Combatientes al inicio de la Guerra del Pacífico

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La situación de los países combatientes al inicio de la guerra era bastante deficiente. Ninguno de los tres países estaba preparado para un conflicto bélico en la década de los años 1870.

Chile sufría una aguda crisis económica, producida por el déficit de dinero metálico en las arcas fiscales, lo que llevó a una inflación producto de la "ley de inconvertibilidad de billetes de banco" promulgada por el presidente Aníbal Pinto.

En Bolivia, los caudillos militares se sucedían vertiginosamente, lo que produce una inestabilidad política crónica, el presidente Hilarión Daza es quien asume el poder poco tiempo antes del inicio de la guerra.

Y finalmente en el Perú, el régimen del Presidente Mariano Ignacio Prado sufre una crisis económica producida por la nacionalización de las salitreras de Tarapacá, que el estado peruano no podía financiar, y que realizó con la esperanza de que Bolivia hiciera lo mismo con sus salitreras en Antofagasta, expulsando así a los capitales chilenos, de sus dominios.

Situación económica, política y militar de Chile en 1879[editar]

Presidente Federico Errázuriz Zañartu (1871 - 1876).
Presidente Aníbal Pinto Garmendia (1876 - 1881).
Almirante Juan Williams Rebolledo, Comandante en Jefe de la Escuadra Chilena.

En Chile, al inicio de la guerra del Pacífico gobernaba el Presidente Aníbal Pinto en el periodo correspondido entre el 18 de septiembre de 1876 y el 18 de septiembre de 1881. Pinto era una persona inteligente, liberal desde sus inicios, y su padre, el General Francisco Antonio Pinto había sido Presidente de la República desde 1826 a 1829. Sin embargo, los antecedentes del conflicto comienzan poco tiempo antes, durante el mandato del Presidente Federico Errázuriz Zañartu (1871-1876), quien enfrentó el peligro de una alianza entre Perú, Bolivia y Argentina, ya que el Presidente Prado invitaba al gobierno de Nicolás Avellaneda a sumarse al tratado secreto. Sin embargo, las gestiones realizadas por el plenipotenciario, y futuro Presidente de Chile José Manuel Balmaceda (1886-1891) lograron impedir la triple alianza en contra de Chile, supuestamente, por el peligro de una intervención de Pedro II, Emperador del Brasil. Ante este contexto, el Presidente Errázuriz ordenó construir dos poderosos acorazados, en Europa, el Blanco Encalada y el Cochrane, que fueron la columna vertebral de la Armada de Chile durante el conflicto.

El Presidente Pinto, electo sucesor de Errázuriz, y recién comenzado su mandato, se enfrentó a la grave crisis económica producida por la escasez de moneda metálica. Chile, que en tiempos anteriores había vivido el auge argentífero en la mina de Caracoles, se encontraba con las arcas fiscales vacías, lo que obligó al gobierno a emitir billetes de curso forzoso para paliar el déficit. El autor de la ley fue el ministro Augusto Matte, que reemplazó a Rafael Sotomayor Baeza en el ministerio de Hacienda. La ley decía:

"Artículo Unico. Desde la fecha de la promulgación de esta ley hasta el 31 de agosto de 1879, se considerarán como moneda legal para la solución de todas las obligaciones que deban cumplirse en Chile, contraídas antes o con posterioridad a la fecha de esta ley, y cualquiera que sea la forma en que se hayan otorgado, los billetes de banco a la vista y al portador, emitidos por los bancos enumerados en el artículo 1º de la ley de 27 de junio...".

Esto produjo una profunda desconfianza en la opinión pública chilena en el momento de comenzar la guerra, el Presidente Pinto se enfrentaba a fuerzas militares superiores, pero tenía Chile de su parte su profunda estabilidad política, fruto del régimen portaliano, que la transformaba en la más ordenada de las repúblicas latinoamericanas.

En el ámbito militar, Chile contaba con un ejército de aproximadamente 2.995 soldados de línea,[1] que casi en su totalidad se encontraban en la Guerra de Arauco contra los pueblos mapuches. Su artillería, sin embargo, había sido mejorada por el Presidente Errázuriz, y contaba con los poderosos cañones Krupp de origen prusiano.

