Movimiento de la Palabra de Dios

De Wikipedia, la enciclopedia libre
Saltar a: navegación, búsqueda
El Bautismo de Jesús es el símbolo de El Movimiento de la Palabra de Dios.

El Movimiento de la Palabra de Dios, es llamado también Obra de Dios Padre, Es un movimiento eclesial de renovación evangélica y de evangelización perteneciente a la Iglesia Católica Apostólica Romana.

Se autodefine como "una Comunidad católica organizada desde el carisma pastoral del Evangelio y consagrada a evangelizar el desierto del mundo y a desarrollar la Civilización del Amor sobre la Tierra."

Esta nueva Comunidad o familia eclesial tiene diversos tipos de miembros, compromisos y servicios. Busca participar, desde la Iglesia Católica, del ecumenismo del Amor con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, colaborando con todo lo verdadero, noble y justo; procurando así la unión de los hombres, pueblos y naciones por encima de sus diferencias para que todos, sin distinción, por medio de Cristo tengan acceso a Dios en el Espíritu de su Amor.

Su misión fundamental es evangelizar, buscando desarrollar la Civilización del Amor desde las comunidades de salvación bajo el Señorío de Jesús sobre el mundo.

Es una nueva Comunidad o familia eclesial de renovación evangélica y evangelización, que se descubre aludida en el espíritu del documento de Pablo VI Evangelii Nuntiandi y del Concilio Vaticano Segundo, cuando afirma: "Cristo Señor por medio del Espíritu Santo suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos que reciben como misión propia el encargo de la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia (cf Ad Gentes, 23)."

Esta Comunidad actualmente se halla presente en Argentina, Uruguay, Paraguay, Perú y Ecuador.

En 1975 surgieron además desde los "grupos juveniles de oración" los primeros llamados a una consagración laical con una modalidad adaptada a la experiencia vivida. Se comenzó a reunir un grupo vocacional prevalentemente femenino, que sentía un llamado de consagración laical y comunitaria. Así surgieron dos ramas consagradas de Nazaret: una masculina, de laicos y sacerdotes, y otra femenina.

Identidad del Movimiento[editar]

Los primeros grupos juveniles de oración reconocieron en 1978 que su identidad surgía de la Palabra de Dios buscada como estilo de vida con la unción del Espíritu Santo. En el año 1980, el Padre Obispo Jorge Novak, acogió al Movimiento en la diócesis de Quilmes (Argentina) y en 1982 hizo la primera aprobación canónica del Movimiento con sus estatutos ad experimentum.

La inspiración de un Cursillo de Evangelización, recibida por el Padre Ricardo Martensen, religioso de la Orden Jesuita, ahora cofundador del Movimiento, fue una gracia decisiva para los grupos. El Cursillo I, realizado en enero de 1976, selló la identidad y fundó la espiritualidad de la Palabra de Dios como estilo de vida. Esto llevó a la conciencia de su identidad como El Movimiento de la Palabra de Dios.

El Cursillo hizo de puente entre el carisma originario recibido en aquellos grupos y la novedad de El Movimiento de la Palabra de Dios, como nueva comunidad de renovación evangélica en la Iglesia. Nuestra identidad posteriormente fue confirmada eclesialmente con la aprobación canónica definitiva de los Estatutos realizada el 11 de agosto de 1988.

"Por su naturaleza, los carismas son comunicativos, y hacen nacer aquella 'afinidad espiritual entre las personas' (cf. Christifideles Laici, 24) y aquella amistad en Cristo que da origen a los 'movimientos'. El paso del carisma originario al movimiento ocurre por el misterioso atractivo que el fundador ejerce sobre cuantos se dejan involucrar en su experiencia espiritual" (Juan Pablo II, discurso en la Vigilia de Pentecostés, 30/05/98).

Carisma[editar]

El Carisma del Movimiento es: "Anunciar el Evangelio desde la Alianza del amor fraterno, construyendo comunidades discipulares de salvación bajo el Señorío de Jesús"

Lo peculiar de El Movimiento de la Palabra de Dios es un carisma para leer y anunciar la Palabra de Dios traduciéndola en un estilo de vida significativo y testimonial. Tal anuncio lleva al encuentro y a la experiencia del Dios vivo y verdadero de la Revelación, que llama a la conversión para una vida entregada y reconciliada con Dios y de fraternidad y alianza comunitaria entre los creyentes.

Desde el comienzo, lo que luego sería llamado el carisma de la Obra del Padre surge de la gracia como un deseo de vivir el Evangelio de Jesús en el presente, con la fidelidad de las primeras comunidades cristianas de los Hechos de los Apóstoles.

Es un carisma:

1- Evangelizador Anunciar kerigmática y carismáticamente a Jesús como Salvador y Señor, y a la Vida eterna de su Evangelio.

