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Ciencia cognitiva corporizada

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La ciencia cognitiva corporizada (embodied cognitive science), también denominada ciencia cognitiva encarnada, es un paradigma de las ciencias cognitivas que postula que los procesos cognitivos dependen de la interacción entre la mente, el cuerpo y el entorno. Entre las características de la cognición se encuentran las construcciones mentales de alto nivel —como los conceptos y las categorías— y el desempeño en diversas tareas cognitivas, tales como el razonamiento o el juicio. Por su parte, los aspectos corporales comprenden el sistema motor y perceptivo, las interacciones físicas con el entorno (situatedness), así como las suposiciones sobre el mundo que se encuentran incorporadas en la propia estructura del organismo.

La tesis de la cognición corporizada

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La tesis de la mente corporizada (o cognición corporizada) desafía a otras teorías como el intelectualismo, el funcionalismo computacional y el dualismo cartesiano. La tesis corporizada está estrechamente relacionada con las tesis de la mente extendida, la cognición situada y el enactivismo. La versión moderna se basa en los conocimientos extraídos de investigaciones recientes en psicología, lingüística, ciencia cognitiva, sistemas dinámicos, inteligencia artificial, robótica, cognición animal y neurobiología.

En La mente extendida, publicada originalmente en el año 1998, Clark y Chalmers desarrollan la noción de “externalismo activo”,[1]​ basada en la estimulación que puede desempeñar el entorno en la realización de procesos cognitivos. Los autores presentan tres casos denominados problemas humanos con los que cuestionan la localización tradicional de las operaciones mentales. Advierten la “tendencia de los seres humanos razonadores a depender profundamente de soportes ambientales”,[2]​ por lo que medios como un papel o lápiz permiten que el cerebro lleve a cabo diferentes ejecuciones. En este sentido, señalan que ciertas funciones mentales —como resolver problemas matemáticos, orientarse mediante una brújula o recordar información— pueden ser delegados a medios externos, los cuales posibilitan procesos como pensar, razonar, recordar, decir, percibir o resolver problemas. Así, plantean que la cognición no está confinada al cerebro, sino que este puede extenderse a elementos del entorno físico que colaboran funcionalmente con ella.

En el inicio del libro, específicamente en el subcapítulo que lleva por título “Cognición extendida”, Clark y Chalmers proponen tres escenarios titulados problemas humanos. El primero plantea el caso de una persona sentada frente a una pantalla de computador que muestra imágenes con distintas formas bidimensionales. Se le solicita al sujeto que responda preguntas relacionadas con dichas figuras, las cuales aparecen dispuestas en una configuración específica. Para resolver el ejercicio, debe rotar mentalmente las formas y alinearlas con sus posibles conexiones. El segundo escenario mantiene el mismo contexto inicial, pero introduce la opción de realizar la rotación de las figuras no solo mentalmente, sino también físicamente, presionando un botón de rotación. Este caso supone la posibilidad de una mayor velocidad en la resolución mediante la acción física asistida por el sistema. Por último, el tercer caso sitúa al sujeto en un entorno futurista de estilo ciberpunk, igualmente sentado frente a una pantalla de computador. Sin embargo, ahora dispone de un implante neuronal que le permite ejecutar la operación de rotación con la misma rapidez que el computador del caso número dos. A pesar de ello, conserva la opción de realizar la rotación de forma mental o mediante el implante. Tras exponer estos ejemplos, los autores se preguntan: “¿Cuán presente está la cognición en estos casos?".[3]

Para los autores, el lenguaje, entendido en este marco, no constituye un simple reflejo de los estados internos del individuo, sino una herramienta cognitiva que posibilita el almacenamiento, la comunicación y la reorganización de la información mental. En tanto herramienta, el lenguaje permite realizar ejecutar operaciones mentales que serían imposibles de realizar únicamente mediante la actividad cerebral. Del mismo modo en que las herramientas físicas ampliaron las capacidades motrices del sujeto, el lenguaje expandió sus capacidades cognitivas, haciendo posible la cultura, la ciencia, la memoria colectiva y el razonamiento abstracto.