La Armada contaba con dos acorazados lo suficientemente poderosos como para enfrentar a cualquier barco enemigo, los blindados Cochrane y Blanco Encalada, se sumaban a ellos la cañonera Magallanes, las corbetas O'Higgins, y Chacabuco, la Goleta Covadonga y las viejas corbetas Esmeralda y Abtao y mandaba la escuadra el Almirante Juan Williams Rebolledo.

Situación económica, política y militar de Perú en 1879[editar]

En 1868 durante el gobierno de José Balta se inició el proyecto de ampliación de los ferrocarriles obteniendo crédito en base a la producción del guano concedido a Augusto Dreyfus. Pero en 1870 los ingresos decaen por la competencia del salitre de Tarapacá. Los préstamos realizados y la venta del guano aún sin explotar, no habían cubierto las inversiones.

En agosto de 1872 fracasa la expedición de Quintin Quevedo en Antofagasta.[2]

El 31 de agosto de 1872, el gobierno del Perú recibe una carta del doctor don Daniel Ruzo, delegado fiscal en Londres, informando de la construcción de dos blindados y de rumores de una alianza entre Chile y Bolivia por la cual Bolivia cedería a Chile, Mejillones, a cambio de entregarles Moquegua (y sus puertos de Ilo y Arica) a Bolivia. El 4 de octubre de 1872, José de la Riva Agüero hace de conocimiento de ello al consejo de ministros del Perú, viendo con beneplácito las informaciones de Daniel Ruzo.[3]

El 19 de noviembre de 1872 el presidente Manuel Pardo crea el Departamento de Tarapacá que lo separaba de Chile el desierto de Atacama cuyos recursos eran poco defendibles por una inexistente escuadra boliviana.

Para sostener las inversiones en la construcción de ferrocarriles, el gobierno peruano interviene la producción de salitre en Tarapacá, monopolizando su comercio durante el gobierno de Manuel Pardo en 1873 con el fin de limitar su producción en beneficio del precio del guano. También el gobierno peruano arrienda la región de El Toco en Tocopilla por veinte años, siendo la Compañía de Salitres de capitales chilenos la única competencia del monopolio peruano en el salitre.[4]

El 18 de enero de 1873 se emite una ley disponiendo el estanco del salitre en la República Peruana,[5] lo que obligaba a los explotadores del salitre a vender obligatoriamente toda la producción de salitre al estado peruano al precio de dos soles y cuarenta centavos.

Perú y Chile no eran países limítrofes. En el Perú se tenía el temor de un Chile expansionista y si invadía Antofagasta podría ampliarse a Tarapacá donde también se explotaba el salitre. El congreso aprueba los gastos en armamentos, pero no se contaba con caja para estos gastos por lo que no se realizaron.[6]

En el ámbito militar, las fuerzas navales peruanas habían permanecido como las más poderosas del pacífico sur desde la Guerra Hispano-Sudamericana, calidad que habían perdido después de que Chile aumentara su escuadra en 1874. La marina de guerra basaba su poderío en dos buques: la fragata Independencia y el monitor Huáscar, a los que se sumaban los monitores Manco Cápac y Atahualpa, naves artilladas, pero de escaso andar. Complementaban la flota las corbetas Unión y Pilcomayo, lo suficientemente rápidas.

El ejército en tanto, lo formaban cerca de seis mil hombres, que no tenían experiencia.

Situación económica, política y militar de Bolivia en 1879[editar]

Durante el gobierno del dictador Mariano Melgarejo, se realizaron concesiones a empresas chilenas en territorio boliviano. Pero Melgarejo es derrocado por Agustín Morales el 15 de enero de 1871.

