Educación sentimental

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La educación emocional[1]​ o educación sentimental es “el proceso de enseñanza de las habilidades emocionales mediante el acompañamiento y apuntalamiento de la persona en el ejercicio y perfeccionamiento de las mismas.” (Lucas J. J. Malaisi)

Conviene distinguir entre inteligencia emocional, competencias emocionales y educación emocional.

  • Inteligencia emocional[2]​es la capacidad para identificar las propias emociones y las de los otros, usarlas para facilitar el pensamiento, comprender la complejidad de las emociones y regularlas de manera apropiada. Según esta definición, la inteligencia emocional es una construcción hipotética de la psicología que complementa la inteligencia, en sentido clásico, y la personalidad. Hay diferentes modelos de inteligencia emocional,[3]​ cosa que ha originado un debate entre los defensores de cada modelo y sus detractores. Nosotros nos referiremos a las aplicaciones prácticas que se derivan de este debate, que son las competencias emocionales.
  • Las competencias emocionales son la capacidad para gestionar de manera adecuada un conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para tomar conciencia, comprender, expresar y regular apropiadamente los fenómenos emocionales y afectivos. Un análisis más detallado de las competencias emocionales permite identificar la conciencia emocional, la regulación emocional, la autonomía emocional, la sociabilidad y las habilidades de vida para el bienestar (Bisquerra, 2009).
  • La educación emocional es, pues, ‘el proceso educativo que tiene como objetivo el desarrollo de competencias emocionales. Es un proceso que se inicia desde la primera infancia y está presente a lo largo de toda la vida’. La fundamentación teórica de la educación emocional no se limita a la inteligencia emocional, sino que toma en consideración otras referentes como por ejemplo las aportaciones de la neurociéncia, la tradición de las competencias sociales, la autoestima, las investigaciones sobre el bienestar y la psicología positiva, etc. Se trata de un marco teórico amplio e integrador que fundamenta una propuesta de innovación educativa (Bisquerra y Pérez, 2007; Bisquerra, 2000). Cuando hablamos de educación no nos referimos a la escolarización, sino a la educación a la familia, a la sociedad, a los medios de comunicación, etc.

Es un proceso porque implica un tiempo (toda la vida, y no un día) y por otro lado, cambios, que son progresivos en la adquisición de dichas habilidades. Es una enseñanza, dado que se basa en la transmisión de conocimientos y la corrección de lo erróneo (comportamientos agresivos, impulsivos o desadaptatívos en general).

Por habilidades emocionales se entienden los cinco ejes[1]​ constitutivos de la inteligencia emocional:

  • Conocimiento de sí mismo: Es la capacidad de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece. Requiere estar atentos a nuestros estados de ánimo y reacciones (pensamiento, respuestas fisiológicas, conductas manifiestas...) y relacionarlas con los estímulos que las provocan. La expresión voluntaria de diferentes emociones, su dramatización, es una forma de aprenderlas.
  • Autorregulación emocional: Cuando tenemos conciencia de nuestras emociones tenemos que aprender a controlarlas. No se trata de reprimirlas, ya que tienen una función, sino de equilibrarlas. No tenemos que controlar que no aparezcan, sino controlar el tiempo que estamos bajo su dominio. La capacidad de tranquilizarse uno mismo es una habilidad vital fundamental y se adquiere como resultado de la acción mediadora de los demás.
  • Empatía: Es la experimentación del estado emocional de otra persona; la capacidad de captar los estados emocionales de los demás y reaccionar de forma apropiada socialmente. Tiene dos componentes: el afectivo y el cognitivo. El componente afectivo puede ser suficiente, los niños pequeños son un ejemplo de ello. En cambio, el cognitivo únicamente no es suficiente. Los psicópatas (trastorno de personalidad antisocial), los maltratadores, pueden saber cognitivamente que su víctima sufre, pero pueden continuar haciéndole daño porque son incapaces de sentir el dolor que le producen, no hay emoción.
  • Motivación: Es la fuerza del optimismo, imprescindible para conseguir metas importantes. Está relacionada con diversos conceptos psicológicos como el control de impulsos (capacidad de resistencia a la frustración, de aplazar la gratificación), la inhibición de pensamientos negativos (para afrontar con éxito retos vitales), el estilo atribucional de éxito y fracaso, la autoestima (expectativas de autoeficacia)...
  • Habilidades sociales: Son un conjunto de conductas aprendidas de forma natural (y que por tanto pueden ser enseñadas), que se manifiestan en situaciones interpersonales, socialmente aceptadas (ello implica tener en cuenta normas sociales y normas legales del contexto sociocultural en el que se actúa, así como criterios morales), y orientadas a la obtención de reforzamientos ambientales (refuerzos sociales) o auto-refuerzos.

