Economía del Porfiriato

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En el Porfiriato se dieron grandes transformaciones económicas propicias por la inversión extranjera, principalmente estadounidense y europea. México creció en gran medida gracias a estas inversiones, que consigo trajeron infraestructura para ferrocarriles y medios de comunicación como el teléfono, el telégrafo y la electricidad.[1]

El comercio fue una de las actividades económicas que más crecieron durante el Porfiriato. Se suprimieron las alcabalas y el gobierno se encargó de fomentar el comercio exterior, que alcanzó niveles nunca antes vistos desde 1805. El aspecto negativo de esto fue el crecimiento de las importaciones de productos elaborados con alta calidad, por lo que la balanza de pagos creció desfavorablemente a México. La industria siguió en el primer puesto de exportaciones mineras y además inauguró otros rubros como la industria siderúrgica, la de transformación, la textil y la industrial. Las ciudades que más crecieron fueron Puebla, Guadalajara y Monterrey.

La existencia de terrenos baldíos cuyos títulos otorgados en la Colonia no se reconocieron propició que muchos de ellos pasaran a manos de las familias más poderosas del país creando latifundios. Más de 30 millones de hectáreas constituyeron haciendas en el norte y en Quintana Roo. Los latifundios fueron la base de la economía del país y una de las principales causas de la Revolución mexicana.


Revolución de la economía del porfiriato[editar]

Con el porfirismo la economía mexicana entró en la fase capitalista de la época; sus diferentes áreas de producción fueron incorporadas, en mayor o menor medida, al sistema económico de los países industrializados.

México tuvo que defenderse de los países desarrollados para integrarse al proceso capitalista de producción.

Dicha dependencia se basó en la inversión de capital y tecnología que los empresarios extranjeros -latinoamericanos, ingleses, alemanes y franceses - hicieron en México.

Mas había otro interés que impulsaba a las potencias industrializadas a invertir en países como México, ricos en recursos naturales pero pobres en dinero y tecnología. Ese móvil era de carácter político y obedecía a la competencia imperialista que se daba entre las potencias por el dominio del mundo.

La inversión de capitales y tecnología en México resultaba en provecho de la economía. Si antes no se habían interesado en México, era porque la economía de México era baja, la economía del país no garantizaba la seguridad que exigían para sus capitales y las vidas de sus hombres.

La condición de dependencia con la que la economía mexicana entró al sistema capitalista, todas las ramas de la producción que se desarrollaban en el periodo porfirista estuvieron sujetas a las necesidades del mercado externo.

Durante el porfiriato se produjo en México un notable crecimiento económico, una considerable expansión de las vías de comunicación y de los centros urbanos, y una imagen de solidez en el extranjero que el país no había logrado obtener hasta entonces.

En el proceso económico, como en el político, se distinguen dos fases: la primera, iniciada alrededor de 1880 y concluida en 1895, se caracterizó por los esfuerzos gubernamentales tendientes a equilibrar las finanzas, modificando el sistema de impuestos para captar más ingresos, reduciendo al mismo tiempo los gastos presupuéstales y pudiendo llegar así a un arreglo de la deuda pública interna y externa, y a la solución de la crisis financiera que azotara el país entre 1891 y 1893. Esta primera fase sentó las bases para que en la segunda (1896-1910) se lograra el equilibrio del presupuesto federal y la obtención de superávits por primera vez en la historia de México.

EN LA AGRICULTURA Políticas agrarias. 1881 el gobierno promulgo una serie de leyes por medio de las cuales ponía a disposición de compradores privados, y a precias muy bajos, las tierras consideradas como baldías.

Este proceso, por el cual fueron expropiadas tierras que en realidad no eran baldías esta indisolublemente ligado a la ley Lerdo que, expedida en 1856, tuvo como consecuencia la formación del latifundismo laico y el despojo de las tierras pertenecientes a comunidades indígenas, con los consiguientes problemas sociales.

La ley que amparo la exportación de tierra y que entre 1884 y 1907 afecto alrededor de 49 millones de hectáreas, fue la llamada ley de Deslinde y Colonización de Terrenos Baldíos promulgada en 1883, las zonas deslindadas sin que sus auténticos dueños pudieran hacer valer sus derechos, pues carecían de título de propiedad, y en los casos en que tal documento existiera, no correspondía a las normas vigentes, desconocidas por la mayoría de los indígenas.