2- Comunitario Desarrollar la alianza del amor fraterno en la comunidad y del amor universal de Dios a todos los hombres y mujeres. Desde los comienzos, el carisma se vivió como una espiritualidad dinámica y de comunicación, propia de la ciudad. Dios se hace presente en la comunicación de la gracia oracional y en la caridad de las relaciones interpersonales, así como en el testimonio del ambiente de amor comunitario en los encuentros.

3- Pastoral Sacerdotes, laicos y laicas, desde la comunión con la Iglesia jerárquica, trabajan en organizar comunidades a imagen de Hechos 2,42-47 y 4,32-37, desarrollando el pastoreo integral de la vida personal y comunitaria a la luz del discernimiento.

4- Civilizador Por ser un carisma integralmente evangelizador es también un carisma civilizador, que busca formar comunidades de Salvación para gestar brotes civilizadores de un Mundo Nuevo y así servir a la sociedad en sus necesidades.


Origen e Historia del Movimiento[editar]

A principios de setiembre de 1973, en un retiro de alumnas de quinto año de un colegio del barrio de Flores (Buenos Aires, Argentina), el Padre Ricardo Martensen, cofundador del Movimiento que se encontraba en uso de una licencia ministerial de la Orden de Jesús (Congregación de los Jesuitas) fue alojado por una Congregación en el barrio porteño de Flores, convocado por la Hna. Graciela Rodriguez y Hna. Mercedes (Congregación de Hermanas de la Sagrada Familia de Urgel administradoras del Colegio Católico Ana María Janer de Buenos Aires) reflexionó sobre la realidad del Dios vivo del Evangelio y propuso una muy sencilla experiencia de oración grupal espontánea. Una semana más tarde, las religiosas, el sacerdote y cinco chicas de ese curso se reunieron en ese colegio para repetir aquel hecho y cuidar así los frutos del retiro.

La experiencia del grupo se desarrolló hasta fin de año en un proceso creciente en número y ahondamiento de esa oración y en la coherencia de su vida cristiana. Simultáneamente se dio una experiencia similar a partir de un retiro de cuarto año de un colegio del barrio de Belgrano (Buenos Aires, Argentina).

A partir de esa experiencia se toma conciencia de la reunión grupal como un proceso de gracia y oración, de comunidad y servicio.

A su vez se había originado un grupo de oración cuya experiencia serviría de raíz para otra serie de grupos surgidos al año siguiente.

La realización de un retiro espiritual para la celebración de la Fiesta de la Pascua de 1974, al cual concurrieron casi 80 jóvenes, dio nacimiento a cuatro centros de grupos juveniles de oración, radicados en la Ciudad de Buenos Aires y Gran Buenos Aires. Tal cual lo expresa la relación "doméstica" que la Hna. Graciela Rodriguez, cofundadora del Movimiento, hizo por pedido del P. Ricardo, sobre el proceso del grupo secundario y del grupo universitario de Flores que se reunía en el Colegio Janer.

Ese retiro fundacional (Pascua I), les descubrió la experiencia de la oración grupal espontánea y el gusto por la alabanza a Dios, dejando su sello de libertad interior, conversión y gozo evangélico. La inquietud de continuar esa experiencia dio lugar a la formación de los "grupos juveniles de oración". El encuentro con el Dios vivo y verdadero hecho camino de oración grupal abrió a los jóvenes a la novedad de la fraternidad comunitaria y a la misión evangelizadora.

Así, sin que fuera la intención inicial, los "grupos juveniles de oración" eran preparados para recibir la gracia de un Movimiento evangelizador en la Iglesia, en momentos ambientalmente difíciles para la Iglesia y oscuros para la Argentina.

Ese año 1974 los grupos profundizan su proceso oracional, de fraternidad y de evangelización testimonial. Se establecen tres jornadas de formación anual: Pentecostés, Asunción de María, y Navidad, que se desarrollaron hasta el día de hoy.

En el transcurso del año, algunos jóvenes orantes reciben espontáneamente la experiencia carismática. Y por la observación y el discernimiento del entonces equipo asesor (P. Ricardo Martensen, Hna. Graciela Rodriguez, Srta. Mercedes Guinle, P. Ignacio Blanco y Dr. Luis Salinas), se reconocen las principales etapas en el proceso de la oración comunitaria de un grupo, una metodología novedosa para la época, más conocida como "oración espontánea" acompañada con "gestos corporales", similares a los de hoy día cuando en Misa se reza el Padrenuestro con los brazos extendidos hacia el cielo.

En 1975 se comenzó a gestar el Centro Pastoral de Córdoba. Los grupos fueron creciendo en número, asentando su propio proceso y se gestó lo que hoy es la Escuela Pastoral para los coordinadores de los grupos.

