Blanco (persona)

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Blanco (también persona blanca o raza europea) es un término generalmente usado para designar a personas cuya tonalidad de piel clara suele ser asociada a poblaciones de origen europeo. Aunque literalmente implica cuestiones externas como la piel clara, forma y color del cabello y los ojos, entre otras, "blanco" ha sido usado de distintas maneras en diferentes periodos históricos y lugares. Como otras palabras comunes para las etnias humanas, su definición precisa puede ser confusa.

La antropología clásica definía a una población como caucásica, si presentaba ciertas características como variaciones en la forma, el tamaño y el color de los ojos (azules, verdes, mieles, y castaños) y en la coloración del pelo (blondismo, rutilismo o diversas coloraciones dentro del marrón, exceptuando cierto grado de blondismo propio de los australoides). También los blancos compartirían otras características como más vello facial y corporal en relación a otras razas. Por esta característica se creyó durante mucho tiempo que el grupo de los ainu tendrían ascendencia caucasoide.

Hoy en día también se tienen en cuenta otros criterios genéticos, pero la definición es compleja, entre otras cosas por la cantidad de poblaciones que presentan mestizajes de las clásicamente consideradas como grupos étnicos. En genética humana, los haplogrupos R e IJ son los haplogrupos del cromosoma Y humano predominantes y muy difundidos en toda Eurasia Occidental, desde Europa hasta la India. Por otro lado la genética mitocondrial revela que los linajes maternos predominantes en Eurasia occidental se denominan HV, JT y Uk. Sin embargo, es a partir de la propia genética desde donde se señala que aunque las razas existen, biogenéticamente no existe un único marcador que defina la racialidad, sino varios.

Controversia sobre el uso del término[editar]

Mapa de distribución de tonalidad de la piel humana, basado en la escala cromática de Von Luschan.

El concepto de blanco, como raza, emerge en 1781 de la mano de Johan Blumembach, quien propuso la denominación raza caucásica o caucasoide para la población europea, desarrollando la hipótesis según la cual la gente de piel clara se habría originado o dispersado en las tierras frías de las montañas del Cáucaso. Hacia 1855, Arthur de Gobineau, en su Ensayo sobre la desigualdad de las razas humanas, sostenía que la raza nórdica era la mejor de todas, siendo perjudicial la mezcla con otros grupos, pues esto degeneraría la pureza racial.

Las ideas de Gobineau, sobre la pureza de las razas, influyeron en las doctrinas los grupos racistas y supremacistas, que se desarrollaron desde la segunda mitad del siglo XIX en adelante, como el Nazismo en Alemania, o el Ku Klux Klan en Estados Unidos, donde el término de raza blanca todavía se usa de modo oficial.

No obstante, existe controversia con respecto a este tema y actualmente no hay demostraciones científicas que verifiquen ni desmientan la existencia de razas humanas, o lo que es lo mismo, la dependencia de la genética en las diferencias de actitud, pensamientos, capacidades físicas y en general de todos los procesos orgánicos y mentales. Si bien está demostrado y es intuitivamente lógico que la cultura y el ambiente tienen mayor influencia que la genética en todos estos factores, en el caso de que esta tuviera alguna, ya que individuos de origen racial diverso que se han educado en comunidades diferentes demuestran tener comportamientos muy similares. En todo caso, esto no supone una prueba concluyente. También está demostrado que el medio ambiente influye, a largo plazo, en la configuración de caracteres hereditarios de grupos que permanecen en ese medio.

En realidad no se trata de un problema de demostrar la existencia de razas (¿qué son estas, en primer lugar?) sino de la dificultad de establecer una definición rigurosa y clara (científicamente aceptable) del término "raza", que se base en términos estadísticos y en el concepto de "conjuntos difusos o borrosos", y no en términos absolutos y en el concepto de "conjunto clásico (o binario, o nítido)", inherentes en el concepto primitivo de "raza" y de "raza pura". Además, no hay mucha voluntad de hacerlo, como algunos especialistas han señalado, debido al riesgo, al peligro de las malas interpretaciones e ignorancia que llevan a actitudes inhumanas e intentos de justificación de barbaries, como los de la segunda guerra mundial. Lo que sí tiene claro la comunidad científica es que no hay tal cosa como la idea simple de "raza blanca", "raza amarilla" o de "raza pura".