Las concesiones fueron anuladas en agosto de 1871 y Agustín Morales envía a Rafael Bustillos a renegociar con Chile el acuerdo de asistencia de 1866, sin resultados. En noviembre de 1871, Rafael Bustillos se entera que el navío "Tomé" iba salir rumbo a Antofagasta con el fin de derrocar a Agustín Morales, pidiendo al gobierno chileno los detenga lo cual logra. Nuevamente en agosto de 1872, Quintin Quevedo (general que apoya al regreso de Melgarejo al poder) organiza una expedición que sale desde Valparaíso con el fin de derrocar a Morales, pero el pedido de Bustillos por detener en Chile la expedición no tiene acogida. La expedición llega a Antofagasta donde es disuelta por el prefecto de Cobija. Quevedo, se refugia en la corbeta Esmeralda que se encontraba patrullando la zona, bajo el mando de Patricio Lynch, quien lo traslada al Perú.

Bustillos pide explicación al gobierno de Chile por no acoger su pedido pero no tiene respuesta. El presidente Morales recibe informes del apoyo de capitalistas chilenos y extranjeros a la expedición de Quevedo para que con el retorno de Melgarejo reciban concesiones e intercambios territoriales. [7]

En Bolivia se temía la ocupación militar chilena de sus costas, y pide al Perú su mediación. Así el presidente Manuel Pardo comunica a Chile su intención de intervenir si Chile ocupa la costa de Bolivia. En noviembre de 1872 Bolivia propone al Perú el tratado de alianza defensiva que no tuvo acogida inicial.[8]

En 1872, Chile intenta comprar a Bolivia la región en cuestión. No tuvo éxito. [9]

El 8 de noviembre de 1872, La Asamblea Nacional de Bolivia, bajo la presidencia de Tomás Frías, brinda permisos a la marina del Perú a navegar por sus costas y autoriza al Presidente de Bolivia a declarar una guerra si recibe agresión de otro país. Bolivia no contaba con una escuadra.

El 27 de noviembre de 1873, la Compañía de Salitres y Ferrocarril de Antofagasta firmó un contrato con el gobierno de Bolivia, que le autorizaba la explotación del mineral libre de derechos por 15 años, desde la bahía de Antofagasta hasta Salinas, incluyendo el Salar del Carmen. Este contrato no fue ratificado por el Congreso de Bolivia, que en ese entonces se encontraba analizando las negociaciones con Chile[10] —que darían por resultado el tratado de límites de 1874—.

En 1874 Chile y Bolivia suscribieron un tratado de límites, en reemplazo de uno anterior, de 1866. Dentro de sus puntos estaba la obligación de no imponer nuevos tributos a las personas, industrias y capitales chilenos durante 25 años.

Para Bolivia el contrato de 1873 aún no se encontraba vigente, porque de acuerdo a la constitución boliviana, los contratos sobre recursos naturales debían aprobarse por el congreso[10] En 1878 el Asamblea Nacional Constituyente boliviana, en medio de una crisis económica, se avocó al estudio del acuerdo celebrado por el gobierno en 1873. Decidió ratificar el contrato si se pagaba un impuesto de 10 centavos sobre quintal exportado de territorio boliviano. Esta decisión que afectaba los intereses de la Compañía de Salitres y Ferrocarriles de Antofagasta, finalmente fue considerada por el gobierno chileno como una violación al artículo IV del tratado de 1874. Dicho impuesto de 10 centavos, que afectaba a esta empresa es mencionado como el casus belli de la Guerra del Pacífico.

Notas[editar]

