Cueva de Tito Bustillo

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Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España
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Nombre descrito en la Lista del Patrimonio de la Humanidad.
Franco-Cantabrian region.gif
Área del arte francocantábrico (cultura Magdaleniense).
Cueva de Tito Bustillo
Cueva de Tito Bustillo
[1]
Coordenadas 43°27′39″N 5°04′04″O / 43.460833333333, -5.0677777777778Coordenadas: 43°27′39″N 5°04′04″O / 43.460833333333, -5.0677777777778
País Flag of Spain.svg España
Tipo Cultural
Criterios i, iii
N.° identificación 310
Región Europa y
América del Norte
Año de inscripción 1985 (IX sesión)
Año de extensión 2008
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La Cueva de Tito Bustillo (o El Pozu'l Ramu en asturiano)[2] es una cueva con pinturas prehistóricas desde el 22.000 hasta el 10.000 a. C. Situada en Ribadesella, en el Principado de Asturias (España). Fue descubierta en 1968 por el grupo de espeleología Torreblanca, entre los que se encontraba Celestino Bustillo, llamado «Tito Bustillo». Días más tarde "Tito" fallece en un accidente de montaña y en su honor ponen su nombre a estas cuevas. Está incluida en la lista del Patrimonio de la Humanidad de la Unesco desde julio de 2008, dentro del sitio «Cueva de Altamira y arte rupestre paleolítico del norte de España» (en inglés, Cave of Altamira and Paleolithic Cave Art of Northern Spain).[3]

Descripción[editar]

Descubrimiento[editar]

En abril de 1968, miembros del grupo de montaña Torreblanca junto con dos jóvenes riosellanos descendieron por una pequeña sima conocida como Pozu´l Ramu. Durante su incursión descubrieron dos de los conjuntos artísticos más importantes, el Camarín de las Vulvas y el Panel Principal.

El descubrimiento tuvo una gran repercusión mediática local, nacional e internacional, debido a la calidad y cantidad de las obras descubiertas, equiparables a los más importantes yacimientos europeos entonces conocidos. 

A los pocos días del hallazgo, uno de sus protagonistas, Celestino Fernández Bustillo, falleció en un accidente de montaña, hecho que motivó que se rebautizara la cueva del Pozu´l Ramu como cueva de Tito Bustillo.


El Macizo de Ardines[editar]

El Macizo de Ardines es uno de los complejos kársticos visitables más interesantes de Asturias. Se trata de un monte calizo, en cuyo interior se despliega una red de cuevas formadas durante miles de años.

El cauce subterráneo del río San Miguel es el artífice de las cuevas y oquedades de Ardines que, junto con las formaciones estalactíticas, estalagmíticas, columnas o coladas, componen un paisaje singular que siempre ha despertado la curiosidad de los visitantes.

Las cuevas principales del Macizo de Ardines son El Tenis, que es la más alta y se asoma al río Sella por un mirador natural; la Cuevona, una inmensa cúpula geológica iluminada por una espectacular abertura cenital; y la Lloseta, comunicada con Tito Bustillo a través de una estrecha sima que sin duda conocieron los grupos paleolíticos, ya que en su entorno hay marcas y representaciones.

A ellas se suma la cueva de Tito Bustillo, con una geología y yacimiento arqueológico espectacular. Partiendo desde la entrada natural, en la que se asentaron los antiguos pueblos prehistóricos, se accede a una gran sala conocida como El Entronque, un cruce entre las galerías de la cueva. Aquí confluyen las tres principales zonas transitables de la cueva: la Galería Larga que nos lleva a lo más profundo de la cueva, el corto pasillo que nos acerca al Panel Principal y el acceso natural ya mencionado.


La sociedad magdaleniense[editar]

Las excavaciones arqueológicas han revelado una intensa e importante ocupación de la cueva durante el período Magdaleniense.

Los cazadores-recolectores magdalenienses son los creadores de una de las fases culturales más ricas del Paleolítico superior europeo. Con respecto a épocas anteriores, la variedad tipológica de sus útiles se incrementan: azagayas, arpones, espátulas, barillas... son objetos de la vida cotidiana que muestran una enorme riqueza cultural.

Los restos de fauna encontrados en los yacimientos arqueológicos nos hablan de la caza como una de las actividades básicas de estos pueblos. A esto se une la evidente actividad de recolección y pesca tal y como indican los magníficos arpones hallados en Tito Bustillo.  De hecho estos utensilios han sido empleados por los especialistas como indicador cronológico y cultural.

Además de este tipo de herramientas, durante el magdaleniense continúan fabricándose varios útiles específicos y de larga tradición paleolítica para la confección de la vestimenta, como los raspadores o los punzones, siendo las agujas de hueso la novedad en ese momento.

Pero donde más sorprende la capacidad creativa de los grupos magdalenienses no es en las herramientas, realizadas con gran maestría, sino en su decoración, en la fabricación de adornos y la ejecución de objetos decorados cuya funcionalidad se desconoce. De las excavaciones realizadas en la década de 1970 en Tito Bustillo destaca la escultura de bulto redondo de una cabeza de cabra, ejecutada en asta de ciervo. 

En 2001, en el curso de los trabajos desarrollados por el equipo dirigido por Rodrigo de Balbín, en una pequeña repisa de la galería a unos cuatro metros de altura sobre el suelo actual de la cueva y frente a la representación de la mano, se localizaron cuatro contornos recortados con forma de cabeza de caballo sobre huesos hioides de este mismo animal. Se trata de la única muestra de arte mueble documentada lejos de la zona de hábitat. 

