como policías y no tienen respeto para la víctima: «Reconozca, mi brigada, que la chica no está en su mejor momento.» – «Eso es lo fuerte, Satrústegui. Imagínala en la playa cuando se las [piernas] estaba tostando.» – «Si imaginación no me falta. No vaya a creerse que en todo Amurrio hubo otro chaval al que le diera por hacerse txakurra.» – «De todas maneras, Satrústegui. [...] Ya soñaba yo encontrarme un cuerpazo así alguna vez. Treinta años de servicio. Si tarda un poco más me pilla jubilado.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 9). También bueno es la architectura de los primeros investigaciones de los agentes Bevilaqua y Chamorra y la caza por los asesinos que empieza en el medio de la novela. También hay otros encuentros en estilo irónico del primer capítulo y unas vueltas sorprendentes que amplian la tensión.

La energía criminalística de la obra se produce por los contradicciones del caso. Por ejemplo en esta discusion entre Bevilaqua y Chamorro: «Supongamos que no lo hizo Regina. Lo hizo otro, a quien [...] le debe convenir que nosotros pensemos que fue Regina. [...]» – «Si ese otro actuó en connivencia con Regina, ella pudo pedirle que hiciera algo que la excluyera.» – «Claro, como matarla con una pistola llena de sus huellas dactilares.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 46). Pero la solución final de la novela tiene poco suspense. El autor tiene un asesino que no ha presentado como sospechoso, con ningunos indicios y pocos alusiones en el curso del acciones. Es imposible de deducir el autor del crimen por adelantado, pero una novela policiaca de cualidad tiene que poner unos rastros claros para los lectores que quieren comprobar o refutar teorias sobre el asasinato. En esta obra el asesino se cae como un piedra del cielo y es como el «famoso jardinero» que mato el dueño del castillo imprevistosamente. Como Perelló dijo en uno de los capítulos finales: «Era un acertijo endemoniado. Sólo hay un par de casualidades, pero sin ellas no había cristiano que pudiera descifrarlo.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 270). Lo mismo Bevilaqua dijo en el mismo capítulo: «Disparó al aire [...] [sin] nos enteramos de que había dado en el blanco.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 236).


El nombre de la protagonista principal


El nombre de la víctima Eva Heydrich tiene dos partes. El nombre de pila refiere a la esposa de Adam, Eva, que cometió el primer percado en el Jardin de Eden. El apellido puede referir al jefe del Gestapo, Reinhard Heydrich, uno de los arquitectos del holocausto. La combination del nombres es llamativa y probablemente una caracterización indirecta de la sucesa que tiene un talante mal por su vida irregular.