Batalla de Fraga

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La batalla de Fraga tuvo lugar en 1134 en Fraga (Huesca) entre las tropas cristianas de Alfonso el Batallador, rey de Aragón, y varias fuerzas almorávides que acudieron en socorro de Fraga, que había sido sitiada por Alfonso. Los almorávides vencieron en la batalla y al poco falleció el rey Alfonso.

Antecedentes[editar]

Desde la segunda mitad del siglo XI, los reyes de Aragón y los condes de Barcelona y de Urgel trataron con obstinación de conquistar las plazas fuertes fronterizas musulmanas de la Marca Superior en la zona de los cursos bajos del Segre y del Cinca hasta la desembocadura del Ebro, una región rica y muy activa con salida al Mediterráneo, cuyas ciudades más importantes eran Lérida, Mequinenza, Fraga y Tortosa. La zona era rica en comercio y de agricultura muy productiva. Pero por otro lado la región era constantemente objeto de encuentros armados y saqueos, por lo que las fortalezas eran numerosas en la zona y por ello poseía abundantes torres de vigía (burdj) y algunos enclaves, refugios subterráneos (sirdad), donde sus ocupantes se protegían en caso de ataque.

La batalla[editar]

En septiembre de 1134, Alfonso el Batallador, rey de Aragón —a quien los musulmanes llamaban «Ibn Rudmir» (el hijo de Ramiro) o «al-Farandji»— sitió Fraga con sus tropas. La respuesta no se hizo esperar: el emir de Córdoba, hijo del califa, equipó una tropa de 2 000 hombres a caballo con todos los víveres necesarios; por su parte, el emir de Murcia y Valencia armó 500 caballeros y el gobernador de Lérida otros 200. Una vez reunidas estas tropas, llegaron a la vista de la ciudad asediada con el fin de socorrerla. Alfonso el Batallador, consciente de su superioridad numérica, menospreció la fuerza de esta tropa: «Id a recibir el regalo que nos traen estos infieles». Fue el gobernador de Lérida, Ibn ‘Iyad, el que efectuó la carga. Las filas adversarias se rompieron bajo el asalto y los cristianos se encontraron a partir de ese momento con verdaderas dificultades. No obstante, todavía seguro de su superioridad, el Batallador se puso por fin a la cabeza de sus tropas. Se topó con la caballería del emir de Murcia, Yahya ben Ghaniya, que, junto con la de Ibn ‘Iyad, diezmó a los cristianos. Entonces los habitantes de Fraga, la mayoría de origen árabe, realizaron una salida hacia el campamento de las tiendas enemigas; los hombres mataban y las mujeres saqueaban. Se llevaron las provisiones hacia el interior de las murallas. Fue el momento escogido por el emir de Córdoba para atacar con su caballería y acabar de desmantelar las tropas cristianas. Habiendo perdido a la mayor parte de sus hombres, a Alfonso el Batallador no le quedó otra solución que huir, y así lo hizo para refugiarse en Zaragoza. Veinte días más tarde moría Alfonso el Batallador.