Monte Lope Álvarez

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Monte Lope Álvarez
Asentamiento de España
Monte Lope Álvarez
Monte Lope Álvarez
Ubicación de Monte Lope Álvarez en España.
Monte Lope Álvarez
Monte Lope Álvarez
Ubicación de Monte Lope Álvarez en la provincia de Jaén.
País Flag of Spain.svg España
• Com. autónoma Flag of Andalucía.svg Andalucía
• Provincia Bandera de la provincia de Jaén.svg Jaén
• Comarca Metropolitana
• Partido judicial Martos
• Municipio Bandera de Martos (Jaén).svg Martos
Ubicación 37°42′00″N 4°07′00″O / 37.7, -4.11666667Coordenadas: 37°42′00″N 4°07′00″O / 37.7, -4.11666667
• Altitud 480 msnm
• Distancias 15 km a Martos
39 km a Jaén
Población 779 hab. (INE 2008)
• Densidad n/d hab./km²
Código postal 23615
Patrona Virgen del Carmen
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Monte Lope Álvarez es una población con 779 habitantes perteneciente al municipio de Martos, en la provincia de Jaén, en España. Está situado a unos 15 km al oeste de la ciudad de Martos, sede del ayuntamiento. En 1940, su población alcanzó los 3000 habitantes.

Toponimia[editar]

Parece ser que el orígen del topónimo de la localidad proviene del dueño de este Monte, que se llamaba Fray Lópe Álvarez, comendador de Vallaga y de Benavente del Rabal de Soria, según datos de 1382.

El diccionario de Madoz lo denomina como Monte Nuevo y lo describe como un territorio donde se da la dehesa, que se transforma en el siglo XVIII en olivar.[1]

Historia[editar]

Esta sección está basada en el libro Manuel Aranda, la fidelidad a Cristo, de Antonio Aranda Calvo.[2]


1. ORIGEN. El nombre de Monte Lope Álvarez designa, originariamente, una extensión de terreno en el término municipal de Martos, muy cerca del límite de la provincia de Jaén con Córdoba, en el término de Albendín (anejo de Baena). El territorio que describimos limita con la demarcación de Alcaudete por Bobadilla y Noguerones, con Torredonjimeno, por Lendínez y con el término de Santiago de Calatrava. La zona de Monte Lope Álvarez, como todo el término de Martos y la llamada Campiña, debió estar poblada desde muy antiguo, pensad en la vecina Porcuna con sus valiosos yacimientos ibéricos; la abundancia de fuentes y arroyos, montículos y vaguadas repletas de caza; monte bajo rico en matorrales, arbustos y frondas inclinan a pensarlo. Avanzando en milenios y siglos en el territorio al que nos referimos se encontraron varias piedras o lápidas con inscripciones latinas de tipo sepulcral y de la época romana. Frecuentes son también los restos árabes; así nos dice el Padre Alejandro Recio: “...otros lugares cercanos a Martos en los que han aparecido restos principalmente romanos y árabes y a los que se llega por el camino del Monte son: Vado-Baena, Las Máquinas, Monte Lope Álvarez y el Pedroso, sitio este donde nos han entregado monedas hispano-latinas e ibero-romanas” y “cerramos capítulo, con la reseña de un dije de bronce, que según el Padre franciscano Darío, catedrático de la Universidad de Granada, es un amuleto adorno que se colocaba en el pecho de los caballos. Ofrece en su interior un signo cabalístico sin significado concreto. Procede de Monte Lope Álvarez a 12 Km. de Martos de la finca del Pedroso...” En el área de Monte Lope Álvarez se ubican un sin fin de cortijos y cortijadas; cada entidad lleva su nombre propio, bien por la fisonomía del lugar mismo, como Vado Baena, La Charca de la tía Jacinta, las Higueras, el Llano, los Cortijuelos, las Ceras, las Peñuelas, bien por el apellido de quienes los crearon o habitaron desde el principio, como Los Calvos, Los Cobos, Los Ramírez, Los Martínez, Las Espejas; otros pueden hacer referencia a la historia del lugar como Mingo Yuste, el Pedroso, el Coracho. Todos estos núcleos los hemos visto habitados, prácticamente hasta la década de los sesenta; estaban llenos de vida, blancos entre el verde olivar, siempre abiertos para acoger al visitante; caminos y veredas frecuentados en un ir y venir asombroso; carecían, es verdad, de las mínimas comodidades que ya empezaban a ser normales, pero en ellos, además de gozar de la naturaleza, se economizaba, se salía adelante y hasta se ahorraba, ya que la familia vivía de la misma producción familiar: un pequeño huerto, gallinas, huevos, el pavo de Navidad, el cerdo para la matanza, conejos etc. Estos parajes, los nombres y sus habitantes nos hablaban de su procedencia y de una entrañable historia familiar. Hoy están casi todos vacíos, algunos han desaparecido y otros se han convertido en chalet para los fines de semana. Para llegar al Monte de Lope Álvarez, desde Martos se desciende hacia el arroyo Salado, Vado Baena, donde se inicia, en pendiente acusada, la subida. Aquí comienza el espacio que desde muy antiguo se le llamó con este nombre. La razón de esta denominación se explica por el señorío que sobre él ejerciera “un tal Lope Álvarez”. Efectivamente, Fernando III el Santo encomendó a la Orden de Calatrava la defensa y administración del llamado “Partido de Calatrava en Andalucía”, extenso territorio en los límites de las provincias de Jaén y Córdoba; los comendadores y caballeros se distribuyeron y tomaron en propiedad aquellas tierras. Este monte, que era de chaparros, encinas y matorrales formó parte del feudo del caballero calatravo Lope Álvarez y de él tomó el nombre; certifica lo dicho, los datos constatados que presentamos seguidamente:

a) Ya en 1588 aparece en la narración de una batalla el nombre de monte de Lope Álvarez. Se cuenta que en una de las batallas de los caballeros cristianos de Porcuna y los moros que se acercaban a “La Higuera de Martos” para coger provisiones y saquearla... cuando aquellos pasan el Salado... “los moros dieron en huir al monte que dicen de Lope Álvarez y allí tomaron un moro ladino, del cual supieron que cerca de allí estaban quinientos moros a caballo y dos mil peones”. El hecho a que se refiere el texto está fechado en 23 de febrero de 1408 y se escribe en 1588.Para aclarar la figura de Lope Álvarez encontramos en la historia del Obispado de Jaén de Jiménez Jurado el relato de la concordia del Obispo de Jaén Don Nicolás de Biedma y su Cabildo con la Orden de Calatrava sobre los diezmos del Partido de Calatrava, entre los señores que firmaron dicho acuerdo se menciona a un caballero calatravo llamado “Frey Lope Álvarez de Vega, comendador de Vállaga y de Benavente del Rabal de Soria” en el año 1382. Si unimos estos dos datos pueden hacernos concluir:

1- Que Frey Lope Álvarez era señor de este monte desde antes del 1380.