Los autores concluyen estas reflexiones planteando las siguientes preguntas: “¿Y qué podemos decir, finalmente del sí mismo? ¿Implica la mente extendida un sí mismo extendido?”.[4]​ Proponen como respuesta una afirmación provisionalmente positiva, al sostener que la mayoría de las personas ya acepta que el sí mismo excede los límites de la consciencia: “mis creencias disposicionales, por ejemplo, constituyen en cierto sentido profundo parte de lo que soy. Si es así entonces esos límites pueden también ir más allá de la piel”.[5]

Desde la noción de corporización, se subraya el papel activo y constituyente del cuerpo en la producción de la cognición, insistiendo en la necesidad de reconocerlo como un componente esencial en toda comprensión de la mente y de la agencia cognitiva. En filosofía, la cognición corporizada sostiene que la cognición de un agente, en lugar de ser el producto de meras representaciones abstractas (innatas) del mundo, está fuertemente influenciada por aspectos del cuerpo del agente más allá del solo cerebro. Por tanto, la tesis de la corporización busca reintroducir las experiencias corporales de un agente en cualquier explicación de la cognición. Es una tesis bastante amplia y abarca variantes tanto débiles como fuertes de la misma. En su intento de reconciliar la ciencia cognitiva con la experiencia humana, el enfoque enactivo de la cognición de Francisco Varela, Evan Thompson y Eleanor Rosch[6]​ define la “corporización” de la siguiente manera:

“Al usar el término corporizado queremos resaltar dos puntos: primero, que la cognición depende de los tipos de experiencia que provienen de tener un cuerpo con varias capacidades sensoriomotoras, y segundo, que estas capacidades sensoriomotoras individuales están embebidas en un entorno biológico, psicológico y cultural más amplio.” —Francisco J. Varela, Evan Thompson, Eleanor Rosch. The Embodied Mind: Cognitive Science and Human Experience, pp. 172-173.

Esta doble perspectiva que Varela y sus colaboradores atribuyen a la tesis de la corporización enfatiza aspectos de la cognición los que son abordados desde investigaciones interdisciplinarias en campos diversos como la filosofía, la ciencia cognitiva, la inteligencia artificial, la psicología y la neurociencia. Sin embargo, esta caracterización general de la cognición coporizada enfrenta algunas dificultades. El énfasis en el cuerpo, la experiencia, la cultura, el contexto y los mecanismos cognitivos del agente en el mundo genera con frecuencia la superposición de visiones y enfoques distintos. Así, la tesis de la cognición extendida y de la cognición situada suelen aparecer entrelazadas y no siempre se distinguen claramente. Del mismo modo, dado que estos aspectos de la corporización son asumidos en distintos grados de cada enfoque, la cognición corporizada debe entenderse como un programa de investigación amplio y plural, más que como una teoría unificada y exhaustiva.

Algunos autores explican la tesis de la corporización (embodiment) argumentado que la cognición depende del cuerpo del agente y de sus interacciones con un entorno determinado. En consecuencia, la cognición en los sistemas biológicos reales no es un fin en sí misma, sino que se encuentra constreñida por los objetivos y las capacidades del sistema. No obstante, tales limitaciones no implican que la cognición se defina únicamente por la conducta adaptativa o la autopoiesis, sino que esta requiere “algún tipo de procesamiento de información... la transformación o comunicación de la información entrante”.[7]​ Poseer dicha información implica la “exploración y modificación del medio ambiente” por parte del agente.

“Sin embargo, sería un error suponer que la cognición consiste simplemente en construir representaciones de máxima exactitud de la información entrante... la obtención de conocimiento es un paso para lograr el objetivo más inmediato de guiar el comportamiento en respuesta al entorno cambiante del sistema...” —Marcin Miłkowski. Explaining the Computational Mind, p. 4.

Otro enfoque para comprender la cognición corporizada parte de una formulación más acotada de esta tesis. Tal perspectiva no solo evita comprometerse con fuentes externas al cuerpo, sino que también permite distinguirla de las tesis de la cognición extendida y de la cognición situada. En este sentido, la tesis puede precisarse de la siguiente manera:[8]

Tesis de la corporización: muchas características de la cognición son corporizadas en el hecho de que dependen profundamente de las características del cuerpo físico de un agente, de modo que el cuerpo del agente más allá del cerebro juega un papel causal significativo, o un papel físicamente constitutivo, en el procesamiento cognitivo de ese agente. —R. A. Wilson y L. Foglia, Embodied cognition en la Stanford Encyclopedia of Philosophy.