Una connotación común en varias definiciones de "blanco" es que el término se refiere a la gente fundamentalmente originaria y nativa de Europa. Por extensión, algunas teorías incluyen poblaciones próximas a Europa, como ciertas zonas del Norte de África y Oriente Medio. Otras teorías incluso más extensionistas incluyen áreas del norte de la India y poblaciones tan alejadas de Europa como los pastunes de Pakistán y Afganistán.

También existe una controversia sobre la diferencia de "piel clara" respecto a "blanco". El término "blanco" es equivocado, pues la mayoría de las personas denominadas "blancas" (sin importar su origen) tienen una pigmentación que hace que su color de piel presente tonalidades de rosa pálido, rosado o rosáceo tenuemente bronceado y cambie al tomar el sol. No obstante, una piel es considerada clara si en el registro del espectrofotómetro manifiesta un índice alto o reflectante, revelando un bajo nivel de melanina o pigmento capilar. Las poblaciones nativas de Europa más que cualquier otra población de la tierra, se encuentran en estos parámetros. [5]

Expansión de la población blanca[editar]

La extensión de la población blanca en todo el mundo es atribuible a la conquista de casi todo el mundo por las naciones europeas y la inmigración de millones de europeos a los territorios conquistados y colonizados durante el período comprendido entre el siglo XVI y el siglo XX. Aproximadamente, a partir de 1800, emigraron a todos los continentes unos 100 millones de europeos.

La expansión europea hasta Australia.

En Europa[editar]

Cuando los glaciares retrocedieron hace unos 16 mil años, a las poblaciones que se habían refugiado se les unieron muchas oleadas de gente de Asia y África para recolonizar la región que volvió a ser habitable. Sus descendientes se convirtieron en cazadores-recolectores que ocuparon Europa hasta la llegada de la agricultura. Entonces, hace unos ocho milenios, la agricultura se extendió desde Asia a toda Europa, trayendo consigo la familia de lenguas indoeuropeas además de nuevas tecnologías.

Se estima que los pueblos indoeuropeos, que reemplazaron casi por completo a los pueblos paleolíticos que habitaban Europa, procedían de alguna región comprendida entre el Cáucaso y la India. Con el correr de los siglos los pueblos indoeuropeos se fueron mezclando por medio de numerosas migraciones e invasiones procedentes de Asia central, Medio Oriente y África; como por ejemplo, las invasiones asiáticas protagonizadas por hunos y mongoles o la invasión y ocupación musulmana de la Península ibérica,[1] [2] Grecia, Sicilia, Albania, los Balcanes y los territorios correspondientes a las actuales Rumania, Bulgaria y partes de Hungría, donde una parte de la población presenta diversos grados de mestizaje de origen túrquico y árabe.[3] [4]

En general, la población europea autóctona está compuestos por elementos genéticos prehistóricos y más recientes de diferentes partes de Asia y África.[5] [6] [7] Aunque excepciones a esto son los vascos de España y Francia y los saami de Finlandia. Ambos pueblos tienen característicos rasgos genéticos preindoeuropeos y hablan lenguas preindoeuropeas.

En la Europa del siglo XIX era común categorizar a la mayoría de los blancos como semitas y arios. Ese último término fue usado como un sinónimo para los indoeuropeos, que eran vistos como una "raza" separada de los semitas en los lugares donde los dos grupos tenían distintas historias lingüísticas. Esto se pensaba que implicaba una ascendencia separada, que se presuponía visible en rasgos culturales y físicos diferentes. El término ario derivaba de los que hablaban los idiomas indoeuropeos que ocupaban la antigua Irán y el valle del Indo, un hecho que resultaba problemático en la ecuación con el término "blanco". No obstante, de 1880 algunos escritores teorizaron que los primeros arios vinieron del Norte de Europa. Esto llevó a los nazis a afirmar que los arios eran gemelos de los nórdicos. Eruditos posteriores del siglo XX fueron mucho más reacios a asumir la coincidencia entre ascendencia lingüística y genética, debido a que los idiomas se pueden fácilmente traspasar a poblaciones genéticamente no relacionadas.

En el Reino Unido, "blanco" es un término generalmente usado para aquellos individuos con características físicas propias de Europa occidental y del Norte, y se refieren a aquellos "blancos" europeos de color de piel algo menos clara como "mediterráneos", en un contexto similar al uso de designar "blanco" a los de piel más clara. En la Europa continental, el término "blanco" como "indicador racial" ha caído en desuso, considerado si acaso obsoleto. Los términos de etnicidad y lingüística son ampliamente usados indiferentemente por la gente autóctona y las comunidades inmigrantes.