  1. La Guerra del Pacífico en imágenes, relatos, testimonios; págs 45 y 46.
  2. UNA REVOLUCION ABORTADA EN TOCOPILLA
  3. J. M., Echenique Gandarillas (1921). «El Tratado Secreto de 1873. Su documentación.». Santiago de Chile: Imprenta Cervantes. Moneda 1170.. Consultado el 26 de enero de 2007.
  4. Valdivieso, Patricio (2004). «Relaciones Internacionales. Relaciones Chile-Bolivia-Perú: La Guerra del Pacífico». Santiago de Chile.: Pontifica Universidad Católica de Chile. Consultado el 31 de enero de 2007.
  5. Congreso del Perú (1873). «Ley: Disponiendo el estanco del salitre en la República Peruana». Consultado el 18 de enero de 2007.
  6. Sandoval Aguirre, Oswaldo (2001). «CONGRESO Y GESTIÓN EXTERNA. PERIODO DE LA CRISIS ECONÓMICA Y FINANCIERA: 1867 - 1883». Lima, Perú: Congreso del Perú. Consultado el 18 de enero de 2007.
  7. Valdivieso, Patricio (Junio 2004). «Relaciones Internacionales. Relaciones Chile-Bolivia-Perú: La Guerra del Pacífico». Consultado el 18 de enero de 2007.
  8. Sandoval Aguirre, Oswaldo (2001). «CONGRESO Y GESTIÓN EXTERNA. PERÍODO DE LA CRISIS ECONÓMICA Y FINANCIERA: 1867 - 1883». Lima, Perú: Congreso del Perú. Consultado el 18 de enero de 2007.
  9. Razoux, Pierre (2005). «La guerra del Pacífico (1879-1884). Le Chili en Guerre.». París: Economica. Consultado el 18 de enero de 2007.
  10. a b Valdivieso, Patricio (Junio 2004). «Relaciones Internacionales. Relaciones Chile-Bolivia-Perú: La Guerra del Pacífico». Consultado el 31 de enero de 2007.

Antecedentes de la Guerra del Pacífico[editar]

--fusionar|Combatientes al inicio de la Guerra del Pacífico--

Uno de los mapas que circulaban en 1793 se señala que el Reino de Chile limitaría al norte con el Virreinato del Perú. Bolivia fue fundada en 1826.

Los antecedentes de la Guerra del Pacífico son las condiciones políticas, económicas, sociales, militares y limítrofes, anteriores a la guerra, que en conjunto propiciaron que ella se desatara.

Antecedentes de la Guerra del Pacífico en la Alianza Bolivia - Perú y en Chile[editar]

Los países en litigio, pasaban, unos más que otros, serias dificultades, producto de las crisis de años anteriores. Bolivia, estaba sumida en una crisis política interminable, que hizo que se sucedieran gobiernos de facto de forma sucesiva, sin que se pudiera diseñar estrategias de desarrollo, en todo el territorio de ese país y muy especialmente en la zona costera que finalmente fue la zona en litigio. Perú, al momento de estallar la guerra, pasaba una de sus cíclicas crisis económicas, producto del endeudamiento por los empréstitos de los Contratos Dreyfus, además de un marcado caudillismo militarista. Chile, a pesar de haber tenido más coherencia y sucesión de gobiernos civiles, también tuvo graves crisis económicas, además de encontrarse hipotecado a los ingleses, producto del armamentismo iniciado en 1869; además, Chile, tenía graves problemas territoriales por la Patagonia. Es dentro de este marco en que comienzan a sucederse los acontecimientos que culminaron con la Guerra del Pacífico.

El problema de aplicación de un tributo legal o ilegal, pero que rompía el tratado con Chile, creado por el Congreso boliviano, fue quizá el pretexto ideal, para la conquista de territorios ricos en guano, minerales y salitre, de buena ley y de alto precio en el mercado internacional. No faltaron las justificaciones por parte de Chile para reivindicar los territorios al norte del paralelo 24; aquí tenemos los puntos de vista de los implicados en el problema territorial suscitado luego, sobre una serie de preguntas que flotan.

Es evidente que cada uno de los implicados, tienen sus particulares de puntos de vista y sus documentos sustentatorios. Los historiadores de los países involucrados en la Guerra del Pacífico, dan sus opiniones al respecto, dentro de un marco de polémica, que tienda a la solución del problema.

La situación peruana[editar]

Una de las características de Lima hasta bien entrado el siglo XIX, fue su tranquila vida virreinal. Perú, había sido el centro político, administrativo y militar del Virreinato. Muchos de los españoles peninsulares, luego de las Batallas de Junín y Ayacucho, se quedaron a vivir en América, en el Perú y una buena parte de ellos en Lima. Incluso, los militares españoles fueron admitidos en el flamante Ejército del Perú. A pesar que la política se convulsionó, la apacible vida de la Ciudad de los Reyes, no se alteró sustancialmente.

