Manifiesto liminar

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El Manifiesto Liminar es el nombre dado a la proclama de movimiento de reforma universitaria de la Universidad Nacional de Córdoba (Argentina) del 21 de junio de 1918. Redactado por Deodoro Roca sin atribuirse la autoría,[1][2]​ y adoptado como documento programático por la Federación Universitaria de Córdoba. Constituyó la base de la reforma universitaria argentina. Su difusión e influencia se extendió rápidamente el resto de Latinoamérica constituyendo la base de todos los movimientos reformistas posteriores.

Contenido[editar]

El Manifiesto está dedicado a explicar a la opinión pública las causas profundas y morales de la revuelta y la irrupción estudiantil en el salón en que se estaba realizando la elección de rector y evitar así que se consume. Se inicia haciendo referencia a la herencia colonial, poniendo el objetivo en "las libertades que faltan" y proyectando el movimiento a todo el continente:

Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana.

Denuncia luego el régimen universitario "anacrónico", alejado de la ciencia, autoritario y "fundado en el derecho divino del profesorado". Cuestiona el sistema de gobierno universitario y postula su democratización mediante la incorporación de los estudiantes:

Reclama un gobierno estrictamente democrático y sostiene que el demos universitario, la soberanía, el derecho a darse el gobierno propio radica principalmente en los estudiantes.

La FUC sostiene un nuevo concepto pedagógico basada en la "vinculación espiritual entre el que enseña y el que aprende" y el "amor a los que aprenden", muy diferente del espíritu "cuartelario" imperante entonces:

El chasquido del látigo sólo puede rubricar el silencio de los inconscientes o de los cobardes. La única actitud silenciosa, que cabe en un instituto de ciencia es la del que escucha una verdad o la del que experimenta para crearla o comprobarla.

Reconoce la honestidad del interventor Matienzo, pero toma conciencia "que el mal era más afligente de lo que imaginábamos" y que finalmente la "casta de profesores" no está dispuesta a avanzar contra los "intereses creados" y la "mediocridad". Reivindica entonces el papel heroico de la juventud, "desinteresada", "pura", que "no ha tenido tiempo para contaminarse".

Para poder llevar adelante los cambios, exige cambiar la Ley Universitaria de Avellaneda, entonces vigente. Justifica la irrupción violenta de los estudiantes para impedir que se consume la elección del rector Nores, mediante un acto que considera "repugnante":

Los actos de violencia de los cuales nos responsabilizamos íntegramente, se cumplían como el ejercicio de puras ideas. Volteamos lo que representaba un alzamiento anacrónico y lo hicimos para poder levantar siquiera el corazón sobre esas ruinas... El espectáculo que ofrecía la asamblea universitaria era repugnante... Grupos de amorales deseosos de captarse la buena voluntad del futuro rector exploraban los contornos en el primer escrutinio, para inclinarse luego al bando que parecía asegurarse el triunfo, sin recordar la adhesión públicamente empeñada... La sanción moral es nuestra. El derecho también. Aquellos pudieron obtener la sanción jurídica, empotrarse en la ley. No se lo permitimos. Antes que la iniquidad fuera un acto jurídico, irrevocable y completo, nos apoderamos del salón de actos y arrojamos a la canalla, sólo entonces amedrentada, a la vera de los claustros. Que esto es cierto, lo patentiza el hecho de haber, a continuación, sesionado en el propio salón de actos la Federación Universitaria y de haber firmado mil estudiantes sobre el mismo pupitre rectoral, la declaración de huelga indefinida.

Luego de invocar el ejemplo moral de la renuncia del rector de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos , del Perú, ante la posibilidad de que su permanencia desatara una represión que dejara un "tendal de cadáveres", el Manifiesto liminar finaliza reivindicando el derecho de la juventud a decidir por sí sobre su propio futuro:

La juventud ya no pide. Exige que se le reconozca el derecho a exteriorizar ese pensamiento propio en los cuerpos universitarios por medio de sus representantes. Está cansada de soportar a los tiranos. Si ha sido capaz de realizar una revolución en las conciencias, no puede desconocérsele la capacidad de intervenir en el gobierno de su propia casa.

Véase también[editar]

Fuentes[editar]

Referencias[editar]

  1. Querido, Leandro (19 de junio de 2012). «Reportaje a Horacio Sanguinetti (“Sin escribir un solo libro Deodoro Roca está a la altura de los más grandes escritores de nuestro país”)». Universidad de Buenos Aires. Argentina. 
  2. El Museo Deodoro Roca ubicado en Ongamira, Córdoba, tiene en exhibición la máquina de escribir Continental con la que Deodoro Roca escribió el Manifiesto liminar. Hernández, José (16 de agosto de 2009). Voz del Interior «El museo más escondido y menos conocido». 

Referencias generales[editar]

Bibliografía[editar]

  • Del Mazo, Gabriel, ed. (1941). La Reforma Universitaria. Tomo I. El movimiento argentino (1918-1940). La Plata: Ediciones del Centro de Estudiantes de Ingeniería de La Plata. 
  • Del Mazo, Gabriel, ed. (1941). La Reforma Universitaria. Tomo III. Ensayos críticos (1918-1940). La Plata: Ediciones del Centro de Estudiantes de Ingeniería de La Plata. 

Enlaces externos[editar]