El lejano país de los estanques

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El lejano país de los estanques,[1] es una novela policíaca del escritor Lorenzo Silva publicada en el año 1998 y ganadora del premio El ojo crítico. También es la primera novela de la serie protagonizada por los investigadores Rubén Bevilacqua y Virginia Chamorro que son oficiales de la Guardia Civil. El título se refiere al país Austria, de donde viene la víctima del asesinato.

Argumento[editar]

La policía mallorquina descubre el cadáver de Eva Heydrich, una extranjera, que han matado y colgado desnuda de un travesaño del techo en el salón del domicilio veraniego de su amiga Regina Bolzano, igualmente una extranjera natural de la Suiza.[2] Porque Regina Bolzano se ha dado al huida, el Comandante Zaplana supone que esta mujer es la asesina de Eva Heydrich, pero no puedo descubrir ningún rastro de la fugitiva. Días antes, el consulado austriaco ha presionado la policía española de dar con el autor. Por eso los investigadores especiales Bevilaqua y Chamorro son enviados a Mallorca para buscar a Bolzano, haciendo el asunto de incógnito como turistas. Como el capitán de la policía explica: Te hemos alquilado un chalet. Vas a estar allí localizando testigos y husmeando por los sitios a los que la sospechosa y la víctima hayan podido ir (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 30-31).

Valoración de la obra[editar]

La novela no es una obra maestra en todos los aspectos. El primer capítulo es muy excelente por el punto de vista macabro y irónico con que el escritor Lorenzo Silva cuenta el descubrimiento de la muerta. Tiene las palabras en lenguaje coloquial de Perelló y Satrústegui, unos guardias viejos, que han visto muchas cosas como policías y no tienen respeto para la víctima: Reconozca, mi brigada, que la chica no está en su mejor momento. También la arquitectura de los primeros investigaciones de los agentes Bevilaqua y Chamorra y la caza por los asesinos que empieza en el medio de la novela. Hay otros encuentros en estilo irónico del primer capítulo y unas vueltas sorprendentes que amplían la tensión.

La energía criminalista de la obra se produce por los contradicciones del caso. Por ejemplo en esta discusión entre Bevilaqua y Chamorro: «Supongamos que no lo hizo Regina. Lo hizo otro, a quien [...] le debe convenir que nosotros pensemos que fue Regina. [...]» – «Si ese otro actuó en connivencia con Regina, ella pudo pedirle que hiciera algo que la excluyera.» – «Claro, como matarla con una pistola llena de sus huellas dactilares.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 46). Pero la solución final de la novela tiene poco suspense. El autor tiene un asesino que no ha presentado como sospechoso, con ningunos indicios y pocos alusiones en el curso del acciones. Es imposible de deducir el autor del crimen por adelantado, pero una novela policiaca de cualidad tiene que poner unos rastros claros para los lectores que quieren comprobar o refutar teorías sobre el asasinato. En esta obra el asesino se cae como un piedra del cielo y es como el «famoso jardinero» que mato el dueño del castillo de forma imprevista. Como Perelló dijo en uno de los capítulos finales: «Era un acertijo endemoniado. Sólo hay un par de casualidades, pero sin ellas no había cristiano que pudiera descifrarlo.» (Silva, Lejano País, edición de 2010, p. 270). Lo mismo Bevilaqua dijo en el mismo capítulo: «Disparó al aire [...] [sin] nos enteramos de que había dado en el blanco.» (Silva, Lejano País, editión de 2010, p. 236).

El nombre de la protagonista principal[editar]

El nombre de la víctima Eva Heydrich tiene dos partes. El nombre de pila refiere a la esposa de Adam, Eva, que cometió el primer percado en el Jardin de Eden. El apellido puede referir al jefe del Gestapo, Reinhard Heydrich, uno de los arquitectos del holocausto. La combination del nombres es llamativa y probablemente una caracterización indirecta de la sucesa que tiene un talante mal por su vida irregular.

Referencias[editar]