Taurobolio
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Se conoce por Taurobolio a un rito de los misterios de Cibeles y Attis.
Como indica su etimología (en griego, taurobolion, cfr. elaphebolion, «caza del ciervo», en latín tauropolium, tauropolium por analogía con Artemis tauropolos) en un principio significaría la caza de un toro salvaje, quizá a lazo, para un sacrificio ulterior a una divinidad; posteriormente designó el degüello de un toro y el baño del iniciando en su sangre conforme a un determinado ritual.
Nuestra información, relativamente amplia, sobre las particularidades del rito y su finalidad se basa en fuentes literarias y epigráficas. Entre las primeras destaca por su importancia Prudencio (Peristeph. X,1006-1050); también hay breves alusiones en Contra Symmachum (1,395) del mismo, así como en el anónimo Carmen contra Paganos (Poet. Latin. min., ed. Baehens, 111,286), Hipólito (Refutatio V, 7,19) y Fírmico Materno (De erroribus prof. relig. 27,8; 28,1).
De la descripción de Prudencio se desprende que el iniciando penetraba, desnudo de cintura para arriba, en una fosa que se cubría a continuación con una plancha con orificios. Encima el oficiante mataba el toro con una harpe (cuchillo con un saliente lateral a fin de provocar una gran hemorragia), cuya sangre debía recibir el iniciando sobre su cabeza. Terminado el rito, los asistentes aclamaban al mystes como un «hombre nuevo». El simbolismo es, pues, claro: el bautismo de sangre confería una nueva vida, significaba la trasferencia a un orden existencial superior, ajeno al imperio de la fortuna, trascendente a la corrupción y a la muerte (el iniciado es un renatus in aeternum). Ahora bien, las inscripciones demuestran que el rito debía repetirse a los veinte años, sin que se sepa si se estimaba definitiva la segunda ceremonia.
El testimonio de la epigrafía, de inestimable valor para la cronología del rito y su distribución geográfica, aunque completa el testimonio de las fuentes literarias, plantea ciertos problemas de difícil solución. Junto a los taurobolia individuales cuya finalidad es la expresada, había otros que se hacían en beneficio ajeno (pro salute, pro salute et reditu, pro salute et incolumitate) de una persona (el emperador, un gobernante, un deudo) o de una corporación, como ocurría con los sacrificios.
Las inscripciones demuestran que al taurobolio le solía acompañar un criobolium (sacrificio de un carnero), pero nos dejan a oscuras sobre el significado de la fórmula uires excepit... et transtulit («tomó sus fuerzas y las transportó») frecuente en ellas. Por uires probablemente deben entenderse los testículos del animal, no la sangre o el bucranion, simbolizando la emasculación ritual del iniciando, que se cumplía de hecho en el caso de los galli (cfr. CIL X,510).
[editar] Bibliografía
- L. GIL FERNÁNDEZ.
- E. ESPERANDIEU, Taurobolium, en Daremberg-Saglio.
- M. N. F. KAuTz, De Taurobolio, Lipsia 1738.
- H. GRAILLOT, Le culte de Cybéle, París 1912, 570 ss.
- R. REITZENSTEIN, Die Hellenistischen Mysterienreligionen, 3 ed. Leipzig 1927, 22.
- N. TURCHI, Le religione misteriosofiche del mondo antico, Roma 1923, 147-152.
- F. CUMONT, Les religions orientaux dans le paganisme romain, 4 ed. París 1929, 62-64.