La ley de 1883 sobre las tierras supuestamente baldías autorizaba a los colonos, ya fueran extranjeros o mexicanos, a denunciar las tierras inactivas y a construir compañías deslindadoras, con las que el gobierno establecía contratos. Los colonos o las compañías recibían como pago un tercio de las tierras deslindadas, y les concedía además el derecho de adquirir los otros dos tercios con tarifa preferenciales.

Las misma ley fijaba como extensión máxima para cada concesión de tierras “baldías” el límite de 2500 hectáreas, con lo cual se pretendía crear propiedades privadas modernas que pudieran ser adquiridas por pequeños y medianos agricultores; esta cláusula nunca se respetó y fue abolida años más tarde.

En 1896, un nuevo decreto suprimió las alcabalas ya que obstaculizaban el desarrollo del comercio al aumentar el precio de las mercancías en cada localidad que tuviera que cruzar.

Egresos: Las Secretarías que en mayor proporción absorbían el gasto público fueron; Hacienda ( con cerca del 35%), Guerra y Marina ( con el 31.5 %), Fomento (con el 13.8 %) y Gobernación ( con el 8.1 %).

Deuda Pública: La situación del déficit permanente que prevaleció en México desde la independencia había obligado a los gobiernos a recurrir al crédito en varias ocasiones, México no era considerado como sujeto de crédito para la Banca Internacional.

El reconocimiento de la deuda inglesa permitió que se recobrara el crédito en el extranjero y que se pudieran concertar nuevos préstamos.

Aspectos Financieros

Sistema Bancario: Limatour ocupo el cargo de ministro de Hacienda en medio de una crítica situación financieras. Una de sus más importantes medidas fue expedir la Ley General de Instituciones Crédito, en 1897, con el propósito de reorganizar los bancos con un criterio de espelizacion que consideraba únicamente tres tipos de instituciones: bancos de emisión, autorizados para fabricar moneda en metálico y en billetes; : bancos reaccionarios que otorgarían créditos para fomentar las actividades industriales y comerciales, y hipotecarios que haría de efectuar operaciones de hipoteca sobre fincas urbanas y rurales.

Deuda externa. La renegociación de la deuda externa era un asunto de singular importancia para Limantour, porque aproximadamente el 80% de los ingresos públicos eran absorbidos por el pago anual en razón de los compromisos contraídos con los países acreedores. En 1899 Limantour acepto la proposición ofrecida por un consorcio de bancos alemanes e ingleses, según la cual se podrían reconvertir las distintas deudas con el exteriores un solo empréstito global. Pero aquella solución fue momentánea pues la crisis económica de los E.U. en 1900 repercutió en México a través de una nueva depreciación de la plata con la consecuente devaluación del peso y obviamente el aumento de la deuda externa. Esta nueva situación de crisis económica obligo al comercio mexicana recurrir a la desventajosa solución de obtener nuevos empresitos del exterior.

Para 1909 la deuda pública nacional llegaba a los 450 millones de pesos que el gobierno se obligaba a pagar con una cantidad de 42 millones de pesos anuales que equivalían al 30% de los ingresos públicos.

La reforma monetaria de 1905. La inestabilidad monetaria provocada por las continuas fluctuaciones del precio de la plata obligo al gobierno porfirista a llevar a cabo una reforma monetaria consistente en la adopción del patrón oro, estableciendo una relación bimetlica de una cantidad de oro por 32 de plata con lo que prácticamente se aceptaba la devaluación del peso mexicano en un 50% . Los propósitos de la reforma fueron:

  • Equilibrar la relación cambiaria con el exterior.
  • Nivelar la circulación interna.
  • Promover una política antiinflacionarios.
  • Fomentar el desarrollo industrial, agrícola y minero.

Consecuencias socioeconómicas de la oligarquía financiera. Una característica socioeconómica del periodo 1985-1910 consistió en la formación y desarrollo de un sector oligárquico que surgió como resultado del crecimiento económico y de los privilegios que el sistema porfirista otorgo al grupo de los científicos. Al concentrase el poder financiero en aquella aquella élite manejo en su propio provecho los depósitos de dinero que hcian las personas particulares a los bancos.