En este sentido, la tesis sostiene que el cuerpo del agente desempeña un papel decisivo en la configuración de diversas funciones cognitivas, tales como la percepción, la atención, la memoria, el razonamiento, entre otros. Estas funciones, por tanto, dependen del tipo de cuerpo que posea el agente. Cabe señalar que esta formulación omite la referencia directa a la ciertos aspectos del “contexto biológico, psicológico y cultural más amplio” incluidos por Varela y sus colaboradores lo que permite distinguir la cognición corporizada de la tesis de la cognición extendida y la cognición situada.

La tesis de la mente extendida, a diferencia de la tesis de la corporización, no restringe el procesamiento cognitivo al cerebro ni al cuerpo, sino que lo prolonga hacia el entorno del agente.[8][9]​ Por su parte, la tesis de la cognición situada subraya que dicha extensión no consiste únicamente en incorporar recursos externos a la mente, sino en destacar el papel activo de la interacción del agente con su entorno, a través del sondeo y la modificación constante del mundo en el que actúa.[10]

El alcance de la cognición corporizada

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La cognición corporizada sostiene que varios factores tanto internos como externos (como el cuerpo y el medio ambiente) juegan un papel en el desarrollo de las capacidades cognitivas de un agente, del mismo modo que se dice que constructos mentales (como los pensamientos y los deseos) influyen en las acciones corporales del agente. Por esta razón, la cognición incorporada se considera un programa de investigación de amplio alcance, más que una teoría unificada y bien definida.[11]​ Un enfoque científico de la cognición corporizada alcanza, inspira y reúne ideas de varias áreas de investigación, cada una con su propio enfoque de la corporización, pero en un esfuerzo conjunto para investigar (metódicamente) la cognición corporizada.

Los lingüistas cognitivos George Lakoff, Mark Johnson, Mark Turner y Rafael E. Núñez (entre otros) han escrito una serie de libros que abordan el carácter encarnado de la cognición, y han formulado conceptos relevantes para la vertiente lingüística de la ciencia cognitiva corporizada, entre ellos los conceptos de “metáfora conceptual” y “esquema de imagen”.[12][13][14][15][16]

Irina Trofimova a su vez confirmó experimentalmente los fenómenos de “proyección a través de capacidades”, fenómeno característico de la teoría corporizada.[17]

Investigadores de robótica como Rodney Brooks, Hans Moravec y Rolf Pfeifer han argumentado que la verdadera inteligencia artificial solo puede lograrse mediante máquinas que tengan habilidades sensoriales y motoras y estén conectadas al mundo a través de un cuerpo.[18][19][20][21]​ Los conocimientos de estos investigadores en robótica han inspirado a filósofos como Andy Clark y Horst Hendriks-Jansen.[22][23]

Los neurocientíficos Gerald Edelman, Antonio Damasio y otros han delineado la conexión entre el cuerpo, las estructuras individuales en el cerebro y aspectos de la mente como la conciencia, la emoción, la autoconciencia y la voluntad.[24][25]

La teoría biológica de la autopoiesis de Humberto Maturana y Francisco Varela, también inspiró a Francisco Varela, Eleanor Rosch y Evan Thompson a desarrollar una teoría corporizada particular a la que llamaron enactivismo. El enactivismo sostiene que los agentes cognitivos no procesan representaciones simbólicas que recuperen propiedades de un mundo objetivo sino que crean activamente sus propios mundos subjetivos mediante su acción sensorimotora.[6][26]

La teoría motora de la percepción del habla propuesta por Alvin Liberman y sus colegas de los Laboratorios Haskins sostiene que la identificación de palabras está corporizada en la percepción de los movimientos corporales mediante los cuales se producen las palabras habladas.[27][28][29][30]​ En un trabajo relacionado que realizaron en Haskins, Paul Mermelstein, Philip Rubin, Louis Goldstein y sus colegas desarrollaron herramientas de síntesis articulatoria para modelar computacionalmente la fisiología y la aeroacústica del tracto vocal, demostrando cómo constreñimientos biológicos dan forma a la cognición y la percepción del habla. Esto se extendió al dominio audiovisual mediante el enfoque de “cabezas parlantes” de Eric Vatikiotis-Bateson, Rubin y otros colegas.