Hoy en día varias corrientes, basadas en nuevas investigaciones científicas, apoyan la idea de una etnia blanca protoeuropea, y usan el haplogrupo R1b del cromosoma Y como una guía para su ascendencia y distribución. Esta marca genética es asociada a la de los primeros europeos que se refugiaron en la península ibérica durante la Edad de hielo. Este factor R1b1 es predominante en las actuales poblaciones occidentales europeas, particularmente en las áreas de influencia celta como Irlanda, Inglaterra, Gales, España, norte de Italia, áreas de Francia y zonas del norte de Europa.[8]

En América[editar]

Estados Unidos y Canadá[editar]

Ya desde el Descubrimiento de América y la conquista y colonización de la mayor parte de los territorios americanos por parte de los imperios español y portugués, los españoles ya se habían establecido en muchos de los actuales territorios estadounidenses, principalmente en el sur y el oeste como California, Nuevo México y Florida, demostrado en el hecho de que muchos lugares en estas zonas llevan nombres españoles (Los Ángeles, Las Vegas) y que dichos territorios (a excepción de Florida) pasarían a formar parte de México tras la independencia de este país de España. Sin embargo, varios navegantes ya habían realizado varias expediciones a la costa este norteamericana bajo las coronas británica y francesa, las cuales habían intentado establecer algunas colonias que habían acabado en fracaso. No sería hasta mediados del siglo XVII cuando lograría sobrevivir la primera colonia británica de Jamestown, que vendría seguida por una oleada de colonizadores ingleses que se establecieron en toda la costa este norteamericana y posteriormente de escoceses tras la unión de Inglaterra y Escocia en Gran Bretaña, aunque también se establecerían holandeses y franceses más tarde, estos últimos principalmente en el norte. A diferencia de lo que ocurrió en Latinoamérica, estos grupos colonizadores no se mezclaron con los nativos de la zona, con lo cual, la población blanca de las colonias británicas, holandesas y francesas fue siempre mayoritaria.

Tras la independencia de Estados Unidos del Imperio británico hasta finales del siglo XIX, millones de europeos, procedentes principalmente de los países de la Europa Septentrional (Inglaterra, Irlanda, Alemania y Francia) se establecieron en el país. Durante el siglo XIX, el país inició su expansión hacia el oeste y el sur del continente, llegando cientos de miles de colonizadores estadounidenses promovidos por el gobierno para establecerse en el centro del continente y las zonas desérticas del oeste y el sur. Mientras que la inmigración europea a Canadá fue mayoritariamente británica y francesa, personas de casi todas las nacionalidades europeas entraron en Estados Unidos durante dos siglos, mientras que actualmente cabe destacar el continuo flujo de blancos procedentes de países latinoamericanos.

Los nacionalistas blancos de los Estados Unidos frecuentemente tienen una definición de "blancura" que es mucho más limitada que la definición gubernamental, requiriendo no sólo una ascendencia única o casi exclusivamente europea, sino también una identificación psicológica y cultural con la etnicidad europea y un compromiso para avanzar en sus intereses. Bajo esta definición, muchas personas aparecen excluidas, como los judíos o los musulmanes balcánicos, los albaneses y los turcos. A pesar de este método de "blancura" usado por los nacionalistas blancos, ocurre que como muchos grupos raciales, la definición aún puede variar.

Entre algunos reducidos grupos nacionalistas blancos aún más exclusionistas, un serio punto ideológico y altamente discutido entre ellos, es la concesión de la etiqueta «no-blanco» a algunas personas de etnia europea con ascendencia del Sur de Europa (mediterráneos) y del Este de Europa (eslavos).[cita requerida] Esto puede percibirse en los requerimientos de membresía en organizaciones nacionalistas blancas como Alianza Nacional. El requisito de membresía para un individuo es que sea «de ascendencia completamente Europea y no Judía».

El Censo de Estados Unidos más reciente definía a la raza 'blanca' así (traducción): "El término blanco se refiere a las personas originarias de cualquier pueblo Europeo, Oriente Medio o África del Norte". Esto incluye a las personas que indicaron su raza o razas como "blanco" o seleccionó por ejemplo casillas de irlandés, alemán, italiano, sirio, español, libanés, portugués, polaco, etc.

