Igualitarismo

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El igualitarismo es una doctrina política que sostiene que todas las personas deben ser tratadas como iguales y que tienen los mismos derechos —u oportunidades o resultados— políticos, económicos, sociales y civiles.[1] Generalmente, se aplica a la igualdad que se celebra en virtud de la ley y la sociedad en su conjunto. Difiere el alcance o el ámbito de esta igualdad dependiendo del punto de vista a ser tratado, por lo que es un concepto controvertido.

Argumentos favorables[editar]

El igualitarismo consiste en considerar a cada ser humano como igual, sin importar su raza, religión, sexo, orientación sexual, etc. En ese sentido, el igualitarismo significa reconocer las diferencias que existen en el otro sin discriminarlo por ellas. Por lo tanto, cada ser humano debe tener los mismos derechos en la sociedad. Otra de las ampliaciones del igualitarismo es aquella que reclaman los defensores de los derechos de los animales e incluiría el rechazo a la discriminación especista.

Las distinciones sólo deben basarse en la utilidad social (Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano). Así, por ejemplo, un menor de edad no posee el derecho al sufragio. El igualitarismo autoriza las discriminaciones si es que ellas tienen por objetivo equilibrar las desigualdades de hecho, como fue el caso de la ley sobre la paridad aprobada en 1999 en Francia.

Para Karl Popper, "el igualitarismo quiere que todos los ciudadanos sean tratados imparcialmente, sin que se tenga en cuenta su nacimiento, sus relaciones o su fortuna. En otras palabras, no reconoce ningún privilegio como natural."[2] En ese contexto, el igualitarismo es una doctrina que considera que las personas son iguales por naturaleza y lleva a tratarlas a todos como iguales (lo que no significa "igualmente" ya que a veces la igualdad requiere darle a algunos más de algún recurso que a otra persona).

Críticas[editar]

Para sus detractores, el igualitarismo es filosóficamente el rechazo de la alteridad, pues la búsqueda del Uno o de la Unidad niega la complejidad y las contradicciones inherentes a la vida. Para ellos, el igualitarismo es un atentado a la libertad que impide a la persona surgir y la reduce a una masa que va al encuentro de sus aspiraciones naturales de excelencia, de lo que parece individualismo. Así, ven en el igualitarismo una fuente de nivelación por el factor común más pequeño que califican de "mediocracia".[3]

Una sociedad que cumple con el objetivo meritocrático de igualdad de oportunidades podría seguir siendo un entorno hostil para aquellos que carecen de las capacidades físicas o mentales para competir. Se ha argumentado que las políticas que van más allá de los ideales meritocráticos son ineficaces.[4]

Se han presentado otros puntos de vista anti-igualitarias, entre otros en el debate sobre la distribución de los ingresos. Por el contrario, John Rawls ha argumentado que el bienestar de una sociedad depende del bienestar de la peor situación individual porque la sociedad es tanto mejor si mejora el bienestar de los demás.[5] También el filósofo Friedrich Nietzsche fue contrario al igualitarismo, tanto del igualitarismo implícito en el punto de vista cristiano, como al igualitarismo defendido por el movimiento socialista cada vez más pujante a partir de la segunda mitad del siglo XIX, alegando que se impulsa mediante estas doctrinas un deber impersonal donde se deja de lado el desarrollo del propio pensamiento.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. The American Heritage (2003). «Egalitarianism».
  2. Karl Popper, La sociedad abierta y sus enemigos.
  3. En torno al concepto de desigualdad de rentas y patrimonios en Mises y Hayek, por Alberto Benegas Lynch (h).
  4. John Schar (1967) Equality of Opportunity--and Beyond.
  5. Joseph E. Stiglitz (2000) Frontiers of Development Economics: The Future in Perspective.

Enlaces externos[editar]