Comercio y Transporte

Comercio Exterior. Durante los años transcurridos entre1877 y 1889 las importaciones habían sido superiores a las exportaciones en cambio en años posteriores las facilidades creadas en la primera etapa del porfiriato hicieron posible un considerable aumento de las exportaciones favorecido también por la progresiva devaluación del peso mexicano. Sin embargo cuando sobrevino la crisis del comercio mundial se contrajo la demanda externa y cayeron los precios internacionales con el resultado negativo para México ya que se redujeran las exportaciones en mayor medida que las importaciones.

Comercio Interior.

En la segunda fase del porfiriato el comercio interior se vio desarrollado como consecuencia de la estabilidad política y a raíz de la construcción de ferrocarriles troncales. Tal aumento en el nivel de vida y la favorable decisión gubernamental de suprimir las alcabalas despertaron en mucha gente el interés por asentar las actividades comerciales. El consumo de materias primas creció constantemente aun cuando hubo años de mala cosecha. Respecto de la distribución geográfica del comercio interior los grandes centros de consumo fueron en la zona central y la zona norte.

La importancia comercial de los centros urbanos obedeció a tres factores su densidad de población, el grado de desarrollo productivo y los recursos naturales de cada estado. Por eso las actividades económicas observan un comportamiento homogéneo por zona y en cambio mantienen diferencias respecto del resto del país. La agricultura considerada como actividad primaria durante el profiriato era generalmente practicada en todo el territorio de la República en tanto que tendió a ubicarse en las zonas Norte, Centro y Pacífico contribuyendo a la rápida comercialización de esas regiones ya que sus productos eran vendidos fuera y dentro de territorio mexicano y con el producto de esas ventas se compraban en distintas zonas los artículos derivados de otras zonas del país. La minería fue un estimulo constante al intercambio comercial mientras que la industria todavía incidente influía muy poco en el comercio y servía más bien a los intereses de los centro urbanos de población que se desarrollaron en la zona Centro y Norte.

El transporte.

Los ferrocarriles. En 1989 Limantour se propuso regular el sistema de concesiones a las compañías ferrocarrileras sobre las líneas que habrían de construirse a partir de 1900 El interés de Limantour en tal regulación obedecía fundamentalmente a la necesidad de resolver la duda que se planteaba respecto de si las empresas tenían derecho de propiedad absoluta sobre las vías material rodante y edificios o si gozaban únicamente del usufructo de los mismos.

Con base en lo anterior La Secretaria de Hacienda expidió el mismo año la Primera Ley General de Ferrocarriles donde establecía que las concesiones serían menos generosas y que solo se otorgarían cuando se tratara de tender líneas férreas destinadas a satisfacer las necesidades económicas del país. De acuerdo con la citada ley, a partir de 1900 las empresas ferrocarrileras deberían:

  • Sujetar sus tarifas a la aprobación gubernamental.
  • Aceptar que los interventores e inspectores del gobierno observaran las obras y el manejo de los ferrocarriles.
  • Transportar gratuitamente toda clase de correspondencia y carga postal.
  • Permitir al gobierno el libre uso de sus líneas telegráficas.
  • Aceptar la disposición de que ninguna concesión se hiciera por un plazo mayor de 99 años al cabo de los cuales la empresa pasaría a ser del dominio de la nación con todas sus vías equipos e instalaciones.

La estructura social

En la segunda etapa porfirista la sociedad mexicana presentaba una problemática surgida como consecuencia de la manera que diera incorporada al proceso productivo industrial en un país que había sufrido una prolongada etapa de luchas internas encaminadas a erradicar las estructuras obsoletas heredadas del colonialismo español. Durante el porfiriato el orden y el progreso habían dado sus frutos; Mexico había entrado a la Revolución Industrial. Pero si en los países históricamente avanzados esta se había desarrollado con un precio social muy alto, el precio seria más elevado donde el progreso hubo de ser precedido por la imposición de un orden como fue la llamada paz porfiriana que obligaron al gobierno a conceder trato preferencial a los extranjeros.