Características que definen o definieron a la población blanca estadounidense y canadiense son los prejuicios raciales y religiosos (religión protestante y anglicana) que mostraron hacia los pueblos indígenas, inmigrantes europeos pertenecientes a la religión Católica y los esclavos africanos, siendo como resultado pocas las personas de ancestralidad mixta o los blancos que presentan distintos porcentajes de genes no blancos y la creación de distintos grupos que promulgan el racismo blanco como el famoso Ku Klux Klan; y la escasa de presencia de blancos en determinadas zonas del continente, como el sur de Estados Unidos o el norte de Canadá.

Para 2008, la población blanca de Estados Unidos representaba un 75,05 %[9] de la población total, sumando 228.1 millones de habitantes.

América Latina[editar]

La población considerada blanca o criolla en América Latina representa el 36 % de la población de la región. Se concentra principalmente en el Brasil (más de 90 millones), además de la Argentina (más de 30 millones), países donde vive el 76 % de los más de 180 millones de blancos que viven en América Latina.[10] Los países en los que su sociedad es predominantemente multiétnica pero que su población blanca representa un segmento grande y amplio de la población son: Chile, Venezuela, Cuba y Colombia.

La población blanca es relativamente minoritaria en una región que es predominantemente multiétnica. No obstante en Argentina, Uruguay y Costa Rica,[10] esta llega a ser la única etnia que predomina indiscutiblemente con claridad debido a que compone casi el 90 % de la población de los primeros dos países, y un poco más del 80 % en el último.[10]

  • Un estudio genético realizado en 2010 por el genetista argentino Daniel Corach, el mapa genético de la Argentina estaría compuesto en un 79 % proveniente de diferentes etnias europeas, un 18 % de diferentes etnias amerindias, y un 4,3 % de etnias africanas.[11] [12] En la ciudad de Buenos Aires, donde la influencia de la inmigración europea en la composición étnica se ha sentido con más fuerza que en el resto del país, un estudio realizado en 2006 sugiere un mestizaje genético promedio compuesto en un 80-86 % proveniente de diferentes etnias europeas, principalmente italianas y españolas, un 7-10 % de diferentes etnias amerindias, y un 2-5 % de etnias africanas.[13]
  • El Instituto Nacional de Estadística (INE) de Uruguay realizó en 1996-1997 una Encuesta Continua de Hogares (ECH) en 40.000 hogares, que abordaba el tema sobre las razas en el país, con sus resultados basados en "la declaración explícita de los encuestados sobre la raza a la cual creen pertenecer". Estos resultados se extrapolaron y se estimó que de los 2.790.600 habitantes que tenía Uruguay en este momento, unos 2.602.200 eran de raza blanca (93,2 %), unos 164.200 (5,9 %) eran de raza negra -total o parcialmente-, 12.100 de raza indígena total o parcialmente (0,4 %) y otros 12.000 de raza amarilla.[14]
  • Una nueva Encuesta Nacional de Hogares Ampliada realizada en 2006 volvió a preguntar sobre el tema, pero esta vez haciendo hincapié en la "ascendencia" y no en la "raza"; los resultados revelaron un 5,8 % más de uruguayos que declararon tener ascendencia total o parcialmente negra y/o amerindia. Esta reducción en el porcentaje de "blancos puros" autodeclarados entre encuestas podría deberse a un fenómeno de revalorización de la herencia africana por parte de los encuestados, parecido al ocurrido en Brasil en los últimos tres censos. De todos modos, cabe destacar que 2.897.525 encuestados declararon tener ascendencia totalmente blanca (87,4 %), 302.460 declararon ascendencia total o parcialmente negra (9,1 %), 106.368 ascendencia total o parcialmente amerindia (2,9 %) y 6.549 total o parcialmente amarilla (0.2 %).[15] Este valor coincide con los porcentajes de población blanca proporcionados por fuentes externas de 87,4 %[16] 88 %,[17] [16] o 90 %.[18]
  • En Costa Rica, un estudio de la Universidad de Costa Rica, la composición genética promedio del costarricense provendría en un 30 % de aborígenes americanos, en un 65 % de personas oriundas de Europa y el Oriente Medio, y en un 5 % de personas nativas del África subsahariana.[19] [20]
  • En Cuba la población blanca fue mayoría desde tiempos coloniales hasta el inicio de la Revolución Cubana cuando gran parte de la población acomodada (clase alta y media-alta), eminentemente blanca, emigró del país principalmente hacia los Estados Unidos. Además de la constante emigración otro factor importante que ha incidido ha sido el mestizaje y una mayor tasa de fertilidad en la población negra y mulata. En la década de 1950, alcanzaban a ser el 75 % de la población, actualmente representan el 37 % de la población.[10]
  • En Brasil, según datos del último censo, que fue efectuado en 2010, el 48 % de la población se autoconsidera blanca.[21]
  • En Puerto Rico, en el censo de 2010, el 76 % de la personas se identificaron a sí mismas como personas de "raza blanca", de ascendencia únicamente europea,[22] en el censo federal realizado en 2010; sin embargo, diversos estudios genéticos han señalado una parte substancial de estas personas sería castiza o mestiza al tener entre 25 y 50 % de genes amerindios (siendo el promedio de Puerto Rico de 33 %).[23] [24] [25] Sólo un 7.8 % declaró tener ascendencia "multiracial".[22]
  • En Chile no se tienen datos oficiales debido a que el censo de población no clasifica racialmente a su población. No obstante, un estudio genético de la Universidad de Chile revela que por lo menos el 30 % de la población chilena sería blanca o caucásica, un 65 % tendría ascendencia predominantemente caucásica con aportes amerindios, y un 5 % sería aborigen.[26] Por otro lado, Francisco Lizcano en su Composición Étnica de las Tres Áreas Culturales del Continente Americano al Comienzo del Siglo XXI, cifra en 53 % (52,7 %) el aporte blanco en Chile,[27] Sin embargo, debido a la dificultad de separar mestizos blancos y blancos, expone que "la etnia mestiza es la mayoritaria de acuerdo con todas las fuentes recientes consultadas que especifican cifras".[10] (Véase Mestizaje). La población blanca de Chile se debe al aporte de la antigua inmigración española en el período colonial y la inmigración europea posterior, donde destacaron la inmigración alemana y croata.
  • Por su parte en Venezuela, el último censo poblacional realizado en 2011 registró que el 42,2 % de la población se autoconsidera de piel blanca, contrastando con el 49,9 % de la población que se identificó a sí misma como de piel morena [sic].[28]

