Criobolo

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El criobolo era un sacrificio expiatorio qne se ofrecía a la madre de los dioses.

Esta clase de sacrificios, según parece, no empezaron hasta el principio del siglo segundo de la Iglesia. Prudencio nos da de ellos la siguiente descripción.

Hacian en la tierra un profundo hoyo que tapaban luego con tablas horadadas. Revestido el gran sacerdote con todo el aparato de su dignidad y con más frecuencia aún, la persona que necesitaba de esta expiación descendía al hoyo y se derramaba sobre sus vestidos salpicando su cabeza, ojos, boca y orejas con la sangre humeante de la víctima inmolada sobre esta especie de puente horadado.

El sacrificio de un toro se llamaba Taurobolo, el de un cordero Criobolo y el de una cabra, Egobolo. Degollada la víctima la retiraban los sacerdotes y entonces la persona salía del hoyo salpicada toda de sangre, presentándose en este estado asqueroso al pueblo, quien se prosternaba delante de ella y era considerada desde entonces como santificada por espacio de veinte años. Grutero habla sin embargo de un orador que bajo el reinado de Valente y de Valentiniano, mediante tal sacrificio, fue regenerado para siempre.

Se ofrecían estos sacrificios a Cibeles y algunas veces también a Atis y se encargaban con mucha frecuencia de los gastos, las ciudades y las provincias. Cuando recaía en un particular se señalaba por lo común con una inscripción. Eran igualmente admitidas en este sacrificio las mujeres y podían recibirlo al mismo tiempo dos personas. Finalmente, duraba tres días consecutivos, debiéndose verificar en uno de estos, a media noche, por cuyo motivo se llamaba Mesonictium. En los Taurobolos se consagraban las astas del toro, lo que se llamaba Tauri vires exigere.

Referencias[editar]

Diccionario universal de mitología