En 1879, esta vida tranquila, continuaba en la Lima republicana. La importación de artículos suntuosos se daba con los dineros de la aparente bonanza de los empréstitos primero, y con el guano y el salitre, luego. Para Nicolás Fernández Villena el contrato con la judío francesa Casa Dreyfus, había solucionado el problema de endeudamiento y crisis que habían generado los empréstitos: se equivocó, se gastó a manos llenas, se hizo infraestructura ferroviaria en una especie de fiebre compulsiva por construir y se acabó el dinero y continuaron las deudas y la crisis.

El Perú era Lima, las provincias no existían, Lima vivía a espaldas del desarrollo de los departamentos de la sierra y la amazonía peruana sonaba tan lejana… La vida social, política y cultural se desarrollaba en Lima; los negocios prosperaban y el Club Nacional y el Hotel “Maury” eran el centro de reunión de la sociedad limeña. Mientras en Tajamar y Santoyo, los negros veían esa abundancia de lujos, sin envidiarla y resignados a su pobreza y paupérrima vida.

El primer puerto del Perú, tenía un movimiento inusitado de comercio de importación y exportación que dejaba jugosos dividendos a los importadores y exportadores. La Casa Grace que había nacido en el Perú ya tenía su sede en Estados Unidos de América.

Las luchas internas propias de una nación que nace a la vida independiente, el caudillismo, el militarismo y las constantes revoluciones no habían hecho posible consolidar una estabilidad política, social ni económica; ello repercutió en todos los quehaceres de la república y el plano militar, no fue ajeno a ello. Los mandos militares más que académicos se formaron al fragor de las revoluciones; muy pocos oficiales en el ejército fueron academicistas. Los altos grados militares más que por méritos de antigüedad, capacidad y profesionalismo fueron otorgados por afinidad política y apoyo decidido a revueltas promovidas por el gobernante de turno. Así en esas condiciones se llegó al 5 de abril de 1879, fecha en que Chile declaró la guerra.

La moneda tenía su propio respaldo en metal fino en su representación física y ello provocó en muchas etapas de la vida republicana, cuando se devaluaba frente a la libra esterlina, dado que valía más como metal fino que como poder adquisitivo, que en muchos casos escaseara la moneda en metálico ya que se había esfumado del país debido al contrabando de metal fino que contenía: se llegó a exportar monedas como metal fino y no como moneda que servía como pago de importaciones. El gobierno se vio en la necesidad de suplirla con papel moneda al que los comerciantes le tenían desconfianza y hubo que imponerlo.

El incumplimiento en los compromisos de pagos por parte del gobierno, las graves y cíclicas crisis económicas, la inestabilidad política, el rápido cambio en las “reglas de juego” y la potencial inconvertibilidad del papel moneda, fueron el factor principal para que en los grandes centros de capital de norteamérica y Europa, miraran al Perú con desconfianza, a tal extremo que en plena guerra, se negaran urgentes préstamos para adquisiciones militares.

Conocida la declaratoria de guerra en Lima, a las primeras manifestaciones patrióticas y arengas optimistas producto de una desinformación, siguió la vida calma, típica de Lima de la pre guerra. En plena guerra, no se hizo nada para equipar al ejército ni a la marina. Los soldados en el mejor de los casos tenían uniforme y éste raído por el uso, lo normal era verlos con sus trajes de paisano y armados con viejos, pesados y obsoletos fusiles. La tripulaciones carecían de abrigo para las frías noches en alta mar: las guardias se hacían con frazadas y nunca sino una vez hicieron ejercicios de artillería y táctica naval, a pesar de la solicitud reiterada de los comandantes de las naves. La leva era forzosa y los soldados así incorporados a la milicia, no tenían ninguna motivación para pelear: no había concepto de nación y patria, les daba lo mismo tributar al Perú o para Chile. Total, igual seguirían con su paupérrima vida.

El aliado Bolivia, sacó ventaja del Tratado Secreto, involucró al Perú y cuando pudo se retiró del campo de batalla. En el plano militar, no aportó absolutamente nada. El ejército que puso en Tacna el Presidente de la República de Bolivia, general Hilarión Daza Grossolé, estaba conformado por soldados sin motivación que fueron arrancados de sus tierras y de sus familias a la fuerza, después de las celebraciones programadas con motivo del carnaval de 1879 en La Paz.