 

  • Mientras que en Colombia el censo de ese país registró al 37 % de la población como blanca,[29] lo que coincide con estudios realizados sobre autoidentificación.[30]

La población criolla en Latinoamérica proviene de la antigua colonización española y portuguesa, como también de posteriores migraciones de italianos, españoles, alemanes, eslavos, irlandeses, galeses, portugueses, franceses y judíos asquenazíes, entre otros. A diferencia de lo que ocurrió en algunas ex colonias británicas, en América Latina los colonizadores y los inmigrantes europeos que llegaron con posterioridad se mezclaron con la población local indígena, por lo cual buena parte de la población considerada "no blanca" tiene diferentes grados de mestizaje.[10] Aunque la región estuvo bajo el dominio colonial de los imperios español y portugués durante poco más de cuatro siglos la población blanca fue siempre una minoría entre la mayoría mestiza e indígena y los esclavos africanos. Los colonos fueron principalmente varones militares o mercenarios, los cuales debido a los pocos prejuicios sexuales habidos y a la ausencia de mujeres blancas, tenían hijos con mujeres indígenas y en menor medida con sus esclavas africanas negras, dando proceso al mestizaje. Durante el período, los hijos exclusivos de los colonizadores ibéricos en el continente fueron denominados criollos, y por extensión, a todos los europeos instalados allí. A partir del siglo XIX y siguiendo a la continua independencia de los países latinoamericanos de sus imperios coloniales, unos 13 millones de europeos emigraron a la zona, instalándose mayoritariamente en Argentina (6.5 millones), país que recibió la mitad de los emigrantes, y Brasil (4.5 millones), que recibió un tercera parte (34 % del total). Cuba (610 mil, 5 % del total) —colonia española hasta 1898— Uruguay (600 mil, 5 %) y Venezuela (300 mil, 2 %) tuvieron un flujo inmigratorio moderado; mientas que Perú (150 mil, 1 %) el flujo fue minoritario.[31] [32] [33] [34] [35]

En los casos de Argentina y Uruguay, debido a las olas masivas de inmigración, los italianos constituyen la mayoría de la población. Por otro lado, la población blanca o caucásica de los otros países hispanoamericanos desciende de los antiguos colonizadores españoles y de otras migraciones españolas más modernas, aunque también hay una ligera presencia de descendientes de otras nacionalidades europeas, principalmente italianos y alemanes.[cita requerida]

