Santiago Bonavía

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Santiago Bonavía (Piacenza, 1700 – † Madrid, 1760), en italiano Giacomo Bonavia, fue un arquitecto, escenógrafo y pintor italiano que trabajó en España en el siglo XVIII.

Fue llamado a Madrid por Felipe V en 1731, se cree que para alzar el Teatro del Buen Retiro y pintar las consiguientes decoraciones. Pero ésta resultó ser su menor obra, ya que en 1739 el cardenal D. Luis de Borbón y Farnesio, arzobispo de Toledo, le encargó la construcción de la iglesia de los S. Justo y Pastor (desde 1892 Basílica Pontificia de San Miguel) de Madrid. Si bien no terminada por Bonavía (en 1743 se hace cargo de la conclusión Virgilio Rabaglio) este templo, de planta muy estrecha, es todo un prodigio de gracia por su alternancia de tramos circulares y elípticos con otros de arcos cruzados, esquema más o menos derivado de Guarino Guarini, y admirable por su riqueza de formas y espectacularidad.

En 1743 es nombrado maestro mayor de la catedral de Toledo.

En 1748, destruido el palacio de Aranjuez por un incendio, se encomienda a Bonavía su reconstrucción. Ya antes, en 1746, había trazado la hermosísima escalera, de grandes proporciones y suma belleza. Ahora, rehízo por completo la fachada del palacio con sencillez y grandiosidad. Además, en el mismo Real Sitio, con la colaboración de Alejandro González Velázquez, se encargó de la finalización y decoración interior de la iglesia de Alpajés, y, él solo, la iglesia de San Antonio, unida al complejo residencial, admirable estructura cupulada y porticada, que es un portento de organización. Pero quizá el esfuerzo más importante de Bonavía en Aranjuez sea el proyecto de urbanización de la localidad, demoliendo las viviendas viejas, uniformando la traza de las nuevas y creando ejes que parten del palacio y de las casas de oficios en varias direcciones, todo ello más que sensatamente resuelto.

Bonavía, que contaba con el título de pintor de cámara, perteneció desde 1744 a la Junta Preparatoria de la Academia de San Fernando y desde 1753 era director de Arquitectura de la misma.

Arquitecto habilísimo, pese a actuar dentro del rococó, lo administró con el mayor de los rigores, y si la iglesia madrileña de los S. Justo y Pastor sorprende por su lujo interior, no ocurre otro tanto en las construcciones de Aranjuez, en las que sólo el color acentúa la nobleza y la economía de líneas directrices.

Bibliografía[editar]