Consecuencialismo

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El consecuencialismo hace referencia a todas aquellas teorías que sostienen que los fines de una acción suponen la base de cualquier apreciación moral que se haga sobre dicha acción. Así, siguiendo esta doctrina, una acción moralmente correcta es la que conlleva buenas consecuencias y buenos actos.

El consecuencialismo se distingue de la deontología ética en que ésta enfatiza el tipo de acción en lugar de sus consecuencias. También difiere de la ética de la virtud, la cual se centra en la importancia en las motivaciones del agente.

Hay que diferenciar entre la intención y la acción o resolución.[1] Así Kant filósofo alemán, pone énfasis en la intención o razonamiento y los consecuencialistas en la acción o resolución (consecuencias de la acción).

La intención en ética es una propiedad del modo o dirección de razonamiento de una persona. Según Kant, la buena moral debe seguir la búsqueda de verdades o comportamientos universales, sin importar las consecuencias, por otro lado, la idoneidad de una acción o valoración de las consecuencias es una valoración sobre la inteligencia de esa persona o también de las posibles negligencias que ha cometido en su razonamiento o búsqueda de información. Si bien a una persona no se la puede culpar de sus limitaciones si se la puede culpar por no tratar de superarlas. Así hay negligencia cuando una acción no es idonea cuando en medida de lo posible la verdadera respuesta ha estado dentro del alcance en tiempo y recursos para la habilidad de aprendizaje y razón de la persona en cuestión.

En estos términos se entra siempre en valores subjetivos por lo que la ética en este sentido está fuera de toda lógica si no se aportan argumentos objetivos basados en la experiencia. Así hacer lo correcto en términos de Kant, es decir, tener una buena intención y no mirar las consecuencias permite catalogar a la persona. Y la forma de actuar o acciones se cataloga en función de las consecuencias. Los argumentos para catalogar las buenas intenciones son falseables pues dependen de la veracidad de información que nos de el sujeto, sin embargo, las consecuencias son medibles con argumentos objetivos.

Por otro lado, las responsabilidades de alguien que con buena intención produce resultados negativos según él, inesperados, son aplicables. Si un hombre no actuó con reflexión, convicción y conforme al principio de razón, entonces el sujeto es responsable de todos los efectos negativos que pudieran derivarse de su acción, no así de los buenos (son causa de la casualidad y no realizados con buena voluntad). Esto es, porque el sujeto es inmoral, no ha actuado con buena voluntad. Por otro lado los consecuencialistas argumentarían que las responsabilidades no recaen en cuanto se demuestre que no hay negligencia o no hay posibilidades de conocer las otras formas de acción porque están fuera de la capacidad del individuo. Por lo que la negligencia pasa a traspasarse a si es consciente de su incapacidad o si los demás lo son de la suya. Aun así es posible que no haya pruebas objetivas y se vuelva a entrar dentro de terrenos subjetivos.

Según Kant considerar buena una intención depende de lo universal y aplicable que sea y no puede contener excepciones. Así mentir por ejemplo, no estaría dentro de ningún modo (ninguna excepción) de razonamiento que lleve a buenas intenciones incluso si esto evitara una mala consecuencia, por ejemplo la muerte de otra persona. Esto es así porque según Kant,[2] no mentir siempre es un comportamiento consistente con la universabilidad de buenas intenciones.\ El ser veraz (sincero) en todas las declaraciones es pues, un sagrado mandamiento de la razón, incondicionalmente exigido y no limitado por conveniencia alguna. Los consecuencialistas argumentarían que si existe una acción que lleve a mejores consecuencias esta debe ser tomada, pero debe estar basada en argumentos sólidos que correlacionen la acción con la consecución; si no se estaría recurriendo a la falacia ad consequentiam. La consecuencia en si misma no justifica una acción sino los argumentos que justifiquen la relación existente entre la acción y la consecución. Si esta relación es fuerte entonces se reduce el riesgo e incluso puede ser lógica o verdadera. Así si suponemos que mentimos para salvar a otras personas y esas personas mueren, somos responsables de las consecuencias, es decir, de no haber argumentado correctamente y además según Kant de no seguir buenas intenciones, pues hemos mentido. Así la expresión: "No existen buenas o malas acciones tan solo las consecuencias", es falaz porque las malas acciones se pueden calificar mirando a la intención de la persona y no a las consecuencias que se originan o no ser falaz si se mira a la inteligencia o capacidad de la persona en razonar, es decir, el resultado de sus razonamientos o acciones/consecuencias. Si se mira a la intención solo la propia persona es capaz de discernir por lógica si está haciendo bien o mal en función de la universalidad de su elección que solo ella conoce y sin preocuparse de las consecuencias y por otro lado si se mira a las consecuencias de sus acciones se pueden justificar con argumentos suficientes que unas acciones pueden llevar a determinadas consecuencias aunque la certeza siempre se esfume ante los imprevistos o fallos en la argumentación. Esto llevaría hasta otra famosa frase que dice: "El camino hacia el infierno (unas malas consecuencias), está plagado siempre de buenas intenciones.

Origen del término[editar]

El término consecuencialismo fue acuñado por G.E.M. Anscombe en su ensayo “filosofía moral moderna” en 1958. Desde entonces es común en la teoría moral de lengua inglesa. Sus raíces históricas se hallan en el utilitarismo, aunque teorías éticas anteriores consideraban a menudo las consecuencias de las acciones relevantes para la deliberación ética. Debido a este lazo histórico con el utilitarismo, estos dos términos se superponen, lo cual es comprensible si se tiene en cuenta que el utilitarismo presenta la importante característica formal que asumen las teorías consecuencialistas: se trata de la importancia de las consecuencias de las acciones.

Definición[editar]

El consecuencialismo, como sugiere su nombre, sostiene que los resultados de una acción compensan cualquier otra consideración en la deliberación moral. La mayoría de las teorías consecuencialistas se centran en la maximización de las situaciones óptimas -después de todo, si algo es bueno, más de lo mismo será mejor. Sin embargo, no todas las teorías del consecuencialismo adoptan esta postura.

Aparte de este perfil básico, hay poco más que se pueda decir de forma inequívoca sobre el consecuencialismo. Algunos problemas, sin embargo, reaparecen en un número considerable de teorías del consecuencialismo. Por ejemplo:

  • ¿Qué determina el valor de consecuencias? es decir ¿qué elementos componen una buena situación?
  • ¿Quién o cuál es el beneficiario primario de la acción moral?
  • ¿Quién juzga cuáles son las consecuencias de una acción y cómo?

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «KANT .».
  2. Immanuel Kant, La fundamentación de la metafísica de las costumbres, cap.1