En cuanto al acompañamiento, hace referencia a un otro humano que está junto a quien aprende compartiendo un cierto período de tiempo (no un libro ni un transeúnte). Esta es la función del docente, padre, madre, abuelo, etc., que comparte un tiempo con la persona cuando enseña y apuntala, puesto que reafirma los comportamientos adecuados de la persona. Por el término ejercicio se hace referencia a la importancia en cuanto a que la persona practique y ejercite tales aprendizajes. Por último, la palabra perfeccionamiento hace referencia a la mejora continua de las habilidades emocionales mediante su ejercicio por parte de la persona y el apuntalamiento del educador. Perfeccionamiento que no tiene fin, puesto que tal enseñanza puede realizarse a lo largo de toda la vida. Sin embargo, la infancia es la edad más receptiva; por tanto, es cuando más efectiva es tal educación.

Objetivo[editar]

El objetivo[4]​ de aprender a identificar y expresar emociones y sentimientos gira en torno a los siguientes aspectos:

  • Adquirir un mejor conocimiento de las propias emociones
  • Identificar las emociones de los demás.
  • Desarrollar la habilidad de controlar las propias emociones.
  • Prevenir los efectos perjudiciales de las emociones negativas
  • Desarrollar la habilidad para generar emociones positivas
  • Desarrollar una mayor competencia emocional
  • Desarrollar la habilidad de automotivarse.
  • Adoptar una actitud positiva ante la vida.
  • Aprender a fluir

De estos objetivos generales se pueden derivar otros objetivos más específicos, en función del contexto de intervención. Algunos ejemplos son:

  • Desarrollar la capacidad para controlar el estrés, la ansiedad y los estados depresivos.
  • Tomar conciencia de los factores que inducen al bienestar subjetivo.
  • Potenciar la capacidad para ser feliz.
  • Desarrollar el sentido del humor.
  • Desarrollar la capacidad para diferir recompensas inmediatas en favor de otras de mayor nivel pero a largo plazo.
  • Desarrollar la resistencia a la frustración.

La Educación Sentimental y la Literatura[editar]

La educación sentimental o educación emocional es un tópico literario o concepto definido literariamente, que se refiere a la formación de la personalidad durante la infancia y la juventud, muy influida por las costumbres y convenciones sociales y por el imaginario transmitido por el currículum oculto del entorno escolar, la cultura infantil callejera y la cultura popular; especialmente en el desarrollo afectivo-sexual y especialmente en entornos de represión (en la posguerra española y en el arte y cultura del franquismo ha sido estudiada por Carmen Martín Gaite, Manuel Vázquez Montalbán o Terenci Moix (véase también El Florido Pensil).

El origen del término se encuentra en el título de la novela[5]La educación sentimental, de Gustave Flaubert.

No debe confundirse con otras maneras de entender la educación de los sentimientos o de las emociones (emocional o sentimental), ni con el concepto psicológico de reciente utilización, denominado inteligencia emocional.

Bibliografía[editar]

  • Bisquerra, R. Educación emocional y bienestar. Barcelona: Praxis-Wolters Kluwer, 2000.
  • Bisquerra, R. Educación para la ciudadanía y convivencia. El enfoque de la educación emocional. Barcelona: Wolters Kluwer, 2008.
  • Bisquerra, R. Psicopedagogía de las emociones. Madrid: Síntesis, 2009.
  • Bisquerra, R. (coord.) Educación emocional. Propuestas para educadores y familias. Bilbao: Desclée de Brower, 2011.

Referencias[editar]

  1. a b «L'educació emocional». Revista dels mestres de la Garrotxa. 2003. 
  2. «Inteligencia Emocional». www.inteligencia-emocional.org. Consultado el 18 de diciembre de 2015. 
  3. «Los distintos tipos de inteligencia emocional | Recursos para la enseñanza y la educación inclusiva». www.viu.es. Consultado el 18 de diciembre de 2015. 
  4. «Objetivos de la Educación Emocional». www.rafaelbisquerra.com. Consultado el 18 de diciembre de 2015. 
  5. Flaubert, Gustave (2005). La educación sentimental. Literatura Random House. 

6. Educación emocional al aire libre. Un reto pionero