2- Que este monte era normal llamarlo monte de Lope Álvarez, al menos desde 1408.

3- Que desde luego todos le llamaban el monte de Lope Álvarez desde 1588.

Por estas fechas era sólo “monte bajo”, tal vez poblado de caza menor, pero no sabemos que existieran núcleos de población, a no ser alguna alquería o cortijo: los nombres de las cortijadas de “Mingo Yuste”, el “Coracho” lugar donde hay agua abundante y donde ésta se almacena, el “Pedroso”, desde donde se puede otear todo el término del Partido Calatravo, nos insertan en esas fechas.

b) Asimismo, entre las referencias encontradas sobre Monte Lope Álvarez, viene a cuento hacer mención a un interesante relato de los Milagros de Nuestra Señoras Santa María de la Villa, referido al siglo XVII, del que podemos concluir la rica población forestal del lugar del Monte; lo trascribo literalmente por el interés en su misma ingenuidad: “Por los años 1665 a corta referencia se emprendió el Monte de Lope Álvarez en un fuego tan grande que no pudiendo extinguirlo con fuerzas humanas, los sacerdotes de esta iglesia sacaron a la imagen de Ntra. Sra. de la Villa, sin andas; sólo la tomaron de su nicho donde estaba, y sacándola a la lonja que cae en la puerta baja, y da vista a dicho monte, cesó el fuego, volviéndose el aire a lo que tenía quemado dicho monte; cenizas y pavesas fueron testigos de este prodigio, pues vinieron a dar algunos en el manto de dicha imagen”. Y “Don Cristóbal Montañés, escribano el más antiguo del Cabildo de la Villa, quien firmara esto mismo y que desde esta ocasión se llama aquella parte del monte...que dista de este pueblo dos leguas”.

c) En el siglo XVIII encontramos otro documento en el que se hacen alusiones a Monte Lope Álvarez; se trata del Catastro de Marqués de la Ensenada y en las respuestas que se envían desde Martos a las cuestiones que se plantean. Se pregunta sobre el término de la Villa, límites, extensión; su agricultura, calidad de la tierra y producción, cómo se administran, los arrendamientos y contratos, los jornaleros, el número de vecinos, casas, propiedades del común y rendimiento de las mismas, comercios, ventas, molinos de aceite y de harina, granjerías...Pues bien, a lo largo del censo aparecen los siguientes nombres de otros tantos lugares: La Muela, el Mimbre, la Candonga, el Madroño, Nicuesa, La Nava, Doña Blanca, Pernía, las Guelgas de Covo, La Cueva, Guadarrama, La Serrana, El Pozo de la Horden, Matagallares, Las Peñuelas, Los Cortijuelos del Monte, la Ventilla, Lagunillas del Monte, el Castillejo del Monte, Zamajona, Vado Baena, Peñaflor, Casasola, Venta de Dª María, Mingo Yuste, Las Perdigueras, La Tobosa, en las páginas 148-149. Se dice más adelante (página 150): “Hay en este término una dehesa que llaman el monte de Lope Álvarez, en la que esta Villa tiene por propios 302 fanegas de tierra y en ellas hay 600 encinas y anualmente se arriendan dichas tierras en 2,293 reales y 23 maravedíes y los pastos se aprovechan de ellas el común de esta Villa, los de Torredonjimeno, Santiago y la Higuera para el aprovechamiento de sus ganados, por la comunidad de pastos que tienen con estas villas”. En la página 179 se habla de dos ventas en el término, “la una que se llama la Ventilla y que es de Don Antonio Callejón, clérigo de menores... Y les dejará de renta a Don Antonio Callejón por la Ventilla 400 reales y al que la toma en arrendamiento bajado el precio dos mil doscientos reales”, por otra parte sabemos que una Ventilla existía en el cruce del camino Ganada con el de Baena. En la página 185, entre la propiedad del común se citan: “trescientas dos fanegas de tierra de labor en el monte Lope Álvarez que están arrendadas anualmente en 2,293 reales y 23 maravedíes y el fruto de las encinas queda a beneficio del común y si éste se vendiera valdría anualmente 200 reales”. En la 187 se dice que el común de la Villa disfruta de diversos arbitrios, entre ellos “de la bellota del monte Lope Álvarez doscientos ochenta y siete reales y trece maravedíes, regulado todo por un quinquenio...”. En otro orden de cosas se informa que Martos tiene 1709 vecinos y “hay 96 familias en el término en casas y cortijos que hay en él”, tiene 1333 casa, de las cuales 8 están inhabitables y 6 arruinadas, pero no se nos dice la distribución de las 96 familias que viven fuera de la Villa. El informe se termina en 20 de julio de 1754.

2. TRASFORMACIÓN AGRÍCOLA DE LA ZONA. COMIENZOS DEL SIGLO XIX. Nos encontrarnos, ahora en un nuevo contexto; el siglo XIX es testigo de la transformación de la sociedad en sus estructuras y organización; será la Revolución Francesa el punto de partida, y su influencia llegará hasta los lugares más apartados. El hecho es que el nuevo orden invita al desarrollo agrícola y a la comercialización de los productos; también esto alcanza al monte de Lope Álvarez. Todavía, por los meses de noviembre a diciembre de 1808, se produce un serio problema para la junta local de Martos sobre las aportaciones que ésta ha de hacer para el sustento del ejército francés, el cual recorría la provincia o estaba de retén en la localidad, se refería a los pastos y arbolado del llamado monte de Lope Álvarez, la Junta Superior de Jaén decidió en el tema. Los censos que se han hecho en etapas anteriores, seguidos de las diversas desamortizaciones, ha facilitado los cambios y la reforma. Se produce así en el territorio del que hablamos lo que podríamos llamar una amplia repoblación forestal y humana, un cambio total en su fisonomía: las encinas y los chaparros se cambian por olivos, disminuye la caza, el campo se llena de cortijos y cortijadas como lugares habitables en el centro de las extensiones a labrar; la voz humana se oye arreando a los animales y la presencia del hombre recorre las veredas y caminos. Ahora también le llamarán “monte nuevo” pues se ha trasformado al iniciarse su desmonte y roturación para ser plantado de olivos. Así Sebastián de Miñano y Bedoya en 1826 en su Diccionario Geográfico-Estadístico, hablando de Martos dice: “la producción de granos y semillas es considerabilísima. Hay un terreno que se extiende 3 leguas hacia el Oeste, todo de tierras de labor de excelente calidad y no hace 10 años que todo él era montuoso y se conoce todavía con el nombre del Monte de Lope Álvarez”. Veinte años después, en 1845, Madoz, mentor de la organización económica del Reino, nos dice: “En algunos años a esta parte la agricultura se ha desarrollado de una manera asombrosa, haciéndose desmontes considerables en terrenos del común y particulares y reduciéndose al cultivo todo el monte nuevo, conocido por Lope Álvarez, que con particularidad los del monte nuevo serán con el tiempo del mayor mérito”. El párrafo y nota forma parte de una amplia descripción del término de Martos y nos ofrece la posibilidad de conocer el origen de nuestros prestigiosos olivares, que además de ser riqueza, son el mejor homenaje al amor y trabajo de nuestros antepasados.

