Sesgo de correspondencia

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En la teoría de la atribución, el denominado Error Fundamental de la Atribución (conocido también como sesgo de correspondecia o efecto de sobreatribución y frecuentemente confundido con el sesgo actor-observador) es la tendencia o disposición de la gente a sobrevalorar los motivos personales internos a la hora de explicar un comportamiento observado en otras personas, infravalorando por el contrario motivos externos como el rol o las circunstancias, para este mismo comportamiento. En otras palabras, la gente tiende a explicar comportamientos basándose más en qué "tipo" de persona los ejecuta que en los factores sociales y ambientales que rodean e influyen a dicha persona. Esta presunción por defecto hace que la gente haga explicaciones erróneas del comportamiento. Este sesgo cognitivo por el que se propende a enfatizar los aspectos internos frente a los externos cuando se explican las acciones de los demás, suele estar bastante mitigado en las personas que han sido entrenadas para analizar y evaluar su propio comportamiento.

El término de error fundamental de atribución con el que se denomina a veces a este sesgo, fue acuñado por Lee Ross algunos años después del clásico experimento realizado por Edward E. Jones y Victor Harris. Ross argumentó en un periódico que el error fundamental de atribución forma parte del pilar más sólido de la Psicología social.

Más recientemente (1980) algunos psicólogos como Daniel Gilbert[1] empezaron a usar el término de "sesgo de correspondencia" para este error fundamental de atribución y es a partir del él cuando aparece como sinónimo de error fundamental de atribución. Jones escribió[2] que encontró el término de Ross "demasiado provocativo y algo desorientador" (e hizo el chiste: "Es más, estoy enfadado porque no pensé en él primero").

Ejemplos[editar]

La gente suele mentir sobre las pequeñas cosas y posteriormente hace justificaciones sobre ello. Las razones que nos obligan a hacerlo suelen ser diversas: evitamos hacernos demasiado daño, procuramos que una situación no sea tan complicada, o le quitamos importancia. De la misma forma, algunas personas son críticas con otras alegando que no son completamente honestas, argumentando que no hay excusa para este comportamiento. Este es un ejemplo de error de atribución mediante una inconsistencia basada en la perspectiva. Otro ejemplo sería que en un cuento, un señor decide pedirle a su vecino un martillo. Pero al poco tiempo se detiene a pensar si su vecino le prestaría dicha herramienta, y tras largas cavilaciones termina creyendo que está en una pelea con su vecino, toca la puerta de este y comienza a gritarle que no necesita su martillo y que puede tirarlo por un inodoro.[cita requerida]

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Gilbert, D. T., & Malone, P. S. (1995). The correspondence bias. Psychological Bulletin, 117, 21-38. PDF.
  2. Gilbert, D. T. (1998). Speeding with Ned: A personal view of the correspondence bias. In J. M. Darley & J. Cooper (Eds.), Attribution and social interaction: The legacy of E. E. Jones. Washington, DC: APA Press. PDF.
  • Heider, Fritz. (1958). The Psychology of Interpersonal Relations. New York: John Wiley & Sons. ISBN 0-471-36833-4
  • Jones, E. E. & Harris, V. A. (1967). The attribution of attitudes. Journal of Experimental Social Psychology 3, 1-24.
  • Ross, L. (1977). The intuitive psychologist and his shortcomings: Distortions in the attribution process. In L. Berkowitz (Ed.), Advances in experimental social psychology (vol. 10, pp. 173-220). New York: Academic Press.
  • Miller, J.G. (1984). Culture and the development of everyday social explanation. Journal of Personality and Social Psychology, 46, 961-978.
  • Gleitman, H., Fridlund, A., & Reisberg D. (1999). Psychology webBOOK: Psychology Fifth Edition / Basic Psychology Fifth Edition. W. W. Norton and Company, Inc. Accessed online 18 April 2006 http://www.wwnorton.com/college/psych/gman5/glossary/F.htm