La estructura socioprofrcional. Las características sociales del periodo muestran cuantitativamente en tres de los censos que se levantaron en el porfiriato y que son considerados como los más confiables de la época. Tales censos corresponden a los años en donde se puede observar como estaba formada la estructura de clases sociales en México durante el lapso en que se diera el mayor auge económico del régimen profirista al que luego siguió la decadencia del mismo.

La Hacienda Pública[editar]

Cuando Porfirio Díaz tomó el cargo de presidente de la República, se encontró con una Hacienda Pública muy austera producto de las malas administraciones de los presidentes Sebastián Lerdo de Tejada y Juan N. Méndez; buscando sanear el problema de ingresos de la nación, promulga el 8 de enero de 1885 una nueva contribución llamada Renta Interior del Timbre, la cual tendrá una gran importancia en los próximos años.
Durante el tiempo que estuvo Porfirio Díaz en la presidencia, contó con tres Secretarios de Hacienda que vinieron a darle una nueva cara la Hacienda Pública en México.

El primer Secretario de Hacienda durante él fue Manuel Dublán (1825-1891), abogado y político de ideas liberales nacido en Oaxaca, quien estuvo en el cargo de 1884 a 1891. Su aportación más importante fue el decreto sobre la creación de la renta interior del timbre el 6 de enero de 1885, entre los puntos más importantes de esta ley se encuentran:
Gravar con un medio por ciento el valor de la compra y venta de todo tipo de mercancías, y esta misma tasa aplicada a el valor de las siguientes transacciones: Ventas de fincas rústicas y urbanas, de bienes muebles e inmuebles. También de hipotecas y donaciones.
Aplicó un diez por ciento a las bebidas alcohólicas extranjeras. También se gravo con un cuatro por ciento sobre el producto de pasajes en ferrocarriles y con un dos por ciento las entradas de los espectáculos públicos de paga.
Debido a las grandes controversias que esta ley creó, Manuel Dublán se vio forzado a realizar una reforma a la ley del timbre en el mes de febrero de 1885.

El segundo Secretario de Hacienda fue Matías Romero (1837-1898), abogado y diplomático nacido en Oaxaca, estuvo en el cargo durante los años 1892-1893, y ya había sido Secretario de Hacienda durante 1868-1872 y 1877-1879. Entre sus aportaciones más importantes se encuentran:
Establecimiento de un impuesto federal a la propiedad de minas, al igual que una reforma a la ley del timbre con respecto a los tabacos labrados y a las bebidas alcohólicas. Reforma la ley del timbre para gravar herencias de la siguiente manera: a favor de descendientes 1%, a favor de colaterales del segundo al octavo grado del 2% y a favor de extraños o parientes del noveno grado en adelante, con un 3%. Realiza otra reforma a la ley del timbre para gravar fianzas, préstamos y arrendamientos.

El último Secretario de Hacienda durante el gobierno de Porfirio Díaz fue José Yves Limantour (1854,1935), político y el principal financiero en el Porfiriato, debido al total de sus contribuciones a la Hacienda Pública esta se convirtió en una institución sólida y eficiente. Entre sus aportaciones se encuentran:
El decreto sobre un impuesto federal sobre todo tejido de algodón de producción nacional. Implemento los derechos sobre patente. Modificó los impuestos sobre oro y plata. Realizó varias reformas sobre la ley del timbre. Aumento la tasa a cigarros y puros recortados. Derogó el impuesto sobre sueldos de empleados particulares. Reforma a la ley del timbre con respecto a despachos y libros de contabilidad, diezmos y explosivos. Realizó un decreto que autoriza al Ejecutivo para gravar la plata y oro y fijar el valor de estos, decretó el impuesto que deben de pagar los establecimientos metalúrgicos, entre otros impuestos.


Bibliografía[editar]

    • Treviño, Héctor (1997). Historia de México. México: Castillo.
    • Esquivel, Gloria (1996). Historia de México. Oxford: Harla.
    • Moreno, Salvador (1995). Historia de México. México: Ediciones Pedagógicas.
    • Ludlow, Leonor. Los Secretarios de Hacienda y sus proyectos México:UNAM (2002).