Pulsión de vida y pulsión de muerte

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Portada de la obra Más allá del principio de placer, 1920

Las pulsiones de vida y su contrapartida, las pulsiones de muerte son dos categorías de pulsiones que Sigmund Freud introdujo en el contexto de su segunda tópica freudiana, expuesta en su obra titulada Más allá del principio de placer (en alemán, Jenseits des Lustprinzips) en 1920. Se trata de un dualismo en el que Freud propone como pulsiones contrarias (pero a la vez inseparablemente unidas), por un lado, al conjunto de todas las pulsiones que hasta entonces había descrito (pulsión sexual, pulsión de autoconservación, pulsiones yoicas) pero englobadas ahora bajo el concepto de Eros y agrupadas en esta categoría de pulsiones de vida, y, por otra parte, la pulsión de muerte, descrita como la tendencia de todo lo vivo al retorno a un estado inerte, inorgánico. Esta última pulsión (o categoría de pulsiones, si se quiere distinguir más finamente entre las pulsiones agresivas y destructivas dirigidas hacia el propio sujeto o hacia su entorno) no tenía cabida en su esquema anterior, de tal suerte que fenómenos como el sadismo o el masoquismo se explicaban por un complejo interjuego de pulsiones positivas, como por ejemplo es el caso de su artículo Pulsiones y destinos de pulsión (1915).[1]

Introducción[editar]

Según la definición de los psicoanalistas Jean Laplanche y Jean-Bertrand Pontalis, las pulsiones de vida se refieren a una:

Gran categoría de pulsiones que Freud contrapone, en su última teoría, a las pulsiones de muerte. Tienden a constituir unidades cada vez mayores y a mantenerlas. Las pulsiones de vida, que se designan también con el término «Eros», abarcan no sólo las pulsiones sexuales propiamente dichas, sino también las pulsiones de autoconservación.[2]

En otras palabras, las pulsiones de vida se dirigen a conservar y a unir y se consideran opuestas, pero complementarias, a las de muerte. Según Freud, toda decisión de cualquier individuo se basa en una combinación de las dos pulsiones: los humanos no cometen actos de amor puro, si bien tampoco de odio puro, y que al contrario todos sus actos poseen una parte de ambos.[3]

En contrapunto, Freud alude a la pulsión de muerte (o pulsiones de muerte) como la tendencia inherente a toda vida orgánica que se evidencia en actos encaminados a la búsqueda de un estado anterior a la vida. En la definición de Laplanche y Pontalis:

Dentro de la última teoría freudiana de las pulsiones, designan una categoría fundamental de pulsiones que se contraponen a las pulsiones de vida y que tienden a la reducción completa de las tensiones, es decir, a devolver al ser vivo al estado inorgánico. Las pulsiones de muerte se dirigen primeramente hacia el interior y tienden a la autodestrucción; secundariamente se dirigirían hacia el exterior, manifestándose entonces en forma de pulsión agresiva o destructiva.[4]

Esta pulsión de muerte, definida por Sigmund Freud como una orientación a "restablecer un estado anterior" a la vida, aparece por primera vez mencionada en Jenseits des Lustprinzips (Más allá del principio de placer) (1920).[5]

Freud comienza su escrito analizando la experiencia del trauma psicológico y eventos traumáticos, particularmente el trauma experimentado por los soldados al volver de la Primera Guerra Mundial, pero el aporte más notable de Freud al respecto no es este relato, sino el descubrimiento de una regularidad curiosa en las experiencias desagradables: los sujetos tienden a querer repetirlas o recrearlas. Esto parecía violar el "principio del placer", impulso por el cual un individuo minimiza su displacer. Freud encontró esta repetición de eventos desagradables incluso en las circunstancias más ordinarias, como en ciertos juegos de niños (como en aquel donde un adulto se esconde de un bebé para luego volver a aparecer, recreando luego su propia desaparición).