Lingüística cognitiva

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George Lakoff y sus colaboradores han desarrollado varias líneas de evidencia que sugieren que las personas usan su comprensión de objetos, acciones y situaciones físicas familiares (como contenedores, espacios, trayectorias) para comprender otros dominios más complejos (como las matemáticas, las relaciones o la muerte). Lakoff sostiene que toda la cognición se basa en el conocimiento que proviene del cuerpo y que otros dominios son mapeados a nuestro conocimiento corporizado mediante una combinación de metáfora conceptual, esquemas de imágenes y prototipos.

Metáfora conceptual

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Lakoff y Mark Johnson[15]​ demostraron que los humanos usan la metáfora de manera ubicua y que las metáforas operan a un nivel conceptual (es decir, mapean un dominio conceptual sobre otro), involucran un número ilimitado de expresiones individuales y que la misma metáfora se usa convencionalmente en toda una cultura. Lakoff y sus colaboradores han recopilado miles de ejemplos de metáforas conceptuales en muchos dominios.[15][31]

Por ejemplo, la gente suele utilizar el lenguaje sobre viajes para discutir la historia y el estado de una historia de amor, una metáfora que Lakoff y Johnson llaman "EL AMOR ES UN VIAJE". Se usa en expresiones como: “llegamos a una encrucijada”, “nos separamos”, “chocamos contra las rocas” (como en un viaje por mar), “ella está en el asiento del conductor” o, simplemente, “estamos juntos”. Estas metáforas que involucran el concepto de amor están ligadas a la experiencia física corporizada de viajar y a las emociones asociadas con un viaje.

Esquema de imagen

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Un esquema de imagen (en plural esquemas de imágenes) es una estructura recurrente dentro de nuestros procesos cognitivos que establece patrones de comprensión y razonamiento. Los esquemas de imágenes se forman a partir de nuestras interacciones corporales, a partir de la experiencia lingüística y del contexto histórico. El término fue introducido por Mark Johnson en el libro The Body In The Mind y en el estudio de caso 2 de Women, Fire and Dangerous Things de George Lakoff, y es explicado también por Todd Oakley en The Oxford Handbook of Cognitive Linguistics,[12]​ y por Rudolf Arnheim en Visual Thinking, de la colección From Perception to Meaning: Image Schemas in Cognitive Linguistics editada por Beate Hampe.[32]

En la lingüística cognitiva contemporánea, un esquema de imagen se considera una estructura prelingüística corporizada de la experiencia que motiva los mapeos de metáforas conceptuales. Aprendidos en la primera infancia, a menudo son descritos como relaciones espacio-temporales que permiten acciones y describen características del entorno. Existen tanto en versiones estáticas como dinámicas, que describen tanto estados como procesos. Un ejemplo de esquema de imagen estático es Contención y ejemplos de esquemas dinámicos son Entrada/Salida. Se aprenden de todas las modalidades sensoriales.

La evidencia de los esquemas de imagen se ha obtenido de una serie de disciplinas relacionadas, incluido el trabajo sobre cognición intermodal en psicología, en cognición espacial tanto en lingüística como en psicología,[33]​ lingüística cognitiva, y neurociencia.[34]​ Las influencias de los esquemas de imágenes no solo se ven en la lingüística cognitiva y la psicología del desarrollo, sino también en el diseño de interfaces[35]​ y, más recientemente, la teoría se ha vuelto de mayor interés en la inteligencia artificial[36]​ y la robótica cognitiva,[37]​ para ayudar a enraizar el significado.

Neurociencia

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El concepto de teoría corporizada ha influido en la neurociencia cognitiva, por ejemplo en las propuestas de Gerald Edelman sobre la memoria no representacional y acerca de cómo la selección de grupos neuronales y la degeneración neuronal dan como resultado una categorización emergente.[38]

Desde una perspectiva neurocientífica, la teoría de la cognición corporizada examina la interacción de los sistemas neurológicos sensoriomotor, cognitivo y afectivo. La tesis de la mente encarnada es compatible con algunas visiones de la cognición promovidas en neuropsicología, como las teorías de la conciencia de Vilayanur S. Ramachandran, Gerald Edelman y Antonio Damasio.