3. SIGLO XX: PRIMERA ESTRUCTURACIÓN. El Monte “desmontado” se ofreció en campos y parcelas, no olvidemos que era del común de la Villa de Martos, en propiedad o arrendamiento, para el cultivo de olivos. Familias de Martos, Torredonjimeno y otros núcleos, especialmente Fuensanta, vinieron buscando trabajo, fortuna y un lugar donde asentarse; así poblaron el nuevo territorio. A comienzos del siglo XX, Monte Lope Álvarez, en cuanto a las poblaciones, era un conjunto de aldeas, cortijadas y cortijos. De entre todos estos núcleos creció más y prevaleció sobre los demás, el núcleo llamado “Las Máquinas” asumiendo para sí el nombre del todo, de tal modo que desde muy pronto sería conocido por Monte Lope Álvarez, perdiéndose el de “las máquinas”. Monte Lope Álvarez (Las Máquinas) se forma en un cruce de caminos transitados por arrieros que trasladaban las mercancías: vino, frutas, aceite, piedra de cantera y otras. En una especie de vaguada (Encrucijada, vulgarmente la llamamos “Crucijada”) se cruza el Camino Real de Granada con el Camino de Martos a Baena y por el lado izquierdo de éste sale otro “el Camino de los Fruteros” para las huertas de Alcaudete, zona llamada “Vado de Santa Rosa”. En esta zona estratégica de la Encrucijada, camino de Granada, camino de Baena y camino de los Fruteros. Y en torno a dos fábricas de aceite que, también, se instalan en el lugar; se van construyendo casas. Los pobladores, que admiran la novedad, le llaman “máquinas” de moler aceite en contraposición a los molinos movidos por el agua o la fuerza animal, de ahí el nombre de “Las Máquinas” que recibió este núcleo y que poco a poco prevaleció sobre los demás.

4. ALGUNAS ALDEAS Y OTROS LUGARES QUE CONFIGURABAN MONTE LOPE ÁLVAREZ. -La aldea de Media Panilla, en ella hubo Escuela Nacional Unitaria Mixta, desde luego no antes de 1940; también tenía servicios de correo y de trasporte diario, panadería, taberna, tienda; al estar situada en la carretera de Martos, mediando el camino con el Monte, se orientaba hacia la capital del municipio; en su entorno giraban las siguientes cortijadas: Guadarrama, El Capitán con molino de aceite, Vado Baena también con fábrica de aceite llamada “Santa Ana”, La Muela, El Mimbre y en el entorno había otros muchos cortijos que acudían a Media Panilla.

-La Cortijada de Don Juan de la Torre, llamada vulgarmente después de la guerra “El Tomate”. Se situaba en dirección a Bobadilla; tenía Escuela Nacional Unitaria Mixta a partir de los años cuarenta; servicio de panadería, taberna, tienda; hacia el año 1960 se construyó un nuevo edificio para la Escuela, que se hizo a la vez Capilla mediante un cierre de la parte del Altar. Cerca estaban Las Higueras (Altas y Bajas) Los Ramírez, cortijos de los Martínez y otros más diseminados. Los servicios de alimentos, de ropa y medicina, así como los religiosos y culturales se encontraban en este orden: en la Cortijada, en el Monte, en la Bobadilla, finalmente en Martos o en Alcaudete.

-Los Cortijuelos formaba el núcleo más numeroso junto con los caseríos que le rodeaban y cuyos nombres eran: El Coracho (que daba el nombre oficial a la Escuela), Las Peñuelas, La Venta, Piedras de la Venta, La Laguna, Las Ceras, La Cerilla, Mingo Yuste, El Llano, El Castillejo, Las Lomas del Beltrán, Las Colmenas, Los Serios. Atravesaba estos núcleos una carretera de piedra, desde la Cruz de la Zamajona hacia Baena y hacia Martos con servicio propio desde los años cincuenta. Tenía Escuela Unitaria Mixta desde los años cuarenta, panaderías, tiendas de comestibles, tabernas. En las Piedras de la Venta se hizo un Centro Parroquial por los años sesenta con Capilla, dispensario y escuela.

-“Las Máquinas”, que asumiera el nombre del todo, Monte Lope Álvarez, y que en conversación normal llamamos el Monte, pronto se convirtió en el centro de todo el territorio. Aldeas, cortijadas y cortijos dependían de ella en los servicios religiosos, algunos, que facilitaba el Ayuntamiento (muy pocos en verdad), aunque los impuestos sí los cobraba. Aquí había algún comercio, la visita médica y la mínima asistencia sanitaria del Practicante (ATS); aquí llegaban vendedores ambulantes, cómicos, bailes, se celebraban los actos religiosos y festivos: bodas, bautizos, entierros... y a finales de los cincuenta se instaló un cine. Del Monte dependían, especialmente, las cortijadas o aldeas más cercanas como El Pedroso, Los Cobos, Los Calvos, Las Espejas, Los Martínez, Los Molinos con molino de aceite, Los Málagas, Mata-almas, Los Vicos, Majadas Altas y Bajas, y otros muchos cortijos diseminados. Aquí había dos Fábricas de Aceite: los Carrascos y Toribio; mucho más tarde, por la década de los cincuenta, se construiría una tercera llamada “Mary Rosa” de Aceites Elosúa, que por su novedad en la maquinaria y el edificio era cosa de ver. Dos Escuelas Unitarias, niños y niñas, a las que también asistían los chicos y chicas del entorno. El paisaje de Monte Lope Álvarez semeja un inmenso mar de olivos, sembrado de tanto en tanto por los blancos cortijos y cortijadas ya descritos. Hay un lugar privilegiado para contemplar este paisaje, es la Vereda de la Mella. Partiendo del Pedroso se camina por una cresta, camino pedregoso con suaves repechos, hasta que se llega a un descenso brusco hacia Los Cortijuelos. A lo largo de este camino, mirando en derredor, se divisa perfectamente el antiguo Partido de Calatrava: límites con la provincia de Córdoba en el término de Baena y Valenzuela. Ya en Jaén los términos de Santiago de Calatrava, Higuera de Calatrava y Porcuna (estos dos pueblos se divisan perfectamente). Los términos de Torredonjimeno, poblado de Lendínez, término de Jamilena, preciosas vistas de la Ciudad de Martos y su Peña, que se acerca o distancia del resto del macizo según la densidad atmosférica que la circunda, vistas de la sierra de Ahillo en el término de Alcaudete y en el que contemplamos el cercano pueblo de Bobadilla recostado sobre su asiento y así hasta entrar de nuevo en la vecina Córdoba.