Tras elaborar teorías acerca de las diversas causas de tal situación (sobre todo la idea de repetir eventos traumáticos para querer llegar a dominarlos tras algún tiempo), Freud consideró la existencia de una pulsión de muerte que balanceaba la tendencia de los organismos a hacer únicamente lo que les resultaba placentero. Los organismos, de acuerdo a esta idea, sentían el impulso de volver a su estado inanimado y pre-orgánico, pero querían consumar tal objetivo cada uno a su manera.

La pulsión de muerte a menudo se compara con Tánatos en el pensamiento postfreudiano, pero este término no se fundamenta en la obra de Freud.

Evolución de la teoría[editar]

Las limitaciones en la teoría y la práctica de la dicotomía freudiana inicial entre el yo (auto-preservación) y las pulsiones sexuales (libido) comenzaron a aparecer unos 6 años antes de que formulara la existencia de la pulsión de muerte. El desarrollo teórico que llevó a Freud a postularla en 1920 se puede rastrear en dos ensayos donde resulta evidente la necesidad teórica de esa evolución. Se trata de Introducción del narcisismo [6] y Pulsiones y destinos de pulsión.[7] En el primero, y con la introducción del concepto de narcisismo Freud comprendía que el objeto del deseo de un individuo puede ser de carácter interno y que en esta situación, el placer que normalmente proviene de un objeto amado, se recibe por el apego libidinoso hacia uno mismo.

Tal observación fue valiosa para la práctica clínica. Freud describió una etapa muy importante en el desarrollo mental y emocional de las personas, una de narcisismo primario, y consecuentemente de narcisismo secundario en la vida adulta pero adicionalmente, la introducción de estos fenómenos colocaba dudas acerca de la validez de la teoría de las pulsiones, diferenciando una energía sexual (la libido) de las pulsiones yoicas. Como en esta situación de narcisismo, las pulsiones relativas al yo estaban bajo la influencia del impulso sexual, se convertían en otra manifestación de la libido.

La pulsión de muerte dirigida hacia el exterior tiene su manifestación en las pulsiones destructivas o agresivas, descritas por Freud de manera extensa en su ensayo sociológico El malestar en la cultura.[8]

Cabe señalar que pensadores como Karen Horney o Erich Fromm, a mediados del siglo XX, negaron que existiera un Tánatos o una pulsión de muerte innatos sino que —según estos autores— las situaciones adversas en la sociedad crearían en cada sujeto humano, al sentirse fracasado o frustrado, tal tipo de pulsión negativa contra el propio sujeto o individuo.

Véase también[editar]

Referencias[editar]

  1. Freud, 1915, pp. 122-123.
  2. Laplanche y Pontalis, 1996, p. 342.
  3. Biosca, 2002, p. 978.
  4. Laplanche y Pontalis, 1996, p. 336.
  5. Freud, 1920, p. 56.
  6. Freud, 1914, p. 105.
  7. Freud, 1915, p. 105.
  8. Freud, 1930, p. 57.

Bibliografía[editar]

  • Biosca, Anna. Atlas Universal de Filosofía. Barcelona: Océano. ISBN 8449428238. 
  • Freud, Sigmund (1915). «Pulsiones y destinos de pulsión». Obras Completas XIV. Título original: Triebe und Triebschcksale; traducido inicialmente como "Los instintos y sus vicisitudes" (7ª (1996) edición). Buenos Aires: Amorrortu. ISBN 950-518-590-1. 
  • Freud, Sigmund (1914). «Introducción del Narcisismo». Obras Completas XIV. Título original: Zur Einführung des Narzissmuss (7ª (1996) edición). Buenos Aires: Amorrortu. ISBN 950-518-590-1. 
  • Freud, Sigmund (1920). «Más allá del principio del placer». Obras Completas. XVIII. Título original: Jenseits des Lustprinzips (7ª (1996) edición). Buenos Aires: Amorrortu. ISBN 950-518-594-4. 
  • Freud, Sigmund (1930). «El malestar en la cultura». Obras Completas XXI. Título original: Das Unbehagen in der Kultur (7ª (1996) edición). Buenos Aires: Amorrortu. ISBN 950-518-597-9.