En África[editar]

La única población blanca autóctona africana es la bereber, que vive repartida entre los países del Magreb y Egipto, el resto de la población blanca del continente es descendiente de colonizadores árabes y europeos, principalmente de holandeses, ingleses, franceses y portugueses, con significantes aportes españoles, alemanes, belgas, italianos, griegos y suizos. Actualmente, ningún país del centro y sur de África es de mayoría étnica blanca, pues residen en el continente solamente unos 6,8 millones de blancos europeos (0,69 % de la población total), de los cuales 4,6 millones viven en Sudáfrica. La población de origen árabe y bereber conforma más del 90 % del total en todos los países del norte africano (Egipto, Libia, Túnez, Argelia, Marruecos, Sahara Occidental) y es minoría importante en Mauritania y Sudán, sumando unos 180 millones (18,2 % de la población total africana).

Los europeos comenzaron a llegar al África meridional a partir a finales del siglo XVII, siendo los primeros establecimientos construidos por los colonos portugueses, luego vinieron los holandeses, cuyos descendientes serían conocidos más tarde como Afrikaners o Bóers. Aunque hubo blancos que se mezclaron con los negros (principalmente en Sudáfrica), la mayoría optó por tener descendencia únicamente con personas blancas.

Características que definen o definieron a la población blanca africana, fueron el racismo, los prejuicios raciales y la oposición a la integridad racial que condujeron a numerosos movimientos sociales racistas blancos y al auge de partidos políticos de la misma ideología, que llevaron al llamado Apartheid. Durante las guerras de independencia en África, en muchos países se derrocó a la élite blanca gobernante, parte de la cual optó por emigrar a Europa o América.

En Australia y Nueva Zelanda[editar]

Los primeros testimonios de exploraciones europeas en la zona datan de principios del siglo XVII. Durante este período, hay polémica acerca de si fueron los portugueses y holandeses los primeros en llegar a la zona, pues hay numerosos mapas en portugués y holandés hechos por navegantes que cartografiaron la mayor parte de la costa australiana. Sin embargo, no sería hasta finales del siglo XVIII cuando los primeros europeos comenzaron a establecerse en Nueva Gales del Sur, en Australia. La mayor parte de ellos eran convictos que fueron transportados a las colonias penales como mano de obra debido a la lejanía de África para importar esclavos negros y como una buena salida para los prisioneros de la corona británica. Tras la independencia del país, el gobierno solo promovió el establecimiento e inmigración de blancos, provenientes principalmente de Reino Unido e Irlanda. A pesar de su enorme tamaño, su lejanía de Europa y América ha dado como resultado una escasa población (apenas 20 millones de personas), aunque el gobierno impidió que los asiáticos inmigraran al país hasta finales del siglo XX, con lo cual, la gran mayoría de la población australiana es blanca.

El caso de Nueva Zelanda es similar. El país fue colonizado por los ingleses en el año 1840, a raíz del temor de que otras naciones europeas (como los franceses que ya se estaban estableciendo) lo hicieran y pusieran en peligro sus colonias en Australia. A pesar de su pequeña población y la escasa inmigración europea que recibió, la violenta oposición de las tribus maoríes a la colonización ocasionó guerras y enemistades entre europeos y nativos, con lo cual, la población indígena se redujo considerablemente mientras que ya en 1860 los europeos eran la mayoría de la población.