5. CAMBIOS EN LA ALDEA “LAS MÁQUINAS” QUE ASUMIRÁ EL NOMBRE DE MONTE LOPE ÁLVAREZ. -Por el 1929 se crea la primera Escuela Unitaria Estatal Mixta que regentará el maestro Don Rodolfo González, pero por poco tiempo. En 1930 la ocupó como propietario Don José Peñalver Villuendas, venido desde Vitoria, quien permaneció como maestro hasta bien pasado el año 1965. La escuela unitaria de niñas se crea en 1933 y la regentan dos maestras por breves periodos de tiempo: Doña Aurora y Doña Consuelo, hasta que vino como propietaria la maestra Doña María Montes quien la dirigiría hasta su muerte. Al poco tiempo se desdobló en dos unitarias, para niños y para niñas.

-Se construyó la carretera hacia Martos, el puente del Salado, arreglo de la calle principal (llamada desde entonces calle Baena), la cual con la calle Granada y la calle Fruteros, más un ensanche de la Plaza; acogían todas las casas del pueblo.

-Comunicación normal con Martos mediante vehículos de motor, un camión o algún coche, y facilidad para hacerlo en mulos, burros, caballos y yeguas (en el pueblo, a todos estos animales les hemos dado el sobrenombre de “bestias”) o andando. Poco más tarde se establecería un servicio regular de autobús, llamado “La Catalana” (aquí lo llamábamos y le seguimos llamando “la viajera”) y servicio de Correos.

-Construcción de la Posada, un caserón grandísimo con dependencias para personas y animales y algunas habitaciones reservadas. Las dimensiones de la posada era signo del abundante tránsito de personas y animales de carga.

-La Iglesia de la Virgen del Carmen, propiedad y obra de Don Manuel Carrasco García, privada en un principio, pero que comenzó a servir para la inicial atención religiosa del pueblo: bodas, misas, catequesis, bautizos. Las dimensiones eran reducidas 8 x 10 metros la capilla y unos 3 x 5 la sacristía, delante tenía un jardín de unos 100 metros cuadrados y una parte donde los propietarios almacenaban orujo. Cuando Monte Lope Álvarez se erigió como Parroquia, la Iglesia fue cedida con generosidad por sus propietarios a la diócesis para el servicio del pueblo y fue la primera sede parroquial.

-Se establecen algunos servicios básicos: correos, médico, tienda de tejidos, barberías, carpinterías, herrerías, zapateros, albardonero, herrador, modistas etc., que hacen crezca la población. Los oficios nos dicen mucho sobre la población que los necesitaba y utilizaba.

-Se organiza la Fiesta de la Virgen del Carmen y se da inicio a la Cofradía o Hermandad con el nombre de la misma. La atención religiosa se ofrece periódicamente. Se elige el título de Nuestra Señora del Carmen porque es el nombre que llevaba la madre de los Carrascos. Ya desde tiempo atrás se veneraba una imagen del Carmen en una casa particular, “la garabatica”, donde se organizaban ejercicios piadosos como oraciones, rosarios, novenas. Podríamos poner el 1923 como fecha de la primera Procesión de la Virgen del Carmen por las calles; así lo decía Antonio González Contreras, ya muy anciano y lo recordaba “porque aquél año era soldado”.

-Promoción cultural básica: llega algún periódico, artesanos y aprendices, intercambios comerciales, movimientos socio-políticos. Por ejemplo: se edifica una casa del pueblo a partir de los grupos sindicales que comienzan a nacer: Salón de Actos, vivienda y unas grandísimas cámaras. Este lugar se llamará “El Centro” y se construyó con los donativos de muchas familias, sin saber muy bien para qué y a quienes, además, se les entregaba un justificante. Aquí vendrán algunas compañías de teatro, cantaores y sobre todo mítines y conferencias políticas de movimientos obreros y signo “revolucionario”. El advenimiento de la II República repercute en la aldea en la medida de su capacidad. El Monte siempre será como una caja de resonancia de Martos, a veces sólo un simple rumor. No obstante, la gente pacífica sigue siendo y viviendo como una familia; de vez en cuando vienen de fuera agitadores que dejan los ánimos inquietos, se recibe algún periódico que se lee en grupos amigos o adeptos, llegan noticias, la casa de Bernardo Martos (frecuentada por el maestro Palanca) en la esquina de la calle Fruteros y la calle Baena era lugar de difusión de acontecimientos, comunicaciones y novedades; ya aparecía alguna radio-galena y poco más. A veces se producen enfrentamientos personales o desavenencias entre obreros y propietarios y sobre todo los bajos jornales y el paro agrícola que hacen pasar hambre a familias enteras. Gran preocupación era las malas cosechas, dado el carácter agrícola de los habitantes del Monte.

6. GUERRA Y POSGUERRA. En el Monte, la época de la guerra, como en toda España, fue triste y dolorosa. Aquí hubo hijos y esposos asesinados en los primeros meses, otros presos; hambre y necesidades sobre todo para los “no adictos”, familias a las que se les despojó de cuanto tenían, hijos y esposos en el frente. En realidad, no todos sabían el porqué de este desastre; unos iban de aquí para allá, y otros de allí para acá; pero eran otros los que dirigían. Necesidades múltiples, apenas se cultivaban los campos, no había quien los trabajara, no había cosechas. Al principio cada sector tendría la esperanza de ganar, pero la situación se alarga y el desánimo aumenta en todos. Las familias de derechas, prácticamente desaparecen o están en la cárcel o abandonan el lugar, pues la vida se les hace imposible. Entre los que quedan, sean del signo que fuere, se endurecen las relaciones, la ley de la sospecha siempre está a mano y el objetivo es sobrevivir a lo que hay y a lo que venga. Dos signos graves: se paraliza la Escuela y los niños pueden jugar a la guerra. La posguerra continúa el tinte de negrura y de dolor que hondea en los corazones, aunque las banderas proclamen triunfo y paz. Ahora este mismo dolor y padecer llega para los vencidos, sin que las heridas de los otros hubiesen podido cicatrizar todavía. Otros serán los que entren en la cárcel, los ajusticiados, mujeres maltratadas, hijos con hambre. ¡Gran dolor! Algunos pueden volver a casa, otros son atrapados en campos de concentración, pésimas condiciones, algunos huyen a Francia. Aflicción, lamento y desgarro. Debemos cuidarnos con hacer buenos y malos, pues aunque pudiera parecer incompatible, los corazones de las personas son idénticos para amar y para odiar, más allá de los credos políticos y por desgracia de los supuestos religiosos. Cada cual llevó el propio sufrimiento, su propia amargura; os aseguro que en silencio y con respeto de unos a los otros, que cada cual lloraba lo suyo. Necesidades, pobreza, miseria, escasez, cuadrillas de hombres que van a segar por los campos de Castilla, hambre, jornales de penuria, injusticias; en muchos casos también generosidad, perdón, amor, defensa, enseñar a querer a todos y ayudar al que lo necesitaba. En el Monte todos vivíamos las mismas condiciones de abandono. Cierto que había diferencias, ojalá se hubieran sabido allanar y derribar las desigualdades. Todo forma parte de nuestra historia, la de todos. Creo que nadie puede ufanarse. Estemos orgullosos no de los hechos, ¿quién, sea de la parte que sea, podrá estarlo? Hoy, fuera de todo rencor y con espíritu fraterno, podemos estar orgullosos.