En plena guerra, el Presidente de Bolivia, se dedicó a recibir en forma secreta a emisarios de Chile que le proponían traicionar al aliado a cambio de territorios peruanos y de una… “sustancial suma de dinero, para su uso personal”. Es así que recibe en Tacna al doctor Salinas Vega, boliviano residente en Santiago, al que le pareció excelente la idea de traición, propuesta por Chile, de volver bolivianos casi medio millón de kilómetros cuadrados de territorios peruanos, que comprendían los departamentos de Arica, Puno incluido todo el lago Titicaca, Tacna, Moquegua y Arequipa y que fue rechazada por el también residente boliviano en Santiago, Gabriel René Moreno (ver Documento secreto de la Cancillería chilena); Salinas Vega fue comisionado por el gobierno chileno, para “instruir” a Daza de sus proposiciones. A la par de recibir emisarios de Chile, escribía a su aliado el Presidente del Perú una carta hablando de lealtad (ver Carta del general Hilarión Daza al general Mariano Ignacio Prado).

Para conseguir efectivo para el socorro del Primer Ejército del Sur, el Ejecutivo peruano había propuesto la creación de un impuesto a la exportación del azúcar. El Gobierno propuso un impuesto de 50 centavos, en plata, a cada quintal de azúcar que se exportara. La Cámara de Diputados propuso que fuera de 50 centavos en papel, o sea, 25 centavos en plata y la Cámara de Senadores propuso a su vez que fuera, primero del 3 y luego del 2% ad valorem. Propuso además el Ejecutivo, una contribución personal a todo habitante varón de 21 a 60 años, de 4 soles semestrales en los departamentos de la costa y de 3 soles para los departamentos de la sierra. Mientras el Primer Ejército del Sur se desangra en Tarapacá y las naves de la marina no tienen ni vajilla a bordo, las discusiones del Legislativo se centran en cómo reconocer a los serranos de los costeños para poder aplicar el impuesto propuesto por el Ejecutivo. Hasta el Arzobispo de Lima reclama cuando se entera que la Comisión Auxiliar de Hacienda de la Cámara de Diputados ha presentado un proyecto de Ley autorizando la emisión de un empréstito nacional hasta por 12.000.000, “señalando como fondo de amortización, entre otras sumas, las provenientes de la enajenación y venta de las fincas, terrenos urbanos y propiedades rústicas que pertenecen al Clero” (Guillermo Thorndike, “1879”, Libre-1 Editores S.R.L., Lima, 1977, pág. 131).

Mientras el general Mariano Ignacio Prado, se ausentó de Lima, para dirigir las operaciones del ejército desde Arica y Tacna, dejó a cargo de la Presidencia de la República al Vicepresidente General de División Luis La Puerta (ver Decreto Supremo), hombre que sufría de constantes y dolorosos ataques de gota que lo alejaban temporalmente de las obligaciones de Palacio de Gobierno.

Al día siguiente de asumir el mando, se declaró una crisis ministerial y renunció el gabinete. Al General La Puerta le dio un ataque de gota. José María Químper no acepta el Ministerio de Hacienda y luego de varios días la crisis termina quedándose el renunciante Rafael de Izcue. En el mes de julio de 1879, vuelve a sucederse otra crisis ministerial por nueva renuncia del ministro de Izcue: el doctor Emilio del Solar asume el ministerio vacante; ocho días después, renuncia. Ante la insistencia, acepta el ministerio José María Químper.

Químper tomó medidas drásticas de austeridad para recomponer la caja fiscal; se encontró sin crédito interno y externo, los peruanos no pagaban impuestos y el Congreso considera aplicarlos, un ultraje; la caja sobregirada, corrupción en la administración pública. Químper diseñó una serie de medidas para conseguir el socorro para el Primer Ejército del Sur. El 28 de julio se instaló el Congreso y la primera medida de la mayoría civilista en él, fue oponerse a cuanto había diseñado el Ministro de Hacienda. Finalmente, la Comisión Principal de Hacienda del Senado, rechazó el plan Químper y luego el pleno.

