Pulsión de muerte

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Según Sigmund Freud, pulsión de muerte (o pulsiones de muerte) es la tendencia inherente a toda vida orgánica que se evidencia en actos encaminados a la búsqueda de un estado anterior a la vida.

Dentro de la última teoría freudiana de las pulsiones, designan una categoría fundamental de pulsiones que se contraponen a las pulsiones de vida y que tienden a la reducción completa de las tensiones, es decir, a devolver al ser vivo al estado inorgánico. Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se dirigirían hacia el exterior, manifestándose entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva.[1]

La pulsión de muerte fue definida por Sigmund Freud en Jenseits des Lustprinzips (Más allá del principio de placer) (1920) como una pulsión inherente a todas las formas de vida orgánica "de restablecer un estado anterior".[2]

Freud comienza su trabajo considerando la experiencia del trauma psicológico y eventos traumáticos, particularmente el trauma experimentado por los soldados al volver de la Primera Guerra Mundial. Freud descubrió una regularidad curiosa en las experiencias desagradables: el sujeto tendía a querer repetirlas o recrearlas. Esto parecía violar el "principio del placer", impulso por el cual un individuo minimiza su displacer. Freud encontró esta repetición de eventos desagradables incluso en las circunstancias más ordinarias, como en ciertos juegos de niños (como en aquel donde un adulto se esconde de un bebé para luego volver a aparecer, recreando luego su propia desaparición).

Tras elaborar teorías acerca de las diversas causas de tal situación (sobre todo la idea de repetir eventos traumáticos para querer llegar a dominarlos tras algún tiempo), Freud consideró la existencia de una pulsión de muerte que balanceaba la tendencia de los organismos a hacer únicamente lo que les resultaba placentero. Los organismos, de acuerdo a esta idea, sentían el impulso de volver a su estado inanimado y pre-orgánico, pero querían consumar tal objetivo cada uno a su manera.

En el psicoanálisis, la pulsión de muerte es opuesto a Eros. En este caso, Eros se caracteriza por la tendencia hacia la cohesión y la unidad, mientras que la pulsión de muerte es la tendencia hacia la destrucción.

La pulsión de muerte a menudo se compara con Thanatos en el pensamiento postfreudiano, pero este término clásico no se fundamenta en la obra de Freud.

Evolución de la teoría[editar]

Las limitaciones en la teoría y la práctica de la dicotomía freudiana inicial entre el yo (auto-preservación) y las pulsiones sexuales (libido) comenzaron a aparecer unos 6 años antes de que formulara la existencia de la pulsión de muerte. El desarrollo teórico que llevó a Freud a postularla en 1920 se puede rastrear en dos ensayos donde resulta evidente la necesidad teórica de esa evolución. Se trata de Introducción del narcisismo (1914)[3] y Pulsiones y destinos de pulsión (1915).[4] En el primero, y con la introducción del concepto de narcisismo Freud comprendía que el objeto del deseo de un individuo puede ser de carácter interno y que en esta situación, el placer que normalmente proviene de un objeto amado, se recibe por el apego libidinoso hacia uno mismo.

Tal observación fue valiosa para la práctica clínica. Freud describió una etapa muy importante en el desarrollo mental y emocional de las personas, una de narcisismo primario, y consecuentemente de narcisismo secundario en la vida adulta pero adicionalmente, la introducción de estos fenómenos colocaba dudas acerca de la validez de la teoría de las pulsiones, diferenciando una energía sexual (la libido) de las pulsiones yoicas. Como en esta situación de narcisismo, las pulsiones relativas al yo estaban bajo la influencia del impulso sexual, se convertían en otra manifestación de la libido.

La pulsión de muerte dirigida hacia el exterior tiene su manisfestación en las pulsiones destructivas o agresivas, descritas por Freud de manera extensa en su ensayo sociológico "El malestar en la cultura" (1930).[5]

Cabe señalar que pensadores como Karen Horney o Erich Fromm, a mediados de s.XX, negaron que existiera un Thánatos o una pulsión de muerte innatos sino que -según ellos- las situaciones adversas en la sociedad crearían en cada sujeto humano al sentirse fracasado o frustrado tal tipo de pulsión negativa contra el propio sujeto o -en todo caso- el individuo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Laplanche, Jean & Pontalis, Jean-Bertrand, Diccionario de Psicoanálisis, traducción Fernando Gimeno Cervantes, Paidós, Barcelona, 1996, página 336, ISBN 978-84-493-0256-5.
  2. Freud, Sigmund, Obras Completas, Vol. XVIII, Más allá del principio del placer, cap.VI. pág. 56, Amorrortu, 6a. reimpresión 1995, ISBN 950-518-594-4, título original: Jenseits des Lustprinzips, 1920
  3. Freud, Sigmund, Obras Completas, Vol. XIV, Introducción del Narcisismo, pág. 65, Amorrortu, 6a. reimpresión, Buenos Aires, 1995, ISBN 950-518-590-1, título Original: Zur Einführung des Narzissmuss, 1920
  4. Freud, Sigmund, Obras Completas, Vol. XIV, Pulsiones y destinos de pulsión, pág. 105, Amorrortu, 6a. reimpresión, Buenos Aires, 1995,ISBN 950-518-590-1, título original: Triebe und Triebschikcsale, 1915, traducido inicialmente como "Los instintos y sus vicisitudes"
  5. Freud, Sigmund, Obras Completas, Vol. XXI, El malestar en la cultura, pág. 57, Amorrortu, 6a. reimpresión, Buenos Aires, 1995, ISBN 950-518-597-9, título original: Das Unbehagen in der Kultur, 1929-1930