Este tipo de objetos son piezas muy características del Magdaleniense medio y han sido documentadas en yacimientos pirenaicos franceses (Isturitz, Enlène, Mas d´Azil) y cantábricos (La Viña, Las Caldas, La Garma). Huesos o plaquetas de piedra decoradas con grabados zoomorfos también forman parte del rico elenco de piezas destacadas.


El arte rupestre de la cueva de Tito Bustillo[editar]

La cueva de Tito Bustillo conserva doce conjuntos de arte rupestre distribuidos por toda la cavidad. La rica variedad de estas manifestaciones, con pinturas y grabados de signos, animales y representaciones antropomorfas, hacen que la cueva de Tito Bustillo sea considerada uno de los mejores ejemplos de arte rupestre paleolítico de Asturias y uno de los yacimientos más completos de toda la Cornisa Cantábrica.


Acceso a la cueva[editar]

Acceso actual a la cueva desde el centro de recepción de visitantes.

En 1969, el Patronato de Cuevas Prehistóricas de Asturias rehabilitó la entrada primitiva obstruida hasta entonces por un derrumbamiento ocurrido con posterioridad al período Magdaleniense, y en 1970 el mismo Patronato abre otra entrada perforando en roca viva un túnel de 165 metros de longitud que evita los tres kilómetros de distancia que hay desde la villa de Ribadesella hasta el primero de los accesos, parte de cuyo trayecto había que realizar a pie.

Galería principal[editar]

Por este túnel se entra ya a la cueva y se llega a una galería que es el brazo más largo de los tres en que se conforma la planta de la caverna. Por este camino, que en su día también fue obstruido por otro derrumbamiento, se encuentra, a la derecha de nuestra marcha, la hornacina de los signos escutiformes en rojo, identificados como representación de vulvas de mujer, en una invocación a la fecundidad. Recorridos los 540 metros de longitud que tiene esta galería, llegamos a la sala en la que se verifica el entronque de los tres caminos de la cueva.

A la derecha va la galería hacia la primitiva entrada, donde está el importante y extenso yacimiento correspondiente a la cocina y utensilios del hombre prehistórico, porque allí también estaba la entrada que utilizaban aquellas familias. En esta sala donde se produce la unión de las tres direcciones se halla una pintura de buen tamaño que corresponde a un caballo pintado en mancha llena, de color rojo muy oscuro, casi morado. Los perfiles están muy desvaídos porque las aguas han vuelto a pasar por encima de la roca en alguna riada.

A la izquierda se halla la galería que conduce a la sala de las pinturas. Caminando por ella dejamos atrás, a nuestra derecha, una cortada de unos veinte metros verticales por cuyo fondo discurre un riachuelo. Poco más allá comienza la pared donde el hombre de hace miles de años dejó la extraordinaria colección de pinturas.

Sala de las pinturas[editar]

Plano del interior de la cueva indicando la ubicación de las principales pinturas.

Se inicia ésta con unas manchas de color rojo. Poco después, y muy cerca del ras del suelo, hay unas pequeñas figuras: dos cérvidos, al parecer corriendo uno detrás de otro, delimitados en línea negra y con muy tenue tinta parda para el relleno de la mancha.

Seguidamente hay varias manchas y rayas, pero que se manifiestan como restos de varias figuras más que han desaparecido. A continuación se dibuja un pequeño reno y a nivel inferior un ciervo. Seguidamente, y a la misma altura del suelo, hay un caballo de buen tamaño (1,75 metros de longitud) pintado en mancha llena, con cambios de color: siena natural, morado y negro. Bajo esta figura hay otra muy indefinida, pero también de gran tamaño, pintada en negro.

Panel principal[editar]

A partir de aquí la roca dobla para extenderse en un panel limpio muy aprovechable para pintar y grabar. La primera figura que se define en este panel corresponde a una cierva en línea negra, y cierra el panel con una muy determinada cabeza de caballo pintada también en línea negra. Entre una y otra figura hay comprendidas las de cinco caballos, dos renos machos y una hembra, y un ciervo. Asimismo, dentro de este panel hay definidas en grabado dos figuras de caballo, dos tectiformes, una cabeza de ciervo y otra de cierva, un bóvido y dos cabezas más de cérvido.

Todas las figuras pintadas son de gran tamaño, excediendo de los dos metros la longitud de alguna de ellas. Están realizadas en mancha de color utilizando una gama de negro, rojo, violeta y tierras, modelándose las figuras con un incipiente claroscuro a base de esfumados y, a veces, de tintas planas. La mayoría de las figuras están repasadas con grabado, para el que se emplea la línea múltiple, a veces profunda y otras veces muy superficial.

Segundo panel[editar]

Frente a este gran panel hay otro que debió de tener pocas figuras representadas, pero de las que hoy sólo se conservan identificables la de una vaca y un bisonte. Las pinturas están comprendidas en la línea evolutiva de finales del Solutrense al Magdaleniense medio.

Referencias[editar]

  1. UNESCO (2007). «Cave of Altamira and Paleolithic Cave Art of Northern Spain (Maps and coordinates)» (en inglés). Consultado el 27 de diciembre de 2009.
  2. Fundación Turística y Cultural del Oriente de Asturias (2009). «Una cueva cuyo topónimo tradicional es el Pozu’l Ramu» (en castellano). Consultado el 4 de abril de 2012.
  3. «Cave of Altamira and Paleolithic Cave Art of Northern Spain» (en inglés). UNESCO Culture Sector. Consultado el 17-02-2013.

Véase también[editar]

Enlaces externos[editar]