Históricamente, la visión de la cognición heredada por la mayor parte de la neurociencia cognitiva ha sido de naturaleza internalista. El comportamiento de un agente y su capacidad para mantener una representación (precisa) del entorno que le rodea son entendidos como el producto de “cerebros poderosos que pueden mantener modelos del mundo y diseñar planes”.[39]​ Desde esa perspectiva, conocer es algo que hace un cerebro aislado. Por el contrario, aceptar el papel que juega el cuerpo durante los procesos cognitivos nos permite una visión más global de la cognición. El comportamiento exitoso en escenarios del mundo real exige la integración de varias capacidades sensoriomotoras y cognitivas (así como afectivas) de un agente. Por lo tanto, es en la relación entre un agente y su entorno, y no solo en el cerebro, donde surge la cognición.

El trabajo de modelado de neurocientíficos cognitivos como Francisco Varela y Walter Freeman busca explicar la cognición corporizada y situada en términos de la teoría de sistemas dinámicos y neurofenomenología, pero rechazando la idea de que el cerebro use representaciones (una posición también adoptada por Gerhard Werner). En general, se pueden emplear múltiples métodos, como técnicas de neuroimagen, experimentos de comportamiento y modelos dinámicos, para respaldar e investigar más a fondo desde una perspectiva neurocientífica la tesis de la cognición corporizada.

Inteligencia artificial

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La investigación de IA proporciona otra línea de evidencia que respalda la tesis de la mente corporizada. En la historia temprana de la IA, los éxitos en la programación de tareas de razonamiento de alto nivel, como jugar al ajedrez, llevaron a un optimismo infundado de que todos los problemas de la IA se resolverían con relativa rapidez. Estos programas simulaban inteligencia utilizando lógica y símbolos abstractos de alto nivel (un enfoque llamado “Good old-fashioned I.A.”, ‘la buena IA pasada de moda’). Este enfoque “incorpóreo” tropezó con serias dificultades en las décadas de 1970 y 1980, cuando los investigadores descubrieron que el razonamiento abstracto e incorpóreo era muy ineficaz y no podía alcanzar niveles humanos de competencia en muchas tareas simples.

Las agencias de financiación (como DARPA) retiraron la financiación porque el campo de la IA no había logrado sus objetivos declarados, lo que llevó a un período difícil ahora conocido como el “invierno de la IA”. Muchos investigadores de IA comenzaron a dudar de que el razonamiento simbólico de alto nivel pudiera funcionar lo suficientemente bien como para resolver problemas simples.

El especialista en robótica Rodney Brooks argumentó que estos enfoques simbólicos estaban fallando porque los investigadores no apreciaban la importancia de las habilidades sensoriomotoras para la inteligencia en general, y aplicó estos principios a la robótica, un enfoque al que llamó “Nouvelle AI”.[18][40]​ Otra nueva dirección exitosa fueron las redes neuronales, programas basados en las estructuras reales dentro del cuerpo humano que daban lugar a la inteligencia y el aprendizaje. En los años 90, la IA estadística alcanzó altos niveles de éxito en la industria sin utilizar ningún razonamiento simbólico, sino utilizando técnicas probabilísticas para hacer “conjeturas” y mejorarlas de forma incremental. Este proceso es similar a la forma en que los seres humanos pueden tomar decisiones rápidas e intuitivas sin detenerse a razonar simbólicamente.

Desde una perspectiva reciente, el investigador danés Rasmus Gahrn-Andersen sostiene que la integración entre las teorías de la cognición 4E —acrónimo de embodied, embedded, enacted y extended—, y los estudios de ciencia y tecnología (CTS) permite comprender la inteligencia artificial como un fenómeno socio-material y práctico. En su artículo Integrating 4E cognition with sciencie and technology studies: a framework for understanding AI applications[41]​ (2025), plantea que la cognición no puede reducirse a procesos cerebrales o representacionales, sino que se constituye en la interacción entre las capacidades del agente y las características del entorno material. El autor subraya que las tecnologías de IA participan activamente en esa constitución, funcionando como extensiones y mediaciones de la cognición humana. Así, la IA no solo emula operaciones mentales, sino que reconfigura las prácticas cognitivas y sociales en las que está inscrita.[42]