En 1981 el Padre Obispo de Quilmes de la Provincia de Buenos Aires, Mons. Jorge Novak, improvisó unas palabras de aliento en el encuentro denominado Jornada Mariana del Movimiento (16-8-81) comenzando para el Movimiento una relación tan importante con un Pastor de la Iglesia, dado que la Arquidiócesis de Buenos Aires no permitía los encuentros del "Autodenominado Movimiento de la Palabra de Dios" según lo expresara el Boletín Oficial de AICA.

En 1984 dicho Obispo de Quilmes instituye la ordenación de los cinco primeros sacerdotes del Movimiento de la Palabra de Dios, encardinándolos de una manera novedosa en la "experiencia" de los grupos de oración y la vida comunitaria. La diócesis de Quilmes había recibido un tiempo antes al P. Ricardo Mártensen como sacerdote auxiliar en la Catedral de Quilmes.

Simultáneamente, con el retorno de la democracia al país, los entonces jóvenes secundarios iniciaron y culminaron estudios universitarios, que requirieron mayor participación en las decisiones del futuro de la "Obra de Dios Padre" (el otro nombre oficial del Movimiento). Si bien, muchos de esos jóvenes se marcharon de "la Obra" otros permanecieron ante las diferentes propuestas que surgían abordando las temáticas de sus profesiones con el ideal de la construcción de un "mundo nuevo". A partir de ese crecimiento y evolución de los miembros se refuerzan los Cursillos Anuales con otras Convivencias que permitieron profundizar, abordar y impulsar proyectos profesionales. De allí surgieron: el grupo de arquitectas, el colegio San José en Córdoba, el grupo de psicopedagogía, el grupo Proyecto San Bernabé, las comunidades de trabajo, el Colegio San José de Buenos Aires, entre otros. Qué décadas más tarde serían las semilas de las "Comunidades Asociadas" tanto con objetivos pastorales (catequesis de confirmación, grupos juveniles, misioneros, etc,) como otras con objetivos civilizadores (profesionales) estas últimas no llegaron a desarrollarse a la fecha dada la modalidad centralista de la conducción actual.

Actualmente se está tramitando en Roma la aprobación canónica del Movimiento de la Palabra de Dios. Desde el Vaticano II ha habido un buen número de movimientos de renovación dentro de la Iglesia que tienen en común ciertas características (>Asociaciones de fieles). Se llaman «movimientos» porque son grupos de personas, originalmente espontáneos, en general guiados por uno o varios líderes carismáticos, que los conducen a determinadas experiencias espirituales o apostólicas, transmitiéndoles también a menudo una visión global de la realidad. Son «eclesiales» porque se consideran a sí mismos dentro de la Iglesia —como un modo de «ser Iglesia»— y servidores del reino de Dios bajo los pastores de la Iglesia, o al menos con su aprobación tácita. Son «contemporáneos» porque por lo general son de fundación reciente o son una refundación radical de un movimiento anterior. Son en su mayoría de origen europeo latino. El discernimiento de tales movimientos es delicado porque su programa básico, o su idea directriz, son verdaderamente cristianos. Juan Pablo II se ha mostrado en general favorable a tales grupos.

En su exhortación possinodal sobre los laicos señala con aprobación sus frutos y subraya la libertad concedida por el derecho canónico para que los fieles se reúnan con fines caritativos y religiosos. Sin embargo, algunos de los movimientos eclesiales modernos han provocado reacciones muy negativas por parte de algunos obispos y pastores. Son difíciles de clasificar: cada uno consagra una visión determinada del cristianismo, variando los matices culturales, los objetivos, los métodos y la relación con los otros miembros de la Iglesia. En cuanto movimientos, están en constante desarrollo, por lo que la valoración de los mismos ha de modificarse cada cierto tiempo. Habría que distinguir además entre los objetivos de un movimiento y la realización a veces incompleta, precaria o ambigua de sus ideales. A la hora de valorarlos hay que tener en cuenta también las manifestaciones locales: un movimiento puede ser muy valioso en un país y presentar en otro aspectos muy negativos. El discernimiento objetivo y ecuánime es a menudo difícil. Cabe, sin embargo, trazar de modo general tanto los valores como las posibles desviaciones, que son realidad al menos en algunos lugares y en algunos movimientos.

Con esta prudencia ahora el Papa Francisco, también Jesuita y del barrio porteño de Flores de la Capital de la República Argentina tiene en sus manos la decisión de aprobarlo o dejarlo como una experiencia espiritual para la iglesia local latinoaméricana.

Enlaces externos[editar]

  • www.mopal.org Página oficial de El Movimiento de la Palabra de Dios (en español, inglés, francés, alemán, italiano y portugués)