7. CREACIÓN DE LA PARROQUIA NUESTRA SEÑORA DEL CARMEN. Entre 1941 y 1942 vienen al Monte misioneros diocesanos o de Congregaciones Misioneras. Los primeros fueron Don Martín Rodríguez Sánchez y Don Juan Montijano Chica, después el Padre Mayo, el Padre Huelin y otros. Estas misiones populares tienen gran éxito y a partir de ellas la Misa dominical está asegurada. El taxi con que venían los sacerdotes desde Martos era costeado por los Señores Carrasco o herederos de la Fábrica de Aceite, Don Fernando Feijoo, “Aceites Blanco”. Se hacen prácticas religiosas como Las Flores, las Primeras Comuniones, que también se celebraban anualmente en las Cortijadas donde existía Escuela: Media Panilla, Cortijuelos y La Cortijada del Tomate. Se establecen los primeros viernes de mes al Corazón de Jesús y las Visitas al Sagrario por la tarde en la Capilla del Carmen. La llave de la Iglesia estaba en casa de Miguel Bueno y Clotilde Aranda, vecinos de la misma, allí se llegaba a recogerla. Clotilde cuidaba del templo y de la lámpara del Sagrario para que nunca estuviera apagada. Cierto que para la práctica religiosa había una presión ambiental, pero la mayoría no iba a misa ni asistía a prácticas religiosas de ninguna clase; practicaba quien quería sin más; más bien era algo propio de “ciertas familias o capas sociales”. Como anécdota bástenos el ejemplo de aquel cabrero que discutió con el Cura Don Martín, y con razón, cuando éste le pedía “que entrara en misa y que dejara las cabras en aquél rellano, que Dios las guardaría”; Manuel Apolonio cuerdamente le contestó: “Déjese de tonterías, Don Martín, las cabras las tengo yo que guardar, y si usted fuera un parroco como son los parrocos vendría a sus horas a decir misa y yo iría, pero no a estas horas”. Y desde luego se fue a guardar su manada. El trabajo dominical si era vigilado por la Guardia Civil y más de una vez se tramitaría alguna multa, pero casi ineficazmente, porque allí se trabajaba “todos los domingos y fiestas de guardar”. En el año 1947 se erige, mediante decreto, la Parroquia con el nombre de Nuestra Señora del Carmen en Monte Lope Álvarez, asignándole límites propios, servida por párroco y coadjutor y segregándola de la de Santa Marta de Martos. Califico este hecho de muy importante y sin exageración alguna lo fue, pues estamos en un lugar donde no había institución alguna que asumiera funciones de tipo social. Para el Monte y sus habitantes, la Parroquia será la primera y única esfera de autonomía respecto a Martos. No se olvide que la parroquia es una entidad religiosa con repercusiones jurídicas, no sólo ante la Iglesia sino también ante la Administración pública, por ejemplo en matrimonios, documentos de bautismo, defunción etc. La Parroquia puede tener gran influencia en colectivos donde, además lo religioso es apreciado, considerado útil y condicionante. Para templo parroquial se utilizará la Capilla existente y se iniciarán los libros del Archivo: Bautismo, Matrimonio, Confirmaciones, Defunciones, administración propia, independiente de la de Santa Marta de Martos, de donde se segrega. El Obispo que la crea es Don Rafael García y García de Castro y el Papa Pío XII regía la Iglesia Católica. El primer Párroco Encargado será Don Martín Rodríguez Sánchez, quien a la vez lo era de Santa Marta de Martos y Arcipreste del partido del mismo nombre; desde que terminó la guerra, él ya atendía a los fieles de la nueva demarcación. Era entonces Alcalde Pedáneo del Monte, el Maestro Don José Peñalver Villuendas. Por estas fechas las fiestas del pueblo comienzan a definirse: días 15, 16 y 17 de julio; el primer día comenzaba la fiesta por la tarde con los cohetes, el desfile de gigantes y cabezudos y por la noche los fuegos artificiales, baile en la plaza y/o en el Salón. Algunas veces la música que acompañaba a los cabezudos daba a modo de un concierto en la “encrucijada” donde se instalaban los fuegos; no obstante desde muchos día antes se estaba preparando el ambiente: llegada de los columpios y otras atracciones, la caseta de helado de Vergara, blanqueo y arreglo de casas y fachadas, vestidos nuevos para estrenar en la procesión. El día 16 era la fiesta principal: de mañana “cohetes, diana, desfile de gigantes y cabezudos”, invitación en las puertas con anís y magdalenas, hasta la casa del Hermano Mayor donde la invitación, los cohetes y la música era más generosa, todo esto se iba haciendo como un ritual casi sagrado. A las 12 la Fiesta de Iglesia, decían los de antes, y en realidad era la Misa en la que se predicaba más largo y se pasaba más calor por la fecha y por ir mas arreglados. ¡La devoción a la Virgen era grande! ¡Ya se verá por la tarde! Porque por la tarde era la Procesión, en ella no faltaba nadie, dos largas filas, casi todos con velas encendidas, muchas y algunos descalzos para cumplir “las mandas”. La música, detrás de la imagen, hacía a veces reavivar la emoción y los sentimientos. Al final la Salve y los ¡vivas! rituales: a la Virgen del Carmen, al Hermano Mayor, a la Hermandad y al Párroco. El día 17 era de relleno: por la tarde carrera de cintas y por la noche baile. También poco a poco se estableció un partido amistoso o el final de la “liguilla” de fútbol entre Bobadilla y “El Madruga” del Monte.