Inmersión y cognición extendida

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Diversos estudios sobre la inmersión —y conceptos a fines— sostiene que esta experiencia no depende únicamente de estímulos perceptuales, ni puede reducirse a un realismo sensorial o a un simple transporte ‘sensual’ del sujeto hacia una realidad ilusoria.[43]

El investigador Daniel Alonso Martínez analiza la noción de inmersión en el contexto de los Mundos Virtuales mediados por interfaces, entendidos como sistemas de signos, reglas y convenciones que configuran entornos digitales interactivos. Según el autor, la inmersión no depende exclusivamente de la percepción sensorial o de la tecnología, sino que implica estructuras de significado —narrativas, símbolos y convenciones visuales— que median la experiencia del usuario.Desde esta perspectiva, el usuario no actúa como agente pasivo, sino que co-constituye el entorno digital mediante su acción, la cual modifica y es modificada por las respuestas del sistema. Este proceso transforma lo que Alonso Martínez denomina “el sensorio del individuo”,[44]​ afectando la manera en que percibe, siente y actúa dentro del entorno virtual.

Desde esta perspectiva, el usuario no actúa como agente pasivo, sino que co-constituye el entorno digital mediante su acción, la cual modifica y es modificada por las respuestas del sistema. Este proceso transforma lo que Alonso Martínez denomina “el sensorio del individuo”[45]​ afectando la manera en que percibe, siente y actúa dentro del entorno virtual.

El autor vincula esta dinámica con la noción de freudiana de “proyección-identificación”[46]​ definiendo la inmersión como la pérdida temporal de los anclaje socioculturales del individuo dentro de un espacio relacional. En este marco, la experiencia inmersiva no se limita a entornos digitales, sino que también puede manifestarse en experiencias narrativas o simbólicas, como la lectura o el relato.

En diálogo con esta perspectiva, Sergio Martínez Luna distingue entre inmersión y presencia: mientras la primera alude a la interacción mediada con un entorno, la segunda remite a la sensación no mediada de “estar allí”. Martínez Luna propone el concepto de “inmersión mimética”,[47]​ en la que el sujeto reproduce formas de estar en el mundo propias de su experiencia cotidiana. Tanto Alonso Martínez como Martínez Luna coinciden en que la inmersión no constituye una propiedad del medio, sino una relación experiencial entre sujeto y entorno, en la que intervienen factores perceptivos, cognitivos y técnicos.

Enfoques cognitivos y tecnológicos

La relación entre inmersión y cognición puede interpretarse desde la teoría de la mente extendida de Andy Clark y David Chalmers (1998), para quienes los procesos mentales se distribuyen entre el cerebro, el cuerpo y el entorno. Desde este punto de vista, la inmersión se concibe como un fenómeno cognitivo distribuido, sostenido por infraestructuras externas —aparatos, imágenes y espacios— que participan activamente en la percepción y el pensamiento.

El entorno técnico, en tanto infraestructura material, no solo posibilita la experiencia inmersiva, sino que actúa como un operador cognitivo, reorganizando las relaciones entre percepción, memoria y acción. Este planteamiento permite vincular la inmersión con las teorías de la cognición corporizada y extendida, que entienden la mente como un sistema dinámico en interacción constante con su medio.

Véase también

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Referencias

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  2. Clark, Andy; Chalmers, David (2011). La mente extendida (Celeste Sánchez Martínez edición). Oviedo: KRK Ediciones. p. 15. ISBN 978-84-8367-321-8. Consultado el 01-04-2025. 
  3. Clark, Andy; Chalmers, David (2011). La mente extendida (Celeste Sánchez Martínez edición). Oviedo: KRK Ediciones. pp. 61-64. ISBN 978-84-8367-321-8. Consultado el 01-04-2025. 
  4. Clark, Andy; Chalmers, David (2011). La mente extendida (Celeste Sánchez Martínez edición). Oviedo: KRK Ediciones. p. 92. ISBN 978-84-8367-321-8. Consultado el 01-04-2025. 
  5. Clark, Andy; Chalmers, David (2011). La mente extendida (Celeste Sánchez Martínez edición). Oviedo: KRK Ediciones. p. 92. ISBN 978-84-8367-321-8. 
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