Tanto Australia como Nueva Zelanda recibieron emigración europea procedente casi exclusivamente de las Islas Británicas.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. «Redirection page».
  2. [1]
  3. Pereira et al. 2005 (véase información específica aquí)
  4. Cruciani et al. 2004
  5. 1
  6. 2
  7. 3
  8. «Estimating the Impact of Prehistoric Admixture on the Genome of Europeans – Dupanloup et al. 21 (7): 1361 – Molecular Biology and Evolution».
  9. U.S. Census Bureau; Data Set: 2008 American Community Survey 1-Year Estimates; Survey: American Community Survey.] Retrieved 2009-11-07
  10. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Lizcano-CR
  11. Scielo
  12. Corach, Daniel; Lao, Oscar (2010) (HTML). Inferring Continental Ancestry of Argentineans from Autosomal, Y-Chromosomal and Mitochondrial DNA. Annals of Human Genetics. 28.  pp. 65–76. doi:10.1111/j. ISSN 1469-1809.2009.00556.x. http://onlinelibrary.wiley.com/doi/10.1111/j.1469-1809.2009.00556.x/full. Consultado el 27 de agosto de 2012. 
  13. Avena, Sergio A., Goicochea, Alicia S., Rey, Jorge et al. (2006). Mezcla génica en una muestra poblacional de la ciudad de Buenos Aires. Medicina (B. Aires), mar./abr. 2006, vol.66, no.2, p.113-118. ISSN 0025-7680.; [Michael F. Seldin et al (2006). Argentine population genetic structure: Large variance in Amerindian contribution, American Journal of Physical Anthropology, Volume 132, Issue 3, Pages 455–462. Publicado en línea: 18 de diciembre de 2006.]
  14. Encuesta Contínua de Hogares 1996-1997. Instituto Nacional de Estadística de Uruguay.
  15. Perfil Demográfico y Socioeconómico de la Población Uruguaya según su Ascendencia Racial. por Marisa Bucheli y Wanda Cabela. Fuente: Encuesta Nacional de Hogares Ampliada 2006. INE.
  16. a b World Statesmen.org: Uruguay.
  17. Error en la cita: Etiqueta <ref> inválida; no se ha definido el contenido de las referencias llamadas Lizcano
  18. World Reference Desk: Uruguay.
  19. PLoS Genetics. «Geographic Patterns of Genome Admixture in Latin American Mestizos Tabla S2». Consultado el 28 de noviembre de 2012.
  20. PLoS Genetics. «Geographic Patterns of Genome Admixture in Latin American Mestizos». Consultado el 24 de enero de 2012..
  21. Negros y mulatos ya son mayoría en Brasil [2]
  22. a b 2010 U.S. Census Consultado el 19 de abril de 2012.
  23. Martínez Cruzado, Juan C. (2002). "The Use of Mitochondrial DNA to Discover Pre-Columbian Migrations to the Caribbean: Results for Puerto Rico and Expectations for the Dominican Republic". KACIKE: The Journal of Caribbean Amerindian History and Anthropology [On-line Journal], Special Issue, Lynne Guitar, Ed. Available at: http://www.kacike.org/MartinezEnglish.pdf [Date of access: 25 September 2006] (en inglés)
  24. "Mitochondrial DNA analysis reveals substantial Native American ancestry in Puerto Rico (en inglés)
  25. Lorena Madrigal, Madrigal (2006). Human biology of Afro-Caribbean populations. Cambridge University Press, 2006. p. 121. ISBN 978-0-521-81931-2. http://books.google.com/?id=ddnkIaZRHxEC&pg=PA121&dq=Puerto+Rico+Amerindian+mtDNA#v=onepage&q&f=false.  (en inglés)
  26. «5.2.6. Estructura racial». La Universidad de Chile. Consultado el 26-08-2007.
  27. Lizcano Fernández, Francisco, Composición Étnica de las Tres Áreas Culturales del Continente Americano al Comienzo del Siglo XXI, pp. 195, 197, 198 y 227, «De acuerdo con su composición étnica, las naciones iberoamericanas se dividen a continuación en cuatro tipos, uno de los cuales se subdivide en otros dos: indoeuropeo —subdividido en indomestizo y mestizo—, afromestizo, afrocriollo y criollo. Dicha composición étnica está claramente relacionada con la importancia que en cada caso han tenido las tres etnias constitutivas de la región: la prehispánica, la africana y la ibérica.

    El cuarto tipo está integrado por cuatro países denominados criollos en virtud de que ésta es la única etnia que predomina con claridad en ellos. En Argentina, Uruguay y Costa Rica esta situación no admite discusión, pues los criollos integran más de 80 % de las poblaciones nacionales respectivas. En Chile la población mestiza alcanza porcentajes notables en todos los recuentos consultados, pero también en todos ellos el criterio para establecer dichas proporciones es biológico. En realidad, estos mestizos son culturalmente más criollos que mestizos. De cualquier forma no se debe olvidar que, en estos países criollos, la etnia mestiza alcanza porcentajes no desdeñables (aunque siempre minoritarios), integrados bien por comunidades instaladas en sus territorios desde hace siglos, bien por inmigrantes llegados, en tiempos relativamente recientes, desde países vecinos más pobres como Nicaragua (en el caso de Costa Rica), Bolivia y Paraguay (en el de Argentina). Chile es el único país del grupo con un porcentaje relativamente elevado de indígenas. En Uruguay y Costa Rica los afrodescendientes mantienen una cierta presencia, en ocasiones ignorada, aunque en el primer caso su lengua materna es el español y en el segundo, un criollo derivado del inglés (ver cuadros 2 y 3).