En todas las bodas había baile y a él asistía todo el pueblo y los de los cortijos y cortijadas de alrededor. Y al contrario, cuando la boda o el baile eran en un cortijo o cortijada. Los habitantes del Monte participaban en las ferias de Martos, 24 de agosto, y muchos visitaban los pueblos vecinos de Bobadilla, Baena, Albendín o Noguerones en sus fiestas respectivas. Hubo por muchos años una Romería vistosísima; era la Virgen de la Victoria establecida en Martos con la sin igual animación de Don Martín. A ella se unía el Monte con organización propia; hermanos mayores, cofradía y reglamento. Llegado el día y bien de mañana mucha gente se trasladaba hasta la Peña a caballo, en mulos, pocos coches y a pie; la entrada a Martos era preciosa, e igual el paso por la Fuente Nueva, calle Campiña, Llanete, calle Real, la Plaza y Adarves hasta la ermita de San Bartolomé. Alguna vez la Virgen bajó al Monte y en la Plaza se celebró la “Misa de Campaña” con inmenso fervor. Los trajes, sombreros de ala ancha, banderas, atalaje de las cabalgaduras, flores y cantos hacían este traslado digno de haberse conservado; la vuelta, como suele suceder era menos ordenada. Poco a poco desapareció, aunque en Martos se conserva en pujanza.

El 12 de junio de 1950, recién ordenado sacerdote, es nombrado Cura Ecónomo para la parroquia del Monte: Don Vicente Moreno Rodríguez, era sobrino de Don Martín, tenía la residencia en Martos y hacía, fundamentalmente, de coadjutor en Santa Marta. Ahora se iniciará el sentido de Parroquia. Se hace más frecuente la presencia del sacerdote. De la nueva comunidad parroquial saldrán, después de Manuel Aranda Espejo (seminarista muerto en trágicas circunstancias en los primeros meses de la Guerra Civil), los dos primeros seminaristas del Monte, sacerdotes en 1965 y 1966. Don Vicente Moreno marchará, posteriormente a Estación Linares-Baeza y por muchos años sería, después, párroco de San Pablo de Baeza. No obstante el Monte seguía sumido en un verdadero abandono, también en lo religioso, pero sobre todo en los servicios: no había médico, ni farmacia, ni luz eléctrica, ni servicio de aguas, ni alcantarillado. La carretera intransitable. Las calles sucias, embarradas en invierno, polvorientas en verano. Pero por ahora comienzan algunas familias a mandar a sus hijos a estudiar fuera. La emigración a Madrid y Barcelona, viajes y salidas a otros lugares, hace que la aldea vaya tomando otra fisonomía. Por estas fechas se abre, durante poco tiempo, una sastrería, llegan algunas compañías de teatro y cantaores, aparece algún aparato de radio que funciona con batería recargada en Martos y trasportada por “la viajera”. Algunos vecinos entendían de guitarra, bandurria o acordeón; éstos actuaban en reuniones familiares, en solitario o en los remates de la aceituna, también para dar algunas serenatas con ocasión de declararse o felicitar a la novia. En los bailes de bodas o fiestas más oficiales aparecen la orquesta de Bobadilla vulgarmente llamada “la Gansa” y otras de Martos. Según los recuerdos, el lugar tenía todo lo positivo que podía ofrecer la vida rural: contacto con el campo y la agricultura, los animales y el descubrimiento de la vida a través de ellos; la vida de los niños se daba más en la calle que en casa y en ese sentido todos jugábamos, nos peleábamos y en el fondo nos queríamos. Era ilusión de los niños, según los tiempos, participar en la trilla, la entrada de palos y melones, recoger ramón para las luminarias. Niños y niñas reproducían en el juego lo que se preveía para el futuro; muy pronto dejaban de asistir a la escuela y comenzaban, las niñas a coser y a bordar y los niños, el trabajo en el campo u oficio del padre como aprendices; formábamos parte de una pequeña comunidad y de alguna manera todo repercutía en todos. Señalados los días de la matanza: chorizos, morcilla de carne y cebolla, exquisito salchichón, el blanquito, los chicharrones, el jamón y el tocino. En una matanza nada tiene desperdicio y el poder matar al menos un cerdo, suponía tener un “buen apaño para el año”; por desgracia no todos podían hacerlo. Las panaderías sabían mucho de las especialidades en la repostería de las mujeres del Monte: magdalenas de leche y de huevo, tortas de aceite y de leche, mantecados de manteca, de vino y de chocolate, roscos de vino y de huevo, roscos de Priego, merengues, pasteles con cabello de ángel; más los que se hacían en la propia casa: la flor de sartén, roscos fritos, tartas o roscones, arroz con leche y las natillas. Se celebraba mucho la Noche Buena, con la Misa del Gallo, canto de Villancicos y “el dar las Pascuas”; fantástico el Nacimiento que Paco Martos Melero hacía cada año en Los Cobos y que era visitado con gusto, sobre todo, por los niños. Muy celebradas las hogueras, lumbres en medio de la calle con cantos de carnaval, en el día de la Candelaria (día de la Purificación, 2 de febrero). La Semana Santa tenía menos relieve, pues por estas fechas ni siquiera había procesiones; recuerdo que antes de las reformas litúrgicas se celebraba el Sábado de Gloria y se adelantaba la Resurrección anunciándose a la gente con disparos de escopeta en el momento oportuno. El día del Corpus se celebraba con gran solemnidad y había procesión con altares de trecho en trecho, las calles se llenaban de juncia que daban un olor característico; las ya cercanas primeras comuniones, rompían la monotonía de aquella vida. Una fiesta bien sentida era “el remate de la aceituna”: invitación por parte del dueño, vino, algunos cantos, bailes y ciertas licencias en palabras, bromas y chistes. El 12 de junio de 1957, es nombrado nuevo Párroco Ecónomo Don Antonio Higueras Armenteros, siendo también coadjutor de Santa Marta y con residencia en Martos. Su carácter bondadoso y alegre le acercó mucho a la gente, quienes hubieran deseado que hubiese vivido en el pueblo. Don Antonio marchará a Campillo del Río, después a Sorihuela de Guadalimar y de aquí a Jaén. En el año 1958 se constituye la Cooperativa de Aceite “Virgen del Carmen”; un paso importante que se debió a un grupo de olivareros, con visión de futuro e inquietudes, amantes de su tierra y al servicio de sus convecinos. Al frente de ellos Miguel Bueno Cobo, quien fuera presidente de la misma durante 35 largos años. La Cooperativa tenía su propia sección financiera, pero además trajo consigo el establecimiento de una entidad bancaria (Caja Rural) con el consiguiente beneficio para todos. La calidad de nuestros olivos y del fruto que producen en estas tierras y el buen hacer de los trabajadores y productores hizo que la Cooperativa “Virgen del Carmen” en 1989 ganara el Primer Premio a la calidad de Aceite, concedido por el jurado de la Feria Internacional de Expoliva. La Cooperativa sería la primera institución económica y social que se fundara en la localidad y la única, hasta ahora. La Parroquia mantenía algunas asociaciones, más o menos vivas; así entre las jóvenes se contaban las “Hijas de María” que surgieron con motivo del Año Santo Mariano, y que con obras de teatro “comedias” consiguieron comprar la imagen, buena talla, de la Inmaculada; entre los adultos; ciertos grupos: Acción Católica o Cáritas, más nominales que reales. Los niños tenían el catecismo en la escuela y en el verano daban los seminaristas una especie de catequesis en la puerta de la Iglesia. Se mantenía la Hermandad o Cofradía de la Virgen del Carmen, que organizaba y costeaba las fiestas anuales del pueblo (15 al 17 de julio) tanto en lo religioso como en lo profano, puesto que desde el Ayuntamiento de Martos ni se intervenía, ni se colaboraba.