Los bancos podían previa autorización del Gobierno emitir y poner en circulación papel moneda. Se descubrió el fraude del primer banco del Perú: el Banco Nacional, el que había estado emitiendo y haciendo circular mayor papel moneda que el autorizado por el Gobierno y estaban implicados en él, altos funcionarios del directorio (ver Noticia policial); llegó la noticia a Congreso y se declaró el escándalo y finalmente José María Químper, fue censurado (ver Editorial del Diario "La Patria"). Los Guardias Civiles en una suerte de mitin en Lima, emiten un pronunciamiento que publican en el diario "La Patria" en apoyo al censurado ministro de Hacienda José María Químper (ver Pronunciamiento publicado por los Guardias Civiles en Lima)

Y para terminar ese año de 1879, creyéndose el salvador de la Patria, Nicolás Fernández Villena (el verdadero nombre de Nicolás de Piérola Villena), da un golpe de estado y termina de politizar las Fuerzas Armadas del Perú. Piérola prefiere la derrota del Primer Ejército del Sur mandado por el contralmirante Lizardo Montero Flores, al potencial prestigio que hubiera podido ganar, según sus cálculos políticos desquiciados, al vencer a los chilenos en la Batalla del Alto de la Alianza e incomodar su posición política en Lima.

América Latina y el mundo en la Guerra del Pacífico[editar]

La Guerra del Pacífico tuvo amplias repercusiones en América Latina y en el mundo entero. El choque de las tres naciones beligerantes despertó la atención del resto de Latinoamérica, Estados Unidos y las grandes potencias europeas, aunque por razones muy distintas.

En el caso del contexto latinoamericano, la guerra despertó profundas simpatías a favor del Perú, en especial en naciones como Colombia, que facilitó el tránsito de pertrechos y armamento encargados por Lima a Europa a través del istmo de Panamá (en ese entonces parte de Colombia). También Argentina expresó amplio apoyo al Perú, e incluso sectores de la sociedad y la opinión pública bonaerense manifestaron su deseo de unirse a la nación peruana en su guerra contra Chile. Por su parte, durante todo el conflicto el Imperio del Brasil desarrolló una prudente y activa diplomacia para evitar la propagación de la lucha a otras naciones y frustró los intentos del gobierno argentino para desarrollar una mediación entre los beligerantes.

Estados Unidos, por su parte, manifestó su preocupación por el estallido del conflicto, no solo por el enfrentamiento entre las tres naciones, sino por el riesgo de que esto desencadenase la intervención violenta de las grandes potencias europeas, sobre todo por la presencia de ricos yacimientos de salitre y guano en la zona donde se libraba la guerra. Debe agregarse, además, el interés posterior de ciertos sectores estadounidenses en apropiarse de la riqueza salitrera mediante una intervención armada. Esta tendencia se vio representada en la actuación del secretario de estado norteamericano James G. Blaine, y en su patrocinio a la misión de Stephen A. Hurlbut a Lima entre 1881 y 1882.

Los países europeos, por su parte, se manifestaron divididos ante el conflicto. Francia e Italia exteriorizaron su voluntad de intervenir activamente en la disputa, mientras que Inglaterra se mantuvo en un rol más pasivo. Alemania, por su parte, manifestó su apoyo a Chile, en especial luego del inicio de una acción conjunta franco-italiana contra las cláusulas del tratado de paz chileno-peruano en Ancón.

Tratado de Alianza Defensiva Perú–Bolivia[editar]

El Pacto Secreto Perú-Bolivia fue un documento que suscribieron ambos gobiernos, en 1873, dada la coyuntura que se presentó por esos años entre Bolivia y Chile, que finalizó con la firma del Tratado de 1874; Perú, en lugar de derogar dicho pacto secreto, lo olvidó y archivó. Es el texto del Tratado Secreto Defensivo entre Bolivia y Perú, que Chile tomó como fundamento para declarar la guerra al Perú y el documento de partida para el análisis de los antecedentes de la guerra.