Convención Nacional de Valencia

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La Convención Nacional de Valencia fue una Asamblea instalada el 5 de julio de 1858 con el propósito de elaborar una nueva constitución luego del derrocamiento de José Tadeo Monagas. Su primer presidente fue Fermín Toro y estuvo integrada por una abrumadora mayoría del Partido Conservador entre quienes figuraban Pedro Gual y Valentín Espinal. Entre los pocos representantes del bando liberal se encontraban José Silverio González, Estanislao Rendón y Miguel Nicandro Guerrero. La importancia histórica de la Convención Nacional de Valencia radica en que de la misma emanó una polémica Constitución cuya indefinición en torno a la forma de gobierno aceleró el desarrollo de la Guerra Federal.

Desarrollo de las sesiones de la Convención[editar]

En las primeras sesiones de la Convención se creó un Consejo de Estado que funcionaba como órgano de consulta del Ejecutivo y que eligió a Julián Castro como presidente provisional de la República, frente a las candidaturas de Pedro Gual, Manuel Felipe de Tovar y Fermín Toro. Por otra parte, en un tenso clima político se produjo un intenso debate en torno a la suerte del depuesto mandatario José Tadeo Monagas, asilado entonces en la Legación Francesa, y a quien los convencionales propusieron llevar al patíbulo. En este contexto sólo los argumentos conciliadores de Toro lograron atemperar la actitud de la mayoría. Otro tema que suscitó ardorosas discusiones en el seno de la asamblea fue la solicitud de retorno al país del general José Antonio Páez. También tuvo que afrontar la Convención el problema de la injerencia de gobiernos extranjeros en relación con el destino de José Tadeo Monagas, cuya suerte quedaba garantizada por Gran Bretaña y Francia, como consecuencia de la firma del Protocolo Urrutia. Ante estas circunstancias los asambleístas reafirmaron la potestad del país en el sometimiento a juicio a José Tadeo Monagas por responsabilidad civil. La respuesta de las potencias extranjeras fue que una escuadra inglesa que se ubicó frente a La Guaira, irritada por la prolongación de las deliberaciones, exigió la inmediata libertad de Monagas y el pago de una indemnización. Finalmente, a pesar de la tensa situación el conflicto se solucionó por vía diplomática, mientras arreciaban los movimientos revolucionarios en el interior y los contactos conspirativos en las vecinas Antillas, estimulados por la actitud represiva del gobierno de Julián Castro.

En medio de este convulsionado panorama político se procedió al debate sobre la nueva Carta Magna, la cual de acuerdo con los contados representantes del liberalismo debía ser de carácter federalista. Para darle mayor peso a esta propuesta, activas asociaciones que se denominaban "democráticas", se encargaron de divulgar entre la opinión pública las bondades del federalismo a la vez que presionaban en la calle. En definitiva, se promulgó la Constitución el 31 de diciembre de 1858, la cual si bien hacia importantes concesiones a la fórmula federal mediante el establecimiento de elecciones independientes de gobernadores de la provincia por voto directo y secreto, así como de diputados provinciales sin condición de renta para ser electores y elegidos, no consignó formalmente el vocablo "federal" como denominación de la República y restableció la pena de muerte, contra el punto de vista de los liberales. Además de lo antes señalado, la nueva Carta no introdujo mayores modificaciones en relación a las promulgadas desde 1830. En tal sentido, aunque el seno de la Convención se debatieron temas vinculados a la problemática económica y social del país, la coyuntura política predominó, acentuándose la ruptura entre la mayoría conservadora y la minoría del liberalismo moderado que asistió a ella. Derivado de esta situación, poco después de clausuradas sus sesiones estalló, el 20 de febrero de 1859, La Guerra Federal.

Véase también[editar]

Referencias[editar]