8. TRANSFORMACIÓN DEL MONTE. SEGUNDA ESTRUCTURACIÓN. La luz eléctrica en todas las casas de la vecindad y el alumbrado público no se instalarán hasta 1953 por intervención de Don Natalio Rivas Santiago (exdiputado de las Cortes en la II República y antiguo propietario del cortijo de la Venta de Doña María) a quien insistentemente se lo pedía Paco Aranda, amigo de él. Se conservan cartas que demuestran el esfuerzo y dificultad para conseguirlo. Baste citar la carta del 14 de septiembre de 1952 en la que Don Natalio decía a Paco: “No conozco al Gobernador de Jaén, pero soy amigo del Ministro de Gobernación y rogaré que intervenga en el asunto de la luz, tan justo y tan necesario para ese poblado. Me alegraré de conseguir lo que desea”. Por cierto que cuando llegó la petición al Gobernador, al estar el Monte catalogado como calle de Martos, aquél contestó ufano al Ministro “que en Martos no había calle alguna sin Luz”. Paco Aranda tuvo que explicar a Don Natalio el equívoco que dejaría al gobernador en ridículo, pues el Monte (¡la calle de Martos!) era una localidad a 14 Km. de la capitalidad del municipio y que el Gobernador no conocía; rápidamente se consiguió aquello tan justo. El 10 de septiembre de 1959 es nombrado para esta Parroquia (residiendo en ella) Don Antonio Rodríguez Medina. Fueron unos 8 años (hasta el 3 de marzo de 1967) de intensa vida tanto parroquial como social y cultural, en realidad todo era una misma cosa porque todo surgía de la Parroquia, es decir del párroco, pues aunque los cambios se imponían y coincidieran otras circunstancias, el promotor y el alma de todo fue Don Antonio. El Monte seguía dependiendo de Martos, menos en lo religioso, que como Parroquia y con párroco residente, tenía total autonomía dentro de la diócesis y que en algunas ocasiones aparecía como modelo la labor que en ella se llevaba. Enumeraré algunos objetivos conseguidos en esta época:

-Por las muchas y diversas gestiones realizadas se nos empezó a conocer oficialmente. Pronto no fue necesario decir: “soy de Martos... bueno del Monte...” para que conocieran nuestro origen y el lugar de residencia. Era suficiente decir: “soy de Monte Lope Álvarez”.

-Arreglo de calles, alcantarillado y acerado. Escuela-Capilla en la cortijada Don Juan de la Torre (El Tomate), donde se promovieron más de 15 estudiantes. Alguno, hoy día, es profesor de Universidad.

-El teléfono (sólo centralita) se instaló en 1965, en las casas por 1970 y automático en 1975.

-Centro social-capilla en “Las Piedras de la Venta o Las Ceras” donde se promocionó también a niños y mujeres y que se incorporó al Plan diocesano CEMAS. Varias jóvenes del Monte se formaron en esta institución y realizaron trabajos en ella.

-Se consiguió el arreglo de las calles del pueblo y de caminos hacia las cortijadas.

-Construcción del Nuevo Templo Parroquial que se inaugurará el 29 de septiembre de 1962. Lo bendice Don Félix Romero Mengibar, Obispo de Jaén. Casa Parroquial, salones y jardines. El solar de la Parroquia fue donado por Antonio Hernández Mena, quien fue por muchos años Alcalde Pedáneo; a raíz de esta edificación se comenzaron a construir viviendas y el Monte fue tomando una nueva fisonomía. En el centro de los jardines del templo se erigió el monumento en honor del Seminarista Manuel Aranda, mártir y víctima de nuestra guerra civil y con esta inscripción: “Manuel Aranda Espejo, tu vida fue ejemplar y orienta nuestras vidas”.

-Centro Cultural-Dispensario junto a la Parroquia y bajo su gestión, con un proyecto social de Don Antonio, donde irían tres escuelas de primera enseñanza, taller-escuela, dispensario y residencia para las religiosas, que lo regentaran.


-Aumentaron vertiginosamente los estudiantes, la mayoría de las familias del territorio aspiraban a que sus hijos estudiaran. Promoción de niños a través del Seminario, de chicas a través del Centro Diocesano CEMAS. Bien es verdad que ayudó, sobremanera, la creación del Instituto de Bachiller en Martos.

-Reuniones sin fin con niños, jóvenes y adultos. Ejercicios Espirituales dados por sacerdotes diocesanos que querían conocer la organización de esta Parroquia. En las reuniones diocesanas aparecía gente del Monte y se hablaba de la labor que allí se realizaba. Cursillos de Cristiandad para hombres y mujeres. Cursillos dentro del Apostolado Rural, promoción, trabajo comunitario.

-Atención cristiana a los núcleos menores con un sentido social y de promoción y hasta con un estilo de avanzadilla dentro de la diócesis. Presencia de Seminaristas en verano para estrenarse en el apostolado rural.

-Grupos de música, coro, teatro y comedias.

-Se abre una nueva calle de viviendas subvencionadas, calle que llevaría el nombre de Manuel Aranda. Posteriormente el Barrio del Niño Jesús y expansión de otras calles en torno a la iglesia.

A partir de 1968 el movimiento parroquial decae con la enfermedad y cambio del titular de la Parroquia, promotor de todo aquello, Don Antonio Rodríguez Medina. Le sustituye un joven e ilusionado párroco, también de Comillas, pero pronto deja de residir en el lugar al ser nombrado profesor de religión en el Instituto de Martos. Pasando el tiempo, durante largas temporadas la Parroquia estará atendida por “párrocos encargados”, aunque hay momentos de mayor presencia, pero aquél punto de referencia que era la Parroquia pierde fuerza vertiginosamente; también son otros tiempos.