    Chile: El porcentaje de indios fue tomado de Ferranti y el de criollos, de Esteva-Fábregat (quien ofrece el porcentaje mayor de esta etnia, pues considero que el predominio cul tural —el aspecto que me interesa en este trabajo— oc ci den tal es evidente en este país); el resto se tuvo por mes tizo. Pese a no aportar cifras, EFE podría coincidir con esta percepción, aunque desde un punto de vista biológico, cuando afirma: “No hay datos oficiales, pero predomina la raza blanca, principalmente de origen español, aunque también con aportaciones alemana, italiana y de otros países europeos”. Sin em bargo, la etnia mestiza es la mayoritaria de acuerdo con todas las fuentes recientes consultadas que especifican cifras: entre 65 y 70 % en Waldmann, Coy y la Guía..., pero hasta 93 % en la Biblioteca... Por su parte, como en el caso de Costa Rica, de forma menos comprometida, aunque quizá más realista, la CIA y Hud son estiman 95 % para criollos y mes ti zos de manera conjunta. Grimes (2000, vol. I) sólo ofrece cifras de hablantes de lenguas europeas distintas del español en el caso de los alemanes: 35.000; es decir, 0.2 % de la población nacional estimada en 1998, aunque también reseña la existencia de hablantes de gitano de Rumania y catalán.»
     
  28. [3]
  29. «Colombia: A Country Study». Federal Research Division of the Library of Congress págs. 101–102. The Library of Congress of the United States of America.
  30. http://www.schwartzman.org.br/simon/coesion_etnia.pdf
  31. European Immigration into Latin America, 1870–1930
  32. «INMIGRACIÓN Y MOVIMIENTOS OBREROS EN AMÉRICA LATINA (1850-1930)». «Sin embargo la inmigración en Latinoamérica fue de importancia muy variable. En todas partes continuó y se acentuó la integración de extranjeros en los niveles altos de las sociedades urbanas; las nuevas funciones que iba asumiendo la economía metropolitana aseguraban, en efecto, el mantenimiento de ese proceso. Inmigración masiva solo se dio en algunas tierras atlánticas: Argentina, Uruguay y Brasil central y meridional. En el resto de América Latina, ni la expansión de la población global ni el crecimiento de las ciudades se apoyaron de modo numéricamente importante en los aportes inmigratorios.».
  33. La estructura social
  34. [4]
  35. Giovanni Bonfiglio, Las migraciones internacionales como motor de desarrollo en el Perú, Museo Nacional Japonés Americano. Publicado el 1 de julio de 2008. Consultado el 30 de octubre de 2011.

Bibliografía[editar]

Bibliografía en inglés[editar]

  • Thomas A. Guglielmo, White on Arrival: Italians, Race, Color, and Power in Chicago, 1890-1945, 2003, ISBN 0-19-515543-2.
  • Matthew Frye Jacobson, Whiteness of a Different Color: European Immigrants and the Alchemy of Race, Harvard, 1999, ISBN 0-674-95191-3.
  • Frank W. Sweet, Legal History of the Color Line: The Rise and Triumph of the One-Drop Rule, Backintyme, 2005, ISBN 0-939479-23-0.
  • Noel Ignatiev, How the Irish Became White, Routledge, 1996, ISBN 0-415-91825-1.
  • Karen Brodkin, How Jews Became White Folks and What That Says About Race in America, Rutgers, 1999, ISBN 0-8135-2590-X.
  • Neil Foley, The White Scourge: Mexicans, Blacks, and Poor Whites in Texas Cotton Culture (Berkeley: University of California Press, 1997).
  • Theodore Allen, The Invention of the White Race, 2 vols. (London: Verso, 1994).
  • Thomas F. Gossett, Race: The History of an Idea in America, New ed. (New York: Oxford University, 1997).
  • Ivan Hannaford, Race: The History of an Idea in the West (Baltimore: Johns Hopkins University, 1996).
  • Audrey Smedley, Race in North America: Origin and Evolution of a Worldview, 2nd ed. (Boulder: Westview, 1999).
  • "The United Independent Compensatory Code/System/Concept" A textbook/workbook for thought, speech and/or action for victims of racism (White supremacy) Neely Fuller Jr. 1984.

Enlaces externos[editar]