-El Centro social-dispensario promovido y proyectado por la Parroquia se convirtió en la Escuela Hogar “Valdeoliva”, perdiendo su orientación primera. Este hecho en sí fue de incalculable importancia, pues además de traer niños de fuera, se atendía a los del Monte y centros cercanos, y sobre todo aseguró la permanencia del Centro Escolar que exigían los nuevos planes de reformas educativas. Esto unido a la apertura del Instituto de Bachiller en Martos y al trasporte escolar; facilitó la enseñanza primaria y media a los jóvenes. Estos hechos hicieron que algunas familias de las cortijadas vinieran a instalarse aquí y que los de aquí no marcharan a Martos.

-Ante las necesidades del nuevo templo y dependencias, goteras y otros desperfectos, se encuentra la solución en vender la Capilla del Carmen para solventar los defectos; por lo que se convirtió en una propiedad particular cerrada a la vista por una cerca. Se perdió algo de verdadero significado para muchos, más allá del valor de su fachada.

-Entre 1973 y 1974 llega a todas las viviendas de Monte Lope Álvarez la red de abastecimiento de agua potable. Asimismo y en esos años, la vieja plaza fue reemplazada por una moderna y embaldosada. Aunque nunca olvidaremos sus viejos “poyos” y su farola oxidada y semiderruida, enclavada en el centro.

9. EN LA ACTUALIDAD. Monte Lope Álvarez como toda la sociedad española y la fisonomía de sus pueblos y ciudades ha cambiado portentosamente desde las décadas de los 70 y 80. En los 90 llegó a la práctica totalidad del pueblo y a los núcleos menores, los servicios de agua, luz y teléfono. Pero, hoy día, esos núcleo menores y la mayoría de los cortijos están deshabitados, muchos derruidos y en algunos ni se nota que hubieran habido viviendas. Sin embargo el núcleo principal (ya Monte Lope Álvarez) se ha trasformado en muchos aspectos y ha perdido en algunos otros. Relataré mis puntos de vista al respecto e invito a visitarlo. Y si encontraran algún acompañante que les indicara lugares, nombres e historias, les aseguro podrían comprender muchas cosas de las que aquí se han escrito. Y si, encima, es de su agrado, pueden disfrutar de una apetitosa mesa. El Monte ha ido creciendo en viviendas y calles; es hoy un pueblo limpio, con una iluminación excelente, una plaza recién remodelada, calles asfaltadas, servicios suficientes como Centro de la Tercera Edad, Consultorio Médico, Estación de Servicios, Diversas Almazaras de Aceite, Caja de Ahorros, Centro Escolar desde Infantil hasta Segundo de ESO con Asociación de Padres de Alumnos, Farmacia, comercio y supermercados. Existe una Asociación de Vecinos que puede ser un buen instrumento para canalizar los deseos y aspiraciones de los habitantes del Monte. La vieja carretera empedrada a Martos ha dado paso a una excelente vía de servicio, aunque aún queda algún tramo estrecho. Esto nos facilita poder acceder a la capital del Municipio, donde se encuentra cuanto faltare en el lugar. Nos separan de Jaén 30 minutos, pues accedemos fácilmente a la autovía sin entrar en Martos. Desde el año 1989 la parroquia comienza a ser atendida desde Alcaudete, unas veces junto a la Bobadilla y otras a Noguerones; siendo estos pueblos del Arciprestazgo de Alcalá la Real; el Monte, que lo es de Martos, queda desencajado. Desde 1995 un párroco, ahora residiendo en la Bobadilla, atiende las tres parroquias El Monte, Bobadilla y Noguerones. Se han vivido momentos de mayor y menor vitalidad; es verdad que el pueblo gana materialmente, pero a veces aparece tan solitario, tan vacío que produce tristeza y hasta puede hacer que aflore la nostalgia. Hace años se estableció en el segundo domingo de mayo una Romería por todo lo alto; trajes típicos, carrozas, caballerías, fiesta... en el lugar llamado “Mingo Yuste”. Se ve que el Monte lleva la Romería en sus entrañas, pues, primero fue la Romería de la Victoria hacia la Peña de Martos y desde luego era vistosa como pocas; cuando desapareció ésta se inició, allá por 1964, otra con la Virgen de Fátima, algo parecido a una romería, en el paraje de la “La Cueva” y subsistió durante algunos años. Finalmente, se formalizó la actual, de modo definitivo como parte de las Fiestas a la Virgen del Carmen y dirigida por la misma Cofradía. Se celebra con salida de la imagen antigua de la Virgen, desde la Parroquia por el camino “graná” hasta a la Capilla levantada en el llano de Mingo Yuste (vulgarmente “Mengoyustre”). Misa hacia las 12 de la mañana y Rosario por la tarde para volver de nuevo a la Parroquia hacia la caída del sol, ahora por el Camino Santiago o por la Cruz de la Zamajona. El Monte ha progresado realmente en todo lo material: comunicaciones, bienestar, atención sanitaria etc. Cualquier fin de semana y más si hay “puente”, se hace difícil aparcar en las calles. Visitas a los padres, echar una mirada al campo, dar una vuelta por la casa que aún se conserva. Esto le da movilidad a la población. El Monte es un lugar donde se puede vivir muy a gusto: fácil comunicación con Martos, Jaén, Baena, Córdoba; tranquilidad y sosiego, silencio propio de las zonas agrícolas. Puedes encontrar terrazas de verano y restaurantes con platos y atención exquisita; la vecindad es buena gente. El aire que se respira limpio y seco; aún te puedes sentar por las noches a la puerta de tu casa para recibir un suave fresco hasta la madrugada; noches estrelladas y con una clara luna que pueden trasportarte al paraíso.

Economía[editar]

Su economía se centra principalmente en la agricultura, especializada en el cultivo del olivo. Posee una Cooperativa Olivarera, denominada "Virgen del Carmen" y está en proyecto la construcción de un pequeño polígono industrial.

Fiestas[editar]

  • Feria en honor de la Virgen del Carmen: 16 de julio y posteriores.
  • Romería de la Virgen del Carmen: Segundo domingo de mayo.

Personajes[editar]

Referencias[editar]

  1. Martos.es (ed.): «Monte Lope Álvarez». Consultado el 9 de enero de 2011.
  2. Antonio Aranda Calvo (2009). «Cap. V. MONTE LOPE ÁLVAREZ, lugar donde vivió y murió Manuel». Manuel Aranda, la fidelidad a Cristo. 248 páginas. Asociación Manuel Aranda. pp. 203–230.